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LARACHE – 17 DE ABRIL – ARRANCA LA IV EDICIÓN DEL FESTIVAL MUSEM DEL ZOCO CHICO

Mañana, 17 de abril

en Larache

da comienzo la

IV Edición del Festival

Musem Del Zoco Chico

Con las primeras actividades:


Exposición fotográfica del viajero larachense, MOHAMMED KHAMOUCH o sea “Ibn Batouta el menor” que ha visitado a más de 80 países, viajes que comenzaron durante los ochenta del siglo XX y sigue viajando y descubriendo otros pueblos y culturas, siendo al mismo tiempo embajador larachense, llevando en su mochila un trocito de su pequeña patria, considerada cuna de civilizaciones y de culturas. El viernes 17 de abril, en la histórica Torre del Judío, a partir de las 18 horas.


MOHAMMED KHAMOUCH

MOHAMMED KHAMOUCH

Exposición artística y de caligrafía árabe realizada por la artista autodidacta doña SOUMAYA SOUFIANI, el domingo 19 de abril, en el Espacio Asociativo «Fadela Tadlaoui», calle Real (2 de marzo), a partir de las 18 horas.

Mohamed Laabi

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«LARACHENSEMENTE. RECORDANDO» (2ª parte) por FRANCISCO JUAN CARRASCO

He recibido otra crónica relatada larachensemente por Francisco Juan Carrasco y me ha hecho reír la anécdota que cuenta. Me dice en su correo que todo esto sucedió del modo que refiere, y que la foto le trae muy buenos recuerdos. A la derecha, se ve parte del rostro de Galea, hacia la izquierda está Peral, le sigue Gambero, y el último es él. Fue tomada el 4 de Noviembre de 1956, día de San Carlos Borromeo, patrón de la Banca, celebrándolo en el Hotel España, en Larache.
También me cuenta en su correo que, cuando se tomó esa foto, hacía escasamente dos meses de su entrada en el Banco Central, en contra de su voluntad, tal y como ya narró en su anterior crónica larachense.

Espero que disfrutéis de esta segunda entrega.

Sergio Barce, abril 2015 

LARACHENSEMENTE, RECORDANDO

Al leer en tu blog el relato, que León Cohen hace de Larache, con alusión a los chatarreros Trojman y Belliti, me vino a la memoria el insólito hecho, que ocurrió allí, a la muerte del último, viniendo a ponerse de manifiesto la capacidad e ingenio, para la acertada administración, que siempre caracterizó al pueblo judío.
La versión que conocí fue la que sigue: En el negocio de la chatarra el Sr. Belliti era un experto, y había conseguido, con su esfuerzo, salir adelante, en un mundo como el de entonces. Se ocupaba de atender a su familia, pero su preocupación mayor eran los tres hijos, que Jehová le había concedido. Por eso estaban siempre presentes en sus oraciones.
Les transmitió todo su saber, y les pagó toda la formación, que creyó necesaria e indispensable para su futuro. Ninguno era torpe. La imagen de despierto y habilidoso caracterizaba a los tres. El negocio giraba a nombre del matrimonio, y el Sr. Belliti, como causahabiente previsor, redactó en tiempo y forma su testamento, dejando a su esposa -mientras viviese- como usufructuaria de la parte indivisa que correspondía a los tres hijos.

1956 Derecha, Carlos Galea; izquierda, Peral; y centro Emilio Gambero y Fco Juan Carrasco

1956 Derecha, Carlos Galea; izquierda, Peral; y centro Emilio Gambero y Fco Juan Carrasco

Para que quedase clara su voluntad, de que los derechos debían de ser iguales para cada hijo, como virtual prueba de semejante participación, estableció en dicho testamento que, para acceder a la herencia, era “conditio sine qua non” que, al tiempo de su enterramiento, cada hijo depositara sobre su féretro, en efectivo, la cantidad de 5.000 pesetas, en presencia del Rabino y de todos los asistentes al acto.
Realizadas todas las formalidades y protocolos, que correspondían, en todos los órdenes, al hecho real de su muerte, quedaba el último, material y doloroso, como era la sepultura. El Rabino tenía a la vista el texto, refrendado por la Notaría, de la voluntad del difunto, y pidió al hijo mayor, que depositara sobre el ataúd, sus “mil duros”, que ya tenía preparados. Abraham así lo hizo. Rogó al segundo hijo que hiciera otro tanto con su parte, y este depositó igualmente otros “mil duros”, esta vez se vio que eran billetes nuevos, extraídos por Mesod aquella misma mañana, de “su cuenta en Banesto”, entidad con la que regularmente operaba la familia.
Finalmente nombró y se dirigió al benjamín, José, para que hiciese lo mismo con su participación. El hombre diligente, resolutivo, dio un paso al frente, y depositó un cheque nominativo, emitido a favor de su padre, por 15.000 pesetas, y a continuación, retiró las “diez mil pesetas en efectivo”, que sobraban de tal pago.
Respecto de la legalidad de tal operación, se formó un revuelo entre los dos hijos que habían dejado el dinero, y el del cheque, dividiéndose también simultáneamente los asistentes, unos estaban a favor, y otros no lo aprobaban. La controversia debía resolverse cuanto antes, pues tenían que concluir la ceremonia. No hubo acuerdo, y ante tal problema, se optó, por la consulta al Gran Rabino, que residía en Barcelona. Tuvieron que llevar el muerto de nuevo a su casa, hasta tanto se conociera la resolución del Superior religioso.
Las llamadas telefónicas a Barcelona se sucedieron sin tardanza, así como las demoras de línea, a las que, por entonces, estábamos acostumbrados. Entretanto, José tenía en su poder las 10.000 pesetas, y el Rabino custodiaba el cheque de Banesto, nominativo, a favor del difunto, por las 15.000 pesetas.
No fue hasta dos días después que, por telegrama, adelantara el Gran Rabino su escrito, donde rubricaba el procedimiento a seguir: “Si los billetes y el cheque eran auténticos, quedaba bajo la conciencia del emisor del cheque, que siempre hubiera en el Banco fondos suficientes, para atender tal orden de pago, porque si esto no se cumpliera, estaban ya escritos, desde hacía miles de años, los castigos y maldiciones que le sobrevendrían”.
Se le dio respetuosa sepultura, junto con el cheque del Banco Español de Crédito. El hecho se publicó en medios de la época, con alabanzas a la sagacidad que había demostrado José, emulando las cualidades y virtudes de su antepasado, homónimo, en tierras faraónicas del mismo Continente.

Para Antonio Barce. De Francisco J. Carrasco Molina. 30/3/15

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LARACHE, SIGLO XVI – 3ª parte

PLANO DE LARACHE - de tectonicablog.com

PLANO DE LARACHE – de tectonicablog.com

Tras la llamada Batalla de los Tres Reyes y de la victoria del río Mejazen, el nuevo sultán Ahmad al-Mansur dio muestras de una gran generosidad al devolver el cadáver del rey don Sebastián y poner en libertad a don Juan de Silva, representante de Felipe II ante el derrotado rey portugués. El rey Felipe II envió pues una embajada en 1579 que encabezaba Pedro Venegas de Córdoba, al que acompañaba el padre Diego Marín, no sólo para mostrar su agradecimiento al sultán y ganarse su amistad, sino también para tratar de que le cediera la plaza de Larache y obtener la libertad del duque de Barcelos, hijo de los duques de Braganza.

Genealógico del duque de Barcelos

Sin embargo, pese al buen recibimiento, Al-Mansur fue dilatando las negociaciones, y no fue hasta 1580 cuando puso por fin en libertad al duque de Barcelos junto a otros ochenta caballeros portugueses que mantenía presos, pero no cedió en modo alguna la plaza de Larache. Al-Mansur volvía pues a acercarse al rey español o a los turcos según le conviniese en cada momento.

Dice Tomás García Figueras:

“Larache, baza esencial de este duelo diplomático entre ambos reyes, a la par que objetivo declarado de Argel, sería durante los últimos años del siglo XVI tema que iba, asimismo, a ocupar lugar de privilegio en las chancillerías europeas. Inglaterra, especialmente, según hemos de ver más adelante, desarrollaría una actividad manifiesta para influir en el ánimo de al-Mansur en contra de los deseos de España.
Tal era la confianza que Felipe II había depositado en los resultados de su Embajada a al-Mansur que, ya desde finales de 1579, don Alonso Pérez de Guzmán, Duque de Medinasidonia, tenía preparado en Cádiz el contingente necesario de hombres y barcos con los que atender la ocupación de Larache y dispuestos a partir con la primera señal que se recibiera de que el sultán había consentido en ceder la plaza. Esta reserva de fuerzas estaba predestinada a mantenerse durante mucho tiempo en estado de alerta, sin que llegara nunca a entrar en acción…”

don ALONSO PÉREZ DE GUZMÁN, duque de Medinasidonia

don ALONSO PÉREZ DE GUZMÁN, duque de Medinasidonia

En efecto, al-Mansur se esforzaba en desviar la atención del monarca español mientras que Felipe II, en esa obsesión suya por conseguir Larache, llegó incluso a ofrecer al sultán las plazas de Arcila o Mazagán a cambio de Larache. Y hasta se presentó una ocasión muy favorable para los intereses españoles cuando al-Mansur recibió informaciones de que los turcos estaban a punto de invadir Marruecos. Ante la amenaza, llegó a un acuerdo con Felipe II: a cambio de Larache, España defendería a Marruecos frente a los turcos. Pero, a última hora, otros problemas hicieron que el ejército turco no invadiera el país y Felipe II vio de nuevo frustrada su aspiración de hacerse con Larache la deseada.
Algo parecido ocurriría a finales de 1583 ante otra amenaza otomana. El patrón de comportamiento del sultán al-Mansur fue idéntico: astuto, supo evitar satisfacer al rey Felipe en cuanto el peligro cesaba.

La obstinación de Felipe II por hacerse con Larache, que no deja de ser realmente llamativa, llegó al extremo de que los tiras y aflojas con el sultán se fueron dilatando durante años, y hasta la reina Isabel de Inglaterra terció en esta contienda entre monarcas, obviamente contra los intereses de su enemigo Felipe II, y le ofreció ayuda militar al sultán para el supuesto de que España decidiera atacarlo.

Pero entre intrigas y traiciones, lo cierto es que el sultán al-Mansur se aliará con todos los enemigos de España, llegando a ser muy estrecha su alianza con Isabel de Inglaterra tras la derrota de la Armada Invencible española por los ingleses. Sin embargo, los acontecimientos posteriores harán que el sultán termine jugando con la reina inglesa como había hecho con el monarca español. Y, al final, la ambición desbordada de Felipe II por Larache se irá diluyendo al paso de los años.

Felipe II, pintura de Rubens

Felipe II, pintura de Rubens

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«Máscara de bronce de Oceanus, hallada en Lixus, cerca de Larache», por Antonio García y Bellido

Ruinas de Lixus - Larache

Ruinas de Lixus – Larache

Antes de entrar en el detallado artículo de Antonio García y Bellido, sólo a modo de recordatorio, o de complemento, dejar constancia de dos hechos que, tal y como me indicaba Mariano Bertuchi, no se mencionan en este artículo: la primera es que, actualmente, la máscara de «Oceanus» se encuentra en el Museo Arqueológico de Rabat, y la segunda es que su descubridor fue el arqueólogo español Sr. Montalbán, según se menciona en la Revista África de 1º de noviembre de 1927.

Sergio Barce, enero 2014

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Cabeza de Neptuno. Ruinas de Lixus (Larache) Hallada por el arqueólogo Sr. Montalban. Revista África 01-11-1927. Museo Rabat

Máscara en bronce de «Oceanus» hallada en Lixus, cerca de Larache

por Antonio García y Bellido

Aunque de modo provisional e insuficiente, publicamos aquí este valioso relieve en bronce que fue hallado, hace algo más de un decenio, en las ruinas de la ciudad romana de Lixus, sucesora de la vieja colonia fenicia, que, gracias a las excavaciones tiempo ha emprendidas, se va poniendo al descubierto.

La máscara broncínea de Lixus representa una hermosa y severa faz de divinidad marina, finamente modelada, y cuyo perímetro tiende a llenar un círculo. Su movida y flotante cabellera, su poblada barba y largos bigotes de retorcidos rizos, parecen movidos, al modo como se agitan las hierbas submarinas por las ondas salitrosas del Océano. Entre la húmedas guedejas de la divinidad nadan y saltan unos delfines, trenzando sus graciosos giros con las espirales y volutas de los mechones del severo dios del Mar. Su duro gesto, sus anchas facciones, su boca entreabierta y anhelante, recuerdan plásticamente la terrible y constante amenaza de la mar, la amplitud inmensa del Océano y el fuerte aliento de las brisas marinas. La piel de su rostro no es humana. Como corresponde al carácter oceánico de la divinidad, frente y pómulos se ven cubiertos por una epidermis de anchas hojas de alga. En consonancia también con la fauna que habita su reino frío, la corona no es otra que las dos potentes pinzas, abiertas, de un cangrejo de mar.

Estos bellos simbolismos nos llevan fácilmente a ver en la máscara broncínea de Lixus, no una divinidad fluvial, sino la majestuosa y severa corporización del Okeanós griego, del Oceanus latino, cuyas olas batían constantemente las playas litorales de Lixus, asomada al dilatado y misterioso Atlántico en los confines del Mundo entonces conocido.

Su paralelo más próximo y más importante es la cabeza de la sala Rotonda del Museo del Vaticano. Salvo la doble mandíbula de cangrejo, que no tiene la colosal testa de Roma, y algún otro detalle que no presenta la de Lixus, en general los mismos simbolismos (piel de algas, boca entreabierta, delfines nadando entre las húmedas guedejas) aparecen tanto en una como en otra figura. La del Vaticano, sin embargo, no muestra esa expresión dura y magníficamente expresiva del relieve discoideo de Lixus.

Es, por el contrario, tranquila y paternal, como la del Nilo yacente del mismo Museo. Parece como si la figura del Vaticano, que fue hallada en Puteoli, simbolizase al plácido Mediterráneo o a la bahía azul y serena de Baiae, y la figura de Lixus al profundo Océano, bravo y misterioso, que rompe en las costas mauritanas. El tipo es creación eminentemente griega helenística. El hermoso busto marmóreo del Vaticano no es sino un apreciable trasunto de un original perdido y datable en aquella época. La figura de Lixus, sin embargo, parece haber sido versión de un original, quizás más grandioso que el que inspiró al copista del busto vaticano.

Máscara de "Oceanus" encontrada cerca de Larache, en las ruinas de Lixus

Máscara de «Oceanus» encontrada cerca de Larache, en las ruinas de Lixus

En la época romana imperial se hicieron muy frecuentes las representaciones de Oceanus, unas veces con los atributos dichos y otras con otros similares derivados del tipo paralelo, aunque más antiguo, de Acheloús, la divinidad mugiente de los ríos, el toro androkephalos, corporización de la fuerza arrolladora de los torrentes y las avenidas fluviales. Este tipo es el llamado Ωκεανός ταυρόκρανος, que por no tener relación plástica o somática con el nuestro prescindimos de sus ejemplos. En general, en lugar de las pinzas de cangrejo suele llevar como atributo la cornamenta del toro. Del tipo del de Lixus son, por ejemplo, el del mosaico de las termas de Medeina, los de Bir Chana, Sidi-el Hani, etc., etc., en Argelia; la máscara de bronce del Museo Wallraf-Richartz, de Colonia (núm. 1.087), muy semejante a la nuestra por sus atributos, pero muy inferior a ella en arte. Una cabeza de Oceanus de cierto altar de Diana (Roscher, Lexikon d. Myth., III, 818) presenta la mezcla curiosa de los cuernos de toro y las mandíbulas de cangrejo.

Gran analogía en su inspiración artística presentan también las innumerables representaciones de Medusas, de las cuales debemos destacar, por su similitud técnica y conceptual con la figura de Lixus, la magnífica máscara que, procedente de las naves de Nemi, guarda el Museo Nacional de las Termas.

No sabemos de qué formó parte el hermoso relieve broncíneo de Lixus. Pero, sin duda, fue en su tiempo una pieza decorativa de aplicación. Lo mismo pudo exornar el peto de una coraza, como un mueble o un objeto de uso. La calidad del relieve, obra de un artista nada vulgar, hace de él una verdadera obra de arte y, hasta en lo que hoy recordamos, es sin duda el mejor ejemplar en bronce llegado a nosotros de este tipo concreto. Su fecha no debe distar mucho de la segunda mitad del siglo I después de J.C., si no cae dentro de este mismo período.

De la web: Historia y Arqueología de las Civilizaciones

http://www.cervantesvirtual.com/

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