Imagen tomada en Málaga, en el Centro Andaluz de las Letras, en 2018, en la que estoy con mis amigos el poeta Pepe Sarria y el escritor Saïd el Kadaoui Moussaoui, en la presentación de su libro «No».


“…Nunca te he contado con detalle mi primer encuentro con Mayte. Como ya sabes, se produjo en el Institut du Monde Arabe de París. Tuve un impulso, de aquellos que los solteros podemos escuchar. Me apetecía ir a París y la excusa fue una conferencia de Mohammed Arkoun titulada Sociología del fracaso de la modernidad en el Islam.
Nos une el fracaso, nos has oído decir varias veces. En su momento ya te expliqué el motivo. El interés por el fracaso es el origen de nuestra relación. Como ves, no podía ser más premonitorio.
La modernidad ha fracasado en el islam, decía Arkoun, porque decidió marginar las ideas de las mentes más brillantes, desde Miskawayh hasta Averroes, pasando por no sé cuántos nombres más que citó, del siglo X al XIV, todos ellos partidarios de una lectura contextual del Corán. Una lectura histórica y, lo más importante, que liberara el pensamiento de la ortodoxia religiosa.
El dossier de la modernidad, como tantos otros, está esperando que lo desempolvemos, dijo con socarronería Arkoun, pero no está en la agenda de ninguno de los dirigentes de los países musulmanes hacerlo. Sigamos, pues, acusando al resto del mundo de nuestro fracaso.
(…) Regresemos a Mayte. Llegué con tiempo suficiente para pasearme por la librería y la biblioteca del instituto. Ya en la biblioteca, recuerdo estar de camino a una mesa donde se hallaban desparramados varios ejemplares de periódicos de todo el mundo mientras pensaba apenado que lo árabe siempre tenía algo de decadente. Aquel desorden me molestó y decepcionó pero, aun así, quería sentarme y hojear alguno de los ejemplares de Le Monde que asomaban entre la montaña de papel.
Aquel desorden que tanto detesté fue justamente el detonante de la primera conversación que mantuve con ella…”
“…En mi seminario sobre la literatura del otro he querido introducir las ideas de Al Yabri y Laroui sobre el pensamiento árabe antes de leer El pasado simple de Driss Chraibi. Antes de que mis alumnos se enfrenten a un texto que sacude, y de qué manera, el tradicionalismo magrebí, quiero que vean cómo se enfrentan a la tradición dos de los principales intelectuales que ha dado Marruecos.
Les mandé leer dos artículos breves pero suficientemente relevantes. Hemos discutido sobre alguno de los puntos comunes que ambos abordan en su obra: la tradición como algo histórico y no como una realidad absoluta que trasciende a la historia. La necesidad de un pensamiento moderno que venza la lógica regresiva y circular en la que está empantanado el pensamiento árabe y la actitud de repliegue y ensimismamiento de la cultura árabe como reacción a su interacción con la modernidad europea. Resumiendo, hemos discutido sobre el peor de los males del pensamiento árabe actual: su ruptura con el pensamiento racional.
(…) El alumno más brillante es un muchacho marroquí de unos veinticinco años, licenciado en periodismo, carrera cursada en Marruecos. Un hombre crítico, apasionado, racional y, lo más importante, nada suspicaz. No vive a la defensiva, como otros jóvenes nacidos aquí. Critica con una libertad pasmosa tanto la cultura como la política marroquí. Escucharle me proporciona un placer indescriptible. Se enamoró de una cooperante catalana que llevaba a cabo proyectos de ayuda al desarrollo y vive aquí ahora. Creo que trabaja en un periódico deportivo árabe, de Qatar si no recuerdo mal, y vive de ello y de hacer traducciones para no sé qué organismo oficial. En muy poco tiempo se ha soltado con el catalán, lengua materna de su pareja, el castellano, y tiene un dominio envidiable tanto del árabe como del inglés, el francés y el italiano. Lo habrás notado ya: me cae muy bien. Comparto sus ideas, su capacidad crítica y su vasto conocimiento de los dos autores. Se lamenta constantemente del oscurantismo árabe y me ha conquistado definitivamente cuando ha citado a Ortega y Gasset, al que comparado con Al Yabri.
(…) Antes te hubiera dicho que confiaba en los hijos de aquellos campesinos que emprendieron el viaje ansiando un futuro mejor. Yo soy uno de ellos. Pero ahora mi pesimismo es total. Estos hijos, primero, ni tan solo finalizan los estudios secundarios en su gran mayoría y, segundo, los que sí que lo consiguen ocupan buena parte de su energía en defenderse del gran opresor occidental.
La democracia es un invento occidental. Pues nosotros seremos contrarios a su lógica y reivindicaremos el islam.
En este aspecto, Laroui me parece fundamental: la democracia es un logro al que ha contribuido toda la humanidad. Trato de difundir sus ideas e incitar al debate pero no esperarás optimismo de tu amigo, ¿verdad?”
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