LARACHE – ÁLBUM DE FOTOS 21

Viendo esta fotografía de los carnavales que se celebraban en el Casino de Larache, mi hermana Marisol me ha recordado que, el disfraz que nos confeccionó mi madre, hizo que yo creyera que íbamos a ganar ese año el primer premio. Como no fue así, por lo visto, me pillé un enfado monumental y no quise hablar con nadie… 

Ahí estoy con mis padres y mis hermanas Marisol y Mónica. Detrás, Puri Paz González.

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Y ya que he desenterrado esta imagen, aquí tenéis otras de más larachenses…

1973: en la foto aparecen Vicky Fernández Moraga, María Jesús Villacorta, Cristina Galbis, Fernando Muñoz, Alejandra Gomendio, Miguel Angel Ramírez, Maite Bertomeu, Conchita Serrano, José Miguel Palarea, Antonio Velasco.

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En esta otra: mi querida Mina Zaher junto a Mari Cruz Sierra, Pepi García, María José Lyoto, Pilar Vicente Ascaso, Pura Sentamans, Eva Pavón, María Emilia Vázquez, Ana María Gadea, Manoli Ruiz…

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Preciosa Ana Tessainer

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Como lo es María Poveda, que aparece en esta foto fantástica:

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Mi  hermano Abderrahman Lanjri en el Balcón, por supuesto…

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Otra preciosa larachense: Adela Ramírez

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Otra bonita larachense: Amina Salmi

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Los Reyes Magos en el Bazar de Yebari… Agachado, otro hermano del alma: El Hachmi, hecho un pincel.

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Mi querida Gabriela Grech y su familia.

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Otro amigo desde la infancia: José María López Garry, con los suyos.

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El gran Ahmed Oubali… Como siempre, de bromas.

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Claro, mi jay Mohamed Laabi, junto al gran Choukri.

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La Rondalla… Con Ketty Beniflah, Miguel Alvarez, Pilar Vicente Ascaso, María José Vilches, María José Lyoto, Pepe Mínguez, Mª Nieves Rebollo, Abdelghani Merini, Juan M. Vilches, María Emilia Vázquez, Rosa Mari Recio, Manuel Pérez, Cristina Galbis, Vicky Fernández, Alejandra Gomendio, Pepi García, Pura Sentamans…

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Si está la Rondalla, no puede faltar don Aurelio…

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Para acabar esta página, una última foto larachense: con Miguel Fernández Moraga, Pilar Velasco Sánchez, María Isabel Navarro, José Bernal, Alfredo Menéndez, Mara Ocaña, Mohamed Hargal… 

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Mucha gente querida en estas imágenes. Seguro que, como a mí, a muchos de vosotros os traerán gratos y emotivos recuerdos.

 

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NUEVA EDICIÓN DE «EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS», UNA NOVELA DE SERGIO BARCE

En proceso de maquetación, Ediciones del Genal lanzará en los próximos días esta 2ª edición en papel de mi novela El libro de las palabras robadas.

Os iré informando de su salida, y de las fechas y lugares de las distintas presentaciones que se hagan del libro.

Esta es la tercera novela que leo de Sergio Barce y, engolfado en toda su ciencia literaria, proveedora de materia y espíritu, de símbolos y signos, de solaz y conocimiento, se halla siempre un hombre que nos conmueve y nos seduce, que nos provoca ese leve gesto de rebeldía frente a lo inhumano y no nos libra de una lágrima inflamada cayendo lentamente sobre las sombras del corazón.

Manuel Gahete

Presidente de la Asociación Colegial de Escritores de España, sección de Andalucía.

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Entre Málaga y Tánger, entre tiempos presentes y pasados, entre recuerdos que transitan en la memoria del protagonista, Barce compone una novela negra llena de amor por los libros, el cine y los ambientes cargados de humo.

Víctor Pérez

ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE LA NOVELA «TAL VEZ DAKAR», DE PABLO MARTÍN CARBAJAL

Ayer presenté la novela de Pablo Martín Carbajal Tal vez Dakar (MAR Editor, 2016) en la Libería Proteo de Málaga. Tras mi intervención, mantuvimos un animado y divertido coloquio con el autor que se prolongó más tarde con unas buenas cervezas.

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SERGIO BARCE Y PABLO MARTÍN CARBAJAL

Reproduzco a continuación lo que dije de su libro. 

Pablo Martín Carbajal nació en Tenerife en 1969. Economista, desde 2007 ocupa la dirección general de relaciones con África en el Gobierno de Canarias. Además de Tal vez Dakar, ha publicado otras tres novelas: Tú eres azul cobalto (2006), La ciudad de las miradas (2010) y La felicidad amarga (2013).

    Dakar. Decimos Dakar, y rápidamente pensamos en el París-Dakar. En un rallye. En una carrera de automóviles. En una competición de blancos en el África negra. En un campeonato diseñado para ricos en una tierra de pobres.

Dakar. Hasta que apareció Al Qaeda, tierra para jugar y divertirse con todoterrenos, y tierra en la que olvidar a los que nada tienen. Mejor en Dakar. Que se queden en Dakar y no crucen el mar para perturbarnos. Lejos. Que sigan en su negritud.

He estado en Dakar varias veces. Siempre fueron estancias de unas horas, simples escalas, sin tiempo para conocer la ciudad y, menos aún, para conocer Senegal.

Volví a Dakar por última vez hace casi dos meses, y fue mi primera visita realmente intensa. Se trataba en apariencia de un viaje de placer, un viaje al que me habían invitado. El billete me llegó de Canarias, tenía impreso el logo Tal vez Dakar, emitido por MAR Editor, y, para hacerlo más atractivo, te regalaban una guía. Está escrita por Pablo Martín Carbajal.

En seguida pensé que se trataría de una más de esas guías que se esconden en una novela, de esas en las que su autor te muestra la ciudad, pero, en realidad, lo que pretende es decirte que es un viajero audaz y que sólo él ha sido capaz de descubrir la ciudad que nadie ha visto nunca antes hasta su llegada. Para mi alivio, el texto de Pablo Martín Carbajal, nada tenía que ver con esa clase de historias.

En pocas páginas, logró que me sintiera envuelto en algo indescifrable. Pablo Martín Carbajal me sugería en su libro que siguiera a cierta distancia a su protagonista, a Álvaro Camino, y me dejó en las escalerillas del avión que nos llevaría, a Álvaro y a mí, hasta Dakar.

En cuanto me acomodé, apenas una fila más atrás de Álvaro Camino, vi cómo éste sacaba del bolsillo del respaldo del asiento que tenía delante, un ejemplar del National Geographic, edición de Historia. Supe entonces que ése era el primer anzuelo de Pablo.

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Llegué a Dakar siguiendo a Álvaro Camino a través de las palabras de Pablo. En seguida, me di cuenta de que el intenso olor a África, ese desasosegante ambiente que emboza a quien pisa por primera vez Senegal, había desconcertado a Álvaro Camino. Me daba cuenta de que, poco a poco, Pablo lo enredaba en una maraña de sucesos que lo llevaban hacia un abismo desconcertante. No iba a ser un viaje turístico al uso, y, pronto, yo también me vi atrapado en la trampa que las frases de Pablo Martín Carbajal iban tejiendo de manera hipnótica.

En esa espiral, a la que no se ha de mirar fijamente, me encontraba en Dakar, en el Dakar de hoy, y, a renglón seguido, sin saber cómo, de pronto, estaba en el París de primeros del siglo pasado. Curiosamente, seguía a Álvaro Camino en su titubeante deambular, y descubrí que no era sino una huida.

Álvaro escapaba de un trabajo que no le gustaba, de una familia que lo asfixiaba, de un entorno que no le ilusionaba en absoluto. Y, en esa huida, hallaba por casualidad el surrealismo, el dadaísmo, el cubismo, aquel mítico París de Picasso, Breton, Chirico, Eluard…  El París de Sartre. Y yo, absorto en la lectura, lo descubría con él.

Pablo nos desvelaba la influencia del arte africano en esos artistas vanguardistas, y también el significado de la Negritud, escrito con mayúsculas.

No podía pensar, me veía en una extraña aventura en medio de un país lleno de misterio, una extraña aventura entre poetas y artistas del surrealismo, una extraña aventura entre posibles traficantes de arte africano y de potenciales estafadores de blancos ingenuos.

Pablo me había llevado hasta Senegal siguiendo a Álvaro Camino, quizá siguiendo a Pablo que se disfrazaba de Álvaro.

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Aún no sabía que nuestro viaje finalizaría primero en Abiyán y luego en Casablanca… Porque acababan de aparecer en la historia los poetas Aimé Césaire y Leopold Sedar Senghor, que se unían a Jean-Paul Sartre y a Pablo Picasso. Y mientras tanto, Álvaro o Pablo, ya no sé con sinceridad quién de ellos, me había arrastrado hasta los barrios más pobres de Dakar, hasta la casa de Musa, hasta el centro del universo de una familia senegalesa, y también a una trama de engaños en la que hay en juego una máscara misteriosa, una máscara de puro arte africano que quizá estuvo en manos de Picasso y en manos de Martin Luther King, una máscara que le ofrecía a Álvaro una mujer llamada Mariama…

Mariama. Poderosa Mariama. Álvaro Camino la describe con las palabras que le presta Pablo: “Los ojos almendrados, las pupilas negras, los rasgos rasgados casi asiáticos, las largas pestañas; abrí la puerta de la habitación y me encontré con aquella  mujer intensa y exótica, distinta y atrayente; abrí la puerta de la habitación y allí estaba aquella mujer frente a mí, como si fuese la conclusión o una pieza más del puzzle de esa jornada extraña y surrealista, la última sorpresa del día cuando pensé que ya éstas habían acabado…”

Mariama. Yo también abrí la puerta de la habitación y pensé que esa mujer no era posible.

La intriga avanzando, y yo atrapado en la historia, hipnotizado en la espiral de Pablo. Sus palabras dando vueltas, atrayéndome hasta aquel París, lanzándome de improviso a las calles ruidosas y ardientes de Dakar. Y el peligro acechando. Y de pronto los djinn, los espíritus malignos, y los espíritus bondadosos. Atrapado en la huida de Álvaro, en la maraña literaria de Pablo. Pero buscando ya a Mariama, a la máscara, al secreto.

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Seguí a Álvaro, después de visitar la vida y la obra de Leopold Seda Senghor, de descubrir su traumática experiencia en un campo de concentración nazi, un negro en un campo de concentración en la segunda guerra, un negro poeta en medio de la alambrada, en medio del genocidio blanco en tierra blanca, un negro que salvará la vida y que llegará a Presidente de Senegal, eso es Historia, con H mayúscula; pero todo ocurriendo en esta sugestiva espiral de misterio en la que el cubismo del otro Pablo, de Pablo Picasso, nos llevaba irremediablemente también a la máscara, y la máscara a Mariama, y a una obra de teatro en Dakar, en la que experimenté cómo Álvaro era drogado de alguna manera para que entrara en una habitación en la que alguien lo esperaba…

Decidí entonces dejarme arrastrar como un perro, esta vez sí; y me arrastré como se arrastra Álvaro, pero sé que quien lo hacía era Pablo, y allí nos quedamos los tres, Álvaro, Pablo y yo, a cuatro patas, frente al sexo de Mariama, a un centímetro del sexo de Mariama… El calor sofocante de Dakar, la sensualidad de esa mujer de ojos almendrados, de rasgos casi asiáticos, de largas pestañas… Pero fue Álvaro el que se adelantó, y a partir de ahí arranca una nueva e inesperada vuelta de tuerca de esa espiral que me hipnotizaba.

Hay magia en todo esto, en cada página escrita por Pablo.

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Los djinn, los espíritus de los que se protegía Mariama con un amuleto atado a la cintura, a su cintura endiablada, se apoderaban de la historia. El desconocido continente negro del que surgen espíritus inauditos, los djinn que parecían proteger a la máscara, o que la maldecían, y que se convierte en el McGuffin de la historia, y me vi junto a Álvaro tratando de hacerme con la enigmática máscara pasara lo que pasese, aunque eso significara incluso renunciar a la familia, porque la máscara estuvo en las manos de Picasso, y en las de Leoplod Seda Senghor, y en las de Martin Luther King, una máscara de valor incalculable…

Seguía leyendo las palabras de Pablo Martín Carbajal y veía las espirales que diseñara Saul Bass para los títulos de crédito de la película Vértigo de Hitchcock, porque Pablo usa una espiral para narrar, aunque son las palabras, las frases, las que giraban una y otra vez, concéntricas, hechizantes, devolviéndonos al punto de inicio para volver a avanzar, atrapándonos en un mundo lleno de misterios, de sensualidad, de intriga, de arte, de espíritus.

La Negritud. Mientras seguimos la pista de la máscara, su origen, sus avatares, sus dueños, Pablo nos hablaba a la vez de ese África que continúa sumida en el desconcierto, con las rémoras de la colonización y de la descolonización a sus espaldas, y el espectro de lo que se vino en llamar la Negritud deambulando por las calles de Dakar.

Musa es el negro senegalés que me hablaba de una filosofía diferente de la vida, una filosofía que noté que impregnaba a Álvaro y que le hacía dudar de su manera de ver el mundo. Mariama, por su parte, le hacía dudar de su vida conyugal, de sus sentimientos hacia su mujer blanca, y Musa zarandeaba los cimientos de sus creencias personales. África tiñendo de negro el alma blanca.

La huida de Álvaro es la huida de un blanco que trata de apartarse de lo peor del colonialismo. Corrí con Álvaro, pero sin saber a dónde nos llevaba Pablo. Las historias nos envolvían, la Historia con mayúscula y la historia con minúscula, y a veces creía ver a Pablo disfrazado de Álvaro, y ya no sabía si además de la Historia con mayúscula, la de Senghor, la de Césaire, la de Picasso, la de Sartre, la de la Negritud, también había una historia verdadera en minúscula. Estoy tentado por desear que sea la de Mariama la cierta. Pero no lo sé. Como tampoco sé si la máscara existe y está poseída por un djinn maligno.

Pero monté en el avión que llevaba a Álvaro Camino a Abiyán, y, aunque ya no se me permite desvelar esta parte de la historia, puedo adelantarles que Mariama y la máscara siguen perturbándome, que incluso se produjo en algún instante una pequeña trifulca entre Álvaro, Pablo y yo por convertirnos en el único protagonista de cierta parte de la historia, pero, como de todos es sabido que en las novelas el que manda es su autor, Pablo fue quien decidió qué había de suceder y quién debía de protagonizarlo.

Luego, se limitó a seguir hipnotizándome, a malmeter con un djinn, a jugar con las palabras, porque lo que ha hecho Pablo Martín Carbabal con Tal vez Dakar es ilustrarnos, intrigarnos y dejarnos en medio de lo desconocido, perdidos en una calle estridente de la capital senegalesa, a nuestra suerte, buscando algo, tal vez buscándonos a nosotros mismos.

Sólo he de añadir que su novela es un viaje original y fascinante. Una novela que hay que leer.

Y como ya dije en una reseña sobre su libro: Tal vez Dakar es simplemente pura magia negra en un escritor blanco.

Sergio Barce, noviembre 2016.

FOTOS: ELENA MORÓN

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LARACHE – ESTAMPAS DE SU HISTORIA 6

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POEMA DEL LARACHENSE MOHAMED AL BAKI

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POEMA DEL LARACHENSE FRANCISCO SELVA, DE SU LIBRO «LA OTRA BANDA»

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La mayoría de las fotografías las he tomado de la página de Radio Larache. La última, es una preciosa imagen del vehículo de la familia Poveda, que ha colgado recientemente María Poveda en su muro de facebook.  

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