Hago girar la ruleta, y gano un barquillo. Me gusta la bombona metálica del barquillero, la panza roja, los dibujos del frontal, la corona plateada donde gira la ruleta. Me dice que lo intente de nuevo, y vuelvo a ganar cuando la hoja se detiene. Le doy el barquillo a Emilio. Me giro, veo el carrito que hay en la esquina del Conservatorio, compro un cartucho de garrapiñadas, están calientes. El hombre, que para atender su modesto carro viste sin embargo pulcramente un babi azul de susi, me lo entrega con cuidado para que no se caigan, me fijo en sus dientes, siempre le asuman las paletas por entre los labios, me sonríe, es un buen hombre y creo que disfruta vendiendo sus golosinas y sus garrapiñadas, garbanzos, pipas y caramelos a los niños. Cuando pasen unos años y regrese a Larache, él seguirá ahí como si formara parte del paisaje de la avenida Hassan II.
De pronto la puerta del Conservatorio se abre, y don Aurelio, orondo, serio, sale echando una ojeada a su reloj de bolsillo. Al levantar la vista, Sigue leyendo →
Sergio Barce, enero 2013
EL CHICO DE LA OTRA BANDA
Fue en noviembre de 2003. El autobús que nos traía desde Tánger se dirigió hasta el Balcón del Atlántico y allí nos apeamos. Entre las personas que nos esperaban, estaba Mohamed Sibari. Sigue leyendo →
No quiero despedir este año sin dedicarte mis pensamientos. Te debo unas líneas a ti que tantas veces te vi en la misma plaza, con la mirada perdida, como esperando a alguien que marchó con la promesa de volver un día. Una mujer, o puede que un hijo…
Sin fallar a esa cita diaria, haga frío o calor, allí estás presente, vigilando y aguardando con la colilla aplastada entre los labios resecos, faltos de pronunciar unas palabras que tal vez ya se te olvidaron, o algún nombre que te duele recordar.
Te van pasando los días, Sigue leyendo →

Expuso sucesivamente en el Palacio de los Papas de Avignon, Estrasburgo, Niza, Marsella, París, Tolosa y, por fin, en el Castillo de Lascours en Laudun, donde una sala lleva su nombre.
Muy inspirado por los paisajes gardonienses, se instaló en 1982 en el pueblo de Masmolène, cerca de Uzès, donde realizó numerosos cuadros de esta región, de la cual se había enamorado.
Allí descansa en paz desde 1997.
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