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LA ZONA DE INTERÉS, UNA PELÍCULA DE JONATHAN GLAZER

El comienzo de esta película de Jonathan Glazer es todo menos convencional. Te exaspera y te irrita. A los dos minutos, buscas una postura en el asiento, porque ya no estás cómodo. Y aún no ha arrancado la trama. Pero es absolutamente coherente con lo que luego se nos viene encima y con ese final igualmente exasperante, irritante e incómodo.

El guion se basa en la novela de Martin Amis que, como en toda su narrativa, está preñada de pesimismo por la condición humana. La novela, en España, fue publicada en 2015 por Anagrama con una excelente traducción de Jesús Zulaika.

Pero la película de Glazer ha logrado algo casi inaudito: hacer de una excelente novela una película excelsa, elegante y terrible a la vez, que nos pone de cara frente a la Historia y frente a nosotros mismos.

Sin desvelar nada de los detalles de la trama de La zona de interés, sitúo al lector y al espectador: cuenta la historia de la vida familiar de Rudolf Höss, el despiadado comandante que dirigió el campo de exterminio de Auschwitz, junto a su mujer Hedwig y a sus hijos; una vida casi apacible, normal, rutinaria, con la salvedad de que residían a escasos metros del propio campo de concentración.

Lo excepcional de esta película y de esta narración es que se nos enfrenta ante el horror que se desarrollaba en el interior del campo sin mostrarnos ni una sola escena de ese mismo horror y, sin embargo, a medida que pasan los minutos, a medida que nos acostumbramos a la vida diaria de esa familia, descubrimos atónitos que, para ellos, las mayores atrocidades formaban parte de esa cotidianidad.

El montaje de Paul Watts y la fotografía de Lukasz Zal son magistrales. No hay un solo plano que sobre, no hay una sola imagen que no tenga algún significado. Porque es una película de detalles, de sonidos, de sombras y de insinuaciones. El miedo y el terror asoman agazapados tras cada fotograma. Hay diálogos impresionantes, como el que mantienen Hedwig y su madre; y escenas inquietantes, como la del comandante montando a caballo con su hijo mayor o, especialmente, la de la fiesta a la que acude Rudolf Höss al ser trasladado de destino: la cámara cenital mostrando a los invitados, deformados por una lente cóncava, y el pensamiento que eso crea en la mente putrefacta del comandante. Todo está emponzoñado por el mal.

La música, de Mica Levi, cumple otra función esencial en esta cinta. Acompaña a la terrible historia y la subraya, y alarga con su repetición, a veces casi insoportable, esa desazón que se adueña de los espectadores.

Otro acierto más es que, aunque Martin Amis y Jonathan Glazer son británicos, la cinta se ha rodado en alemán, dando así más veracidad a la historia. Porque consigue el efecto de que, llegados a cierto punto, creamos estar asistiendo a un documental en el que aparecen realmente el comandante Höss y su familia.

Especial mención merecen todos los actores. Un elenco magnífico que encabeza, por mérito propio, la actriz Sandra Hüller, que da vida a Hedwig. Actriz alemana que este año se ha convertido en la reina de los festivales gracias a este papel y al que interpreta en Anatomía de una caída (Anatomie d´une chute). Sandra Hüller dota a su personaje de una rudeza y de un carácter que la hace tan humana como repulsiva. Sus gestos, sus andares casi masculinos, su manera de fumar, su mirada, transmiten mucho más que las palabras. También el actor Christian Friedel (al que recuerdo especialmente por su papel de maestro en La cinta blanca, otra obra inmensa) borda su trabajo como el comandante Höss. Sobre ellos descansa gran parte de la cinta. Ya digo que hay un momento que llegamos a creer que ellos son realmente los personajes que interpretan.

Cuando la película acaba, uno está sumido en el desasosiego. Nunca antes había experimentado un terror tan palpable sin ver una sola gota de sangre o un asesinato o una escena macabra. Jonathan Glazer, del que sólo había visto antes su cinta Sexy Beast (también una curiosa cinta sobre un mafioso), ha rodado una película diferente, abrumadora y tan cruel como lo fue aquella realidad que ahora nos trae de vuelta.

Imprescindible.

Sergio Barce, 4 de febrero de 2024

  

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VIRIDIANA, DE BUÑUEL, SEGÚN EMILIO SANZ DE SOTO PARA CARMEN LAFORET

Una delicia leer la Correspondencia Inédita (1958-1987) entre Carmen Laforet y Emilio Sanz de Soto, que José Teruel ha recogido en un libro editado por Renacimiento. Sus confidencias, sus confesiones, sus temores.

Carmen Laforet es todo menos arrogante; al contrario, en sus cartas descubrimos a una mujer llena de humanidad, como Emilio, y llena de dudas sobre su narrativa y sobre la propia creación literaria. No deja de sorprender que una autora como ella sufriera de esa manera al enfrentarse a cuanto escribía. Pero la entiendo. Crear una nueva obra es un reto y un abismo. Pero Emilio Sanz creyó siempre en ella y, con cada una de sus cartas, le enviaba un soplo de aire fresco y de optimismo. Jamás dudó de que Carmen Laforet era una narradora fuera de lo común. Y se entusiasmaba pergeñando proyectos para ella, dándole ideas para sus artículos periodísticos o reconviniendo a sus inquietudes y a sus miedos.

Y Tánger presente en muchísimos instantes, como algo mágico que impregnó a Carmen Laforet y que añora en numerosas ocasiones.

En una de las cartas de Emilio Sanz, fechada en Tánger el 2 de junio de 1961, le habla de Carlos Saura y de su película Los golfos, y también de Luis Buñuel y de Viridiana, y estos párrafos me parecen modernísimos y actuales y, también, muy divertidos. Escribió Emilio Sanz de Soto:

“…¿De verdad te gustó la película de Carlos Saura? Yo por Carlos siento una verdadera debilidad. Me parece un artista sincero y directo. Que no se anda por las ramas. Que quiere que la imagen le dé <verdad>, y por ello lucha a brazo partido. Y en el cine español, donde todo es <camuflaje>, Los golfos me parece una pedrada en seco y españolísima.

¿Has visto el escándalo que se ha armado con la Viridiana, de Buñuel? La película es de padre y muy señor mío, de borrón y cuenta nueva, de punto y aparte… Con ello quiero decirte que la película es genial. Sobre su antirreligiosidad y sobre su carácter blasfematorio habría mucho que hablar. Comprendo que un <curita> del Observatore Romano se asuste. Pero me apuesto la cabeza de que, por ejemplo, un tipo a lo Cardenal Segura, la hubiese entendido, la hubiese tomado como lo que es: un puro <cachondeo> ibérico, y tras un coscorrón, habría absuelto a Buñuel, con tres Avemarías de penitencia. Porque un español no puede asustarse de Viridiana. A no ser que ese español se asuste de la novela picaresca, de Quevedo, de Larra, de Unamuno, de Valle Inclán, de Valdés Leal, de Goya… y de suma y sigue. De acuerdo en que es una obra inconformista y rebelde. Que arremete contra lo divino y contra lo humano. Contra las mayúsculas: la Iglesia, el Estado, la Burguesía, la Moral, el Código Civil… Pero todo ello, insisto, a la española: cabreado, a patadas, sin ton ni son… Buscarle a todo esto -como hacen los franceses- un sentido religioso o político, es no saber quién es Buñuel. ¿Y quién les explica a los franceses -o al Vaticano- lo que es un aragonés, cazurro y humano, con una visión del cine tan genial, como la que tuvo su compadre Goya de la pintura?

¿Sabes lo que yo haría Carmen? En vez de proyectársela a los del Opus, muertos de miedo y oliendo todos a perfume <Moustache>, se la pasaba a auténticos curas de pueblo, sin miedos y oliendo a cebolla, y estoy seguro, segurísimo, de que estos no le daban más importancia -religiosa- de la que ellos suelen darle a un buen taco o a un chascarrillo bestia.

Esta es mi opinión. Pues en la maldad de Buñuel jamás podré creer, conociéndolo como lo conozco. A sus sesenta y un año sigue siendo un niño travieso, al que se le saltan las lágrimas cuando oye cantar una Jota o La Marsellesa…” 

Leer esta correspondencia es darte de bruces con dos personas excepcionales y admirables.

Sergio Barce, 2 de febrero de 2024

  

  

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AMIN BEN MOHAMED, TORERO MARROQUÍ EN LOS AÑOS 50

Dejo ya declarado de antemano que no me gustan los toros, pero me ha parecido curioso que un marroquí, en los años 50, fuese torero. Se trata de Amín Ben Mohamed. El cartel de su actuación en la Plaza de Toros de Tánger es de coleccionista, y los dos comentarios o artículos que adjunto los he tomado de la página web del Aula Taurina de Granada.

 

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«EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS», DE SERGIO BARCE, COMENTADO POR GUILLERMO BUSUTIL

Hoy me he llevado la agradable sorpresa de que Guillermo Busutil hable, desde su «Ojo de Gutenberg» de mi libro «El mirador de los perezosos».

Como si nos hubiésemos conjurado, yo acababa de hacer una reseña de su libro «Papiroflexia», que se ha cruzado con la suya acerca de mi libro de relatos. Probablemente sea cosa de los yinns.

 

   

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LEYENDO A SORBOS «PAPIROFLEXIA», DE GUILLERMO BUSUTIL

«Para Sergio Barce, esta cajita de grullas y de libélulas que comparten su amor por los libros y por las palabras que nos han unido. Cómplices de cine y de fronteras. Un abrazo grande.»

Esta es la dedicatoria que me escribió Guillermo Busutil en un ejemplar de su libro <Papiroflexia>, que es precisamente una cajita de grullas y de libélulas que aman los libros y las palabras, y que también es una declaración apasionada de amor por la literatura a base de sentencias, frases y juegos de palabras repartidas en pajaritas de papel que Guillermo ha ido dejando por el camino para que no nos perdamos. Aforismos, haikus, ideas, sugerencias, sentencias sin recurso, frases lapidarias y frases de amapola, dedicatorias encubiertas y letras enhebradas pero con orden y concierto. <Papiroflexia> es casi un musical. Un largo poema sin rima. Un sendero trazado en prosa que parece nacer a la orilla de una playa en Alejandría. Un libro que se lee muy despacio, para que las palabras den vueltas en el paladar.

«Ojear los libros es intentar averiguarlos por una mirilla»

«Hay árboles que sueñan encarnarse en libro»

«Las librerías de antiguo son bibliotecas de objetos perdidos»

«Leer a media voz convierte por un instante las palabras en mariposas»

«Los poetas escriben con el vaho un beso en las ventanas»

«Atrévete a leer, no está de moda»

No hay sentencia recurribe, dije antes, porque Guillermo Busutil sabe de lo que escribe. <Papiroflexia> se llama esta cajita llena de grullas y de libélulas, que ha editado Fórcola para nuestro deleite.

Sergio Barce, 28 de enero de 2024 

        

SERGIO BARCE, GUILLERMO BUSUTIL Y MOHAMED EL MORABET en el Festival de Cine de Nador
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