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El film del realizador larachense CHRIF TRIBAK, «Le temps des camarades», en Grenoble

EL TIEMPO DE LOS COMPAÑEROS (Le temps des camarades)

Viernes, 11 de febrero 2011, 20: 00 H.

Ciclo de cine árabe

En colaboración con el Cinéma les Méliès, y la sección árabe de la Escuela Internacional de Grenoble, dentro del ciclo de cine árabe que se celebrará entre el 11 y el 18 de febrero de 2011.

Se proyectará el film:

El tiempo de los compañeros de Mohamed ChrifTribak

Con Farah el Farsi y Mohamed Assou

Tras la proyección, habrá un encuentro con el director larachense Mohamed Chrif Tribak, en la Sala Juliet Berto  (Contacto:  04 76 54 43 51  – Precio: 5 euros)

LE TEMPS DES CAMARADES (avant prenière inédit a GRENOBLE)

Vendredi, 11 Février 2011, 20 :00

MOHAMED CHRIF TRIBAK

CYCLE CINEMA ARABE

En collaboration avec le Cinéma Le Méliès, et dans le cadre des 10 ans de la section d´arebe de la Cité Scolaire Internationale de Grenoble, cycle cinéma arabe du 11 au 18 février 2011.

AVANT PREMIERE – INEDIT A GRENOBLE

Le temps des camarades de MOHAMED CHRIF TRIBAK

Avec Farah el Fassi et Mohamed Assou

Nord du Maroc. Début des années 90. Son Bac en mains, Rahil décide, contre l’avis de sa famille, de poursuivre ses études à l’Université. Elle y découvre l’influence croissante des islamistes.

A l´issue de la projection, recontre avec le réalisateur Mohamed Chrif Tribak.  (Lieu :   Salle Juliet Berto  – Contact :  04 76 54 43 51  – Tarif unique:  5 euros)

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«MÁS ALLÁ DE LA VIDA» (Hereafter, 2010) de CLINT EASTWOOD

Se estrena la nueva película dirigida por Clint Eastwood, el último clásico, como le gusta definirle a la crítica. Siendo, como es, una película que se mueve dentro de los límites establecidos por “Para siempre” (Always, 1989) de Steven Spielberg y “El sexto sentido” (The sixth sense, 1999) de Shyamalan, no es extraño que uno de sus productores sea el propio Spielberg.

Clint Eastwood en el rodaje de HEREAFTER

Pero dejando a un lado esta anécdota, lo cierto es que he ido a verla porque sencillamente es otra de Eastwood. Yo he crecido con él (con el actor y con el realizador), igual que lo he hecho con James Bond, Woody Allen o Martin Scorsese. Cada película de ellos, es un pequeño rito para mí, como una cita ineludible que fijamos para cada año y, generalmente, no me suelen fallar, con independencia de que el resultado sea bueno o menos bueno. Lo cierto es que son como de la familia, “good fellas”.

Me acercaba a esta audacia de Eastwood con cautela. ¿Cómo se habría enfrentado a una historia de género fantástico, por así llamarla? ¿Sería capaz de abordar un tema extraño a su filmografía con la maestría que ha demostrado tantas otras veces? (Por sólo citar algunas de sus películas más memorables como realizador, ahí están “Bird” (1988), “Sin Perdón” (Ungorgiven, 1992), “Un mundo perfecto” (A perfect world, 1993),  “Los puentes de Madison” (The bridges of Madison County, 1995), “Medianoche en el jardín del bien y del mal” (Midnight in the garden of Good and Evil, 1997), “Mystic river” (2003), “Million dollar baby” (2004), “Cartas desde Iwo Jima” (Letters from Iwo Jima, 2006) o “Gran Torino” (2008)… qué lista increíble, y sólo son las que se me han ocurrido a vuelo pluma).

Morgan Freeman y Clint Eastwood en «Sin perdón»

El resultado en esta ocasión, sin embargo, se acerca más a su cine intermedio (en el que estarían títulos como “Primavera en otoño” (Breezy, 1973), “El aventurero de medianoche” (Honkytonk man, 1983), “Cazador blanco, corazón negro” (White hunter, black Herat, 1989), “Banderas de nuestros padres” (Flags of our fathers, 2006) o “Invictus” (2009)), es decir, ese tipo de películas en las que la impronta del Clint Eastwood director está presente (iluminación oscura y escenas envueltas en sombras –Tom Stern es su director de fotografía desde «Mystic River«-, música minimalista al piano –compuesta por el propio Clint, con un sonido casi familiar, una melodía parecida a otras cintas-, encuadres desenfocados para dar la sensación de inmediatez, ritmo lento) pero en las que sin embargo falta el aliento último para hacerlas grandes.

En este caso, además, la historia se muestra excesivamente deshilvanada. Hay evidentes huellas del cine que se está desarrollando últimamente por otros directores actuales como Paul Haggis (guionista de “Million dollar baby”)  en films como “Crash” (2004) o “En el valle de Elah” (In the Valley of Elah, 2007), González Iñárritu con “Babel” (2006), que es el film de referencia en este sentido, o por Rodrigo García “Cosas que diría con solo mirarla” (Things you can tell just by looking at her, 1999) o “Nueve vidas” (Nine lives, 2005), es decir, el film caleidoscópico en el que se presentan varias historias a la vez aparentemente inconexas e incluso imposibles de relacionar pero que, poco a poco, terminan entrelazando la vida de los coprotagonistas para cerrar un círculo existencial inevitable e interdependiente.

Matt Damon, en HEREAFTER (Más allá de la vida)

Sin embargo, Eastwood fracasa en este empeño y la película, que arranca espectacularmente con la escena del tsunami, muy bien filmada, naufraga y  nos deja con la sensación de que sólo es un film más, comercial, aburrido a ratos, en el que el espectador anhela un acontecimiento que nunca llega. El final, además, es demasiado condescendiente y edulcorado.

Cécile de France

Un agradable descubrimiento es la actriz Cécile de France, que está magnífica, pero eso es decir muy poco de una película. Estas son las cosas de Clint Eastwood, capaz de dirigir obras maestras (he mencionado al menos seis o siete) o de rodar auténticos despropósitos (“El principiante” (The Rookie, 1990), por ejemplo), que en el caso de “Hereafter” (prefiero el título inglés al ñoño con el que lo han bautizado en España) se queda en el limbo, como algunos de los personajes de la propia película…

Otros magníficos films de Clint Eastwood como director son “Escalofrío en la noche” (Play Misty for me, 1973), “El fuera de la ley” (The outlaw Josey Wales, 1976), “El jinete pálido” (Pale rider, 1985), “Poder absoluto” (Absolute power, 1997) o “Ejecución inminente” (Trae crime, 1999). Ahí es nada.

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ALLEN & MARX

Los diálogos de los films de Woody Allen y de los hermanos Marx cuando son delirantes son excepcionales. Como botón de muestra:

«¿Qué tal, Pussycat?» (What’s New Pussycat?, 1965), dirigida por Clive Donner, con guión de Woody Allen.

Edra Gale: ¡Dime quién es!
Peter Sellers: ¡Ana, te he dicho mil veces que no me molestes mientras trabajo!
Edra Gale: ¡Dime quién es esa mujer!
Peter Sellers: Esto se ha acabado. ¡Vete a la cocina!
Edra Gale: ¿Por qué no viniste anoche a casa?
Peter Sellers: ¡Déjame en paz, tengo que trabajar!

Edra Gale: ¿Es más guapa que yo?
Peter Sellers: ¿Qué si es más guapa que tú? ¡Hasta yo soy más guapo que tú!
Edra Gale: ¡Oh, grosero!… Llevas carmín en la camisa.
Peter Sellers: Bueno, nadie es perfecto.
Edra Gale: Ya sé que no es la primera.
Peter Sellers: ¡Mira! [Señala al cielo y se escabulle.] ¡Te mentí! ¡He estado mintiéndote! ¡Te he odiado desde el instante en que nos casamos! ¡Eres grotesca!
Edra Gale: ¡Y tú, un adúltero lascivo!
Peter Sellers: No te atrevas a llamarme eso hasta que yo sepa lo que quiere decir.
Edra Gale: ¡Adúltero! ¡Adúltero!. ¡Eres un adúltero lascivo!
Peter Sellers: ¡Guarda silencio mientras gritas! [Consulta un grueso tomo mientras lee] Adúltero lascivo, aquí está. [Lee:] Adúltero lascivo es el hombre que siendo adúltero es lascivo. ¿Qué birria de libro es este?…

«Una noche en la opera» (A Night At The Opera,1935). Film dirigido por Sam Wood. Guión de George S. Kaufman, Morrie Ryskind, Al Boasberg, Bert Kalmer y Harry Ruby.

Groucho Marx: Haga el favor de poner su atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que … “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte” ¿Qué tal? Está muy bien, ¿eh?
Chico Marx: No, eso no está bien.
Groucho Marx: Por qué no está bien
Chico Marx: No lo sé. Quisiera volver a oírlo.
Groucho Marx: Dice que…“La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”

Chico Marx: Esta vez parece que suena mejor.
Groucho Marx: A todo se acostumbra uno. Si usted quiere lo leo otra vez.
Chico Marx: Tan solo la primera parte.
Groucho Marx: ¿Sobre la parte contratante de la primera parte?
Chico Marx: No, sólo la parte de la parte contratante de la primera parte.

Groucho Marx: Dice que … “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte y la parte contratante de la primera parte será considerada en este contrato …” Oiga, por qué hemos de pelearnos por una tontería como esta. La cortamos. (rasgan una parte del contrato)
Chico Marx: Sí, es demasiado largo. ¿Qué es lo que nos queda ahora?
Groucho Marx: Más de medio metro todavía
Groucho Marx: Dice ahora…”La parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte”
Chico Marx: ¡Eso sí que no me gusta nada!
Groucho Marx: ¿Qué le encuentra?
Chico Marx: Nunca segundas partes fueron buenas.
Groucho Marx: El otro día vi un partido de fútbol y la segunda parte fue mejor que la primera. Le pegaron al árbitro y todo.
Chico Marx: ¡Eh, escuche! ¿Por qué no hacer que la primera parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte?
Groucho Marx: Pues, eh… en vez de discutir, qué le parece a usted si … (rompen otra parte del contrato)
Chico Marx: Bien.
Groucho Marx: Aquí hay una cláusula que le va a volver a usted loco de alegría, ya lo verá.
Chico Marx: No, no me gusta.
Groucho Marx: ¿Qué es lo que no le gusta?
Chico Marx: Sea lo que sea, no me gusta.
Groucho Marx: Bueno no vamos a romper nuestra vieja amistad por una cosa sin importancia. ¿Listo?
Chico Marx: ¡Listo! (rompen otra parte del contrato)
Chico Marx: Ahora en esta parte que sigue hay algo que no le gustará.
Groucho Marx: Bien, su palabra es suficiente para mí. (rompen otro trozo de contrato) Dígame, ¿la mía es suficiente para usted?
Chico Marx: ¡Desde luego que no!
Groucho Marx: Bueno quitemos un par de cláusulas. (siguen quitando trozos al contrato) “La parte contratante de la octava parte…”
Chico Marx: ¡No!
Groucho Marx: ¿No?
Chico Marx: ¡He dicho que no!
Groucho Marx: La parte contratante de …
Chico Marx: ¡No!!!, esto tampoco, no…. Oiga, ¿cómo es que mi contrato es más pequeño que el de usted?
Groucho Marx: No lo sé. Seguramente será por que usted es más chico que yo. De todos modos estamos de acuerdo, ¿verdad?
Chico Marx: Sí, eso sí.
Groucho Marx: Entonces ponga usted su firma ahí y así el contrato será legal.

Chico Marx: Me olvidé decirle que no sé escribir
Groucho Marx: Oh, es igual. La estilográfica no tiene tinta. Pero el contrato está hecho, ¿no es eso?
Chico Marx: ¡Ah, claro!
Groucho Marx: Nos obliga un contrato, aunque sea muy pequeño.
Chico Marx: Espere, espere.¿Qué es lo que dice aquí en esta línea?
Groucho Marx: Oh, eso no es nada. Una cláusula común a todos los contratos. Solo dice …dice …”si se demostrase que cualquiera de las partes firmantes de este contrato no se haya en el uso de sus facultades mentales, quedará automáticamente anulado en todas sus cláusulas”
Chico Marx: Pero yo no sé si …
Groucho Marx: No se preocupe, hay que tomarlo en cuenta en todo contrato. Es lo que llaman una cláusula sanitaria.
Chico Marx: Ja, ja, ja, … no me diga que ahora tenemos que vacunarnos.
Groucho Marx: (Dándole la flor del ojal de su chaqueta) Tenga, se la ha ganado por idiota
Chico Marx: Gracias

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«MAN ON WIRE» (El alambrista) de JAMES MARSH

Si alguien me hubiese dicho que un documental sobre un alambrista iba a emocionarme, de entrada lo habría puesto en duda. Sin embargo, MAN ON WIRE te atrapa desde los primeros minutos. La historia real que describe es el empeño, la ilusión y los avatares de Philippe Petit, el alambrista francés, por conseguir un sueño casi imposible: cruzar las Torres Gemelas de Nueva York caminando sobre un cable, hecho acaecido en 1974.

Philippe Petit, el alambrista

La historia se nos cuenta desde la actualidad (la película se rodó en 2008), pero hábilmente su director, James Marsh, no se limita sólo a entrevistar a los protagonistas de esa gesta, sino que entremezcla imágenes de archivo con una reconstrucción de los hechos a modo de film de intriga, de manera que el espectador participa en la propia aventura de Petit y los amigos que le ayudaron. Hay escenas impactantes, imágenes inolvidables. La música es un contrapunto esencial a la hora de que la tensión del film aumente a cada fotograma, especialmente el tema de Michael Nyman, majestuoso, hasta llegar al clímax, y es entonces cuando comprendes que acabas de ver una película extraordinaria, única.

Este film tan especial y sugerente, que os recomiendo fervorosamente que no dejéis de ver, te descubre algo inaudito: que cruzar un alambre a cientos de metros de altura es un acto poético y bellísimo, y que el funambulista  Philippe Petit, como poeta del alambre, desafía a la muerte con tal de alcanzar unos breves minutos de éxtasis.

Podría seguir escribiendo de este documental, pero hay un magnífico artículo del escritor Jose Garriga Vela, que comparte mi entusiasmo con la película (de hecho, los dos no nos la quitamos de la cabeza), que publicó en el diario “Sur” de Málaga y donde explicita aún mejor lo que yo pudiera contaros de este film. Así que reproduzco su artículo para vosotros.

Sergio Barce, enero de 2011


MAN ON WIRE por Jose A.  Garriga Vela (Diario “Sur” de Málaga, 20 de febrero de 2010)

El 7 de agosto de 1974, el funambulista francés Philippe Petit estuvo paseando sobre el alambre durante cuarenta y cinco minutos entre las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York. El día anterior, él y su equipo de colaboradores habían entrado ilegalmente en los edificios con unas tarjetas de identificación falsificadas en las cuales figuraba que eran contratistas que iban a colocar una valla electrificada en la azotea. El grupo de colaboradores y el propio Petit pasaron la noche ocultos en el piso 104 de la torre sur. Al despuntar el alba, lanzaron con arco y flecha un sedal entre ambas torres y luego tensaron un cable de acero. Otros dos compañeros se hallaban en la azotea de la torre norte. Philippe Petit ya había paseado antes entre la torres de Notre Dame de París y sobre el puente del Puerto de Sydney.

Philippe Petit, sobre la bahía de Sydney

Ahora estaba dispuesto a pasear por la cima del mundo. El Dueño del Aire estaba a cuatrocientos diecisiete metros de altura y dispuesto a cubrir varias veces la distancia de 42,672 metros que separaba ambas torres, sosteniendo entre sus manos una pértiga desmontable. Durante tres cuartos de hora Philippe Petit bailó, se sentó, se tendió sobre el alambre, hizo reverencias y habló con una gaviota que volaba sobre su cabeza. Sólo un avión atravesando el cielo de Manhattan voló aquella mañana más alto que él.

Acabo de llegar de Nueva York. Antes del viaje, vi en DVD el excelente documental ‘Man on wire’, de James Marsh, basada en el libro del propio Philippe Petit donde narra su obsesión por pasear entre los rascacielos más altos del mundo. Nos cuenta que se encontraba en la consulta del dentista en 1965 cuando leyó un artículo en el que se mencionaba el proyecto de las Torres Gemelas y desde entonces se propuso unirlas con un alambre y caminar entre ellas. Fue un trabajo arduo. Se entrenó en Francia y visitó varias veces Nueva York para estudiar el modo de colarse en las torres sin levantar sospechas. El documental, que consiguió varios premios en 2008, entre ellos el Oscar a la mejor película documental y el Bafta a la mejor película británica del año, plantea la aventura del funambulista francés como si fuera el proyecto de un gran robo. En realidad, la hazaña de Philippe Petit fue considerada como el «delito artístico del siglo». El arte de pasear por el aire. La visión del documental me resultó emocionante. Siempre me han atraído los funambulistas. Una chica que vi haciendo malabarismos sobre la cuerda floja me inspiró el personaje de Estelita Raval en la novela ‘Pacífico’. Cuando hace una semana visité el aire vacío de la Zona Cero, imaginé a Philippe Petit aquella lejana mañana de hace treinta y seis años. Lo imaginé danzando sobre ese cielo que ahora permanece vacío, con el edificio en obras de la Libertad escalando el mismo espacio en el que estuvieron las Torres Gemelas. La vida de más de dos mil seiscientas personas se derrumbó la mañana del 11 de septiembre de 2001.

El sargento Charles Daniels fue el encargado de convencer al hombre del alambre de que cesara en su paseo por el paraíso de Wall Street. Así cuenta en el documental su experiencia de ese día: «Observé al bailarín, porque no podía llamarlo paseante, aproximadamente a medio camino entre las dos torres. Y cuando nos vio, sonrió e inició una danza sobre el cable. Al aproximarse al edificio le pedimos que bajara de la cuerda, pero en lugar de eso se dio la vuelta y retrocedió de nuevo hacia el centro. Se balanceaba arriba y abajo. Sus pies perdían contacto con el cable y volvían a situarse de nuevo sobre él. Era realmente increíble. Todos estábamos hechizados viéndolo». El sargento Charles Daniels y sus hombres lo amenazaron con destensar el cable y con atraparlo desde un helicóptero, pero el intrépido funambulista sólo abandonó el alambre cuando decidió que ya había disfrutado durante suficiente tiempo y culminado su sueño. Un sueño que ahora, con el paso del tiempo y tras la tragedia del 11 de septiembre de 2001, yo evoco al mirar el aire transparente, el vacío que ocuparon las torres gemelas y sus miles de inquilinos. Es como intentar capturar en el aire el reflejo de una quimera.

Philippe Petit, siendo arrestado

Philippe Petit fue arrestado nada más poner el pie en la azotea de la torre sur. La policía lo esposó y lo empujó escaleras abajo, algo que posteriormente Petit describió como el momento más arriesgado de la acrobacia. Al ser preguntado por los periodistas por el motivo de aquella espectacular aventura, él respondió: «Cuando veo tres naranjas, hago juegos malabares; cuando veo dos torres, las cruzo». La inmensa repercusión mediática y admiración pública que causó la hazaña de Philippe Petit tuvo como consecuencia la retirada de todos los cargos que se le habían imputado. Únicamente se le obligó a caminar por el alambre en Central Park, a una altura moderada. Fue obsequiado con un pase vitalicio para la plataforma de observación de las Torres Gemelas; aunque al resto de sus colaboradores se les expulsó de los Estados Unidos y se les impidió su vuelta para siempre.

Al día de hoy, cerca de cumplir los sesenta años, Philippe Petit sueña con pasear por el aire del Gran Cañón del Colorado. Desde entonces, desde su paseo por las nubes de Manhattan, es amigo de numerosos artistas como el cineasta Werner Herzog y el escritor neoyorquino Paul Auster, que en 1982 escribió ‘En la cuerda floja’, un texto dedicado al artista francés y en el que dice: «Philippe había asumido total responsabilidad por su propia vida y yo sentía que nada podría alterar esa resolución. El equilibrismo no es un arte moral, sino un arte vital, de una vida vivida con plenitud; lo que equivale a decir que la vida no se esconde de la muerte, sino que la mira directamente a los ojos. Cada vez que Philippe se sube a una cuerda, toma posesión de esa vida y la vive en toda su regocijante inmediatez, en toda su dicha».

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«LAS UVAS DE LA IRA» (The grapes of wrath) de JOHN FORD

LAS UVAS DE LA IRA (The grapes of wrath) de John Ford

John Ford. Quizá uno de los realizadores más extraordinarios de la historia del cine, consiguió elevar la sencillez a la categoría de arte. Sus historias son diáfanas, siempre sabe qué es lo que tiene entre manos y qué es lo que quiere transmitir al espectador. Sabio, sabe utilizar el humor a pequeñas dosis, incluso en dramas duros y tremendos. Escenas inolvidables del western se deben a él, y varias obras maestras jalonan una de las carreras más sólidas, competentes e interesantes del cine, como muestra: La diligencia (Stagecoach, 1939), Fort Apache (1948), Qué verde era mi valle (How green was my valley, 1941), Pasión de los fuertes (My darling Clementine, 1946), El hombre tranquilo (The quiet man, 1952), Mogambo (1953), Centauros del desierto (The searchers, 1956)  o El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Balance, 1962), por citar sólo unas cuentas. Sigue leyendo

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