Cuando agosto alcanzaba el punto de fundición, salíamos al porche con la esperanza renovada de que el aire fresco acudiera en nuestro auxilio. El abuelo ocupaba su vieja silla de tea. Yo me sentaba a su lado, en un pequeño banco que había construido para mí. Me entretenía contemplando las minúsculas brasas de tabaco que ardían cada vez que inhalaba la pipa. Su cara se iluminaba a intervalos en la espesura de una noche sin luna. Y su mirada aparecía enredada en los misterios de la oscuridad o rastreando recuerdos diseminados en los bancales del pasado. Por el bigote reptaba la niebla que se escapaba de su nariz o serpenteaba desde la cazoleta de la pipa. El perfil de su rostro se recortaba como una orilla de mar con cabos y bahías. Una orquestina de grillos animaba la velada. A la que se unían los mosquitos que regresaban al atardecer de las charcas y se refugiaban bajo el alpende. Incansables, realizaban sus acrobacias aéreas y se lanzaban sobre nosotros como kamikazes. Las estrellas se engastaban en el cielo dispersas o en constelaciones. El olor a tierra mojada mezclado con el aroma a geranios y a buganvillas emanaba desde el jardín. Era el momento en el que la abuela escanciaba la limonada y el hielo tintineaban en la noche incandescente.
Siento frío. Desnuda sobra la camilla y tapada con esta sábana casi transparente, tiemblo bajo el aire metálico. Andrés no para de entrar y salir. Se atusa el cabello una y otra vez, iza las persianas, y me repite que todo irá bien en un tono que me inquieta. Solo es una amputación, una mama a cambio de una nueva vida. No puedo evitar la escarcha en mi piel. Tengo miedo. Sí, tengo miedo.
La abuela auscultaba cada noche las heridas que coleccionaba en mis saltos por los cercados de alambres, las aventuras por las ramas de los almendros que a veces se quebraban bajo mis pies, o la natación involuntaria sobre terrenos pedregosos. No siempre superaba su inspección y durante algún tiempo me impedía alejarme más allá del porche. Sucedió cuando exploré una galería de agua abandonada y una cortada abierta como una boca sin dientes cruzó mi rodilla izquierda. Pero merecía la pena pasar aquellos días de arresto. Los compensaba con lecturas y con las cicatrices que exhibía como trofeos a los compañeros de clase a la vuelta del verano.
Andrés acaba de salir. El tiempo está detenido. El silencio se resquebraja con la caída incesante de una gota sobre el lavabo. El sol aparece al otro lado de la ventana pero no se atreve a entrar a este iglú. Los enfermeros irrumpen, me rodean y me conducen por un pasillo. Cuento las lámparas fluorescentes que se alejan como vagones de luz. Andrés en carrera atrapa mi mano entre las suyas. Llego al quirófano. Médicos y asistentes ultiman los preparativos. Me hablan, intento sonreír y extiendo el brazo. Me cubren la boca y la nariz con una mascarilla. Esquivo el fogonazo deslumbrante de los focos que me vigilan y miro hacia un lado, hacia el porche. Allí están la abuela con el frasco de yodo que asoma por el bolsillo de su delantal y las briznas rojizas de tabaco que revolotean sobre la pipa del abuelo.Felicidad Batista
En el día de hoy presento en BARCELONA VISIONS un nuevo proyecto fotográfico, GhabaTaller, bien acompañada por otros dos autores de ese Sur que tanto me fascina y a donde siempre quiero regresar… GhabaTaller son todas esas fotos que me han acompañado siempre y no he mostrado, fotos viajeras o simplemente fotos producto de la irresistible pulsión de disparar mientras vives. Son imágenes que vienen a ilustrar esos pasajes de plenitud y disfrute que te regala la vida, instantáneas frescas y desenfadas que surgen instintivamente cuando uno se reconcilia consigo mismo y con este mundo tan complejo que nos ha tocado en suerte. He querido sacarlas a la luz para compartirlas con un público, ojalá, que amplio y heterogéneo, pues son propuestas tan diversas que tengo la esperanza de que siempre aparezca alguien que disfrute contemplándolas tanto como yo cuando decidí abrir el obturador. Podéis verlas en el Borne de Barcelona en las próximas semanas. Gracias, Toni Coll, por ofrecerme esta oportunidad!
GABRIELA GRECH
Con su voz elegante y a la vez poderosa, Valenya Syl interpreta sus temas tanto en francés como en inglés. Hay algo en ella que te hace pensar en Sigue leyendo →