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LARACHE, 17 de abril de 2011 – paseo por la Medina

Este fin de semana ha estado cargado de actividades en Larache. A través de la asociación «Larache en el mundo» (España) que presido y la recién creada «Larache en el mundo» (Marruecos) –Abderrahman Lanjri es el presidente-, ya podemos actuar con más agilidad a la hora de poner en marcha proyectos y actos en la ciudad. El primer paso, con la colaboración de numerosas asociaciones locales, personas a título individual y la ayuda de las cafeterías y resturantes de la zona, este pasado domingo, con la excusa del día Internacional de los Monumentos y Sitios Históricos, se elaboró un pequeño programa de actividades culturales.

La primera de esas actividades consistió en un paseo por la Medina de Larache, durante la que se les explicó a los niños la historia y la importancia de conservar la ciudad vieja de Larache.  La idea fundamental consistía en concienciar a los más pequeños de que la Medina es un patrimonio de todos que han de conservar y defender como legado de las generaciones pasadas. Las imágenes siguientes son una pequeña muestra de la actividad:

Rachid estaba muy atento a las explicaciones…

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Exposición del escultor larachense EMILIO GALLEGO

El escultor larachense

Emilio Gallego

expone una muestra de la Espiral Totémica

en la Conferencia Internacional TICCIH que se celebra en Requena, Valencia

A partir del 14 de abril, los participantes y público en general asistente a la Conferencia Internacional TICCIH, 2011 que se está celebrando en Requena, disponen de información y pueden apreciar una pequeña muestra de esculturas a escala del proyecto de arte contemporáneo en la naturaleza, “Piedras al Aire. Canto a la Naturaleza en Espiral”, del artista visual y escultor afincado en esa ciudad, Emilio Gallego (Larache, 1960). Recordemos que las 22 esculturas de este singular proyecto, una de las instalaciones escultóricas que abarca más extensión geográfica del mundo, están situadas en forma de espiral sobre el mapa, a lo largo de toda la denominación de Origen Utiel-Requena.
Una aportación mas al patrimonio cultural de la zona, de tan larga historia, esta vez desde el ámbito del arte contemporáneo que con su originalidad apoya las interesantes iniciativas de este importante evento que esta teniendo lugar en la sede de la Estación de Viticultura y Enología de Requena.
Organizado por el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Generalitat Valenciana y por el Ayuntamiento bajo el título, “Paisaje y Patrimonio Cultural del vino y de otras bebidas psicotrópicas”, sin duda esta Conferencia Internacional, aportará valor para la tan ansiada, como merecida catalogación del municipio como “Paisaje Cultural de la Vid y el Vino” por parte de la UNESCO.
Además de la obra que hemos comentado, también puede apreciarse una escultura mural del proyecto inédito del mismo artista, “La Danza de Baco”, con materiales como plomo, cobre o sarmientos y que verá pronto la luz. Un trabajo de varios años que continúa ahondando en las raíces de esta tierra, una vez más desde la óptica contemporánea.

Gabriela Grech, Sergio Barce & Emilio Gallego

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LARACHE vista por… JAVIER LOBO

Javier Lobo en su Balcón del Atlántico

Al enviarme estas fotografías (y otras que ha ido haciendo cada vez que ha regresado a Larache), Javi Lobo me escribía que «estas fotos son de mi Larache. Y digo de «mi Larache» porque un trocito de ella me pertenece. Para mí tienen un valor incalculable, de cada foto crearía un comentario que lo plasmaría hasta el fín de mis días…«

A Javi y a Angela, su mujer, les ocurre como a mí. No podemos dejar de volver, ni podemos dejar de sentir algo especial cada vez que vemos de nuevo las calles de Larache…

Ya estamos entrando por la antigua carretera, el cartel nos da la bienvenida, y dejamos atrás Lixus y las salinas. El primer nudo en la garganta se siente cuando vemos el perfil de la ciudad desde una curva, dibujada sobre el mar, como esperándonos…

Ineludiblemente, buscamos nuestras casas, los lugares donde vivimos, donde lo hicieron nuestros padres, quizá donde nacieron ellos, esas calles que van desapareciendo poco a poco borrando la prueba de los recuerdos que todos guardamos. Javi Lobo fotografió su calle y el callejón de enfrente, donde creció rodeado de amigos, donde se grabaron las primeras muescas en su alma.

calle donde vivía Javi Lobo

y el callejón de enfrente

Y ese león, uno de los que franquean la entrada al Jardín de las Hespérides, una de las dos fieras a las que todos nos montamos en nuestra niñez (y ahora para recoerdarlo). Parece mentira que unas esculturas formen parte de nuestra memoria, que hayan cobrado vida y nos parezca que, de alguna manera, respirasen con cierta resignación cuando nos subíamos a sus fríos lomos. Ahora pasamos a su lado, los miramos con ternura, y nos parecen diminutos, de fieras han pasado a mansos felinos, y el hermoso jardín también queda en nuestra memoria, con chita metida en su jaula, y con los cañones aún en pie, y con las parejas de novios paseando y abrazándose al anochecer… Y ya veo que Javi tampoco pudo evitar echarle una foto, para guardárselos, porque los leones también son «suyos», y nuestros.

A Javi Lobo le encantan las fotografías en blanco y negro. Hace algunas impresionantes, ya las iré colgando en el blog, y como botón de muestra ese carrito en una esquina, que me hace recordar al que siempre estaba apostado (sigue aún) junto a la academia de Don Aurelio, a la izquierda del patio de la iglesia. Ese carrito que asaltábamos antes de entrar en el Ideal, en el que comprábamos cartuchos de garbanzos fritos y garrapiñadas y pipas… O ese carro al que arrastra ese burro cansado y viejo, una estampa que es otra imagen que forma parte de nuestras calles…

Y su cámara también captó las heridas, las hemorragias incurables del Cine Ideal, ese mismo que Sara Fereres describía en su libro como el cine más moderno de Larache cuando se construyó. Un edificio art-decó, precioso, que era referencia de la ciudad, uno de sus edificios emblemáticos, inmueble catalogado por su valor arquitectónico pero que, ya lo anunciaba esa imagen desvalida de Javi, estaba condenado a ser pasto de los especuladores.

Cayó, lo borraron, y en su lugar se ha levantado un gigante de cemento que oscurece la vieja calle Chinguiti, la avenida Hassan II, y la hace más triste y más extraña,y más inhóspita. Pero ya sabemos, Javi, Angela, que pueden hacer desaparecer sus ladrillos, sus ojos de buey, su perfil de barco de recreo, pero jamás borrarán las imágenes que vimos en su pantalla rectangular, la ilusión de las películas que pasaban por su viejo proyector, ni siquiera las voces de los actores que retumbaban en su sala, que nos las hemos guardado nosotros hurtándolas a los saqueadores, ni tampoco el eco de las voces de los espectadores gritando «¡radio!¡radio!» cuando se desenfocaba la imagen o había algún corte inoportuno…

Cine Ideal

Y como la vida misma, Javi Lobo da la espalda a las heridas, que ya no cicatrizan, y descubre de pronto lo mejor de Larache. Sonreí cuando vi el título que Javi le daba a la última fotografía que cuelgo hoy. Está tomada en la calle Mulay Ismail, junto a los jardines del Balcón. Es una niña que se gira sólo un poco para mirar directamente a su cámara. Esa niña larachense irradia vida, supura futuro, le brillan los ojos y su sonrisa apaga el entorno. Hay ángel en su mirada. Pero Javi la describió con una sola palabra: «Felicidad».  Javi, cómo se nota que te contagió su alegría.                             Sergio Barce, abril 2011

FELICIDAD


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Artículos sobre la novela LA CIUDAD DEL LUCUS de LUIS CAZORLA

Tras la presentación de su novela «La ciudad del Lucus» (Almuzara, 2011), mi paisano y amigo Luis Cazorla viene recogiendo los frutos de todo el esfuerzo que ha supuesto escribir este libro.Y de entre los comentarios y articulos que van apareciendo, he escogido como apertura las palabras que ha escrito sobre esta obra don Antonio Amat, además de las que se han hecho a través de diversos medios de comunicación.

EUROPA PRESS.- Sevilla, 17 de Febrero.

 

Durante el reparto de África – ANDALUCÍA.-El libro ‘La ciudad del Lucus’ relata las tensiones dramáticas de la época colonial de principios del siglo XX

Cuenta la historia de inmigrantes españoles humildes que «encontraron nuevos horizontes» en el norte de Marruecos

El escritor Luis María Cazorla relata en su nueva novela ‘La ciudad del Lucus’ (Editorial Almuzara) las tensiones dramáticas que existían en la época colonial de principios del siglo XX, «una etapa en la que Francia, Inglaterra y Alemania se reparten África y se disputan sobre todo el predominio en Marruecos», lo cual «predetermina en buena parte el reparto colonial».

Así lo ha reseñado en una entrevista con Europa Press el autor del libro, quien destaca que «España llegó a Marruecos defendiendo sus derechos históricos por ser potencia colonial», si bien en los primeros años del siglo XX «ya se apunta lo que va a ocurrir después con el desastre de Annual».

De esta manera, recuerda Cazorla, hace cien años que Canalejas envió al teniente coronel Fernández Silvestre a la ciudad del Lucus, Larache, el 8 de junio de 1910, fecha en la que Sigue leyendo

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Otros libros, otros autores: A MERCED DE LA TEMPESTAD (Tempest-Tost, 1951) de ROBERTSON DAVIES

Primer volumen de la llamada “trilogía de Salterton”, “A merced de la tempestad” (Tempest-Tost, 1951) es una magnífica obra literaria. Sutil, elegante, sin descuidar un cierto tono cínico y crítico, Robertson Davies construye una historia en la que se cruzan varios personajes con la excusa del montaje de una representación teatral. Con tal premisa, sus personajes, vivos, reconocibles, perfectamente dibujados y desarrollados, van desvelando desde su lado más tierno hasta el más ridículo, sus pequeñas miserias y sus sueños inalcanzables, pero siempre tutelados por el autor, que no los deja caer en ningún momento protegiéndolos de alguna forma (aunque a alguno de ellos, usando su afilado y elegante humor, les asesta alguna leve estocada).

“-¿Qué mosca te ha picado, Griselda? –dijo Solly-. ¿Por qué te pones tan hipócrita y evasiva?

-Me estoy haciendo mujer –respondió ella- y debo tener mucho cuidado con lo que digo. Precisamente no hace ni dos días que me lo recordó mi padre. Me explicó que si decía lo que pensaba en realidad, la gente se ofendería, y que la mujer no puede arriesgarse a dar una opinión sincera por lo menos hasta los cuarenta y cinco años.”

Ambientado en la ficticia ciudad de Salterton, Davies fotografía la sociedad canadiense de la época (principios de los años cincuenta), con la misma fineza y elegancia que hiciera Edith Wharton con su mundo neoyorkino.

Robertson Davies

Probablemente sea el personaje de Hector Mackilwraith el que más afecto ha despertado en mí, quizá por su profunda ingenuidad, por la pureza del amor que siente hacia la inalcanzable Griselda, o simplemente porque también es el personaje favorito de Robertson Davies (así me lo parece al menos). Su desdicha, su mal de amores, es tan imposible como desesperada, y sus esfuerzos por cambiar la aburrida rutina de su vida se antojan como un último intento por convertir su existencia en algo decente. Y eso sólo puede despertar nuestra conmiseración.

Amaba a Griselda y creía que en ese amor no había sitio para pensar en sí mismo. Lo único que anhelaba su cuerpo era a ella…

(…) Es curioso que, durante esa horrible semana, cuando tan verdadero y profundo era su sufrimiento, hallara tiempo para lamentarse de no haber recibido una educación más literaria. Las pasiones que lo vapuleaban eran demasiado grandes para su vocabulario y no podía expresarlas con palabras, ni siquiera para sí mismo…

(…) La pena lo embotaba y lo único que podía hacer era procurar que se le viera lo menos posible… y mirar a Griselda. Verla lo aliviaba un poco, pero, cuando se fue a la parcela de abajo con Roger, él volvió a los arbustos como un animal herido, para estar solo. Fue amargo ver a Solly y a Valentine, pero sólo como puede doler un golpe en la espalda cuando se tiene un puñal clavado en el corazón.”

Me gusta cómo Davies construye la trama, simple, sin altibajos, y cómo va relacionando a los personajes que pueblan su novela, su ciudad imaginaria de Salterton. Es tan hábil que es fácil ponerles rostro a cada uno de ellos: desde Hector hasta Griselda Webster, pasando por la exasperante Nellie Forrester o el arrivista Roger Tasset, la resolutiva y moderna Valentine Rich o la madre manipuladora, hasta la asfixia, que es la señora Bridgetower. Y también El Torso, y Solly, y Cobbler, y por supuesto el señor Webster, un tipo al que uno desearía conocer por el puro placer de pasar un rato charlando con él, y la rebelde Freddy, y los Vambrance…

“-Me gusta la música que ha elegido para la obra –dijo Hector-; lo que hemos oído esta tarde era muy bonito.

-Gracias –dijo Cobbler-, aunque <bonito> no es lo que diría yo de las elegantes notas de Purcell, pero entiendo que le ha llegado al corazón.

-A pretty girl is like a melody –canturreó Roger.

-Con permiso –dijo Cobbler-. Siento contradecirlo, pero de eso nada. Una melodía, por poco buena que sea, tiene una lógica palpable, en cambio existen chicas bonitas que no tiene ni el más remoto vestigio de sentido común. ¿Sabían que el otro día vino a verme esa magnífica novilla a la que llaman El Torso (bonita donde las haya) y me dijo que tenía dotes musicales, e incluso excepcionales, porque a menudo oía melodías en la cabeza? Me propuso que la escuchara y escribiera lo que cantaba. Entonces tarareó unos fragmentos sueltos de dos o tres fruslerías de películas del año pasado. Podía hacer dos cosas: como músico, sacudirle un bofetón; como hombre, llevármela debajo de un pino y hacer con ella lo que me diera la gana.

-Por curiosidad, ¿qué fue lo que hizo? –preguntó Solly.

-La curiosidad mató al gato –sentenció Hector, un poco cohibido por el giro que había dado la conversación…”

Hay pequeñas historias dentro de la narración de una exquisitez propia de los autores con mayúsculas, como el incidente de la subasta de libros, la aparición de una caja con volúmenes cuya existencia nadie parecía conocer y la sorpresa de su desenlace. Y, en fin, una multitud de destellos narrativos deslumbrantes. Una novela que sin sobresaltos, sin crímenes, sin giros copernicanos, se desliza suavemente para hacernos saborear pura literatura narrativa.

Sergio Barce, abril 2011

Robertson Davies nació en Thomasville, Ontario, en 1913, y murió en 1995. Es considerado uno de los más importantes autores canadienses. Entre sus novelas destacan “La trilogía Salterton” (The Salterton trilogy) conformada por “A merced de la tempestad” (Tempest-Tost, 1951), “Leaven of malice” (1954) y “A mixture of frailtures” (1958), así como “La trilogía de Deptford” (The Deptford trilogy) formada por las novelas “El quinto en discordia” (Fifth business, 1970), “Mantícora” (The Manticore, 1972) y “El mundo de los prodigios” (World of wonders, 1975), o “La trilogía de Cornish”.

Los fragmentos de la novela “A merced de la tempestad” los he tomado de la edición de Libros del Asteroide, con traducción de Concha Cardeñoso.

 

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