Archivo de la etiqueta: Pacífico

“EL CUARTO DE LAS ESTRELLAS”, UNA NOVELA DE JOSE ANTONIO GARRIGA VELA

José Antonio Garriga Vela sigue sorprendiéndome con sus novelas, convertido sin duda en uno de los grandes narradores españoles de los últimos años. Después de sus anteriores obras, en 2008 llegó esa maravilla que es Pacífico (Anagrama), novela con la que consiguió el Premio Dulce Chacón, ese precioso libro de relatos que tituló El anorak de Picasso (Candaya, 2010), y el pasado año, con su última novela El cuarto de las estrellas (Siruela), obtuvo el Premio Café Gijón 2013.

EL CUATO DE LAS ESTRELLAS

(…) Teresa conducía el coche. Me miró de soslayo sin decir nada. No quiso interrumpir mis pensamientos. Le agradezco esa complicidad que no necesita palabras. La mayoría de las personas no soportan el silencio, se sienten incómodos sin hablar y entonces hablan demasiado. Al llegar a La Araña aparcó delante del estanco y permaneció sentada. Me dijo que de pequeña se tumbaba en el porche de la casa de sus padres y se dedicaba a mirar el firmamento. La luz de las estrellas era el hilo del tiempo. Me explicó que la luz que emite una estrella tarda en llegar a nosotros alrededor de cien años. El rayo de luz hace táctil ese hilo que nos une con el pasado. Una estrella puede morir, pero su luz permanece el tiempo que tarda en llegar a la Tierra.
Al oírla, me convierto en el funambulista que pasea sobre el hilo del tiempo. Me traslado cien años atrás y luego regreso de nuevo al presente. Voy, vuelvo y me detengo, igual que hizo Philippe Petit entre los sesenta metros que separaban las Torres Gemelas. Me atrae desandar los caminos. (…)

El cuarto de las estrellas es una novela escrita en espiral.
José Antonio Garriga, que escribe con la apariencia de lo fácil, urde una curiosa trama en la que mezcla cosas tan dispares y aparentemente lejanas como la aventura del funambulista Philippe Petit cuando cruzó ilegalmente las Torres Gemelas de Nueva York (protagonista de ese memorable documental titulado Man on wire, del que escribí en su momento un pequeño artículo), la del padre del protagonista narrador al que un premio de lotería cambiará por completo, y su vida en La Araña, ese lugar extraño pero tan unido a la pequeña historia de Málaga, donde se levanta la cementera Goliat, convertida en ese monstruo que acecha a los habitantes de la zona, y donde también descubriremos, junto a Luis Cisneros o al Comunista, a su madre y a su amante, un topo que no puede escapar de su escondite, y a esa mujer que aparece de tarde en tarde con su coche fúnebre para alegrar a algunos hombres, y, además de todo esto, el narrador acaba de sufrir un accidente que le ha hecho perder temporalmente la memoria…
En este libro, todos guardan secretos que irán desvelándose de una manera sugerente y casi poética, y todos viven rodeados de un halo de misterio, de silencios y de complicidades, en esa espiral narrativa que mencionaba antes, pues cada pequeño capítulo avanza y retrocede y nos hace girar sobre los mismos acontecimientos hasta que se van abriendo los visillos de las ventanas que nos dejan descubrir ese mundo hasta ahora oculto.

José Antonio Garriga Vela - foto C. Moret - diario sur.es

José Antonio Garriga Vela – foto C. Moret – diario sur.es

Reconozco a José Antonio Garriga en su permanente vaivén entre la vida y la muerte, en ese juego con el que siempre parece disfrutar cuando escribe y en el que emplea fantasmas familiares para desnudar a sus protagonistas, los vivos son como muertos que deambulan por ese débil cable que han de cruzar en vida, y los muertos son como vivos que se resisten a abandonar este mundo.
Philippe Petit cruza una vez más, de la mano de Garriga Vela, el espacio que separaba las Torres Gemelas aquel 7 de agosto de 1974, y fue como si el padre del protagonista se quedara suspendido en el aire. Un acontecimiento que sirve para jugar a la vida y a la muerte, para construir una historia fascinante y mágica.
La virtud de José Antonio Garriga Vela, además de esa narrativa envolvente que te va atrapando en su tupida red, y que hace que no puedas dejar su novela, es la de crear personajes inolvidables. Incluso los secundarios cobran un protagonismo singular. En esta novela en concreto quizá sea el personaje de Teresa el que más me ha conmovido. Y me atrevo a aventurar que es un hermoso e íntimo homenaje de José Antonio.
Conocer personalmente a José Antonio Garriga Vela es todo un lujo. Lo admiro, profundamente. Y tras leer El cuarto de las estrellas, lo admiro aún más.
Sergio Barce, abril 2014

(…)
Hubo un tiempo en el que mi padre no fue solo el hombre gris que pasaba diez horas al día encorvado sobre la mesa cubierta de papeles y de polvo de la oficina de la Fábrica de Cementos Goliat, sino también el héroe que se transformaba al llegar a casa. Un domingo que estábamos desayunando en el patio trasero oímos un gran alboroto en la calle. Mi madre se asomó para ver lo qué ocurría y una vecina le comunicó que la fábrica estaba ardiendo. Mi padre se levantó de la silla, escupió polvo sobre el arriate de flores mustias y con el tono imperturbable de los aventureros del lejano Oeste dijo secamente:
-Voy a apagar el fuego.
Yo tenía entonces cinco años y era incapaz de descubrir las mentiras de mi padre. Unas horas después estaba de vuelta y no acertaba a introducir la llave en la cerradura. Al fin consiguió abrir con dificultad la puerta de la calle y traspasar el umbral del recibidor dando traspiés como un cowboy herido. Lo recuerdo sofocado, sudoroso y con los ojos irritados, aunque sin desprender olor a humo. Tampoco tenía ninguna magulladura. No distinguí la más mínima secuela del incendio en la cara ni en la ropa de mi padre. Sin embargo, parecía abatido. Al verme sacó fuerzas de flaqueza, irguió el cuerpo y echó el cuerpo hacia atrás como si pretendiera disparar el último tiro antes de caer al suelo.
-Ya he apagado el fuego.
Mi madre estaba acostumbrada a sus proezas etílicas y no le hizo caso. Además, la misma vecina que nos informó del incendio anunció poco después que se trataba de un simulacro de emergencia que se estaba realizando en la fábrica y que los empleados administrativos estaban exentos de participar en el ejercicio. Después de almorzar, mi padre se echó la siesta y yo me acosté encima de él. Tuve la sensación de hallarme tendido sobre una montaña que respiraba, que dormía profundamente, que rugía como el gigante Goliat. (…)

José Antonio Garriga Vela y Sergio Barce, en Larache

José Antonio Garriga Vela y Sergio Barce, en Larache

 

Etiquetado , , , , , ,

“PACÍFICO” de José Antonio GARRIGA VELA

 

 

Un amigo me ha pedido que le recomiende un libro. Un libro que no haya escrito yo. El título se ha escapado de mis labios casi inconscientemente: Pacífico de José Antonio Garriga Vela, publicada por Anagrama en 2008.

¿Y qué tiene de especial esta novela para que me la recomiendes sin dudarlo? Pues lo tiene todo, le he respondido. Y es verdad. Pacífico es una narración envolvente que, desde las primeras páginas, te va enredando en las historias de sus personajes, unos personajes inolvidables que, poco a poco, se van haciendo un hueco en tu memoria. Es una novela que va in crescendo, perfecta, una obra de ingeniería. Y es una historia tan trágica como emocionante, tan llena de desgracias como paradójicamente absorbente.

José A. Garriga Vela & Sergio Barce en Larache

Hay un hecho clave en esta historia que a José Garriga Vela, como me contó tomando un café, se la inspiró una noticia sobre un macabro suceso acaecido en Suecia y que le impresionó profundamente. Pero hasta que se desvela, los personajes se van moviendo al ritmo pausado, casi de baile de salón, que les imprime su autor.

El personaje narrador cuenta su vida y la de su familia, que se viene a desarrollar en un lugar concreto: la calle Comercio, un microcosmos que es un mundo completo. Ahí vamos conociendo a sus padres, ella, comadrona, con sus malos humores y sus sinsabores, él, representante, cometiendo el gran error de su vida sin saberlo al encapricharse de Genoveva; a Marta y su historia tremenda que sucede a través de los ruidos y del silencio al otro lado de una pared; a Claudia, que es como un soplo de aire; al señor Nogueira, menudo personaje, de esos que no se olvidan con facilidad.

 <Mi hermano fue expulsado del paraíso. Pero su castigo no comenzó tras la sentencia del juez, ni con su entrada en prisión, sino mucho tiempo antes. Él siempre había afrontado la vida con la resignación de quien ha de cumplir cadena perpetua. Le pasaba igual que a Ernest Hemingway, que había muerto demasiadas veces para preocuparse por cuestiones mundanas. Me hermano se llamaba Sebastián y era la encarnación de la paciencia.>

 Estas ocho líneas en el libro, describen una vida, resumen una existencia. En ellas el narrador nos ha presentado a su hermano Sebastián en pocos trazos. Una persona que, sin saber por qué, se verá envuelto en una pesadilla. Sin embargo, su actitud será sorprendente: no se rebelará contra su destino, no protestará por el atropello del que es víctima, no luchará para demostrar nada, simplemente se encogerá de hombros, como si no fuese con él. Una tragedia que le sobrepasa y que lo convierte en nada.

Pero el libro es mucho más. Tengo casi toda la novela de Jose subrayada, frases, párrafos enteros. Es una lección de cómo se ha de narrar.

 <Mi padre dejó la empresa Sirio para trabajar de representante en la casa L´Oréal de París. Añadía siempre el nombre de la ciudad, creo que lo de París le hacía sentirse más importante. Llevaba en el maletín muestras de laca, suavizante de pelo y otros productos de cosmética que regalaba a mi madre cada vez que nos visitaba. Una noche vino a casa para invitarla a cenar y luego ir a La Senda de los Elefantes, el salón de baile donde se habían conocido. A mi padre se le notaba más contento desde que representaba los productos L´Oréal de París. Esa noche oí cómo imploraba de nuevo a mi madre que lo perdonase y olvidara el pasado. Ella le respondió con una frase que no comprendí:

-Para que pudiera olvidar lo que has hecho deberías marcharte de nuevo y regresar hace cinco años.

Mi padre abrió la puerta de la calle, salió al rellano y volvió a llamar al timbre. Me fijé que llevaba un traje que le rejuvenecía más que la compañía de Genoveva. Mi madre lo miró sorprendida, como si fuera un desconocido que pretendía cortejarla. Un amante al que había olvidado. Al final, ella aceptó con una sonrisa la invitación y yo pensé que mi padre tenía realmente poderes mágicos. Que era capaz de volver cinco años atrás no sólo a través de los sentimientos sino también del tiempo y recobrar el aspecto físico que tenía entonces. Y también pensé que poseía la facultad de conseguir borrar de la memoria de mi madre todas las mentiras que le había dicho durante los años que llevaba saliendo con Genoveva.>

Está la historia de los “sonaos” que se reúnen en la casa, con el maestro Linares y Manolo Alcántara; Paco el de los muertos, otro personaje que nos hace sonreír porque todos hemos conocido a un Paco el de los muertos, o Nicolás Toledo, ese tipo oscuro que es capaz de ser aún más oscuro cuando la desgracia se ceba en los otros, y todo ello encadenado a sucesos históricos como el suicidio de Hemingway, la familia y el mundo de Kafka, el instante en el que Armstrong pone el pie en la Luna, el día del atentado de Carrero Blanco, y otra “clase” de personajes como el Cristo que es Joaquín Blume, y Estelita Raval, la princesa del alambre, y también Uzcudum, y Chivato.

Y escenas memorables, como el asesinato del globo, o la del padre asomado al ventanal de la pensión, o esos barcos que construye Sebastián pacientemente…

 <El mundo de mi familia ocupaba un tramo de calle Comercio. Allí transcurría la vida. Nos sentíamos extraños fuera de esos límites. Nada parecía amenazar aquel orden interno. Quizá por eso mi padre se fue de casa sin hacer ruido, sin mirar atrás, se alejó caminando despacio con paso firme, como los elefantes que van a morir y recorren largas distancias hasta llegar al lugar donde se reúnen con los que se fueron antes. Mi padre sabía que caminaba hacia la desgracia, pero no lo podía evitar…>

Cuando terminé de leer esta novela, mi cuerpo temblaba. Se lo dije a José Garriga, que su libro me había cautivado, que me había sacado la sangre como un vampiro de papel, que me había emocionado y que seguía temblando… Que había escrito una maravilla.

Por eso, cuando mi amigo me preguntó ¿y qué tiene de especial esta novela para que me la recomiendes sin dudarlo? Le respondí que lo tiene todo. Y que la ha escrito José Garriga, que es una persona excelente, y un amigo que nos sorprenderá con alguna nueva novela maravillosa, quizá escrita desde el alambre de un funambulista…

Sergio Barce, junio 2011

José Antonio Garriga Vela vive en Málaga, pero nació en Barcelona en 1954. Es dramaturgo, pero como novelista y narrador ha cosechado rotundos éxitos. Libros suyos son Muntaner, 38 (Premio Jaén de Novela en 1996), Los que no están (Premio Alfonso García-Ramos en 2001, o el libro de relatos El anorak de Picasso. Con Pacífico recibió el Premio Dulce Chacón.

Etiquetado , , , ,

Con Jose Garriga Vela

Agosto de 2006. Junto al escritor Jose A. GARRIGA VELA, en una mesa redonda sobre creación literaria en la Casa de la Cultura de Larache.

Jose A. Garriga Vela & Sergio Barce

Jose A. Garriga Vela, 1954. Novelista, autor de teatro y articulista, obtuvo el Premio Jaén de Novela por “Muntaner, 38” (1996), el Premio Alfonso García-Ramos de Novela en 2001 por “Los que no están” y con su última obra “Pacífico” (2008) ha conseguido el Premio Dulce Chacón.

Y yo, fervorosamente, os recomiendo PACÍFICO, una de las novelas más desasogantes que he leído. Confieso que, cuando llegué a la última página de este libro, literalmente estaba temblando.



Etiquetado , , ,