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«INFIERNO Y PARAÍSO DE LAS ISLAS», UN LIBRO DE MIGUEL ÁNGEL MORETA-LARA

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                                                                                 MARÍA OSTEN

“Otra mujer fascinante fue la escritora alemana María Osten (María Gresshöner, 1918-1942), perteneciente a la generación literaria de Joseph Roth y Anna Seghers. Estuvo en España junto a su compañero Mijaíl Kolstov (1898-1940), corresponsal de Pravda y agente de Stalin en España. María Osten también publicaría en la revista republicana El Mono Azul (dirigida por María Teresa León y Rafael Alberti) un reportaje titulado <Niños españoles> (16 de octubre de 1936). Cuando fueron llamados a Moscú, aunque María fue aconsejada por sus amigos Malraux y Koestler sobre la conveniencia de no regresar a la URSS, fueron ejecutados.

María Osten había sido amante, durante algún tiempo, del dramaturgo Bertolt Brecht (1898-1956), con el que se carteó hasta el final. Quizá fuese ella la que suministrara noticias sobre la entrada de las tropas franquistas en Málaga, en febrero de 1937, y el genocidio de la carretera de Málaga a Almería, por donde huía la población civil masacrada por la aviación y el cañonero del ejército golpista. Este trágico suceso es conocido como la Desbandá. Brecht estrenó en París el 16 de octubre de 1937 la obra Los fusiles de la señora Carrar, donde recogía este episodio. Ahora ya sabemos que Brecht contó con colaboradoras en la escritura de su teatro y de su poesía: siempre dijo que escribía por amor (más bien al amor de la pluma de esas mujeres, aunque luego firmara las obras como propias). Muchas -quizá todas- se deben exclusiva o parcialmente a sus amantes secretarias.

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                                                                           MARGERETE STEFFIN

Precisamente es el caso del drama Los fusiles de la señora Carrar, escrito en colaboración con otra mujer de grandísimo interés, la escritora, actriz y traductora (inglés, francés, ruso, sueco, danés…) Margarete Steffin (1908-1941) que murió de tuberculosis en Moscú, en tanto Brecht sería muy probablemente liquidado por la Stasi de Berlín Este mucho más tarde (según algunas versiones). Brecht supo tener siempre a su alrededor a una mujer muy apañada, diestra y generosa con la máquina de escribir, como otros intelectuales y escritores: Gregorio Martínez Sierra tuvo a María de la O Lejárraga, Juan Ramón Jiménez a Zenobia Camprubí, Mijaíl Bulgakov a Yelena Shilovskaia, Robert Capa a Gerda Taro…

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                                                                  MARGERETE BUBER-NEUMANN

Esta Margarete, que no llegó a estar en España (sino a través del drama referido), me lleva a otra: Margarete Buber-Neumann (1901-1989) que, casada con el comunista alemán Heinz Neumann, recaló por un tiempo en la España de la Guerra Civil. Cuando regresaron a la URSS, su marido fue ejecutado, pero con ella rizaron el rizo: condenada en un campo de concentración fue entregada posteriormente a la Gestapo, que la confinó en el campo de Ravensbrück. Allí amistó con otra mujeraza, la periodista y traductora checa Milena Jesenská (1896-1944), conocida por la relación epistolar que mantuvo con su paisano Franz Kafka. Milena no llegó a sobrevivir, pero Margarete, que contó su peripecia en Prisionera de Hitler y Stalin, le dedicó una biografía (Milena)…”

Este interesantísimo fragmento es solo una guinda de un sabroso pastel titulado Infierno y paraíso de las islas (El Desvelo Ediciones) de Miguel Ángel Moreta-Lara, libro al que ya me refería en un anterior post mientras lo leía. Y es que, una vez finalizada su lectura, uno es consciente de que se ha sumergido en un texto realmente fascinante.

Como los párrafos anteriores, hay en este volumen capítulos que me han desvelado decenas de secretos y de historias de las que, hasta ahora, era un absoluto ignorante.

Miguel Ángel abre el libro hablando de la escritora Judith Schalansky, nacida en 1980, y autora de Atlas de islas remotas: Cincuenta islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré, y ya, con esta entrada uno se da cuenta de inmediato de que el libro va a ser un viaje fascinante. Primer libro que anoto para comprar, seducido por lo que Moreta-Lara cuenta de él. Pero, a medida qua avanzo en la lectura, anoto otro título para buscarlo, y luego otro, y otro más… Entonces me doy cuenta de que Miguel Ángel me está enredando con esos títulos que ha ido sacando de un baúl sin fondo, pero mágico. Junto a los libros, sus autores, en especial escritoras que han quedado, en muchos casos, en el olvido, pero con vidas tan interesantes que me quedo con ganas de saber más. Y me pregunto, leyendo lo que he leído gracias a Miguel Ángel, cómo es posible que yo no hubiera hallado antes tanta belleza.

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                                                                    ISABEL OYARZÁBAL SMITH

Esos libros sobre islas y esos otros sobre barcos, esos autores malditos y no tan malditos, pero atrapados en sus mundos mágicos, la historia de tantos desarraigados y de tanto exiliado español (un tema al que Miguel Ángel le ha dedicado ya anteriores textos). Si hubiera que elegir de toda esta galería, me quedo con los capítulos que centra en los piratas, “Las locas de Lydie Salvayre” (ya he recibido el primero de los libros que me he visto en la necesidad de comprar: Siete mujeres), el dedicado a la increíble malagueña Isabel Oyarzábal o las páginas sobre Carmen de Burgos Colombine… Y también lo que cuanta sobre Malcolm Lowry y sobre Olivia Laing… En realidad, no sé, creo que me quedo con todo el libro.

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                                                              CARMEN DE BURGOS «COLOMBINE»

El final es muy curioso. Se cierra con el capítulo “Todos los coños el coño: un apunte de coñosofía ilustrada”. Y confieso que me he quedado ”encoñado”.

Pero también es un precioso homenaje a esas mujeres que crearon y lucharon pese a las circunstancias, que supieron vencer a una sociedad patriarcal y machista, a regímenes autoritarios, a hombres que las trataban de marginar… Y Moreta-Lara las recupera para nuestro disfrute y gozo.

Sergio Barce, octubre 2022

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NOTAS A PIE DE PÁGINA 9 – VERSO Y PROSA, «BLONDE» Y LA NEGRITUD

Cuando Antonio Machado fallece en Collioure, antes de ser inhumado, Julián Zugazagoitia le dedica unas últimas emocionadas palabras que cierra con unos de sus versos, de una hermosa simpleza:

“Corazón, ayer sonoro,

¿ya no suena

tu monedilla de oro?”

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Los poemas de Machado y de García Lorca me estremecen. Cualquier lectura de sus versos acaba por encogerme las entrañas. Igual que rememorar sus muertes, tan llenas de significado. Ese poema que Machado dedica a Lorca cuando se entera de su vil asesinato me deja sin respiración.

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Acababa de leer algo acerca de don Antonio Machado que me hizo pensar en la soledad que debió de sentir el poeta al cruzar la frontera, en su desesperanza y en su tristeza, en su desarraigo obligado. Lo hice poco antes de ver la película “Blonde”, de Andrew Dominik, sin saber que me sumergía en otra triste y patética historia, la de Marilyn Monroe. Sin embargo, al acabar de ver el film, centrado en la parte más oscura y deprimente de su vida, pensé que no hubiera estado nada mal que hubiera reflejado también un atisbo de felicidad, un leve destello de alegría, arrancar al espectador una sencilla sonrisa, aunque fuese marginal. Porque eso siempre se agradece en un drama. Pero no, “Blonde” es triste hasta la tristeza más profunda, hasta la incomodidad. Y, sin embargo, reconozco que Dominik consigue algunas escenas de gran belleza plástica, aunque también hay otras que alarga innecesariamente, convirtiendo en tediosos algunos tramos de la película. También hay que alabar lo que ha conseguido de Ana de Armas: que nos creamos a su Marilyn. La actriz hace una gran interpretación, sin duda.

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De Andrew Dominik me fascinan varias de sus cintas, pero en especial su maravilloso western “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” (The assassination of Jesse James by the coward Robert Ford, 2007), que recomiendo con entusiasmo.

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También la última novela de Vila-Matas me ha dejado indiferente. “Montevideo” (Seix Barral, 2022) es uno de esos artefactos que el escritor catalán arma desde la nada, pero, en esta ocasión, no he logrado conectar con él. Hay páginas de gran altura, claro, es un maestro de la narrativa, pero no son suficientes. Quizá lo que más me ha fascinado de su nuevo libro ha sido la relación del narrador con Madeleine Moore.

“…Todo esto, de algún modo, me recuerda que mi gran amistad con Madeleine Moore se mantuvo a través del tiempo en gran parte debido a que ella no entiende excesivamente mi idioma, y mi francés siempre ha sido imperfecto. Recuerdo el día en que Madeleine le comentó a su amiga Dominique Gonzalez-Foerster acerca de su relación conmigo: <De haber entendido él y yo todo cuanto nos decíamos, a estas alturas tendríamos una amistad con un grado de intensidad más bajo, seguro>…”

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Algo parecido me ha ocurrido con “Un país para morir” (Un pays pour mourir – Cabaret Voltaire, 2021), con traducción de Lydia Vázquez Jiménez. Es como leer algo ya sabido, como si Abdelá Taia hubiese contado esta misma historia en alguno de sus otros libros. No obstante, Taia siempre es un valiente que se desnuda en cada obra, y en éste también lo hace.

“…Viene de lejos, Naima. De muy lejos. Tiene hoy 50 años. Y a Dios gracias no se ha convertido en una buena musulmana, como tantas otras al final de su carrera. No quiere ir a La Meca para lavar sus pecados. No. No. Considera que haber trabajado de puta todos estos largos años es más que suficiente para entrar, cuando muera, en el paraíso. Ha sido mejor musulmana que muchas otras, que te dan la lata con una piedad que es pura fachada…”

Su juego de espejos para relatarnos el cambio de sexo en el/la protagonista está muy bien conseguido, al igual que su ya permanente denuncia de la situación de los magrebíes en Francia, la prostitución, la homosexualidad… Todos temas que aborda una y otra vez en sus novelas, siempre tan personales y descarnadas.

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Muy interesante es “La memoria del alambre” (Tusquets, 2022), de Bárbara Blasco. Me acerqué a esta novela con cierto recelo, no sé la razón, pero a medida que avanzaba me fue convenciendo su prosa. La segunda parte sube en enteros, en esa búsqueda de un monstruo más aterrador que cualquiera de esos que pueda crear la fantasía, porque se habla de un monstruo real, de carne y hueso. Muy sutil su forma de plantearlo y de resolverlo.

“No hice otra cosa más que pensar durante todo el día. Me desperté de madrugada, sin recordar qué había soñado pero con la sensación del sueño en la lengua y una determinación, la orden precisa de no huir. Después de haberle mandado mi recuerdo como resumen, epílogo, conclusión que todo lo abarca al no pretender decir nada absolutamente nada, volví a escribirle:

<Sé que eres tú. Quiero verte>.

Una frase estúpida porque tú siempre es tú. Una frase que deja constancia de la supremacía de él, el rey de los pronombres. Pero es que no conseguía recordar su nombre.

Respondió. Nos citamos al día siguiente…”

Un libro que me ha sorprendido por su sinceridad es “Cuaderno de memorias coloniales” (Caderno de memórias coloniais – Libros del Asteroide, 2021) de Isabela Figueiredo, con traducción de Antonio Jiménez Morato. El retrato que hace la autora de los años en los que vivió en Mozambique es tan crudo como admirable, como valiente es denunciar la manera en la que Portugal explotó y maltrató a los mozambiqueños durante sus años de dominio, el racismo tan lacerante que demostraron sobre la población del país. Hay párrafos verdaderamente duros, escritos con una excelente prosa, como los dedicados a su padre, tan fiero y racista que la propia autora no puede evitar dejar escapar su rabia y su decepción.

“…Recuerdo bien escucharle en la mesa, cotorreando sobre el asunto, con mi madre, contar cómo algunos blancos venían a pedirle trabajo, y que acaso contratarlos fuera un buen negocio, claro, sí señor, pero el sueldo era el doble o el triple, y no, prefería encargarse él solo de sus incontables obras, donde colocaba sus incontables negros. Tenía doce en el edificio de la avenida 24 de Julio, otros veinte en Sommershield, siete más en una vivienda en Matola… y recorría la ciudad, durante todo el día, de un lado para otro, controlando el trabajo de la negrada, poniéndolos en su lugar con unos sopapos y unos guantazos bien dados con la mano larga, y unos puntapiés, en fin, alguna que otra paliza pedagógica, lo que fuese necesario para lograr la fluidez en el trabajo, el cumplimiento de los plazo y la eficaz formación profesional indígena.

Un blanco salía caro, porque a un blanco no se le podían dar golpes, y no servía para meter los tubos del suministro eléctrico por las paredes y luego, los cables por dentro de ellos; no tenía la misma fuerza de la bestia, resistencia y mansedumbre; un blanco servía para jefe, servía para ordenar, vigilar, mandar a trabajar a los perezosos que no hacían nada, salvo a la fuerza. Lo que se decía en la mesa era que al sinvergüenza del negro no le gustaba trabajar, apenas lo justo para comer y beber la semana siguiente, sobre todo beber; después, se quedaba en la choza tirado sobre la estera pulgosa, fermentando aguardiente de anacardo y caña, mientras las negras trabajaban para él, con los niños a la espalda. Los blancos respetaban a estas mujeres del negro mucho más de lo que lo hacían sus hombres. Era frecuente que mi padre les diera dinero extra a las mujeres, cuando los iba a buscar a las chabolas, y los encontraba borrachos perdidos. Dinero para que comiesen, para que se lo gastasen en sus hijos.

El negro estaba por debajo de todo. No tenía derechos. Tenía los de la caridad, y si la merecía. Si era humilde. Si sonreía, si hablaba bajo, con la columna vertebral ligeramente inclinada hacia el frente y las manos cerradas la una dentro de la otra, como si rezase.

Este era el orden natural e incuestionable de las relaciones: el negro servía al blanco, y el blanco mandaba sobre el negro. Para mandar ya estaba allí mi padre; ¡no hacían falta más blancos!

Además, los empleados blancos traían vicios; a un negro, por muchos vicios que fuera adquiriendo, siempre había modo de sacárselos del cuerpo…”

Un libro potente y necesario para no olvidar lo que supuso el colonialismo. Tras estas pinceladas sobre mis últimas lecturas, me doy cuenta de nuevo de que, como me ocurriera en mi anterior artículo, lo que realmente quería era hablar de Lorenzo Silva, de algo que encontré en un cuaderno de viajes, pero lo dejaré una vez más para la próxima nota a pie de página.

Sergio Barce, 8 de octubre de 2022

 

 

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«INFIERNO Y PARAÍSO DE LAS ISLAS», DE MIGUEL ÁNGEL MORETA-LARA

“En 1951 (Malcolm) Lowry hizo un esbozo de lo que él llamaba su obra en procesa, a la que puso el título global de The Voyage that Never Ends (<El viaje que nunca termina>). En este esquema aparecía <Novela marítima sin título>, <una total reescritura de una vieja novela más de duodécima clase, carente de originalidad y absolutamente innombrable de la que quisiera olvidarme>. Se refería, claro, a Ultramarina. Así era la literatura de Lowry, un único libro inacabable que reescribiría mientras alentara. El biógrafo Douglas Day compara su forma de trabajar con la de otro raro artista, el pintor Albert Pinkham Ryder (1847-1917) que -falto de habilidad técnica, como Lowry- no terminó nunca un cuadro.

(…) Malcolm Lowry era triplemente compulsivo, como bebedor, como viajero y como escribidor. Así quizá podríamos ilustrar su lenta, persistente y definitiva conversión en el mejor personaje de su obra más tortuosa, la de su propia vida de autodestrucción. Pero dejó una novela genial, Bajo el volcán, que tardó diez años en (re)escribir, de la que hizo cuatro versiones, que fue rechazada en 1941 por 13 editoriales, una novela que no ha dejado de ser valorada y analizada debido a las múltiples facetas de sus muchos niveles de lectura, una novela que ya está prefigurada -como dije antes- en el relato de iniciación que es Ultramarina, una künstlerroman (novela de formación) marina, donde su protagonista reclama la fuerza del mar para seguir viviendo:

<<En la nave reinaba un silencio de muerte, roto tan solo por el siseo del agua que caía en la oscuridad desde su flanco y que también formaba parte del silencio. Oh, Dios, Dios, ¡si la vida en la mar fuera siempre así! ¡Ojalá todo fuera mar abierto, viento galopando eternamente por la sangre, el mar y las estrellas!>>”

Todo este fragmento corresponde al libro Infierno y paraíso en las islas, de Miguel Ángel Moreta-Lara, que estoy leyendo. Es un compendio de anécdotas, vidas y, sobre todo, libros ambientados en la mar, de libros perdidos en naufragios, de autores obsesionados con paraísos y con océanos.

Desde la primera página no he dejado de subrayar títulos de obras que Miguel Ángel ha rescatado de no se dónde, pero que, tal y como él los reseña, contienen mil historias llenas de encanto, magia y mares misteriosos. Y, aunque solo llevo un tercio de este maravilloso libro, para quienes aman la literatura y desean descubrir nuevos horizontes, nuevos títulos, adentrarse en la vida y obra de autores fascinantes, y en los entresijos de novelas varadas en la orilla del olvido, la recomiendo vivamente. Es puro disfrute.

Infierno y paraíso en las islas ha sido publicada por El Develo Ediciones.

Sergio Barce, septiembre 2022

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«MELILLA 1936», UNA NOVELA DE LUIS MARÍA CAZORLA

Como ya hiciera en sus anteriores novelas ambientadas en el Protectorado español de Marruecos y en la II República, con títulos como La ciudad del Lucus, El general Silvestre y la sombra del Raisuni, Las semillas de Annual o La rebelión del general Sanjurjo, Luis María Cazorla vuelve a sumergirnos en otro episodio histórico con su nueva obra Melilla 1936, ambientada en los días previos al golpe de Estado contra la República.

Con su habitual estilo tan galdosiano, en esta ocasión Cazorla recrea el ambiente, las circunstancias, los hechos concretos que acaecieron en Melilla en esas tristes jornadas que dieron origen a la guerra civil. Como bien explica en la nota que cierra el volumen, al contrario que en sus anteriores novelas, en ésta todos los personajes son reales, protagonizaron los acontecimientos que se relatan y reviven gracias a un cuidadoso trabajo de investigación y documentación.

Fiel a ese estilo que antes mencionaba, Luis María Cazorla logra reconstruir el ambiente que se respiraba en la ciudad, la tensión entre los grupos de izquierdas y republicanos por un lado y los militares y falangistas que preparaban el golpe de mano por otro. Utiliza para ello a un personaje singular y admirable: Joaquín María Polonio Calvente, el juez de primera instancia e instrucción que fue designado para ocupar la vacante del juzgado de Melilla en tales fechas, y a través de su mirada lúcida y racional asistimos a los hechos que se fueron precipitando en esos días. Cazorla no oculta su admiración por este hombre íntegro y leal, que solo pretendía hacer cumplir la ley sobre cualquier otra consideración, y tampoco disimula su respeto hacia su figura como defensor del Derecho, probablemente porque el autor es también un reconocido y prestigioso jurista.

“…<La entrevista con el general Romerales fue decepcionante -escribía poco después Joaquín Polonio mientras que a través de la ventana entreabierta llegaban ruidos dispersos, última entrega de la animación que había reinado hasta hacía poco en la concurrida calle donde estaban el juzgado y su vivienda-. Este militar de alta graduación es culto, ha escrito varios libros y creo que toca aceptablemente el piano, me parece, además, una buena persona, pero, aunque está cargado de buenas intenciones republicanas, lo veo cautivo de una ingenuidad que deforma la realidad que lo rodea. Ojalá me equivoque, pero considero que no da la talla para un puesto tan delicado como el que desempeña. Es la segunda vez que lo nombran jefe de las fuerzas militares de la circunscripción oriental y comandante general de Melilla, y, a pesar de ello, cuando me entrevisté con él hace unos días me dio la impresión de no haberse caído todavía del guindo. Lo veo demasiado confiado y haciendo lo indecible por resaltar que tiene todos los resortes militares en sus manos. Que me disculpe, pero por los contactos personales que voy teniendo y por todo lo que me llega al juzgado, dudo mucho que a los Seguí, Barrón, Gazapo, Bartomeu, Rolando de Tella y compañía los tenga embridados. Me temo que estos militares tienen carácter más fuerte, experiencia de mando directo más actualizada y determinación más férrea que Romerales, por muchos distintivos de general de brigada que éste exhiba en su uniforme. Por decirlo de otra manera: estoy muy preocupado. Redactar estas líneas me sirve de desahogo.

(…) Me preocupa mucho la actitud amenazante de los militares que no soportan el sesgo que ha tomado la República con la victoria electoral del Frente Popular. Las informaciones que recabo de aquí y de allí y las opiniones que voy formando a partir de conversaciones más o menos fortuitas con sus cabecillas me llevan a pensar que son muchos, que les son afectas muy importantes unidades de la circunscripción y que se están preparando concienzudamente para no sé qué, pero, en todo caso, para algo atentatorio contra la legalidad republicana con la que se consideran incompatibles. Me dan mucho miedo los Seguí, Barrón, Bertomeu y compinches… (…) Cuando hablo con Romerales de este feo asunto, me queda el agrio sabor de boca producido por lo que voy a llamar su aldeanismo. Parece solo mirarse en el ombligo de Melilla; su visión llega poco más allá de Nador y Segangan y lo hace muy a duras penas hasta Alhucemas. No hay que tener muchas luces para comprender que la trama de militares antifrentepopulistas únicamente tiene sentido encadenada con otras de mucho más allá de Melilla.

Si se me apura, la entrevista con Romerales me sirvió para tomar conciencia de que el horno que es Melilla hierve a temperatura todavía más alta que la que yo soy capaz de apreciar. Hasta ese momento me limitaba a la idea que me he ido haciendo de los militares enfrentados a una República que, según ellos, está traspasando muchos límites infranqueables. No era consciente de la confabulación de otro tipo de militares descontentos que, primero, consideran que la República del Frente Popular está amenazada por sus compañeros derechistas, y, segundo, que la República está siendo demasiado pacata en sus avances sociales y políticos. A raíz de la reunión del otro día en la comandancia general he indagado con la ayuda de Lalaguna y me han soplado varios nombres de este último grupo entre los que he retenido los de los capitanes Leret, Casado y Rotger y del teniente Arrabal, que con mayor o menor intensidad conspiran con este otro sector…”

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Con habilidad, Luis María Cazorla hace de su protagonista un hombre de carne y hueso y creíble. Sus pensamientos, que va volcando en un diario que escribe cada noche, sus inseguridades, sus temores y sus ideales de justicia nos acercan a él, hasta el punto de que acabamos, al menos en mi caso, por sentir una cierta compasión. Compasión porque poco a poco contemplamos cómo la realidad lo fue engullendo pese a su resistencia numantina. Y es que Joaquín Polonio, como juez, decidió atenerse a la legalidad y, sin embargo, eso no bastó para que, quienes quebraban el orden establecido, respetasen su buen hacer y su saber estar. Joaquín Polonio era un buen hombre y su actitud representa la integridad, la justicia y la honradez.

Cazorla también consigue que asistamos al golpe de Estado que se urdió en Melilla casi segundo a segundo. Bien documentado, como decía antes y tal y como Luis me ha confirmado cuando hemos hablado de la novela, coloca al lector en mitad de los conciliábulos y de las reuniones que se iban organizando por los rebeldes día a día, descubriéndonos la clase de gente que eran, sus dudas, sus pasiones y sus fanatismos. Cómo iban logrando que otros militares, dubitativos, acabaran engrosando sus filas a base de intimidación y de presiones de todo tipo. Y también mostrarnos la fragilidad de una República que, en el instante más crucial, estuvo en manos de autoridades, civiles y militares, sin carácter y sin valentía, como el general Romerales en Melilla o Casares Quiroga en Madrid.

“…Solans, al enterarse de que le iba a informar de algo que le interesaría relacionado con el juez que le había plantado cara, recibió a García Vallejo la misma tarde del sábado, a pesar de la desenfrenada actividad de aquellos momentos cruciales para el levantamiento le obligaban a desplegar.

Lo recibió en el despacho que le correspondía como nuevo jefe de la circunscripción oriental de Marruecos y comandante general de Melilla. Lo hizo acompañado del teniente coronel Peñuelas, que de jefe de estado mayor había pasado a encargarse de los asuntos de justicia.

(…) Cuando García Vallejo concluyó satisfecho al percibir que había dado en la diana, Solans se concedió quebrar su normalmente mesurado comportamiento. Por su boca se despeñaron exabruptos malsonantes y cuarteleros dedicados al roblizo magistrado. Pero al pronto se controló, su semblante volvió a su ser natural sobrio y comedido. Agradeció a su visitante la información y, virando la cabeza hacia un Peñuelas que no había parado de escribir, le ordenó con palabras cortantes: <Redacte usted con toda urgencia un informe que recoja al detalle estos hechos y manifestaciones y páselos sin demora alguna a la auditoría de guerra para que nos informe de cómo proceder contra ese juececillo que se permite desafiar de palabra y ahora con hechos las órdenes de la autoridad nacida de nuestro movimiento nacional. ¡Quiero que esté esta misma tarde! ¡Comportamientos como el suyo no pueden quedar impunes! ¡Contra el enemigo con armas o sin armas hay que extremar la contundencia hasta donde sea menester!>. Estas aterradoras palabras quedaron suspendidas en el aire mientras que Peñuelas y García Vallejo se despedían y salían zumbando del despacho. Solans, cuando volvió a sentarse en el sillón del escritorio, murmuró para sí: <Creo que lo hemos pillado. No tomaremos el juzgado con las armas, como le dije ayer al dichoso juez, lo haremos con lo que se pavonea tanto, lo haremos con la ley, con el Código Penal>, y procedió seguidamente a revisar las listas de sindicalistas, militantes de organizaciones izquierdistas y dirigentes frentepopulistas que había que localizar sin tardanza para que los de la Falange de la sangre, que encabezaban el teniente y cruel falangista Sánchez Suárez y el herrador militar y fanático falangista Cuadrado Yelo, los eliminaran por la vía rápida…”

La conclusión de la novela es devastadora: los golpistas fueron capaces de retorcer la interpretación de la ley para aplicarla a su capricho. Si era necesario mentir, se mentía. Si era preciso pervertir los consejos de guerra, se pervertían. Si era beneficioso para la causa rebelde condenar a un inocente, se le condenaba. Todo bajo la excusa de regenerar a España y salvarla de la República. Lo que sí me queda claro es que el triunfo del Frente Popular y el asesinato de Calvo Sotelo solo fue una excusa para el definitivo levantamiento de los militares que ya venían rumiando desde hacía años.

Me ha conmovido el paso de Joaquín Polonio por la alcazaba de Zeluán, convertida, tras el golpe de Estado, en un campo de concentración; su estado calamitoso, sus penurias a la espera de un juicio que presumía injusto y vengativo. Luis María Cazorla parece proyectarnos en una pantalla esos días de reclusión, para enseñarnos la manera en la que los golpistas trataban de quebrar la entereza de un hombre bueno. La degradación a la que lo sometían, no solo a él sino a todos los detenidos.

Pero Cazorla, sin apartarse de los hechos acaecidos, rinde un hermoso homenaje a este juez humilde e íntegro que no se dejó arrastrar por los acontecimientos, que supo defender sus principios morales y éticos y que no se humilló ante los fascistas.

“…Soy consciente -masculló para sí ya en el despacho- de la impotencia de una lucha estrictamente jurídica contra el poder militar armado hasta los dientes y encabezado por jefes ebrios de odio y deseos de venganza frente a la mayor parte de la sociedad melillense que no piensa como ellos, como se demostró en las elecciones del pasado febrero. No soy menos consciente -siguió recapacitando mientras se sentaba en el sillón de su escritorio- de que lo que yo pueda hacer sería inútil casi con toda seguridad. Lo sé todo, no me engaño, pero tengo que ser fiel a la misión a la que he consagrado una parte muy importante de mi persona y hacerlo cueste lo que cueste…”

Una novela para adentrarse en los días más oscuros de nuestra Historia y descubrir a un héroe anónimo al que he comenzado a admirar desde que Cazorla lo ha rescatado del olvido.

Melilla 1936 ha sido editada por Almuzara.

Sergio Barce, julio 2022

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LEYENDO «MELILLA, 1936», UNA NOVELA DE LUIS MARÍA CAZORLA

Mi querido amigo y paisano Luis María Cazorla (n. Larache) sigue produciendo novela histórica. Ahora acaba de publicarse Melilla 1936, de nuevo con Almuzara. Se trata de una crónica profusamente documentada sobre los días del golpe de Estado contra la República que se produce en Melilla. Sé, porque me lo ha contado Luis María, que escribir este nuevo título le ha llevado un arduo trabajo de investigación, y eso se nota en los primeros capítulos que llevo leídos; además, todos los personajes son reales, lo que la hace aún más atractiva. Cuando acabe su lectura prometo una reseña a fondo.

Sergio Barce, julio 2022

 

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