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RESEÑA DE JOSÉ LUIS RAYA SOBRE «TODO ACABA EN MARCELA», DE SERGIO BARCE

Una nueva reseña sobre Todo acaba en Marcela (Ediciones Traspiés), esta vez de la mano del escritor, articulista y profesor José Luis Raya que se ha publicado en «La Oruga Azul». Una vez más me sorprende el efecto que provoca mi libro, sobre todo cuando lo hace en otro narrador. Le hace sentir a uno bien, la verdad sea dicha. Y es de agradecer, infinitamente, todo cuanto dice de la novela. Así que le doy las gracias por su generosidad.

Aquí tenéis el enlace para leer esta reseña:

  https://laorugazl.blogspot.com/2024/06/todo-acaba-en-marcela-de-sergio-barce.html

 

JOSE LUIS RAYA
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«SANTA MARÍA DEL CIRCO», UNA NOVELA DE DAVID TOSCANA

“Aunque Balo salía disparado de su cañón gracias a un resorte, simultáneamente se hacía tronar una pequeña carga de pólvora. El ritual de encender la mecha, así como la explosión, el flamazo y el posterior olor a quemado le daban al espectáculo una mayor dosis de realismo. Su acto siempre iba antes de los trapecistas, pues se aprovechaba para ambos el tendido de la red; además, Balo debía preceder a los Cabriolé porque el espectáculo iba in crescendo, y un hombre disparado diez metros era poca cosa frente a tres hermanos dando mil piruetas por los aires. En un principio, Balo sólo se metía en su cañón, se detonaba la carga, volaba hacia la red y sanseacabó; pero don Alejo le reclamó que le pagaba demasiado como para entretener al público apenas diez segundos. Le habló de mademoiselle Zazel, una hermosa mujer lanzada desde un cañón de madera a una altura de doce metros, <y no caía sin riesgo en una red; no, señor, en lo más alto de su trayectoria era tomada por un trapecista>. Para Balo no había punto de comparación si era lanzada de un artefacto de madera, podía equipararse a un dardo o a una flecha, pero jamás a una bala. Don Alejo hizo hincapié en que el asunto no era cómo llamar el proyectil, sino que aquella mujer le estaba dando una lección de agallas. Balo aceptó rediseñar su acto, e involucró tanto a la Orquesta Festival como al anunciador. El percusionista se la pasaba con el sonsonete de tambor que en el ámbito circense indica el advenimiento de algo peligroso, en el ambiente procesal acompaña a un hombre al cadalso, y en cualquier situación termina con un golpe de bombo y platillo. En medio de la pista y entre cada tamborileo, Balo se despedía de algunos compañeros para insinuar al público su probable muerte; luego inclinaba el cañón mediante unas poleas, y hacia afuera rodaban tres balas con un diámetro muy inferior al del cañón. Hércules las recogía y realizaba un par de malabares torpes con ellas. Balo accionaba de nuevo las poleas para apuntar el cañón en un ángulo justo de sesenta grados. Subía una escalera y metía medio cuerpo. Su traje rojo de vivos naranjas era lo más vistoso del circo. El anunciador hablaba sobre los cientos de hombres que en la historia del circo habían muerto por intentar ese temerario acto y que, toda proporción guardada, en épocas remotas había sido una de las tácticas de guerra más importantes, pues para entrar en ciudades amuralladas, los guerreros visigodos eran arrojados con catapultas. <Jamás hubo hombres más valerosos que aquellos visigodos, y ahora sólo en Balo encuentran un igual.> Tomaba una antorcha de mango largo, él mismo encendía la mecha y se persignaba antes de desaparecer en la boca del obús. La mecha antigua tardaba entre cinco y diez segundos en consumirse; la nueva, tardaba cerca del minuto; en unos prolongaba la tensión, en otros provocaba impaciencia. Entonces la Orquesta Festival tocaba los acordes finales de la Obertura 1812, y el hombre bala, en medio de un tronido, una humareda y la total expectación del público, salía disparado hacia la red. Don Alejo se sintió más satisfecho con el acto, pues ya entretenían a la gente alrededor de cinco minutos; no obstante, siempre insistió en que hacía falta de veras arriesgar la vida y le sugirió a Balo prenderse fuego en la ropa o acomodar unas picas envenenadas bajo la parábola entre el cañón y la red. Balo no se atrevió a ni a una ni a otra cosa…” 

Este párrafo pertenece a la novela Santa María del Circo, del escritor mexicano David Toscana. Con una prosa elegante, muy bien trenzada y un gran sentido del humor que preña toda la historia, nos relata la curiosa y estrafalaria historia de unos artistas de circo condenados por las circunstancias a vagar por páramos desolados hasta encontrar un pueblo fantasma donde deciden rehacer sus vidas.

Los personajes son fantásticos: Hércules, don Alejo, Balo, Mágala, Natanael, Narcisa, Barbarela, Mandrake, Fléxor… Incluso lo son sus nombres. Hilarante el día en el que deciden sortear las labores que desempeñará cada uno de ellos en el pueblo que han tomado casa por casa.

Se pasa bien leyendo a David Toscana. Y en esta historia, con ecos de Rulfo y de la novela mágica, también hay una aguda reflexión sobre la condición humana, sus miserias, sus pequeñas desilusiones y sus ingratas frustraciones. Me ha gustado mucho esta novela que me ha llevado a tierras inhóspitas para hacerme reír con las penurias de unos desgraciados sin futuro. Humor negro de la mano de buena literatura.

“…Prefiero las bibliotecas con libros de madera. Lucen más bonitos, son más fáciles de sacudir, en caso de incendio no se prenden tan rápido y, lo mejor de todo, no tienen páginas. Además poseen un mayor valor de reventa…”

Esto afirma uno de los personajes, una sentencia de lo más sarcástica saliendo de la pluma de un escritor. Pero así es Santa María del Circo, de David Toscana, publicada por Editorial Candaya, una novela a contracorriente, irreverente y original.

Sergio Barce, 23 de junio de 2024  

      

  

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«TODO ACABA EN MARCELA», SEGÚN GUILLERMO BUSUTIL

El gran Guillermo Busutil, Premio Nacional de Periodismo Cultural 2021, ha tenido la gentileza y la deferencia de analizar mi novela «Todo acaba en Marcela» (Ediciones Traspiés) en El Ojo de Gutenberg. No ha podido ser más generoso en sus palabras. Me parece genial cómo la resume en una escueta frase: la vida desguazada.  

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«TODO ACABA EN MARCELA», DE SERGIO BARCE, EN PALABRAS DEL ESCRITOR ANTONIO ABAD

Hace unos días, recibí un correo eletrónico del escritor melillense Antonio Abad autor de novelas tan emblemáticas como Qedbani, La mudanza o El renegado. Antonio acababa de leer mi novela Todo acaba en Marcela. Y, aunque desvela parte de la trama, sin embargo sus palabras me parecen tan exquisitas y tan bien trenzadas que no me resisto a transcribirlas:

«Querido Sergio, en ti Todo acaba en Marruecos. Marcela lo sabía, lo supo en el momento justo en el que Teo el Bizco levantó su martillo para matarla. Lo había mirado a sus ojos, mejor dicho a ese ojo estrábico que se había clavado en los suyos, y además de adivinar la tormenta criminal que se abalanzaba sobre ella, vio otra tormenta en el poblado de Khemis Sahel, muy cerca de Larache, con las torrenteras enfangando caminos y pertrechos junto a la casa de los Sbiti donde la infeliz Qodsya templaba su venganza. Era la suya y al mismo tiempo también la de Marcela. Y es que todo se podía presentir en ese ojo asesino. Es cierto que la sangre la cegaba, pero otra sangre quizás más abundante, la de los corderos sacrificados en la fiesta de Aid el Kebir, y sobre todo la del hijo de puta y muy cabronazo que le estaba quitando la vida, igualmente corría apestada y fangosa bajo las gumías de Dris y Abdelmahid, los hermanos de Qodsya, para desagraviarla a ella y de paso a ti, Marcela, antes, mucho antes de que el inspector Ivan Sotogrande le pegara un tiro de gracia al muy miserable Teodoro Aguilar Castro.

Yo que no soy lector del género negro (he leído bien poco, algunas por obligación de mi amigo Juan Madrid) tu libro, sin embargo, tengo que decirte que me ha hecho perder mis reticencias a este tipo de literatura. Un gran acierto ese guiño a Marruecos para ultimar el desenlace.

Mis felicitaciones y un gran abrazo.

Antonio Abad»

 

 

 

    

LOS ESCRITORES MOHAMED LACHKAR, MIGUE A. MORETA-LARA, SERGIO BARCE Y ANTONIO ABAD
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«TODO ACABA EN MARCELA», DE SERGIO BARCE, SEGÚN TINA SUAU

Me llega otro comentario o reseña sobre mi novela Todo acaba en Marcela (Ediciones Traspiés). En esta ocasión, de la catedrática de Filología Tina Suau, que, además, es una tanyaui de pura cepa. Así que sus palabras tienen doble valor para mí. No me resisto, con el previo permiso de ella por supuesto, a compartir las sensaciones que ha experimentado con mi libro. 

Sergio Barce, 16 de mayo de 2024

«Hola, Sergio, aquí van mis comentarios sobre “Todo acaba en Marcela”.

Te felicito por una buenísima novela, Sergio, eso para empezar.

He leído tu Marcela con mucho interés, por ser tuya y por las reseñas que te han hecho. Aparte de lo que ya se ha dicho, yo detectaba algo más en tu narrativa, y creo que ya sé lo que es. Se trata de tu estilo, claro, es parte de lo que me hace amar o no amar una novela.

Estoy de acuerdo con lo que dijo Susi Bonilla y otros, respecto a la visión cinematográfica que transmites, respecto a la crudeza que describes, respecto a la narración febril tan típica de novela negra, respecto a las “parejas” de personales: Marcela/Qodsya, Teo el bizco/Los hermanos de Qodsya, Ivan Sotogrande/Sadik Oubali, y los lugares dobles: Málaga/Tánger, barrios de Málaga/Khemis Sahel. No sé si es parte de tu diseño de la novela, o si te salió así de natural. La cuestión es que están ahí.

También tocas temas éticos muy interesantes, sobre cómo deben actuar los policías, y por supuesto, la violencia de género. Pero no solo va de violencia de género, es solo uno de los temas. La novela es para mí como un mosaico de todo lo que te estoy diciendo, a nivel temático, pero también a nivel formal, de escritura. Quizá por mi deformación profesional –soy filóloga y llevo años analizando el discurso-, he creído observar, además de lo anterior, otras características, que para mí son la esencia de tu narración y de tu estilo.

Por una parte, vas describiendo HECHOS, narrados cronológicamente y con algún flashback, hechos que son los puntales de la historia, desde el brutal asesinato de Marcela, hasta la también despiadada reacción de Dris y Abdelhamid, con la guinda del pastel que aporta Iván. Por otra parte, la narración va alternando estos hechos objetivos con descripciones emocionales subjetivas, que son para mí la salsa de tu estilo narrativo. Antes y después de cada hecho, de cada acto, hay una profundización emocional tanto de lo que sienten los personajes, como de lo que al lector le quieres transmitir, describiendo las situaciones con muchas, pero muchas metáforas e imágenes destinadas a causar sensaciones. Aquí es donde está uno de los secretos para mí.

Me he fijado en la cantidad de veces que utilizas la palabra “como”, muchísimas. Los “como” te sirven para hacer comparaciones plagadas de sensaciones e iniciar esas imágenes conectadas con sentimientos –de asco, de rabia, de dolor, de amor- que tú quieres transmitir, y lo consigues. Todo esto lo vas encauzando con completo dominio y te metes al lector en el bolsillo, causando una tensión enorme que tiene su punto álgido en Khemis Sahel, donde explota, y luego viene la liberación…es, perdóname la expresión y la confianza, como un orgasmo (espero que no te moleste esto). ¡¡Chapó!!

Me ha emocionado especialmente cómo describes el encuentro de Iván con su amigo Sadik y su familia. Se trasluce ahí con infinita dulzura tu amor por Marruecos, por Tánger y por sus gentes.

¡Enhorabuena y un abrazo!

Tina Suau» 

Tina Suau y Sergio Barce
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