«EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS», DE SERGIO BARCE

«Ágata cerró el libro, lo dejó junto a sus pies y se levantó. Seguí de nuevo sus movimientos, hasta que volvió a apoyar sus manos en el cristal que nos separaba. De pronto, el cabello se le vino adelante y los ojos quedaron ocultos bajo su melena. Eso me puso nervioso, y extendí las manos, acercándolas temblorosamente al espejo como temiendo que pudiera resquebrajarse, deseando cubrir esas pequeñas y delicadas manos con las mías. Pero al notar la superficie gélida del cristal, Ágata apartó con brusquedad las suyas y se desvaneció rápidamente, como si hubiesen pulsado el interruptor de la luz para apagarla. De súbito, lo único que tenía enfrente era el reflejo de mi propia imagen.»

El libro de las palabras robadas, de Sergio Barce. Punto de Vista Editores.

EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS

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«RECORDANDO, LARACHENSEMENTE (PARA ANTONIO BARCE)», UN TEXTO DE FRANCISCO CARRASCO

RECORDANDO, LARACHENSEMENTE…

(para Antonio Barce)

por Francisco Carrasco

En la búsqueda de esta foto, que adjunto, aparecieron otras, de gratísima memoria, que me fueron trasladando a vivencias pasadas, “larachensemente”, todas de entrañables recuerdos.

En la Fbca. (1)

Fue tomada el 11 de Enero de 1955. Destaca la alta chimenea, con un lateral de relieves. En vertical, estaba el emblema de la empresa, las letras “A, D y A”,y, debajo, un año, “19??”, que no se distingue, ni recuerdo.

Socios mayoritarios de la empresa eran los “Crespo Manzanares”, de Barbate, y los “Domeq”, de Jerez de la Frontera. El nombre comercial, como fábrica de conservas de pescado, era “Almadrabas del Atlántico, S.A.” y también empleaba el de “Comercio Marroquí, S.A.”. Estaba ubicada en la zona portuaria.

La caseta redonda, de tres franjas, que se ve sobre tres pilares de hormigón, creo que era un recinto de aparatos y, por su elevación, era el “veedor”, para cuando fallaba la emisora de radio, atisbar desde ella a los pesqueros llegando al puerto. El fin era que los camiones, marca Ebro y de cabina roja, fueran puntuales a la arribada, estando junto a las grúas al tiempo de la descarga de los atunes. En la zona de la foto, “la chanca”, los expertos, a medida que iban llegando, cuarteaban los atunes, para, inmediatamente, llevarlos todos a los distintos espacios de fabricación. Eran profesionales.

En la foto, empezando por la izquierda, de pie, aparecen: Antonio Beato Pedro, mecánico, chófer, todo un “manitas”.  Solía reparar el Citroën “pato”, que conducía para el administrador de la factoría, D. Salvador Gómez Machado. Los problemas técnicos, que surgieran en las máquinas de la fábrica, contaban siempre con su intervención o consejo. Domingo Vázquez Gil, servía para todo y trabajaba en el Almacén, del que se abastecían todos los estamentos de la fábrica. El jefe, o responsable de aquello, alto, y delgado, se apellidaba Cabal. 

La oficina del Almacén era calurosa en verano, y bastante fría en invierno, de lo que Cabal solía quejarse a menudo. Para el frío, disponían de un modesto brasero que, por funcionar aprovechando las maderas de los palés, es por lo que D. Salvador no quería comprar una estufa eléctrica. Para apoyar esta idea, un día de bastante frío, sabiendo que venía el administrador, Cabal puso una bombilla fundida en el brasero, hasta que el vidrio encogió, y se pegó al soporte de los filamentos. No tardó en enfriarse el casquillo, y con cuidado, la puso en el portalámparas. Cuando D. Salvador llegó, dijo que no se veía, y que le dieran a la luz, ¡pero no se encendió!, subió la vista, y se quedó perplejo viendo el aspecto de la bombilla. Fue en ese momento cuando Cabal, muy serio, le dijo: ¡Del frío que hace, fíjese D. Salvador, cómo se ha quedado la bombilla!  Sonrió el jerezano, Sr. Gómez Machado, y no dijo nada. Sin embargo, tal agudeza de ingenio, sirvió para que le compraran la dichosa estufa. 

Rafael Andrés Rus, era el Cajero de la fábrica. Si los cobros eran importantes, la mayor tarea se la llevaban los pagos, por la proliferación de operaciones en fechas de captura. Los equipos en funcionamiento requerían diligencia, para que la cadena de producción no fallase en ningún momento. Las máquinas, las almadrabas y sus almadraberos, los vehículos, y sobre todo los barcos, estaban a pleno trabajo en temporada.  Recuerdo que “Tres Cepas”, “Puntales”, “Barbate”, y “Cambio”, eran las voces que insistentemente repetía su hermano, Saturnino Andrés Rus, desde la emisora de radio, cuando trataba de contactar con los patrones de los barcos, o con la factoría de Barbate. Saturnino era el que gobernaba la oficina, a las órdenes del administrador.

“Pepito” era el guarda y vigilante a la entrada a la fábrica. Había prestado su conformidad a tal apelativo, para simplificar sus comunicaciones. Su nombre real creo que era Abdsselam. Era consciente de sus limitaciones, tenía imagen de buen servidor, atento, educado, y, sobre todo, de reconocida honradez.

El último de pie, soy yo. Tenía quince años cumplidos, y era el “niño de la oficina”. Aquella tarde nos insistieron en “ir bien vestidos y con corbata”, porque había “foto”. La había pedido Personal, de Jerez.                      

Roque Vázquez Gil, agachado, tenía el “don de gentes” de los Vázquez. Puede verse que, tanto él como su hermano, son los únicos que sonríen en la foto; y quiso salir con el “tarbush” de Pepito. De aquella fecha, le habían traído de Tánger unas gafas, “polaroid”, que lucía siempre que podía. De una sola pieza de visión, amplia, panorámica, las gafas llamaban la atención. Él sabía que favorecían su imagen, y por eso las exhibía, pese a las acusaciones de narcisista y presumido que, en ocasiones, le hacía alguno de sus compañeros.

 

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CHARITO, ESA SONRISA ENDIAMANTADA

Acabo de enterarme de que Charo Matamala, Charito, ha muerto. Ha luchado contra la enfermedad con uñas y dientes, durante años, sin desfallecer, como una amazona, como una guerrera enrabietada; pero ha sido una luchadora que se enfrentaba al enemigo sin escudo y sin lanza, sólo con su perenne sonrisa.

La recuerdo en Larache, y en ese recuerdo está siempre sonriendo, como si fuera una peculiaridad de su físico, como lo era su rostro redondo o su nariz algo altanera. Sin esa sonrisa, Charito no sería Charito.

La quise cuando vivíamos casi puerta con puerta, como quise y quiero a toda su familia, especialmente a Isabelita, que se ha quedado con su también preciosa sonrisa un tanto congelada, sin creerse que Charito haya cedido en esta lucha injusta. Pero yo creo que, en realidad, Charito ha vencido, porque sólo han podido con ella cuando la enfermedad la ha traicionado aprovechando un pequeño descuido, y así la ha cogido por sorpresa. Supongo que habrá ocurrido justo en el instante en el que le dedicaba de nuevo su sonrisa a alguien.

Esta foto se tomó hace unos años en El Pimpi de Málaga, un día que nos reunimos allí varios larachenses: delante, Miguel Montecatine, detrás, Mercedes e Isabelita Matamala; siguen Isabel Barrales, Charo Matamala, esplendorosa ella; y luego Sole, Alfonso Ariza, Augusto Sarmiento, yo, Juan Carlos Palarea, Jose Miguel Palarea, Juan A. Hidalgo y Pepito.

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Con qué cariño me trató siempre Charito, con qué simpatía me abrazaba y se quedaba un instante mirándome a los ojos para ver en ellos los recuerdos que compartíamos (estoy seguro que en mis pupilas veía aquellos días felices en Larache, su familia, la mía, nuestros padres -Charito y mi madre se reían tanto cuando se veían-, nuestros juegos, mis travesuras) y luego sus labios se abrían como pétalos de una rosa y me deslumbraba su sonrisa.

Nos vimos por última vez en Córdoba, cuando presenté uno de mis libros. Le encantaban mis cuentos y mis novelas. Y nos hicimos esta foto, que ahora guardaré como un pequeño tesoro. Es la última sonrisa que me dedicó, y seguía radiante, guapa y desbordante de alegría y de vitalidad. Era admirable, y era tan fácil sentirse bien a su gusto… Lamento no haberla visto más veces, pero todos esos recuerdos comunes sirven para compensar muchas cosas.

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Me siento embargado por una emoción inesperada. Es como si los años de nuestra infancia y juventud comenzaran a quemarse en esa cinta de película proyectada en una pantalla de cine y que se ha quedado atascada, y el foco comienza a quemar… Sin embargo, hay una sonrisa en medio de la escena que no se borra, que no se puede eliminar de ninguna manera, que se queda ahí, inmarchitable, inolvidable: la sonrisa endiamantada de Charo Matamala, de Charito. 

Te mando mil besos, y también los besos de mi padre, y los besos de mi madre, que tanto te quería, y que ahora te espera en Larache. 

Sergio Barce, 18 de marzo de 2016

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«LA EMPERATRIZ DE TÁNGER», FINALISTA DEL PREMIO DE LA CRÍTICA DE ANDALUCÍA

Justo Navarro, con Gran Granada (Anagrama), ha sido el ganador del Premio de la Crítica de Andalucía a la mejor novela de este año.

No ha podido ser,  pero es un orgullo haber formado parte de las cinco novelas finalistas del Premio de la Crítica de Andalucía de este año con La emperatriz de Tánger (Edificiones del Genal), premio que otorga la Asociación de Escritores y Críticos Literarios de Andalucía. Que los críticos y escritores andaluces, de entre todas las novelas publicadas el pasado año 2015, hayan tenido a bien incluir entre las cinco elegidas a mi novela, es todo un orgullo. 

gran granada

Como es la segunda vez que uno de mis libros llega a ser finalista del premio, ya lo fui con Una sirena se ahogó en Larache, supongo que eso es una buena señal.

Enhorabuena a Justo Navarro, y enhorabuena a los otros autores que han llegado hasta aquí: José A. Ramírez Lozano, Herminia Luque y Juan Francisco Ferré.

PORTADA La emperatriz de Tánger

 

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TRÁILER DE «PETITS BONHEURS», EL NUEVO FILM DEL REALIZADOR LARACHENSE CHRIF TRIBAK

PETITS BONHEURS

PETITS BONHEURS

La nueva película del realizador larachense Mohamed Chrif Tribak Petits Bonheurs está siendo recibida con excelentes críticas. Yo, que he tenido la suerte de ver la cinta, disfruté de una íntima y atractiva historia, excelentemente interpretada y que juega con el ambiente y el aroma marroquí, especialmente en lo referente a las relaciones femeninas dentro de los muros de una casa, y una puesta en escena que hace recordar los elegantes films de James Ivory. Delicada, sabe sacarle partido a los sentimientos de los personajes que van aflorando de manera pausada pero irremediablemente.

Una preciosa cinta, ambientada en un Tetuán sugerente, llena de silencios y de miradas. Y ahí las actrices de Chrif Tribak ponen lo mejor de ellas.

En el siguiente enlace podéis ver el tráiler de la película:

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