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“RAZZIA” (2017) UNA PELÍCULA DE NABIL AYOUCH

Razzia no es la mejor de las películas de Nabil Ayouch pero es un buen film, interesante y sobre todo muy valiente. No me ha transmitido la triste belleza de Ali Zaoua, príncipe de Casablanca (Ali Zaoua, Price de la rue – 2000) ni la inquietud de Los caballos de Dios (Les chevaux de Dieu – 2012), pero sin embargo me ha causado cierto desasosiego.

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Planteada como un caleidoscopio humano muy en la línea de Crash (2004) de Paul Haggis, Razzia relata las peripecias de varios personajes que se desenvuelven en el Marruecos actual. Una fotografía realista y cruda de lo que es el país hoy en día. Sin tapujo alguno. Y resulta ser un retrato desalentador.

Cada espectador sentirá inclinación por uno u otro personaje, pero creo que todos son muy atractivos. Para mi gusto personal, el maestro que trabaja en un pequeño pueblo bereber es quizá el más conmovedor. Está interpretado por un excelente actor llamado Amine Ennaji. Y a través de él descubrimos cómo el sistema educativo marroquí condena el maravilloso trabajo de un maestro de pueblo, que ama su trabajo profundamente, por culpa de una reforma que le obliga a enseñar en árabe a niños bereberes, niños que sólo dominan su idioma materno y para los que el árabe es un idioma extraño y desconocido. La película transmite con tal fuerza la frustración de ese maestro que uno acaba sintiendo compasión por él. Pero es que además su vida también se ve demonizada por su relación sentimental con una mujer viuda, relación que en esa sociedad dominada por la religión y la costumbre solo puede mantener en secreto y ocultándola a los demás.

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Escena de RAZZIA – Amine Ennaji como el maestro

Luego está la excelente historia del joven Hakim, que interpreta Abdelilah Rachid, otro buen actor. Tan desmoralizadora como la anterior, aborda con él el problema de la homosexualidad en Marruecos y el incierto o nulo futuro de una juventud que no encuentra nada en su horizonte. Algo que me hizo pensar mucho tras acabar la película. Ayouch sabe cómo mostrarnos la relación entre este joven y su intransigente padre que ni acepta su condición sexual ni su interés por la música, que desprecia absolutamente. Hay una conseguida secuencia en la que Hakim le canta una canción de Freddie Mercury a su hermana pequeña, la única que lo anima a seguir con su pasión, y esa escena es la que nos muestra toda la desolación de una vida sin futuro y sin alicientes.

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Escena de RAZZIA – Abdelilah Rachid como Hakim

También hay un arriesgado retrato de una mujer. Maryam Touzani, coguionista de la película, interpreta a Salima, una mujer con arrestos que no duda en llevar minifalda por las calles de Casablanca, aunque ello le suponga el tener que soportar insultos y vejaciones, pero ella demuestra en todo instante una dignidad irreprochable. Ella es la mujer marroquí moderna que se topa una y otra vez con la intransigencia de una sociedad cada vez más islamizada por las últimas reformas del Gobierno. También la relación sentimental entre Salima y su pareja destila un poso amargo. El hombre con el que comparte su vida es también un hombre moderno, pero, sin embargo, su actitud vislumbra que poco a poco la tradición va a aplastarla sin ninguna duda y ella adivina que bajo la apariencia de esa modernidad se esconde la represión de siempre. Un hermoso alegato en favor de la libertad de la mujer marroquí.

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Escena de RAZZIA – Maryam Touzani como Salima

Y, por último, la historia de un hebreo marroquí de Casablanca. Curioso cómo Nabil Ayouch se enfrenta a esta otra realidad, porque lo hace con el mismo riesgo y con la misma humanidad con la que arrostra a los personajes anteriores. Joe, al que da vida otro excelente actor, Arieh Worthalter, es el dueño de un restaurante de éxito en la ciudad de Casablanca, pero pese a las apariencias su vida en Marruecos también está trufada de pequeños desengaños y de grandes frustraciones personales. Su condición de hebreo le impide mantener una relación con la chica marroquí musulmana que ama, no por ella, sino por el entorno social que ha creado una muralla insalvable que repudia la posibilidad de ese tipo de relación sentimental; pero, como muestra el film, el ser hebreo incluso le impide tener relaciones sexuales con una prostituta marroquí musulmana. Uno de los detalles más conmovedores de la historia de Joe es cuando su padre, por motivos de salud, se lamenta de no haber podido acudir al entierro de uno de sus amigos que ha fallecido en Tánger, y lo hace porque su ausencia ha impedido hacerle un Minian ya que en Tánger no quedan suficientes judíos para que acudan 10 hombres. Una manera sutil y eficaz de revelar la evidente e irrefrenable desaparición de su país de los hebreos marroquíes.

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Escena de RAZZIA – Arieh Worthalter (a la izquierda) como Joe

Alrededor de estos cuatro personajes centrales se mueven otros, como el camarero de Joe, obsesionado con la película Casablanca de Bogart y Bergman, y que vive en la creencia de que la mítica película americana se rodó en su ciudad natal; o la amante del maestro, que vivirá el resto de su vida ya en una gran ciudad aguardando el regreso del hombre al que amó, o los jóvenes adinerados que asisten a una fiesta en la que toca Hakim con músicos tradicionales (otra escena excelente). Y entre todos ellos se va conformando un mapa humano que me ha transmitido una extraña sensación de intranquilidad y amargura. Nabil Ayouch muestra sin concesiones la realidad de Marruecos, un país que ahora es muy joven pero que sigue siendo muy viejo, en el que la gran mayoría de sus estudiantes (los mejor preparados y los más aplicados) no tienen ningún futuro. Algo desolador. Y por eso cualquier espectador acabará comprendiendo por qué emigran buscando lo que allí se les niega.

Una película muy recomendable para entender el Marruecos del siglo XXI.

Sergio Barce, enero 2019

 

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