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MARRUECOS a través de la cámara de BARTOLOMÉ ROS

El pasado mes de Julio, recibí un regalo imprevisto.

Era un increíble libro de fotografías titulado:

BARTOLOMÉ ROS. Frontera de África.

Publicado por La Fábrica Editorial, Madrid, en 2009.

Dentro, en un sobre verde, había una sucinta nota con una elegante caligrafía femenina:

“Madrid, julio/2011

Estimado Sergio:

Te envío este libro que recoge parte de la obra de mi padre.

Un cordial saludo,

Rosa Ros”

BARTOLOMÉ ROS

Le envié un correo electrónico agradeciéndole el detalle, y preguntándole la razón por la que me lo había enviado. Me respondió que había estado en Casa Sefarad cuando estuvimos hablando de Larache, de Marruecos… y que ésa era una buena razón para hacerlo. Y añadía: Fue estupendo escucharos a todos. Una sencilla pero desarmante respuesta. En cualquier caso, lamento no haber tenido la ocasión de haber charlado personalmente con ella en ese momento, pero el detalle, sin duda, lo compensa con creces.

Recuerdo que en Larache, en el callejón que iba de la Avenida Mohamed V, justo en la esquina del Bazar Yebari, la antigua La Bandera Española, en ese callejón en el que también se situaba la barbería a la que iba a pelarme de pequeño, estaba “Casa Ros”. Era como uno más de los emblemas de la ciudad, y es que “Casa Ros” estaba por todo Marruecos, y había nacido con la cámara de Bartolomé Ros, al que ahora descubro con más interés con este maravilloso libro (conocía algunas de sus imágenes, tengo otro libro espectacular: MARRUECOS, TRES VISIONES, TRES MEMORIAS, en el que Ros es uno de sus protagonistas). Magníficamente editado, la calidad de sus páginas realzan sin duda el trabajo histórico y detallista de este fotógrafo extraordinario.

 Sergio Barce, agosto 2011

Foto de Bartolomé Ros – Grupo de musulmanas en las azoteas para ver el paso de la comitiva de la Reina María de Rumania en 1929

He encontrado un prólogo escrito por la propia Rosa Ros para el Instituto Cervantes, y lo reproduzco porque creo que es más elocuente que mis palabras para describir el trabajo de este artista de la fotografía.

 Bartolomé Ros, Fotógrafo
(1906-1974)

Bartolomé Ros y Ros, fotógrafo español nacido en Cartagena, Murcia, en 1906, llegó a la ciudad de Ceuta en compañía de sus padres y de su única hermana en 1918.

Pronto empieza a trabajar con el fotógrafo D. Ángel Rubio (aunque hay quien afirma que fue con D. José Calatayud) y adquirió los primeros conocimientos de la técnica fotográfica. Una de sus primeras fotografías conocida, la realizó con apenas catorce años de edad, es una entrañable y bella imagen de su hermana Isabel y ya en ella podemos apreciar los rasgos principales de su visión fotográfica: pureza de líneas y claridad de concepto estético, y así después de tantos años, nos asombra su técnica y su modernidad.

¿Podemos imaginar la dificultad que entrañaba el trabajo de aquellos primeros fotógrafos? Quizás, para comprenderlos un poco, haría falta llegar a ellos como en otros tiempos, a través de caminos de tierra, a lomos de herradura, casi furtivamente, llegar allí donde todas las distancias resultan inútiles, allí donde conviven, en un sorprendente caos, culturas y sentimientos.

Bartolomé Ros – Zoco de Tetuán en 1928

Porque todo pensamiento que al trabajo de aquellos pioneros del retrato, de la instantánea o del reportaje de actualidad se refiera, ha de ser colocado necesariamente en otra dimensión fotográfica. En un tiempo y en un lugar ya muy alejados de nuestra realidad. Pero también en unos medios técnicos a años luz de los actuales, para los que parece, no existen barreras.

Pero ayer, como hoy, la primera cualidad que se debe pretender de un fotógrafo es que vea donde los demás se limitan a mirar. Y si además, con su trabajo nos obligan a ver, en esa virtud encierran su mérito inmenso.

La fotografía fue la profesión, el modo de vida de Bartolomé Ros durante la década de los años veinte. Precoz por necesidad, empezó a ejercerla a la edad de quince años, en las imágenes que nos ha legado encontramos hoy no solamente una belleza profunda y una técnica depurada, sino todo un carácter.

Ejerció en Ceuta y la zona norte de Marruecos y sus fotos fueron publicadas en las revistas y periódicos más importantes de la época. Fue también fotógrafo colaborador de la National Geographic Society de Washington (EE.UU.). Antes de cumplir la mayoría de edad, entabló relaciones comerciales con la firma alemana AGFA, desarrollando desde entonces una actividad comercial que le ha sobrevivido. En las ciudades marroquíes donde se estableció, su nombre comercial fue «Casa Ros».

Las fotos de Bartolomé Ros están siendo exhibidas desde 1993 y ya se han podido contemplar en Ceuta, Madrid y Barcelona. Después de recorrer las ciudades marroquíes de Tetuán, Tánger, Rabat, Fez y Casablanca, se expusieron en Madrid (febrero de 1997) y posteriormente en el Reino Unido de Gran Bretaña (mayo de 1997).

Murió en Madrid (España), en diciembre de 1974.

Rosa Ros
Madrid, octubre de 1996

EL LIBRO SE PUEDE CONSEGUIR, ENTRE OTRAS LIBRERÍAS, EN LA LIBRERÍA KALAMO MUNDO ÁRABE,

EN ESTE BLOG TENÉIS EL LINK DE SU WEB

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Un poema de LEONARD COHEN

En 2009, Ediciones Alfabia publicó un pequeño volumen titulado PALABRAS, POEMAS Y RECUERDOS DE LEONARD COHEN, de Alberto Manzano. Es un cuidado libro en el que, en pocas páginas, se incluyen una entrevista realizada al músico en 2007, canciones y poemas, y recuerdos y fotografías. Es como una delicatessen para quienes admiramos a este cantante reciente Premio Príncipe de Asturias.

Sergio Barce, agosto 2011

Uno de los poemas que contiene el libro es FUEGO (Fire):

FUEGO

Quemé la casa del amor

Formó un perfecto círculo

En el que vi piedras y malas hierbas

Más allá nada en absoluto

 

Ciertas criaturas del aire

Asustadas de la noche

Vinieron a ver el mundo de nuevo

Y perecieron en la luz

 

Ahora navego de cielo en cielo

Y toda la oscuridad canta

Contra la barca que me he hecho

Con alas mutiladas

 

 

FIRE

I burnt the house of love tonight

It made a perfect ring

In which I saw some weeds and stone

Beyond not anything

 

Certain creatures of the air

Frightened by the night

They came to see the world again

And they perished in the light

 

So now I sail from sky to sky

And all the blackness sings

Against the boat that I´ve made

Of mutilated wings   

 

 La traducción también es de Alberto Manzano.

PARA VER Y ESCUCHAR UNO DE SUS MEJORES TEMAS, I´M YOUR MAN, PINCHA EL SIGUIENTE ENLACE:

http://www.youtube.com/watch?v=bQlR7lUDU9I&feature=fvst

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Fragmento de la novela «EN EL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES», DE SERGIO BARCE

   Si en “LA CASA DE LA ARAÑA” (The spider´s house), tal y como indicaba en el anterior post, Paul Bowles retrata el proceso previo a la Independencia de Marruecos y las contradicciones que se producían en la población, otros episodios de aquellos años son igualmente relatadas en mi primera novela  “EN EL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES” (Aljaima, 2000).

Obviamente yo no fui testigo de esos acontecimientos, ni siquiera había nacido, pero sí que me inspiré en un hecho en concreto que vivieron mi madre y mis abuelos maternos, y que conté de la siguiente forma: 

“…Llegó la agitación que en muchas ocasiones trae la Historia, la que se escribe de cada pueblo, y el marroquí no fue excepción. Era un día caluroso y especialmente húmedo, la ropa empapada en sudor se adhería al cuerpo y todo se volvía incómodo, lento, sucio. María, su madre y yo regresábamos de Alcazarquivir, atardecía y la guagua de la Escañuela ronroneaba acercándose a Larache. Un marroquí con el fez descansando en sus rodillas dormía sobre mi pecho, me sentía empapado de sudor pero incapaz de despertarlo. Al entrar en la ciudad, noté cierto nerviosismo en los pasajeros, las cabezas se agitaban mirando a un lado y a otro por las ventanillas de la guagua. No se veía un alma en la calle.

-¿Qué pasa? –preguntó Eduarda, la madre de María.

   A medida que seguíamos avanzando, un extraño olor ocre y desagradable se fue adueñando del ambiente. El hombre que tenía sobre mi pecho dio un sobresalto y me miró como si hubiese despertado en medio de una pesadilla.

-¿Qué es ese olor? –preguntó poniéndose el fez.

-Será una fiesta, porque allí delante hay dos muñecos colgados… -dijo el conductor señalando con una mano.

-Al-láh nos proteja… -musitó el hombre del fez.

-Toni, ¿qué pasa aquí? –me preguntó María con la voz quebrada. Pasé una mano por encima del asiento y agarré la suya.

-Tranquila. Deben ser seguidores del báxa el Raisuni –Eduarda y María se taparon la boca y la nariz con sus pañuelos.

   Los muñecos eran dos cuerpos calcinados, dos traidores a los que habían ahorcado y quemado en ejecución pública y sumaria.

   El trecho de la Estación de la Escañuela a la casa de mis suegros en el Barrio de la Bilbaína se hizo largo, interminable. Corríamos por las calles solitarias bajo el sobrecogedor olor de las cenizas que el viento derramaba por la ciudad. La ciudad era un crematorio al aire libre. Escuchábamos gritos aislados, alguna carrera, una puerta que se cerraba o un portillo que corrían. Entramos en la casa con los corazones retumbando, empapados del sudor, del calor húmedo al que se había añadido el olor del que no había manera de zafarse. Cerré la puerta con llave y, al girarme, vi que María y Eduarda se sentaban lentamente a la mesa, acercándose con las sillas a la que ocupaba el padre de María. Su corpulento cuerpo me parecía entonces diminuto, como encogido, la cabeza hundida entre los brazos que tenía cruzados sobre la mesa; era un hombre abatido, triste, que lloraba. Me impresionó verlo de esa manera.

-Manolo… ¿estás bien? –Eduarda posó una mano en su brazo. María se había incorporado y lo abrazaba por la espalda.

Mi abuelo materno, MANUEL GALLARDO, formaba parte de la Policía de Tráfico de Larache. Es el primero por la derecha

-Papá, di algo.

-Son unos hijos de puta… -murmuró, aguardando en silencio a que don Manuel se tranquilizase y pudiera hablarnos.

-Hoy las nuevas autoridades han invitado a la españolas a que asistieran a un acto de exaltación nacional a favor de Mohamed V. ¿Sabéis en qué consistía? En algo tan patriótico como el ejecutar a sus propios paisanos en la calle. A unos los han atado a unas columnas, los han insultado, les han escupido, alguno se ha meado en ellos, y para terminar los han rociado con gasolina y les han prendido fuego… Gritaban… gritaban como animales –los ojos de don Manuel se empañaban de nuevo recordando las escenas tan espeluznantes que habían soportado-. Han muerto abrasados, de dolor, aullando como perros, peor que los perros. A otros los han ahorcado…

-Lo hemos visto –dijo Eduarda tratando de que don Manuel dejase de hablar.

-Como atrapen al Raisuni… Se han vuelto locos. Y nosotros como policías españoles debemos presenciar las ejecuciones en aras de la buena armonía entre nuestros pueblos… cabrones. Asesinan a los suyos… -Manuel me observó y dibujó una mueca-. Sé lo que estás pensando –me dijo. Yo sentí cómo me ruborizaba-. Sí, qué fue nuestra guerra civil sino esto mismo. Somos una mierda. Todos somos una mierda –se incorporó y se encerró en el dormitorio.

-¿Deben estar presentes en las ejecuciones? –Pregunté ingenuo.

-Deben permanecer y tragarse las ejecuciones para que no piensen que están contra Mohamed V. Sólo trata de que no nos ocurra nada a nosotras –dijo María mirando a la puerta que había cerrado su padre”.

 APROVECHO PARA INDICAROS QUE SI PINCHAIS EL SIGUIENTE ENLACE

PODREIS ESCUCHAR LA ENTREVISTA QUE RADIO NACIONAL DE ESPAÑA

ME HA REALIZADO CON OCASIÓN DE LA PUBLICACIÓN

DE MI ÚLTIMA NOVELA

«UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE«

http://www.rtve.es/alacarta/audios/fe-y-convivencia/fe-convivencia-islam-dialogo-convivencia-sergio-barce-31-07-11/1164726/

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«LA CASA DE LA ARAÑA» (The spider´s house) (1955) de PAUL BOWLES

“ –Quiero que sepas que he estado allí muchas veces. He visto la podredumbre y la vergüenza en que viven los cristianos. Eso no puede ser nunca para nosotros. Te juro que son peores que los judíos. ¡No, te juro por Alá que son peores que los judíos ateos de la Mellah! Así que si hablo así de ellos no es porque hombres como Si Kaddour o esa carroña de Abdeltif o Wattanine me lo hayan contado. Lo que ellos dicen puede ser verdad, pero su razón para hablar así es falsa, porque es política. ¿Sabes lo que es la política? Es la palabra francesa para decir mentira. Kdoub! ¡Política! Cuando oigas decir a los franceses: nuestra política, sabrás que quieren decir: nuestras mentiras. Y cuando oigas decir a los musulmanes, los amigos de la independencia: nuestra política, sabrás que quieren decir: nuestras mentiras. Todas las mentiras son pecados. Así que, dime, ¿qué disgusta más a Alá, una mentira dicha por un nazareno o una mentira dicha por un musulmán?

Amar creyó intuir dónde quería ir a parar su padre. Le estaba previniendo para que dejara de tener relaciones con algunos de sus amigos, con los que a veces jugaba al fútbol o compartía una tarde en el cine, y que eran conocidos por ser miembros del Istiqlal.

(…) –Es peor que mientan los musulmanes –prosiguió su padre-. ¿Y quiénes, de entre todos los musulmanes, cometen el mayor pecado al mentir o robar? Un jerife. Y gracias a Alá tú eres un jerife…”

PAUL BOWLES

Magnífica novela ubicada en los años previos a la independencia de Marruecos, los años convulsos frente al domino francés, todo ello visto desde diferentes puntos de vista: el de Amar, ese chico idealista, musulmán hasta la médula, que cree a pies juntillas en la independencia de su país pero que va descubriendo que el Istiqlal ampara a unos marroquíes con los que no se identifica; el de Stenham, el americano, un tipo que ama al Marruecos tradicional y que teme su transformación hacia el desarrollo como una forma de prostituir al país, y, finalmente, el de Lee, la chica que acaba enamorándose de Stenham, que sólo cree en el futuro y en que el país se occidentalice.

 “-Lo que quiero decir es que desde su punto de vista una cosa no procede de otra. Nada es consecuencia de nada. Todas las cosas sencillamente son, y no hay que hacer preguntas. Incluso el lenguaje que hablan se construye entorno a eso. Cada hecho está aislado, y no depende de los otros. Todo se explica gracias a la constante intervención de Alá. Y pase lo que pase, tenía que pasar y ya estaba decretado desde el principio de los tiempos, y no hay forma de imaginar siquiera cómo una cosa, cualquier cosa, podría haber sido distinta de cómo es.

-Es deprimente –dijo ella.

Él se echó a reír.

-Entonces me he explicado mal. Debo de haberme olvidado de algo importante. Porque no hay nada deprimente en todo eso. Excepto lo que ha ocurrido aquí con la llegada de los cristianos –añadió Stenham con un deje de amargura-. Cuando vine aquí por primera vez era un país puro. Había música y bailes y magia todos los días en la calle. Ahora se acabó, todo se acabó. Incluso la religión. En unos cuantos años más, el país entero será como el resto de los países musulmanes, simplemente un enorme barrio pobre de Europa, lleno de odio y miseria. Lo que han hecho los franceses con Marruecos puede ser deprimente, sí, pero lo que era antes, ¡nunca!”

Y todo ello en paralelo con el cambio que se produce lenta pero inexorablemente en Amar, que pasa de odiar y desconfiar de esos nazarenos a desear al final marcharse con ellos porque Stenham es el único que realmente le ha demostrado cierto respeto y afecto. Novela que entronca directamente en su relato “El tiempo de la amistad”, sin duda, y del que ya he hablado en otro artículo.

 “Stenham no pareció escucharla.

-Este crío está partido por la mitad –dijo-. Todo Marruecos está delante de usted, mírelo. Dice una cosa ahora, y dentro de un minuto lo contrario, y ni siquiera se da cuenta de que se contradice a sí mismo. No puede ni decir de qué lado están sus simpatías.

(…) -Sí, sí, sí, ya lo sé –dijo Stenham con exagerado cansancio-. En lo que a mí concierne, por cierto, eso es igual de aburrido, aunque mucho más falso. Lo que quiero decir es que él ama el mundo de la ley coránica porque es su mundo y al mismo tiempo lo odia, porque su intuición le dice que está en un momento crítico. Ya no puede esperar más de él. Y nuestro mundo también lo odia, sólo por sus principios generales, y con todo es su única esperanza, la única salida, si es que él personalmente tiene alguna, cosa que dudo.

Lee se sirvió media taza de café, lo sorbió, y al encontrarlo frío, lo dejó donde estaba.

-Habla usted como si se tratara del pequeño conjunto de circunstancias de este chico en concreto… (…) Todos van a abandonar su antigua forma de pensar para adoptar la nuestra, sin ningún género de duda. Ni siquiera es un problema. Sencillamente, no se hacen preguntas sobre ello. Y aciertan, aciertan, aciertan, porque nuestra manera de hacer las cosas resulta que funciona y ellos lo saben.

(…) Era lamentable que ella tuviera que tener opiniones, había sido tan agradable estar a su lado antes de que empezara a expresarlas. Y de otra parte, la terrible verdad era que ni ella ni él estaban en lo cierto. Ni a los musulmanes, ni a los hindúes, ni a cualesquiera otros les serviría de nada seguir adelante, ni tampoco, si ello fuera posible, les haría ningún bien permanecer igual que estaban…”

Tánger

 Escribe tan delicada y elegantemente que cada página resulta un gozo, un enorme homenaje a Marruecos y a sus gentes que, en la novela, son descritos tan acertada y fielmente que es imposible no sentir que se está allí. Personalmente, es una obra crucial para entender a Paul Bowles y su relación con Marruecos, sus pensamientos, su ideal, Y también la considero una de las mejores novelas del autor americano. Escrita con esa tensión latente que baña sus novelas de ambiente marroquí, se mueve entre una aparente imposibilidad de entendimiento entre los occidentales y los marroquíes, y ese placer interno que experimenta cuando está entre las gentes de este país. Deduzco que Bowles trata con desafección a sus personajes occidentales porque en el fondo los cree ineptos y torpes para entender otra cultura diferente; y, sin embargo, es en los personajes de origen marroquí en los que se percibe una relación más afectuosa por su parte, como si tratara de preservarlos contra algo ignoto pero peligroso.

En cualquier caso, esta novela escrita en 1955 te sumerge en los años previos a la independencia de Marruecos y sirve de testimonio de la época, reflejando además su lucha interna por comprenderse como pueblo y como nación; novela y documento casi histórico, una obra extraordinaria y bella.

 Sergio Barce, agosto 2011

 Los fragmentos de la novela los he tomado de la edición de Noviembre de 2008, publicada por Seix Barral, con traducción de Rafael Garoz y Carmen Viamonte.

 

 

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