Archivo de la categoría: CINE

Cuadernos de cine: Sofía & Jayne

Dos de los iconos del cine de los cincuenta, dos de los iconos más sensuales y sexuales de esos años, fueron SOFIA LOREN y JAYNE MANSFIELD

Una era rubia y carnal, la otra morena y pasional. La primera típicamente americana, que ha quedado como un sex-symbol inolvidable; la segunda una maggiorata que ha hecho comedia y drama y se ha ganado con todo merecimiento fama de mujer elegante, hermosa y excelente actriz.

Ambas, coincidieron en una cena, y de aquel momento quedó una de las fotografías más famosas de la época. ¿Qué estaría pensando la Loren al mirar los pechos de la Mansfield? Ella que no tenía nada que envidiarle…

El de aquella época, era un cine rotundo, con muchos argumentos, por así decirlo…Qué bello es el cine.

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Cuadernos de cine: BLACKTHORN (2011) de MATEO GIL

La emocionante escena en la que el viejo Butch Cassidy detiene su cabalgadura ya en la frontera, se gira lentamente y, por encima del hombro, se ve a sí mismo joven y lleno de vida, libre y rebelde, rodeado de sus amigos forajidos, resumen bellamente el espíritu de esta crepuscular película española del Oeste.

Sam Shepard es Blackthorn – Butch Cassidy

La trama es sencilla: veinticinco años después de su muerte, el legendario Butch Cassidy  (interpretado con sobriedad y talento por el gran Sam Shepard), en realidad aún sigue vivo escondido en el interior de Bolivia. El encuentro fortuito con un ingeniero español que ha robado el dinero de una mina, hace que, contra su voluntad, vuelva a cabalgar perseguido por un grupo de pistoleros primero y por el ejército boliviano después.

Para mi generación, Butch Cassidy & Sundance Kid siempre han sido Paul Newman y Robert Redford, que los interpretaron en la mítica cinta de 1969 “Dos hombres y un destino” (Butch Cassidy & The Sundance Kid) de George Roy Hill.

Butch Paul Newman & Sundance Robert Redford

Nikolaj Coster-Waldau es Butch Cassidy joven

Aquella cinta terminaba con el tiroteo que se produce tras la emboscada que los dos forajidos sufren a manos del ejército de Bolivia, y la escena queda congelada con ambos desenfundando sus armas para defenderse de los soldados que, previsiblemente y sin duda alguna, van a masacrarlos. Ahora, el realizador Mateo Gil y el guionista Miguel Barroso, ambos españoles, construyen una historia que comienza realmente en ese punto, cuando los dos amigos caen asesinados; pero como toda leyenda, uno de ellos, en este caso Butch Cassidy, ha conseguido sobrevivir y ha envejecido en un pequeño rancho del país sudamericano.

El ritmo del film es tranquilo, quizá acorde con la edad del viejo Butch, pero no decae en ningún instante, al contrario, va in crescendo, y cuando llegan las escenas de acción, se hace intenso. A ello ayuda unas interpretaciones convincentes. Es un acierto que el personaje de Butch Cassidy lo encarne Sam Shepard. A estas alturas sólo Sam Elliott, Keith Carradine o Kriss Kritofferson podrían haber sido una alternativa seria. Sam Shepard le da empaque, le da sobriedad, le da experiencia y sabiduría. Con este actor, el film se convierte en un western crepuscular, muy entroncado con el “Duelo en la Alta Sierra” (Ride the High Country, 1962) de Sam Peckinpah, con el que guarda bastantes semejanzas, y sus parlamentos y recuerdos convierten a ese mundo del viejo Oeste ya pasado, al de su juventud, en algo mítico, irrepetible e irrecuperable.

Eduardo Noriega en Blackthorn

En algún momento de la película, el ingeniero español, al que da vida muy certeramente Eduardo Noriega, pregunta a Butch Cassidy que cómo era posible que no se hubiera convertido en un rico hacendado, y el cansado pistolero le responde, tranquilo y sabio, que él había sido libre toda su vida, y que ésa era la mayor riqueza que un hombre podría tener.

La música es de Lucio Godoy, magnífica su banda sonora, como extraordinarias las canciones que suenan durante la película, y la fotografía de Ruiz Anchía, al que admiro desde su impecable trabajo en “Los amantes de María” (Maria´s lovers, 1984) de Konchalovsky. Como digo, dos aciertos, porque la música es sutil, envolvente, con un cierto halo nostálgico, y la fotografía, ayudada por los paisajes increíbles de Bolivia (el desierto de sal, las gargantas de piedra, las montañas enrevesadas o esas praderas que nos brindan escenas de puro western), acertada y muy controlada, los espacios abiertos se llenan de luz, la noche al raso se impregna de un tono plomizo y mineral, y la iluminación de cada espacio encuentra su tono adecuado.

Padraic Delaney es Sundance Kid

También Ruiz Anchía enfoca al rostro de Sam Shepard sin conmiseración alguna, sus arrugas se nos revelan al detalle, como cada cana de su barba o sus cansados ojos celestes, sus facciones son parte del paisaje, en realidad, el paisaje mismo de su alma ya cercana al ocaso.

Curiosamente, pocas reminiscencias del spaghetti-western. Lo cierto es que las esperaba, porque ese tipo de películas se rodaron en Almería, porque eran coproducciones españolas, porque los técnicos y los actores eran en su mayoría de nuestro país. Sin embargo, Mateo Gil huye deliberadamente de ese cine, y regresa al western clásico americano, algo raro, algo peculiar.

También acierta este film en sus flash-back, nada cargantes, montados en el instante justo, que apuntalan la trama de la vida de Butch Cassidy y las razones por las que ha llegado a su situación actual. El actor Nikolaj Coster-Waldau presta un físico que se acopla perfectamente a los años salvajes del viejo Sam Shepard, lo que hace más creíble sus recuerdos; y tanto Padraic Delaney en el papel de Sundance Kid como el magnífico Stephen Rea en el rol del también agotado y cansado perseguidor de los bandidos, arropan con oficio y seriedad el trabajo del protagonista que, en definitiva, lleva el peso de toda la película.

Butch Cassidy/Sam Shepard nos va atrapando poco a poco, igual que Paul Newman en su día, y se convierte en esa leyenda que arrastra tras de sí una vida llena de violencia, de cabalgadas, de robos y de huidas, pero también de pequeños gestos llenos de honestidad y de ética, la ética de los forajidos del viejo Oeste que ya nunca volverá.

Sergio Barce, julio 2011

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Cuadernos de Cine: LAS ACTRICES DE LOS 60 (Va por ti, Yanko)


Un amigo me ha escrito el siguiente sencillo mensaje que, más o menos, dice así:  “Mucho Larache, mucho Marruecos, mucho relato, mucha  novela… ¡A ver si hablas de mujeres!

      Me siento obligado a complacerle, primero porque somos amigos desde la infancia, segundo porque no viene mal un paréntesis, y porque si, además, como dice él, se trata de mujeres, la cosa pinta aún mejor. Además, me apetece hacerlo.

      Me gusta el cine. Pertenezco a esa generación que ha crecido con James Bond, con Clint Eastwood y con ese cine maravilloso de los sesenta y setenta; pero también somos los que hemos pasado las tardes de los sábados viendo en la televisión viejas películas de aventuras (Tarzán, Errol Flynn, Sabú, John Wayne o Tyrone Power), los ciclos que ponían los martes por la noche (de Bogart, de John Ford, de Hitchcock), de los que nos asomábamos a “La Clave” para descubrir los mensajes que encerraban las películas clásicas, hemos sido los dueños de las sesiones dobles, de los spahetti-westerns, de los cines de verano (cómo olvidar el sonido de las películas en esas salas al aire libre), hemos imitado a Bruce Lee y nos impactó “El luchador manco”, nos inquietaba Drácula con el físico de Christopher Lee, o su Fu-Manchú, y la noche de Walpurgis con Paul Naschy, nos hemos escapado a los cine-clubs para ver los films de Bergman, Kurosawa, Fellini o Fassbinder (pero también, y sobre todo, a las primeras salas X, y nos tragamos “Cuerno de cabra” y admiramos a “Emmanuelle”); y luego llegaron en los setenta Coppola con su padrino, Spielberg con su tiburón y Lucas con sus galaxias, seguimos a Truffaut, a Visconti, a Godard, y mientras éramos testigos del envejecimiento de Henry Fonda, Burt Lancaster o Robert Mitchum, veíamos madurar a Paul Newman, Steve McQueen o Marlon Brando, y surgían Pacino, de Niro y Nicholson, y hemos seguido yendo al cine, y nos hemos convertido en la única generación a caballo entre el cine más clásico y el cine más moderno y actual, lo hemos visto todo…

      Desde pequeño me han llevado a ver películas. Mis padres lo hacían cuando aún estaba en el capacho, así que es como si lo hubiera mamado desde la cuna. Iba a hablar de mujeres, de mujeres de película, pero me he dado cuenta de que hay tantas que me han fascinado por alguna u otra razón que he decidido cortar por lo sano, y este primer capítulo sobre mis musas de celuloide se lo dedico a las que llenaban las pantallas de los años sesenta… Trataré de marcar a cada actriz con alguna de sus películas emblemáticas de ese decenio alocado.

SHIRLEY EATON en Goldfinger

     Ya he dicho que crecimos con James Bond. Y, junto a este personaje de Ian Fleming, están las “chicas Bond”. Entre todas ellas, hay una efímera (por el corto tiempo que está en pantalla, en concreto en “Goldfinger” (1964)), pero que a los cinéfilos nos marcó de alguna forma: Shirley Eaton.  Era preciosa. Aparece al comienzo del film “Goldfinger” pero, a las primeras de cambio, la asesinan de la forma más cruel pero también original –cinematográficamente hablando-: bañándola en oro…

URSULA ANDRESS en Dr. No

URSULA ANDRESS en Dr. No

Ese cuerpo desnudo cubierto de púrpura es una escena imborrable; como el bikini (eso es un eufemismo, en realidad el atuendo era lo de menos y lo importante era el “cuerpo”) de Ursula Andress al salir del mar en “James Bond contra el Dr. No (Dr.No, 1962).

HONOR BLACKMAN en Goldfinger

HONOR BLACKMAN en Goldfinger

 Honor Blackman era otra chica Bond de “Goldfinger”, quizá la que más me impactó: atractiva, inteligente, resolutiva, aquellos ojos. Sean Connery disfrutó con todas ellas.

Pero como le ocurre al personaje de Tim Robbins en “Cadena perpetua” (The Shawshank redemption, 1994), me quedo con la rotunda Raquel Welch de “Hace un millón de años(One Million years B.C., 1966), con aquella ropa prehistórica de diseño, que nos hacía soñar con esas mujeres primitivas que luego la productora Hammer exprimiría en pequeñas películas baratas.

RAQUEL WELCH en Hace un millón de años

RAQUEL WELCH en Hace un millón de años

Y así, gracias a la estela de Raquel, llegaron Martine Beswick (chica Bond tanto en “Dr. No” como en “Desde Rusia con amor”, y que acompañaba a la Welch en sus aventuras entre dinosaurios) o Caroline Munro (vista en “Casino Royale” -1966- y que fue una de las habituales de los films de terror de esos años).

MARTINE BESWICK

MARTINE BESWICK

Como también la exótica actriz palestina Daliah Lavi (otras de las chicas de “Casino Royale”, e inolvidable en “Lord Jim”- 1964-).

DALIAH LAVI

DALIAH LAVI

Y, por supuesto, Linda HarrisonCharlton Heston encontró a Linda en un bosque mientras huía de los monos en “El planeta de los simios” (Planet of the apes, 1968), y se convirtió en otra imagen grabada en nuestro subconsciente –masculino-, con sus enormes ojos que miraban atónitos a ese hombre que pensaba y hablaba como si fuera otro simio…

LINDA HARRISON en El planeta de los simios

LINDA HARRISON en El planeta de los simios

Y nos inflamaban la imaginación las míticas B.B. y C.C.; así llamábamos a Brigitte Bardot y a Claudida Cardinale.

B.B.

B.B.

Inolvidables una en “La verdad” (La vérité, 1960) y la otra en “Los profesionales” (The profesionals, 1966). Aunque hubo muchas más películas con ellas, por supuesto. Hasta que en el 71 rodaron en España un film juntas: “Las petroleras”.

C.C.

C.C.

Luego estaban las actrices francesas (o de otros países que los franceses adoptaban, inteligentemente, menudos truhanes son para apropiarse de lo que merece la pena), actrices que refulgían en films de la nouvelle vague, sofisticadas, bellas, frágiles, sensuales a un tiempo: mi amigo Jesús dice que la primera película que recuerda es “Un hombre y una mujer(Un homme et une femme, 1966), y que no puede olvidar a su protagonista, la delicada Anouk Aimée; que antes fue la hermosa “Lola” (1961), pero, en realidad, nadie de los que la vimos la hemos olvidado.

ANOUK AIMÉE es Lola

ANOUK AIMÉE es Lola

Y por entonces triunfó la “Belle de jour” (1966), Catherine Deneuve, de la que se dice que tiene un pacto con el diablo (a mí siempre me pareció demasiado gélida, pero he de reconocer que es de una belleza evidente e imperecedera). Jeanne Moreau se convertía en musa de Truffaut en «Jules et Jim» (1962) y lo fue de Orson Welles.

CATHERINE DENEUVE

CATHERINE DENEUVE

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JEAN SEBERG

JEAN SEBERG

Jean Seberg. ¡Ah, Jean Seberg! Cuánto sufrió por amor. Clint Eastwood la utilizó durante el rodaje de “La leyenda de la ciudad sin nombre” (Paint your wagon, 1969) y luego la dejó sin más, y eso le provocó un trauma del que, se dice, jamás se recuperó. La Seberg venía de la irrepetible “Al final de la escapada(A bout de souffle, 1959) y se convirtió en la perturbadora “Lilith” (1964).

ROMY SCHNEIDER

ROMY SCHNEIDER

Y qué decir de otras musas del cine de los sesenta: Delphine Seyrig, protagonista de “El año pasado en Marienbad” (L´année dernière à Mareinbad, 1961). Y cómo no enamorarse de aquella Romy Schneider (en cuanto dejó de ser la tontorrona de Sissi y se convirtió en una mujer de verdad me dejé embaucar por su mirada, por su pálida sonrisa, por ese aire melancólico de sus gestos), y quise ser Alain Delon en “A pleno sol” (Plein soleil, 1960) para nadar con ella.

Ahí van las tuyas, Jesús, esas otras tres más que tanto te apasionan:

ANNA KARINA

ANNA KARINA

Anna Karina, tan francesa ella quizá porque era danesa, en “Una mujer es una mujer” (Une femme est une femme, 1961), y “Vivir su vida” (Vivre sa vie, 1962), musa de Godard, claro; y Corinne Marchand, la de “Cleo de 5 a 7” (1962). Te dejo para el final a Marina Vlady, no sé si es muy representativa pero cito “Los siete pecados capitales” (Les sept péchés capitaux, 1962), por razones obvias. Bueno, va, y tu adorada Ingrid Thulin, belleza nórdica que deslumbró en “La caída de los dioses” (La caduta degli dei, 1969), pero que ya tenia su largo bagaje con Bergman, como en “El silencio” (Tystnaden, 1963).

INGRID THULIN

INGRID THULIN

¿Sigo? Mamma mía! ¡La Loren! Ya sé que ella es de los cincuenta, y de los sesenta, y de los setenta y ochenta, y ahí sigue, incombustible, preciosa, eterna… Sofía Loren. Ya sé, hoy sólo los años sesenta… Me impresionó la Loren en su desgarrador papel de “Dos mujeres” (La ciociara, 1960), estuvo más guapa que nunca en “El Cid” (1961) y tierna, hermosa y dolorosa, como sólo ella sabe serlo, en “Los girasoles” (I girasoli, 1969).

SOFIA LOREN

SOFIA LOREN

De una fuente, en el año 59, surgió otra diosa para los sesenta, otra diosa más carnal, más pecaminosa, más abrumadora, un icono: Anita Ekberg, que sigue ahí en la Fontana di Trevi de “La dolce vita” (1959). En 1962 fue la tentación del doctor Antonio en el episodio que protagonizó en “Boccaccio 70”, y paseó su escultural cuerpo por diversos peplums que hacían las delicias en las sesiones dobles.

ANITA EKBERG

Aparte, en otro lugar: Audrey Hepburn. También venía de los cincuenta. Irreemplazable, única, irrepetible, en esos años estuvo tierna, frágilmente abrumadora en “Desayuno en Tiffany´s” (Breakfast at Tiffany´s, 1961). Es otro icono, diferente, sutil y cercano, de cine.

AUIDREY HEPBURN

Y no me olvido de Lea Massari y de Monica Vitti, que trabajaron juntas en “La aventura” (L´avventura, 1960). La Vitti fue musa de Antonioni, pero se convirtió en referente pop y sex-symbol gracias a “Modesty Blaise, superagente femenino” (Modesty Blaise, 1966).

MONICA VITTI

MONICA VITTI

Luego, estaban las actrices que triunfaban no por sus cualidades dramáticas, sino por sus encantos físicos.  Luciana Paluzzi, Elke Sommer, Florinda Bolkan

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KATHERINE ROSS

KATHERINE ROSS

También nos atrapó Katherine Ross que logró enamorar a  Paul Newman y a Robert Redford en “Dos hombres y un destino” (Butch Cassidy & the Sundance Kid, 1969) después de hacerlo con Dustin Hoffman en “El graduado” (The graduate, 1967).

ANGIE DICKINSON

ANGIE DICKINSON

Y las había, como muchas de las que he mencionado más arriba, que eran atractivas, sensuales y buenas actrices. Americanas, como Angie Dickinson. Siempre me pareció tentadora (igual que a tío Junior en “Los Soprano”, obsesionado con acostarse con ella), que estuvo preciosa y perfecta en “Código del hampa” (The killers, 1964), en “La jauría humana” (The chase, 1965) y, especialmente, en  “A quemarropa” (Point Blank, 1967). Al igual que Lee Remick en “Río salvaje” (Wild river, 1960) y “Días de vino y rosas” (Days of wine and roses, 1962).

LEE REMICK

LEE REMICK

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FAYE DUNAWAY

Y la siempre insinuante Faye Dunaway, excelente actriz, que supo dotar a sus personajes de una mezcla de tortura interna y procacidad sexual, quizá una de las mejores intérpretes de ese decenio, y que inmortalizó a Bonnie Parker en “Bonnie & Clyde” (1967), uno de los films emblemáticos de los sesenta. Sin olvidar sus papeles en “El caso Thomas Crown” (The Thomas Crown affair, 1968), “Amantes” (Amanti, 1968) y “El compromiso” (The arrangement, 1969).

JANE FONDA es Barbarella

JANE FONDA es Barbarella

Hay más: Jane Fonda, pura vitalidad, capaz de atreverse con cualquier papel, por eso ella fue “Barbarella” (1967) y bailó hasta la extenuación en “Danzad, danzad, malditos” (They shoot horses, don´t they?, 1969).

Pero confieso que tengo dos debilidades más: una es Julie Christie.

JULIE CHRISTIE

JULIE CHRISTIE

Lo sé: sus ojos, su aparente fragilidad, pero también su carácter. Hay algo en ella imperecedero. En “Dr.Zhivago” (1965) borda su papel, en “Fahrenheit 451” (1966) eleva de categoría su trabajo y en “Lejos del mundanal ruido” (Far for the Madding Croad, 1967) simplemente roba el corazón. La otra debilidad es Jacqueline Bisset. También son sus ojos, qué demonios, pero qué decir de su boca o de sus pómulos… La descubrí, creo, en “Bullit” (1968) y desde entonces me visita a hurtadillas.

JACQUELINE BISSET

JACQUELINE BISSET

Las estrellas más rutilantes de los cincuenta, protagonizaron algunos de sus papeles más inolvidables en los sesenta: Elizabeth Taylor fue «Cleopatra» (1963) e hizo uno de sus dramas más impactantes en «¿Quién teme a Virginia Woolf?» (Who´s afraid of Virginia Woolf?, 1967).

ELIZABETH TAYLOR es Cleopatra

ELIZABETH TAYLOR es Cleopatra

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KIM NOVAK

Mientras, Kim Novak desquiciaba a Kirk Douglas en “Un extraño en mi vida” (Strangers when we meet, 1960) y fue “La misteriosa dama de negro” (The Notorious Landlady, 1962). Jean Simmons protagonizó por su parte “Espartaco” (Spartacus, 1960) y “El fuego y la palabra” (Elmer Gantry, 1960), entre otras.

JEAN SIMMONS

JEAN SIMMONS

Y poco antes de perder la vida, incluso Marilyn Monroe demostró que podía ser una excelente actriz dramática en «Vidas rebeldes» (The misfits, 1961). Un papel inolvidable.

MARILYN MONROE

Querido Juan Yankovich: Espero haberte compensado en parte. Aquí tienes la primera entrega de nuestras mujeres. Volveré a escribirte desde los setenta. Un abrazo, jay.

Sergio Barce, junio 2011

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Diálogos de películas 6

“Annie Hall” (1977) de Woody Allen

 …y recordé aquel viejo chiste. Aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: doctor, mi hermano está loco; cree que es una gallina. Y el doctor responde: ¿pues por qué no lo mete en un manicomio? Y el tipo le dice: lo haría, pero necesito los huevos. Pues eso es más o menos lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿sabe? Son totalmente irracionales, y locas, y absurdas; pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos…

«Laura» (1944), dirigida por Otto Preminger:

Vincent Price:   ¡Waldo, no vuelvas a insinuar que tengo algo que ver con el asesinato de Laura.
Clifton Webb:   De acuerdo, Shelby, no volveré a insinuarlo: tú has asesinado a Laura.

ALFIE es Michael Caine

ALFIE es Michael Caine

“Alfie”  (1966) de Lewis Gilbert  

  “Alfie” (2004) de Charles Shyer

Yo me adhiero a la filosofia europea de la vida: mis prioridades son el vino, las mujeres y… bueno, eso es todo: vino y mujeres.

ALFIE es Jude Law

ALFIE es Jude Law

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 “Big Fish”  (2003) de Tim Burton

 Para tu padre había dos mujeres en el mundo. Una de ellas era tu madre. La otra eran el resto.

“Los puentes de Madison” (The Bridges of Madison County, 1995) de Clint Eastwood

 Clint Eastwood:    No quiero necesitarte.
Meryl Streep:    ¿Por qué?
Clint Eastwood:    ¿Por qué? Porque no puedo tenerte.

CLINT EASTWOOD &  MERYL STREEP en Los puentes de Madison

CLINT EASTWOOD & MERYL STREEP en Los puentes de Madison



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Volvamos a ellos, a GROUCHO y a ALLEN

Hannah y sus hermanas (Hannah and Her Sisters, 1986) de Woody Allen

Woody Allen:  

Mi tío Phil cayó muerto de repente jugando al squash… El médico se lo había recomendado para la salud.

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 Copacabana (1947), de Alfred E. Green

Groucho Marx:   

¿Le gustaría ver su nombre en un letrero luminoso?

Carmen Miranda:   

¿Por qué? ¿Es usted electricista?

Groucho Marx:   

No, pero tengo buenas conexiones (alzamiento de cejas de Groucho) 

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SUEÑOS DE SEDUCTOR

Sueños de seductor (Play it again, Sam, 1972) de Herbert Ross

¿Por qué tiene que preocuparme tanto el divorcio? ¡Qué demonios! ¡Hasta puede que esté mejor sin ella! ¿Por qué no? Soy joven, tengo buena salud, un buen trabajo. Quizá sea ésta la oportunidad de que me divierta un poco. ¡Ja! Si ella quiere divertirse, yo también. ¡Hum! Convertiré esto en un night club. ¡Ya verán las chicas que traeré aquí, ya verán! Bailarinas, trapecistas, ninfómanas, protésicas dentales…


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Una noche en Casablanca (A night in Casablanca, 1946), de Archie Mayo

Tenemos que prosperar: si un cliente pide un huevo a los tres minutos, se lo daremos en dos; si lo pide en dos, se lo daremos en uno; y si lo pide en uno, le daremos una gallina y que se arregle como pueda.

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Scoop (2006) de Woody Allen

-Bueno, verás, tú eres la hija que nunca tuve
-¡Oh! qué tierno…
-No, era broma, porque yo nunca quise tener hijos, no, no quise, porque tener hijos… ¿qué es eso? Mira, eres bueno con ellos, los crías, sufres, cuidas de ellos y luego crecen y te acusan de tener Alzheimer…

scoop

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