Archivos Mensuales: junio 2011

recordatorio: MADRID – este Jueves, 30 de Junio, en Casa Sefarad, LA CIUDAD DEL LUCUS y LARACHE

Como ya anuncié hace pocos días, este Jueves, 30 de Junio, en Casa Sefarad, con ocasión de la reciente publicación de

LA CIUDAD DEL LUCUS de Luis María Cazorla

un encuentro en torno a Larache...

Larache ha despertado una inefable atracción literaria en autores de diferentes épocas: León el Africano, Luis de Góngora, Ali Bey, Tomás García Figueras o Mohamed Chukri, entre otros. Más recientemente, el prestigioso jurista y escritor Luis María Cazorla ha publicado una novela que bajo el título <La ciudad del Lucus> devuelve al lector a los antecedentes y el decurso del Protectorado Español de Marruecos. En <La ciudad del Lucus> aparecen personajes históricos como Fernández Silvestre o Ahmed el-Raisuni y se describe con maestría la atmósfera política y militar de aquéllos días pero también la vida cotidiana que transcurre en los cafés, en los comercios, en las calles.

Casa Sefarad propone un encuentro abierto al público entre personas vinculadas emocional y artísticamente a la ciudad de Larache. El propio Luis María Cazorla concurrirá en una mesa redonda moderada por el crítico y jurista Eduardo Torres Dulce en la que participarán Sam Bengio, Presidente de la Comunidad Judía de Madrid, Gabriela Grech (autora del proyecto fotográfico Larache-Al Araich) y el escritor Sergio Barce (autor, entre otros, de <Últimas noticias de Larache y otros cuentos>).

30 de junio, 19.30 horas
Palacio de Cañete (Mayor, 69) Acceso gratuito

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LARACHE vista por… ITZIAR GOROSTIAGA – fotografías 5

    Algunas imágenes de Itziar Gorostiaga no necesitan comentarios. Están ahí atrapando el instante de los larachenses en sus quehaceres, como Rachid, en su pequeña tienda de la Medina, junto a la Maison Haute, o los panaderos de la ciudad vieja que nos atraen con sus tortas de pan recién hechas, expuestas en sus mostradores de madera, el atrayente olor del pan recién hecho que no es más que un juego de magia.

Hay colores y olores en Larache, sus colores y sus olores. El olor de sus calles, que supuran a pescado y a salitre en el embarcadero, y en la Lonja, y a la entrada del puerto.

Huele a sardinas asadas cuando bajas la cuesta que te lleva al marsa, el lugar en el que los marineros se reúnen al mediodía para contarse sus cuitas, sus frustraciones, sus luchas con la mar. Hay atunes abiertos en canal, aguja palá… Los chiquillos corretean alrededor, pensando ya en marcharse a coger una barca que les lleve a la playa.

El olor del Mercado Central. Las especias hacen que tu nariz sienta un leve picor, suave, es el culantro, el pimentón, el azafrán, y las naranjas, y las sandías y los melones cortados por la mitad, huele al pescado que se exhibe en los mostradores de mármol, y huele a aceitunas aliñadas, a mandarinas, a higos y a uvas. No me resisto a coger una breva, y al morderla noto un cosquilleo en la boca. Los tomates estallan en rojo. Luego, llega el olor más seco de las carnes, carne de cordero, alguna cabeza cuelga de los ganchos de los tenderetes, igual que las chuletas de ternera, y las gallinas y los pollos desplumados y sin cabeza. Olores que acuden vertiginosos a recibirnos, a acompañarnos mientras cruzamos el edificio neonazarí del hermoso Mercado, la Plaza. Hay otros mercados en Larache, esos que abren por la noche y nos brindan un espectáculo alucinante de colores chillones y dramáticos.

Y están los colores. Esos que salen de una paleta milagrosa que se encarga de impresionar a los que se asoman al Balcón del Atlántico. Todos los tonos de azul y celeste, el añil, y el crepúsculo enrojecido, un infierno que no es infernal sino esplendoroso. Se confunden entre el alminar de la mezquita y el cementerio cristiano los blancos y azules, los padrenuestros y las aleyas, una confusión de voces con diferentes colores, nada ajenos, nada enfrentados, al contrario, allí siguen conviviendo, en el sordo eco del recuerdo de quienes yacen bajo la tierra, en el murmullo reiterativo de quienes rezan tras esas paredes cubiertas por un techo verde siempre de esperanza.

Y está el olor y los colores grises de la barra, cuando el mar se encrespa, y los pesqueros se atreven a cruzarla, y el espigón, y las olas rompiendo en el estruendo de su lucha inútil y eterna. Olores y colores de Larache, mil gamas, mil sensaciones, mil recuerdos impregnados en nuestra piel…

Sergio Barce, junio 2011

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DICCIONARIO DE COLL – 2ª entrega

Tip & Coll

Ahí van otras de las palabras «inventadas» por el humorista José Luis Coll, recogidas en su famoso diccionario, del que ya di cuenta hace días:

  • ABORTAJE: Acción de parir antes de tiempo en las mujeres piratas, durante el asalto al barco enemigo.

  • BUTA: Bujer de bala rebutación que cobercia con su cuerbo.

  • CATAPUTA: Antigua máquina militar que servía para lanzar putas contra los castillos asediados.

  • ESTÍO: Y el otro, sobrino.

  • ESTUPROR: Violación con asombro. (Cuando es el hombre el agente ejecutivo no se da el estupror, solamente cuando es la mujer. O sea, siempre)

  • HARPONERO: Uno de los hermanos Marx, aficionado a la pesca de la ballena.

  • JUELGA: Paro colectivo de un tablao flamenco.

  • PRESTIDIGESTADOR: El que embaraza a la hembra por arte de magia.

  • QUE: Pronombre relativo. O sea, que a lo mejor, ni es pronombre.

  • SUIZIDIO: Quitarse la vida en Suiza.

  • VULGARCITO: Personaje de cuento infantil, sin la menor importancia ni detalle digno de ser destacado.

  • YOCASTA: Eso no hay quien se lo crea.

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MOHAMMED LARBI BOUHARRATE, poeta larachense

MOHAMMED LARBI BOUHARRATE

Nacido en Larache, Mohammed Larbi Bouharrate es Licenciado en Lengua y Lietartura Francesas por la Universidad Mohamed V de Rabat, y se doctoró en la Universidad Católica de Nimega (Holanda). También es Diplomado en Inglés por la Universidad Libre de Bruselas (Bélgica).

 Ton réveil mon délire

 Larache

Ma ville/ténèbres

Enceinte rouillèe annulant le jour

Ombre éclipsée

J`épingle ma blessure sur ton front

Je dépose ma plainte dans tes yeux

Et j´allume tes paupières

Regarde mon CORPS à même l´asphalte

J´ai mal dans notre thébaîde

Dans le vide/suicide

De nos regards

J´ai mal dans notre sommeil homicide

Dans le mutisme translucide

De nos mémoires

Larache

Vertige du jour dans l´abysse

Rêve buccal au´delá du délire

Stèle défiant le soleil

C´est pour quand le REVEIL ???

                    (de su libro Je suis nous)

En el año 2006, durante las Jornadas Culturales que organizamos <Larache en el Mundo> y <Al-Mada>, Larbi Bouharrate presentó su poemario <Des jours et des nuits> (Racines Editions – Rabat). Dividida la obra en dos partes, <des jours> y <des nuits<, esta segunda comienza con los versos siguientes…

Temps

saisons furtives

vers quelle pente

noueuse serpenter la

marge où papillonnent

les aiguillons

les volets des cadrans

se rabattraient-ils sur

le naufrage des ans!

Recuerdo que el día anterior a la presetación, el libro aún se encontraba en imprenta y no estaba muy claro si lo tendrían listo con tiempo suficiente; pero, como suele suceder en Larache, se obró el milagro: Larbi se marchó por la mañana a Rabat y, media hora antes de iniciarse el acto en la Casa de la Cultura de Larache, apareció con su coche y en el maletero traía una caja llena de sus ejemplares, flamantemente editados. Todo se solucionó en el último segundo, y el autor pudo leer sus poemas y presentar su nuevo libro, que, por cierto, es un magnífico libro de poemas en francés.

Mohammen Larbi Bouharrate, Mohamed Laabi & Ahmed Demnati, tres autores larachenses durante la presentación del libro

un gouffre s´ouvre

grince dans ma bouche

éjacule l´ire tentaculaire

sur vos têtes

carrefours de mille et un chemins

sans commencement

ni fin

A

tue-tête

 

——————-

 

A

nulle autre pareille

fardée d´absence

opaque… dedans…

dehors insatiables

ventre rendu abîme

ruines de siècles

descellés

sur naufrage

esseulé…

 

———————

 

Désemparé

a l`ombre èquivoque

mirage au coeur

automnal

tes doigts comme la mort feuilletent

les pages silencieuses que le temps

émousse à tes pieds…

 

Mohamed Laabi, Sergio Barce, Fernando de Ágreda, Pablo Barce, Abdellatif Limami & Mohammed Larbi Bouharrate, en la Casa de la Cultura de Larache

 Mohammed Larbi Bouharrate ha colaborado como articulista en diarios marroquíes (<Liberation>), en la revista francesa <Europe> y en la belga <Le journal des poétes>. Ha participado en lecturas de textos en radio y televisión, así como en jornadas culturales y encuentros poéticos; y ha confeccionado la ilustración de postales de <Visages du Maroc>. Cantautor y poeta, en el año 1978 publicó el libro de poesía <Je suis nous> (Imprenta Cremades, Larache) y en 2006 el antes referido poemario  <Des jours et des nuits>.  Contacto :  lbouharrate@hotmail.com

 Sergio Barce, junio 2011

 

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Cuadernos de Cine: LAS ACTRICES DE LOS 60 (Va por ti, Yanko)


Un amigo me ha escrito el siguiente sencillo mensaje que, más o menos, dice así:  “Mucho Larache, mucho Marruecos, mucho relato, mucha  novela… ¡A ver si hablas de mujeres!

      Me siento obligado a complacerle, primero porque somos amigos desde la infancia, segundo porque no viene mal un paréntesis, y porque si, además, como dice él, se trata de mujeres, la cosa pinta aún mejor. Además, me apetece hacerlo.

      Me gusta el cine. Pertenezco a esa generación que ha crecido con James Bond, con Clint Eastwood y con ese cine maravilloso de los sesenta y setenta; pero también somos los que hemos pasado las tardes de los sábados viendo en la televisión viejas películas de aventuras (Tarzán, Errol Flynn, Sabú, John Wayne o Tyrone Power), los ciclos que ponían los martes por la noche (de Bogart, de John Ford, de Hitchcock), de los que nos asomábamos a “La Clave” para descubrir los mensajes que encerraban las películas clásicas, hemos sido los dueños de las sesiones dobles, de los spahetti-westerns, de los cines de verano (cómo olvidar el sonido de las películas en esas salas al aire libre), hemos imitado a Bruce Lee y nos impactó “El luchador manco”, nos inquietaba Drácula con el físico de Christopher Lee, o su Fu-Manchú, y la noche de Walpurgis con Paul Naschy, nos hemos escapado a los cine-clubs para ver los films de Bergman, Kurosawa, Fellini o Fassbinder (pero también, y sobre todo, a las primeras salas X, y nos tragamos “Cuerno de cabra” y admiramos a “Emmanuelle”); y luego llegaron en los setenta Coppola con su padrino, Spielberg con su tiburón y Lucas con sus galaxias, seguimos a Truffaut, a Visconti, a Godard, y mientras éramos testigos del envejecimiento de Henry Fonda, Burt Lancaster o Robert Mitchum, veíamos madurar a Paul Newman, Steve McQueen o Marlon Brando, y surgían Pacino, de Niro y Nicholson, y hemos seguido yendo al cine, y nos hemos convertido en la única generación a caballo entre el cine más clásico y el cine más moderno y actual, lo hemos visto todo…

      Desde pequeño me han llevado a ver películas. Mis padres lo hacían cuando aún estaba en el capacho, así que es como si lo hubiera mamado desde la cuna. Iba a hablar de mujeres, de mujeres de película, pero me he dado cuenta de que hay tantas que me han fascinado por alguna u otra razón que he decidido cortar por lo sano, y este primer capítulo sobre mis musas de celuloide se lo dedico a las que llenaban las pantallas de los años sesenta… Trataré de marcar a cada actriz con alguna de sus películas emblemáticas de ese decenio alocado.

SHIRLEY EATON en Goldfinger

     Ya he dicho que crecimos con James Bond. Y, junto a este personaje de Ian Fleming, están las “chicas Bond”. Entre todas ellas, hay una efímera (por el corto tiempo que está en pantalla, en concreto en “Goldfinger” (1964)), pero que a los cinéfilos nos marcó de alguna forma: Shirley Eaton.  Era preciosa. Aparece al comienzo del film “Goldfinger” pero, a las primeras de cambio, la asesinan de la forma más cruel pero también original –cinematográficamente hablando-: bañándola en oro…

URSULA ANDRESS en Dr. No

URSULA ANDRESS en Dr. No

Ese cuerpo desnudo cubierto de púrpura es una escena imborrable; como el bikini (eso es un eufemismo, en realidad el atuendo era lo de menos y lo importante era el “cuerpo”) de Ursula Andress al salir del mar en “James Bond contra el Dr. No (Dr.No, 1962).

HONOR BLACKMAN en Goldfinger

HONOR BLACKMAN en Goldfinger

 Honor Blackman era otra chica Bond de “Goldfinger”, quizá la que más me impactó: atractiva, inteligente, resolutiva, aquellos ojos. Sean Connery disfrutó con todas ellas.

Pero como le ocurre al personaje de Tim Robbins en “Cadena perpetua” (The Shawshank redemption, 1994), me quedo con la rotunda Raquel Welch de “Hace un millón de años(One Million years B.C., 1966), con aquella ropa prehistórica de diseño, que nos hacía soñar con esas mujeres primitivas que luego la productora Hammer exprimiría en pequeñas películas baratas.

RAQUEL WELCH en Hace un millón de años

RAQUEL WELCH en Hace un millón de años

Y así, gracias a la estela de Raquel, llegaron Martine Beswick (chica Bond tanto en “Dr. No” como en “Desde Rusia con amor”, y que acompañaba a la Welch en sus aventuras entre dinosaurios) o Caroline Munro (vista en “Casino Royale” -1966- y que fue una de las habituales de los films de terror de esos años).

MARTINE BESWICK

MARTINE BESWICK

Como también la exótica actriz palestina Daliah Lavi (otras de las chicas de “Casino Royale”, e inolvidable en “Lord Jim”- 1964-).

DALIAH LAVI

DALIAH LAVI

Y, por supuesto, Linda HarrisonCharlton Heston encontró a Linda en un bosque mientras huía de los monos en “El planeta de los simios” (Planet of the apes, 1968), y se convirtió en otra imagen grabada en nuestro subconsciente –masculino-, con sus enormes ojos que miraban atónitos a ese hombre que pensaba y hablaba como si fuera otro simio…

LINDA HARRISON en El planeta de los simios

LINDA HARRISON en El planeta de los simios

Y nos inflamaban la imaginación las míticas B.B. y C.C.; así llamábamos a Brigitte Bardot y a Claudida Cardinale.

B.B.

B.B.

Inolvidables una en “La verdad” (La vérité, 1960) y la otra en “Los profesionales” (The profesionals, 1966). Aunque hubo muchas más películas con ellas, por supuesto. Hasta que en el 71 rodaron en España un film juntas: “Las petroleras”.

C.C.

C.C.

Luego estaban las actrices francesas (o de otros países que los franceses adoptaban, inteligentemente, menudos truhanes son para apropiarse de lo que merece la pena), actrices que refulgían en films de la nouvelle vague, sofisticadas, bellas, frágiles, sensuales a un tiempo: mi amigo Jesús dice que la primera película que recuerda es “Un hombre y una mujer(Un homme et une femme, 1966), y que no puede olvidar a su protagonista, la delicada Anouk Aimée; que antes fue la hermosa “Lola” (1961), pero, en realidad, nadie de los que la vimos la hemos olvidado.

ANOUK AIMÉE es Lola

ANOUK AIMÉE es Lola

Y por entonces triunfó la “Belle de jour” (1966), Catherine Deneuve, de la que se dice que tiene un pacto con el diablo (a mí siempre me pareció demasiado gélida, pero he de reconocer que es de una belleza evidente e imperecedera). Jeanne Moreau se convertía en musa de Truffaut en «Jules et Jim» (1962) y lo fue de Orson Welles.

CATHERINE DENEUVE

CATHERINE DENEUVE

***

JEAN SEBERG

JEAN SEBERG

Jean Seberg. ¡Ah, Jean Seberg! Cuánto sufrió por amor. Clint Eastwood la utilizó durante el rodaje de “La leyenda de la ciudad sin nombre” (Paint your wagon, 1969) y luego la dejó sin más, y eso le provocó un trauma del que, se dice, jamás se recuperó. La Seberg venía de la irrepetible “Al final de la escapada(A bout de souffle, 1959) y se convirtió en la perturbadora “Lilith” (1964).

ROMY SCHNEIDER

ROMY SCHNEIDER

Y qué decir de otras musas del cine de los sesenta: Delphine Seyrig, protagonista de “El año pasado en Marienbad” (L´année dernière à Mareinbad, 1961). Y cómo no enamorarse de aquella Romy Schneider (en cuanto dejó de ser la tontorrona de Sissi y se convirtió en una mujer de verdad me dejé embaucar por su mirada, por su pálida sonrisa, por ese aire melancólico de sus gestos), y quise ser Alain Delon en “A pleno sol” (Plein soleil, 1960) para nadar con ella.

Ahí van las tuyas, Jesús, esas otras tres más que tanto te apasionan:

ANNA KARINA

ANNA KARINA

Anna Karina, tan francesa ella quizá porque era danesa, en “Una mujer es una mujer” (Une femme est une femme, 1961), y “Vivir su vida” (Vivre sa vie, 1962), musa de Godard, claro; y Corinne Marchand, la de “Cleo de 5 a 7” (1962). Te dejo para el final a Marina Vlady, no sé si es muy representativa pero cito “Los siete pecados capitales” (Les sept péchés capitaux, 1962), por razones obvias. Bueno, va, y tu adorada Ingrid Thulin, belleza nórdica que deslumbró en “La caída de los dioses” (La caduta degli dei, 1969), pero que ya tenia su largo bagaje con Bergman, como en “El silencio” (Tystnaden, 1963).

INGRID THULIN

INGRID THULIN

¿Sigo? Mamma mía! ¡La Loren! Ya sé que ella es de los cincuenta, y de los sesenta, y de los setenta y ochenta, y ahí sigue, incombustible, preciosa, eterna… Sofía Loren. Ya sé, hoy sólo los años sesenta… Me impresionó la Loren en su desgarrador papel de “Dos mujeres” (La ciociara, 1960), estuvo más guapa que nunca en “El Cid” (1961) y tierna, hermosa y dolorosa, como sólo ella sabe serlo, en “Los girasoles” (I girasoli, 1969).

SOFIA LOREN

SOFIA LOREN

De una fuente, en el año 59, surgió otra diosa para los sesenta, otra diosa más carnal, más pecaminosa, más abrumadora, un icono: Anita Ekberg, que sigue ahí en la Fontana di Trevi de “La dolce vita” (1959). En 1962 fue la tentación del doctor Antonio en el episodio que protagonizó en “Boccaccio 70”, y paseó su escultural cuerpo por diversos peplums que hacían las delicias en las sesiones dobles.

ANITA EKBERG

Aparte, en otro lugar: Audrey Hepburn. También venía de los cincuenta. Irreemplazable, única, irrepetible, en esos años estuvo tierna, frágilmente abrumadora en “Desayuno en Tiffany´s” (Breakfast at Tiffany´s, 1961). Es otro icono, diferente, sutil y cercano, de cine.

AUIDREY HEPBURN

Y no me olvido de Lea Massari y de Monica Vitti, que trabajaron juntas en “La aventura” (L´avventura, 1960). La Vitti fue musa de Antonioni, pero se convirtió en referente pop y sex-symbol gracias a “Modesty Blaise, superagente femenino” (Modesty Blaise, 1966).

MONICA VITTI

MONICA VITTI

Luego, estaban las actrices que triunfaban no por sus cualidades dramáticas, sino por sus encantos físicos.  Luciana Paluzzi, Elke Sommer, Florinda Bolkan

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KATHERINE ROSS

KATHERINE ROSS

También nos atrapó Katherine Ross que logró enamorar a  Paul Newman y a Robert Redford en “Dos hombres y un destino” (Butch Cassidy & the Sundance Kid, 1969) después de hacerlo con Dustin Hoffman en “El graduado” (The graduate, 1967).

ANGIE DICKINSON

ANGIE DICKINSON

Y las había, como muchas de las que he mencionado más arriba, que eran atractivas, sensuales y buenas actrices. Americanas, como Angie Dickinson. Siempre me pareció tentadora (igual que a tío Junior en “Los Soprano”, obsesionado con acostarse con ella), que estuvo preciosa y perfecta en “Código del hampa” (The killers, 1964), en “La jauría humana” (The chase, 1965) y, especialmente, en  “A quemarropa” (Point Blank, 1967). Al igual que Lee Remick en “Río salvaje” (Wild river, 1960) y “Días de vino y rosas” (Days of wine and roses, 1962).

LEE REMICK

LEE REMICK

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FAYE DUNAWAY

Y la siempre insinuante Faye Dunaway, excelente actriz, que supo dotar a sus personajes de una mezcla de tortura interna y procacidad sexual, quizá una de las mejores intérpretes de ese decenio, y que inmortalizó a Bonnie Parker en “Bonnie & Clyde” (1967), uno de los films emblemáticos de los sesenta. Sin olvidar sus papeles en “El caso Thomas Crown” (The Thomas Crown affair, 1968), “Amantes” (Amanti, 1968) y “El compromiso” (The arrangement, 1969).

JANE FONDA es Barbarella

JANE FONDA es Barbarella

Hay más: Jane Fonda, pura vitalidad, capaz de atreverse con cualquier papel, por eso ella fue “Barbarella” (1967) y bailó hasta la extenuación en “Danzad, danzad, malditos” (They shoot horses, don´t they?, 1969).

Pero confieso que tengo dos debilidades más: una es Julie Christie.

JULIE CHRISTIE

JULIE CHRISTIE

Lo sé: sus ojos, su aparente fragilidad, pero también su carácter. Hay algo en ella imperecedero. En “Dr.Zhivago” (1965) borda su papel, en “Fahrenheit 451” (1966) eleva de categoría su trabajo y en “Lejos del mundanal ruido” (Far for the Madding Croad, 1967) simplemente roba el corazón. La otra debilidad es Jacqueline Bisset. También son sus ojos, qué demonios, pero qué decir de su boca o de sus pómulos… La descubrí, creo, en “Bullit” (1968) y desde entonces me visita a hurtadillas.

JACQUELINE BISSET

JACQUELINE BISSET

Las estrellas más rutilantes de los cincuenta, protagonizaron algunos de sus papeles más inolvidables en los sesenta: Elizabeth Taylor fue «Cleopatra» (1963) e hizo uno de sus dramas más impactantes en «¿Quién teme a Virginia Woolf?» (Who´s afraid of Virginia Woolf?, 1967).

ELIZABETH TAYLOR es Cleopatra

ELIZABETH TAYLOR es Cleopatra

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KIM NOVAK

Mientras, Kim Novak desquiciaba a Kirk Douglas en “Un extraño en mi vida” (Strangers when we meet, 1960) y fue “La misteriosa dama de negro” (The Notorious Landlady, 1962). Jean Simmons protagonizó por su parte “Espartaco” (Spartacus, 1960) y “El fuego y la palabra” (Elmer Gantry, 1960), entre otras.

JEAN SIMMONS

JEAN SIMMONS

Y poco antes de perder la vida, incluso Marilyn Monroe demostró que podía ser una excelente actriz dramática en «Vidas rebeldes» (The misfits, 1961). Un papel inolvidable.

MARILYN MONROE

Querido Juan Yankovich: Espero haberte compensado en parte. Aquí tienes la primera entrega de nuestras mujeres. Volveré a escribirte desde los setenta. Un abrazo, jay.

Sergio Barce, junio 2011

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