Archivo de la etiqueta: Larache a través de los textos

LARACHE vista por… EUGÈNE AUBIN (1902)

En los años 1902-1903, Eugéne Aubin viaja a Marruecos y realiza un informe:  “Marruecos en nuestros días: descripción histórico-pintoresca de instituciones religiosas, políticas y sociales, de lugares, costumbres, etc, etc, etc…” que es pubkicado en España en 1908 por Montaner y Simón – Barcelona. Este libro lo conocía gracias a <Larache a través de los textos> de Mª Dolores López Enamorado, que ya he nombrdo en varias ocasiones; pero en una librería de viejo enontré un ejemplar en un decente estado de conservación, y lo compré. Es una pequeña joya. Y leyendo partes de su viaje, me he dado cuenta de que Eugène Aubin era, además de un viajero impenitente, un excelente narrador. He transcrito no sólo los párrafos que Mª Dolores recoje en su libro sino todo lo que Aubin contaba de su paso por Larache. Creo que es un documento extraordinario porque con su detallada descripción podemos hacernos una idea muy clara del Larache de principios del siglo XX, de su pobreza y abandono ancestral pero también de su inevitable encanto, cómo era la ciudad y su entorno, el Zoco Chico y la Medina, su economía y, en especial, quiénes formaban su población. Creo que es uno de los frescos más completos que un viajero ha hecho de Larache en aquellos años de aventura y descubrimiento…

Sergio Barce, diciembre 2012

Marruecos en nuestros días

<Prefacio: Llegado a Tánger en 1902, llevóme mi buena suerte, algunas semanas después, hacia el Sur de Marruecos, en donde visité Marrakex (el traductor señala que aunque el nombre castelano de esa ciudad es Marruecos, adopta la denominación indígena de Marrakex a fin de evitar confusiones entre el nombre de la capital y el del Imperio), con los dos principales valles del Gran Atlas, el Gundafi y el Glaui; y apenas de regreso en Tánger, en los primeros días de enero de 1903, hube de partir nuevamente para Fez, en donde permanecí seis meses. La serie de cartas que forma el presente libro fue escrita primero en la tienda de campaña, durante mi excursión por las regiones meridionales, y luego en Fez, en el jardín poblado de naranjos que me concedió la hospitalidad jerifiana. Las más de ellas se publicaron, a medida que las iba yo escribiendo, en el Journal des Débats; las más importantes insertáronse en la Revue des Deux Mondes, en la Revue de Paris y en la Renaissance Latine.

Estas cartas contienen los datos e informes que recogí, desde el principio de mi estancia en Marruecos, a fin de mejor comprender un país tan especial, para mí tan nuevo y en el que había de hallarme durante la crisis decisiva de su historia…>

A partir de la página 81 de su libro, Eugéne Aubin nos habla de su estancia en Larache, una vez que deja atrás Alcazarquivir (Alkazar)…

LARACHE ANTIGUA

<Cuando nos disponemos a levantar el campamento, recibimos malas noticias de la capital: la tregua impuesta por el Aid es-Saghir ha terminado y Bu Hamara ha proseguido, según parece, su marcha ofensiva; los misioneros ingleses y americanos y algunos alemanes e italianos están a punto de abandonar la ciudad, realizándose así el éxodo de más de la mitad de la colonia europea.

La prudencia aconseja esperar los acontecimientos, y en su consecuencia nos encaminamos a Larache, Sigue leyendo

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LARACHE vista por… GARCÍA DE TÚY (1922)

   Mº Dolores López Enamorado recoge este pequeño fragmento en su libro <Larache a través de los textos>, editado por la Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía, en 2004. Como ella advierte, el relato forma parte de la obra escrita por M. García de Túy en 1922 titulada <De Sevilla y de Larache: Impresiones y recuerdos>, Sevilla: La Exposición.

   Dice Mª Dolores López Enamorado que su autor, con un lenguaje en el que abundan adjetivos y metáforas, nos ofrece su particular y poética visión de Larache.

   Efectivamente, se trata de un relato cargado, exuberante, quizá excesivo en su adjetivación, pero que sin duda consigue su objetivo final: dar una impresión de aguafuerte, resaltando el colorido, el bullicio humano que puebla las calles de Larache, plasmar una estampa probablemente exótica para su autor, sugerente y sensual, enigmática y desconocida a la vez. En cualquier caso, una curiosa descripción del Larache de 1922 plagada de escenas cotidianas envueltas en un halo de misterio y fabulación.

Sergio Barce, agosto 2012

De Sevilla y de Larache: Impresiones y recuerdos (1922)

(fragmento)

por M.García de Túy

   Ambiente tibio, tonalidades rojizas de la tierra feraz, salpicadas de manchones de un verde oscuro entre los que se ocultan negras esféricas balas de los cañones lusitanos que un día patentizaron en estos acantilados la expansiva grandeza del pueblo hermano. <Cabeza de nobre Espanha>, que dijo el egregio autor de <Os Lusiadas>. Arcos ruinosos que, no obstante sus profundas mutilaciones, muestran la esbeltez no superada de una arquitectura prodigiosa. Alcores rebosantes de una ubérrima vegetación espontánea.

Albos morabitos que semejan palomas posadas en altozanos de la feraz llanura, perfilada en sus desniveles por chumberas cuajadas de opimos, azucarados frutos; pozos prístinos donde el musulmán de astroso indumento y de piel roída por innumerables lacras llena las negrísimas odres que luego transporta jadeante, peludo y famélico jumento; grupos de hembras encorvadas por las cargas de los críos, que esperan con la barrosa ánfora apoyada en la cadera a que aquel les deje la vez; mendigos lisiados y esqueléticos que en interminable, monótona plegaria, de una honda tristeza, acurrucándose en las cunetas de las carreteras y en los abrigados flancos del sendero a merced de la caridad que pasa; enjambres de criaturas tocadas con amplios y sucios ropajes de una policromía chillona, que juegan, luchan y ocúltanse en las amplias vestimentas de sus madres, para esquivar la agresión de los más fuertes; corpulentos moradores de la lejana serranía, jinetes en cabalgaduras de sólido esqueleto y pelaje largísimo, que acuden a las covachas de la especulación judaica a mercar el azúcar de Marsella y las sebosas bujías de Liverpool.

Negros de los confines del desierto, portadores de productos exóticos que intercambian recelosos y astutos por otros que les facilitan los desaprensivos chamarileros que el afán de lucro aleja de los suburbios de nuestras urbes del litoral andaluz. Mercaderes hebreos que se deslizan con femenil timidez entre los grupos de traficantes moros y cristianos para proponerles negocios seguros y lucrativos que ellos intervendrán sin riesgos. Ir y venir de jefes, oficiales y soldados de todas las armas y cuerpos por carreteras, plazas, calles y callejones. En derredor, la esbelta silueta de la torre arabesca de la Comandancia General; la perspectiva grata de algunas edificaciones modernas; hacia el mar, el pequeño faro del desmantelado espigón que semeja un gigante hueso de oliva; un vapor embarrancado que las olas y los hombres van desguazando, y en la lejanía el <Isla de Menorca> que al sonar su sirena parece entonar un canto a la Diosa Terpsícore.

  

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LARACHE según BIDÉ DE MAURVILLE, en su relato de la fallida expedición francesa contra los berberiscos que se refugiaban en Larache, en 1765

En 1765, una expedición francesa, al mando de La Touche de Beauregard, trató de tomar Larache para impedir que los corsarios berberiscos, que se refugiaban en el río Lukus y en su puerto, siguieran atacando a los barcos franceses. Sin embargo, fueron rechazados por las tropas del rey de Marruecos.

Lo ocurrido a esta desastrosa expedición, fue relatado por Bidé de Maurville en su <Narración de la Expedición de las chalupas que fueron destacadas el 27 de Junio de 1765 por el Sr. Duchaffault, Jefe de Escuadra que mandaba la del Rey destinada a cruzar delante de las costas de los Estados del Rey de Marruecos, para ir a incendiar los corsarios que había en el puerto de Larache, mandadas por el Sr. De la Touche Beauregard, Capitán de Navío y Comandante del Buque Almirante>, del que reproduzco el siguiente fragmento:

 En la noche del 26 al 27 de Junio, después de haber bordeado y cañoneado durante todo el día la ciudad y los fuertes de Larache, el Sr. Duchaffault destacó ocho chalupas para ir a incendiar un buque que se encontraba a la entrada del río que forma el puerto de esta ciudad y que pasa a lo largo de las murallas de la plaza. Nuestra expedición fue tan feliz que, después de haber entrado en el puerto y haber incendiado dicha embarcación, que abordamos sin resistencia, volvimos a reunirnos con nuestros buques, sin más baja que la de un hombre de nuestra canoa, ligeramente herido.

Poco después tuvimos que lamentar la inutilidad de nuestra expedición a causa de la actividad con que los moros detenían la progresión del incendio, que apagaron totalmente. Es cierto que si la marea no hubiera sido un obstáculo contra la buena voluntad de toda nuestra gente, hubiésemos hecho una nueva tentativa sin pérdida de tiempo; pero la falta de fondo, que nos había impedido franquear la barra de este puerto la noche precedente, nos ofrecía entonces las mismas dificultades, lo que obligó al General a dejar para el día siguiente la empresa de una nueva expedición. Todos los Oficiales coincidían en la resolución del Sr. Duchaffault, que era la de efectuar la acción en pleno día. Siendo esta empresa la única hacedera y por tratarse de añadir a la de la víspera el incendio del Corsario más considerable del puerto, hubiera sido imprudente intentar el abordaje durante la noche, pues este buque se encontraba muy al avante en el interior del río que nos era desconocido y que formaba varias sinuosidades antes de llegar al punto en que estaba amarrado el buque en cuestión. Por otra parte, la poca resistencia que habíamos encontrado al hacer nuestra primera expedición parecía responder del éxito de una segunda. 

Louis Charles du Chaffault de Besné

 No obstante, el General no quiso decidir nada antes de haber consultado con los señores Comandantes que mandaban los demás buques de su Escuadra. El 27 por la mañana les hizo la señal correspondiente para que se rindieran a bordo del buque almirante, así como la señal de Consejo. Bien pronto tuvo la satisfacción de ver que a su intención no se oponía ninguna inspiración contraria, que en cada buque se había formado el mismo proyecto y que todo el mundo tenía la misma confianza que nosotros en el éxito. Sin retener más tiempo a los señores Comandantes, les ordenó que se retiraran inmediatamente a los buques que mandaban, para armar sus chalupas y canoas, debiendo tenerlas listas para unirse a las del General a la primera señal que éste les hiciera. También ordenó prepararse a los Comandantes de los jabeques e ir a fondear lo más cerca posible de la entrada del puerto. Nos pusimos, por nuestra parte, a trabajar para acercarnos más a Larache y, tan pronto como estuvimos a medio tiro de cañón, comenzamos a tirar. Las fragatas, galeotes bombardas y jabeques, que habían recibido la orden correspondiente, hicieron otro tanto. Continuamos haciendo fuego hasta medio día, hora en que cesamos para comer y dar un poco de descanso a nuestra gente, a fin de poder comenzar de nuevo una vez reparadas las fuerzas.

A las dos de la tarde volvimos a bombardear Larache, continuando casi hasta el final de la expedición. A las cuatro, habiendo dado el General la orden de hacer la señal para que las chalupas y canoas viniesen a su bordo, éstas vinieron inmediatamente. El Sr. De Beauregard, Capitán de Navío y Comandante del buque jefe, encargado de esta expedición, designó, antes de partir, las chalupas que habían de incendiar las diferentes embarcaciones que se encontraban en el puerto y formó otras tantas divisiones destinadas a sostenerlas.

Cuando todo fue dispuesto de esta manera, nos pusimos en marcha según la orden ya convenida. Tardamos poco tiempo en llegar a la barca, que franqueamos en buen orden, sin darnos cuenta del gran oleaje que allí reinaba generalmente, así como tampoco experimentamos ninguna dificultad al pasar el castillo y los fuertes que bordean la entrada del puerto y bajo los cuales hubimos de desfilar a medio tiro de pistola. A medida que nuestras chalupas, a cuya cabeza navegábamos, pasaban al otro lado de un pequeño fuerte que forma la abertura del puerto, comenzaron sucesivamente a hacer fuego contra las tropas de moros ocultos detrás de las rocas que bordean la entrada y el interior del río, no dejando de avanzar hacia el primer buque, del que estábamos ya muy cerca. Tan pronto como le dimos alcance, le abordamos con la chalupa de La Terpsichore y subimos a bordo sin que se nos opusiera ninguna resistencia…

(…)   Los moros se adueñaron de nuestra chalupa y exterminaron a casi todos los heridos que en ella encontraron, escapando de esta carnicería solamente los que, por ocupar el fondo de la embarcación, les dieran por muertos aquellos desalmados, en los primeros momentos de su furor.

Así terminó una expedición que nos había inspirado tan buen augurio y que yo creo que no habría tenido resultados tan adversos si hubiésemos encontrado una corriente normal, pero la columna de agua que entraba por un paso tan estrecho, para engrosar un río muy ancho en el interior, ofrecía una resistencia  excesiva para nuestras fuerzas, continuamente debilitadas por el fuego del enemigo; esto fue, según mi opinión, la única causa de nuestra pérdida.

Como el trato que de los moros hemos recibido ha sido para cada uno de nosotros diferente, no me ocuparé de ello en este relato general. Sólo añadiré que, de dieciséis chalupas que fueron destacadas para esta expedición, nueve nada más tuvieron la suerte de salir del río y de volver a la Escuadra. Las otras siete, cuya lista doy a continuación, cayeron en manos de los moros…

 El fragmento está tomado de Larache a través de los textos <Junta de Andalucía, 2004> de María Dolores López Enamorado, que reproducía el texto de Relato de la Expedición de Larache, 1765, de Bidé de Maurville, traducción de la edición francesa original, Ámsterdam, 1765, y que se editó en Tánger, Publicaciones del Instituto General Franco, 1940, dirigida dicha publicación por la Duquesa de Guisa.

 François Joseph Hippolyte Bidé de Maurville nació en 1743 en Rochefort (Francia). Guardamarina, en 1765 embarca a bordo de L´Utile, bajo el mando de La Touche de Beauregard, en la escuadra de M. du Chaffault de Bresné, para, como se ha contado, combatir a los berberiscos en las costas de Marruecos. Fue hecho prisionero en Larache, pasando dos años como esclavo. Luego, participó al lado del monarca alaouí en las negociaciones de paz con Francia, y en 1767 regresa a su país. En 1779 es ascendido a Capitán de Navío y, como tal, hace una campaña en las Indias desde la que es devuelto a Francia acusado de desobediencia. Confinado en la isla de Ré, es finalmente liberado y excluido de la Marina en 1783.

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LARACHE A TRAVÉS DE LOS TEXTOS de Mª DOLORES LÓPEZ ENAMORADO

Doctora en Filología Árabe, Mª Dolores López Enamorado es la actual Directora del Instituto Cervantes de Casablanca, puesto que ocupó anteriormente en Marrakech.

En 2004 publica el libro «Larache a través de los textos. Un viaje por la literatura y la historia», obra editada por la Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía.

Mª Dolores López Enamorado

Este libro, del que he tomado prestado en alguna ocasión algún que otro texto, es un completo trabajo sobre la visión que de Larache han tenido diferentes viajeros, escritores o investigadores. Dice la propia autora en la introducción al libro:

«A lo largo de muchos meses he ido localizando textos en prosa y en verso que, en mayor o menor medida, nos ofrecen una visión de Larache y de su entorno. En ellos a menudo la ciudad es descrita con minuciosidad, otras es simplemente vislumbrada entre la trama de la novela, del relato o del poema. Pero siempre está ahí, con sus casas, el castillo, la fortaleza, el mar… Con estos textos he tratado de lograr  algo muy concreto: Que aquellos que conozcan Larache, la reconozcan. Y que aquellos que no la han visitado, sepan que muy cerca de Andalucía se extiende esta preciosa ciudad donde la vida parece llevar otro ritmo; donde nos acompañarán la hospitalidad y la alegría de sus gentes, el sol, las casas encaladas, el zoco, las plazas, la calma y la buena mesa. La ciudad en la que nació Luis Martín Santos, y en la que está enterrado Jean Genet.”

Y este propósito se consigue con un buen ramillete de textos bien escogidos que abarcan desde Plinio el Viejo (siglo I d. de C.) hasta Mohamed Sibari, pasando por León el Africano, Luis de Góngora, Ali Bey, Tomás García Figueras o Mohamed Chukri.

El Jardín de las Hespérides, de Larache

El tercer texto que recopila Mª Dolores López en este cuidado libro, es un poema de Mohammed el-Jammár el-Guennûni, poeta nacido en Alcazarquivir en 1938, y que estudió y vivió en Larache. Fue profesor en la facultad de Letras de Rabat. Integrante de la llamada generación de los 60, es uno de los poetas marroquíes más importantes. Sus poemas se publicaron bajo el título “Las cenizas de las Hespérides” (Ramád Hesperis, 1987) en Casablanca por Ediciones Toubkal. Y el poema escogido se titula “El dragón de mármol”:

La Hespérides te llaman por tu nombre: Levántate, cuerpo de mármol.

A su puerta todo extranjero ha llamado. Llénate de sangre,

y mueve tus alas. Alcanza, a la orilla del río, los barcos de los extranjeros.

Hespérides al día siguiente, en el ocaso.

Su puerta se abrió a los ladrones, mueren, desaparecen.

Entran los falsificadores,

salen los ladrones,

suben los embusteros,

bajan los mentirosos.

Levántate, a la orilla del río tus huesos, tu piel, tu carne, todavía están frescos,

porque estás vivo, porque estás vivo…

Las Hespérides, y sus cenizas, agua, relámpagos y otras cosas

te llaman por tu nombre,

el viento de las estepas que ha removido los árboles del río,

la superficie del polvo que la escritura ha llenado,

el sol del océano y las llanuras y bosques que ha coloreado,

la mano de las hojas que caen sobre ti al término de la tarde, te llaman por tu nombre…

Las Hespérides te llaman por tu nombre cada año, sacrifican a sus hijos y dicen:

A través de las cenizas te he visto como fuego. Y tu fuego está en ti, tu fuego está en ti.

 (La traducción del fragmento, en árabe, es de Mª Dolores López Enamorado)

 “Larache a través de los textos”, pues, recorre la ciudad abriendo desde sus páginas las páginas de otros libros, volando entre el verso y la prosa, yendo de la literatura de viajes a la narrativa, y Mª Dolores López Enamorado ha sabido darle el toque justo para convertirlo en un cadencioso viaje en el que se recorre el río Lukus hasta desembocar en el Atlántico…

J.Salafranca, Sergio Barce, Mª Dolores López & Abdelatif Limami, en la presentación de «Últimas noticias de Larache» en Málaga

A Mª Dolores López Enamorado le debo que haya presentado mi libro de relatos “Últimas noticias de Larache y otros cuentos”, tanto en Málaga como en Larache, y mi novela “Sombras en sepia”. Esas experiencias me enriquecieron, porque ella siempre buscó los detalles que resaltaban estas obras, las hacía mejores, y las embozaba con la calidez de su voz y su extraordinario saber intelectual. Recuerdo que en algunos instantes parecía que las meciera entre sus brazos, y guardo de todo ello un grato e imborrable sabor. Como tampoco olvido los días de Larache y las intensas jornadas compartidas. Y, por supuesto, sus padres, Lola y Javier, siempre tan cercanos.

Mª Dolores López, Sergio Barce & Mohamed Laabi, en el Colegio Luis Vives de Larache

Mª Dolores López con sus padres, Lola y Javier

De su extenso currículum, destacaría que es autora de dos monografías sobre el Premio Nobel egipcio Naguib Mahfuz («Análisis de la temporalidad en la Trilogía de Naguib Mahfuz«, 1998; y «El Egipto contemporáneo de Nayib Mahfuz», 1999), y coautora de la traducción al castellano de los tres volúmenes que componen la Trilogía de este autor. Entre otros campos, es especialista en literatura árabe contemporánea.

Una parte importante de sus trabajos de investigación se ha centrado en el estudio de la situación de la mujer marroquí. Es autora de “Mujeres marroquíes en transición” (2004); y ha presentado ponencias e impartido conferencias centradas en esta cuestión, así como participado en varios proyectos de investigación, relacionados con Marruecos. Desde enero de 2003 a octubre de 2005 ocupó el cargo de Vicerrectora Adjunta de Ordenación Académica en la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), donde se encargó, entre otras tareas, de todas las cuestiones relacionadas con el Magreb en general y con Marruecos en particular.

Su dedicación a la literatura popular marroquí ha quedado reflejada en el libro «Cuentos populares marroquíes» (Madrid, 2000), y en otro libro: «Cuentos en la Yemá el-Fná» (Sevilla, 2003). También ha sido Profesora Titular en la Universidad de Sevilla, Área de Estudios Árabes e Islámicos.

Sergio Barce, mayo 2011

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LARACHE vista por… PLINIO EL VIEJO (s. I d.C.)

Máscara del dios Oceanus, encontrada en Lixus. Museo de Rabat

Repasando por encima cuanto ya he escrito y reproducido acerca de Larache, parece lógico que también se hable de su mitología y de sus orígenes, reales y literarios.

Tomando tanto “Larache a través de los textos” de Mª Dolores López Enamorado (Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía, Sevilla, 2.004), como “Larache: Evolución urbana” de Guillermo Duclos y Pedro Campos (Junta de Andalucía. Sevilla, 2001), me permito reproducir parte de la información que ofrecen acerca de los vestigios de la ciudad y de las primeras obras literarias en las que aparece mencionada de una u otra forma.

«Situado al borde de la llanura del Garb, en la costa noroccidental de Marruecos, el territorio donde se asienta la llamada al-´Arâ´is (jardín de las flores) o al´-Arâ´is bani´Arüs (los viñedos de la tribu de Arós) se extiende por la coronación y el declive septentrional de una lata loma que se asoma al océano y cuyo pie lame la desembocadura del río Lucus…

…Los restos arqueológicos de la ciudad de Lixus se hallan junto al río Lucus, sobre unas colinas situadas a unos 3,5 Km. al este de Larache. Denominada Gemes por algunas crónicas portuguesas, las fuentes medievales árabes la denominan T´semis o Xammix, topónimo que aún hoy siguen utilizando los habitantes de la región para referirse a la antigua ciudad.»  (de “Larache, evolución urbana”)

LIXUS

«Según la tradición, hacia el año 1.100 a.C., los fenicios fundan tres ciudades en Occidente: Gades (en la península ibérica, actual Cádiz), Utica (en Túnez) y Liks, Lixos o Likus, en la margen derecha del río Lucus y a unos cuatro kilómetros del mar, en una colina conocida actualmente en la zona con el topónimo de Shemmish.

A esta ciudad fenicia, y más tarde romana, hacen mención las fuentes clásicas: el periplo de Scylax de Caria, del s.VI a.C., se refiere a ella como ciudad fenicia. En la “Historia Natural”, Plinio el Viejo, s.I d.C., sitúa en Lixus el Jardín de las Hespérides, con sus árboles cargados de manzanas de oro. Por otra parte, el Periplo de Hannón, s.V a.C., narra una expedición cartaginesa en la que las naves atravesaron el Mediterráneo de Este a Oeste, pasaron Gibraltar, siguieron la costa africana del actual Marruecos y penetraron en el golfo de Guinea. En él se hace  referencia a los lixitas, habitantes de Lixus.

Dice Plinio el Viejo en su descripción de Lixo en su Historia Natural:

El comienzo de la tierra se llama las Mauritanias, reinos hasta el emperador Gayo, el hijo de Germánico; por la crueldad de aquél fueron divididas en dos provincias. Los griegos dan el nombre de Ampelusia al cabo más lejano del Océano. Más allá de las Columnas de Hércules han desaparecido las poblaciones de Lisa y Cotas, ahora está Tánger, fundada en otro tiempo por Anteo; después el emperador Claudio, al hacerla colonia, la llamó Julia Traducía. Dista de Belo, población de la Bética, treinta mil pasos por la ruta más corta.

PLINIO EL VIEJO

A veinticinco mil pasos de ella en la costa del Océano está la colonia de Augusto Julia Constancia Zulil, separada del poder de los reyes y obligada a pasarse a la jurisdicción de la Bética. A treinta y dos mil pasos de ella está Lixo, convertida en colonia por el emperador Claudio. Los antiguos hablaron de ella con muchísimas leyendas: allí estaba el palacio de Anteo y tuvo lugar su lucha con Hércules, también estaban los Jardines de las Hespérides. Por lo demás, desde el mar se extiende un estuario con un curso muy sinuoso, que ahora se cree que eran las serpientes que estaban a modo de guardia. Encierra dentro de él una isla, que es la única que no inundan las mareas, a pesar de que el espacio circundante es un poco más elevado que ella. También queda allí un altar de Hércules, y, excepto unos acebuches, nada de aquél aurífero bosque del que hablaban.

Por supuesto que no se extrañarían tanto de las tremendas patrañas griegas publicadas acerca de estos lugares y del río Lixo quienes pensaran que nuestros autores, y no hace mucho, han transmitido algunas cosas no menos prodigiosas: que esta ciudad era muy poderosa e incluso mayor que Cartago Magna; que, además, estaba situada  frente a ella y a una distancia casi inmensa de Tánger, y otras cosas que Cornelio Nepote se creyó enseguida.

A cuarenta mil pasos de Lixo en el interior está otra colonia de Augusto, Baba, llamada Julia Campestre…

Pero si la tradición literaria sitúa el nacimiento de Lixus en el siglo XII a.C., los hallazgos arqueológicos no permiten ir más allá del s.VIII a.C. Sabemos que, a partir del s. III a.C. Lixus conoce una prosperidad urbana importante, que se extiende a lo largo de varios siglos. En el 42 d.C., bajo el reinado del emperador Claudio, Lixus se convierte en ciudad romana, siendo la época en la que se construyen varios monumentos públicos y casas privadas ricamente decoradas.

La cabeza del dios Océano antes de su degradación: fotografía tomada por Henri Stern (en 1967?) (archivos fotográficos del Centro Henri Stern, ENS/CNRS, París).

 A finales del s.III y durante el s.IV d.C. se construye una muralla que reduce a la mitad la superficie inicialmente habitada. Ahí comienza una etapa de imparable decadencia.

…A unos 30 kilómetros de Lixus se encuentra el Cromlech de M´Zora, primer vestigio de ocupación humana en lo que sería, muchos siglos después, la región de Larache.

Por lo que respecta a la ciudad de Larache, poco sabemos de ella hasta el s. XIII d.C.. Las escasas referencias que se dan en los textos medievales hacen muy difícil precisar cómo era esa ciudad, a orillas del río Lucus. Los principales historiadores árabes no la mencionan, y tendremos que esperar al s.XV para que el nombre de Larache aparezca en los textos de los autores (historiadores y viajeros) de la época.»

(del prólogo de “Larache a través de los textos” y parte del texto de Plinio reproducido por la profesora María Dolores López Enamorado para su libro)

En fin, Larache, Lixus, Lixo, Lucus, al-´Arâ´is o al´-Arâ´is bani´Arüs, encierra mil historias y mil leyendas, una mitología que ha sobrevivido a lo largo del tiempo. Y hoy, en pleno siglo XXI, las viejas ruinas romanas de Lixus parecen temblar ante el cerco al que están siendo sometidas de nuevo. Ahora no se trata de salvajes hordas enemigas, de cartagineses o de beréberes, se trata de bárbaros venidos de oficinas inmaculadas en las que guardan sus planos que ya no describen estratagemas, emboscadas o luchas cuerpo a cuerpo, en ellos se diseñan carreteras, edificios y restaurantes. La vanguardia ya está allí, a escasos metros del saqueado mosaico del dios Okyanus, con una decena de excavadoras amarillas que ronronean a la espera de la orden de ataque…

Sergio Barce, febrero de 2011

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