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LARACHE vista por… TRINA MERCADER y por Andrés Sánchez Pérez

Trina Mercader

 TRINA MERCADER nació en Alicante, en 1919. Poetisa, vivió en Marruecos, en concreto en Alhucemas y en Tetuán, pero la ciudad que realmente le marcó profundamente desde su infancia y a la que amó por encima de todo fue Larache. En Larache fundó una de las revistas literarias más importantes de la época, ya casi legendaria, la revista Al Motamid. Gracias a esta publicación, en la que colaboró asiduamente el escritor larachense Dris Diuri, comenzó a florecer un número importante de autores marroquíes que escribían en castellano.

Entre las obras de Trina Mercader destacan Tiempo a salvo (1956) o Sonetos ascéticos (1971). Trina murió en Granada en el año 1984.

En la revista Turia, que se editaba en Teruel, se publicó este pequeño relato donde Trina Mercader describe parte de la Medina de Larache. Siendo poetisa, su narración está atravesada de musicalidad y de una prosa poética dulce y envolvente.

 Sergio Barce

López Gorgé, Trina y Sabbag

UNA CALLE DEL BARRIO MORO DE LARACHE

de Trina Mercader

 Penetrar por una calle de Marruecos es abrir el libro de lo maravilloso. La luz vendrá, atravesando bóvedas, a nuestro encuentro. Porque hay que perderse, sin prisas, por el pequeño laberinto luminoso.

El barrio moro de Larache es ese laberinto de luces y sombras por donde me pierdo. Hay que aceptar la cuesta, y el guijarro resbaladizo, y la escalinata desigual y el rincón lóbrego y maloliente. Porque todo forma parte de esta escenografía ya en desuso en nuestro mundo civilizado, que nos engulle y atropella. Aquí, por el contrario, todo está a la mano, todo tiene una altura que no sobrepasa nuestra humanidad.

Medina de Larache

 La misma estrechez de la calle es agradable a nuestra estatura. Es como andar por el interior de una casa grande, familiar. La voz del mendigo ciego nos acompaña desde todos los ángulos, resonando. La salmodia del almuédano, desde su torre, es una impresión nueva a nuestros oídos. La novedad, la sorpresa nos va acompañando. Los ojos se acostumbran a la luz y a la sombra simultáneas. La cal de las paredes tiene sólo la estridencia de la luz, el propio reflejo trascendido. Mi paso se hace lento, obligadamente parsimonioso. Aquí la prisa lo rompería todo. 

Medina de Larache

Una mujer atraviesa la calle. El sol estalla en el blanco jaique y casi la transparenta. Los pliegues del manto retienen la sombra precisa, dándoles profundidad. Es un manto que tiene mucho de griego, en su cascada de pliegues a la espalda. De él emergen unos pies calzados de babuchas, blancas también, a ras del manto. Arriba, unos ojos negros, a veces verdes, en lo alto del <letam>, del velo. Acaso la tersura de una mejilla no vista, adivinada. El paso siempre es lento, comedido, remontando sin prisa la ascensión. La calle, las paredes de las casas son el marco de esa figura única, el único detalle vivo que aprisionan. La más leve esquina, una línea blanca entre lo blanco la oculta, desaparece. La calle, ahora, queda estática, más quieta que nunca, como en reposo.

Alguna puerta se entreabre. Un bisbiseo apenas perceptible, comenta en árabe: Es una nazarena. Y la puerta se cierra blandamente, sin ruido, como la voz de las mujeres en el interior de la vivienda, o como sus pasos de pie descalzo sobre la cal de las azoteas.

En el recuadro blanco de otra azotea, una mujer se asoma:

-Buenos días, dice. Y sonríe.

Larache, Medina

 Es una mujer que quiere conversación. Es la clásica mujer de siempre, atenta a cualquier posibilidad de charla. La voz del ciego insiste, se alza o se pierde, para regresar una vez más, llenando las callejuelas con su eco. De pronto tropiezo con él, a bocajarro, en una esquina. Con su cayado tantea los pequeños peldaños. Me hago a un lado y le dejo pasar, mientras inicia una vez más su petición de ayuda.

Medina de Larache

 Toda la calle asciende con mi propia ascensión. Su soberbia sube o baja su propio desnivel. Los edificios son enjutos, sobrios, de pequeñas ventanas altas que coronan las desiguales alturas. No hay tejados; sólo una terminación brusca del blanco, cortando en cubos una arquitectura sin complicaciones.

A mi lado pasan los jaiques, las severas chilabas, destacando en lo blanco el amarillo  limón de las babuchas. Los seres van como envueltos en su blancura. La calma de sus ademanes convierte cada calle en un claustro de mínimas proporciones. Claustro o celda para un pueblo religioso, en el que el silencio tiene una dimensión casi mística.

Detalle de la Medina de Larache

 En Enero de 1948, se edita en Larache, el número 11 de la Revista Al-Motamid. En este número, entre varios poemas, se recoge el siguiente escrito por Andrés Sánchez Pérez:

NOCHE DE JUNIO EN LARACHE

   A la luz de los luceros,

 

de Larache en la amplia ría,

 

moritos almadraberos

 

en sus barcos jaraneros

 

se cantan por alegrías.

 

Al escuchar cantar

 

las muchachitas judías

 

desde la Puerta del Mar,

 

pensando en Andalucía,

 

sienten ganas de llorar.

Oued Dahab – cuadro del pintor larachense Hakim el Harrak

 

 

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MOHAMED V, MONARCA REENCARNADO – una obra del escritor larachense DRIS DIURI

DRIS DIURI BEKURI nació en Larache, en 1925. Escritor, periodista y conferenciante, fue el primer escritor marroquí en lengua castellana. Fue canciller en el Consulado de Marruecos en Barcelona. Entre sus obras, como escritor, destacan: Miscelánea I y II; Luz y Oscuridad; Palpitaciones; Breve noticia sobre la historia de Larache, y otros muchos.

Cultivó la poesía, y su relación profesional y de amor platónico con Trina Mercader, ha hecho correr tinta entre los estudiosos de ambos creadores. Con ella, colaboró en la mítica revista Al Motamid.

Hoy traigo las primeras páginas de uno de sus pequeños trabajos literarios, publicado en Larache, en el año 1961: Mohamed V, Monarca reencarnado.

Es una obra curiosa, la edición está muy cuidada, cada página se separa con una hoja de papel de cebolla, delicadas, hecho de manera artesanal y primorosa. Una pequeña joya.

Hoy nos llama la atención por la grandilocuencia y el lenguaje empleado, muy propio de la época, con el que pretendía ensalzar y enaltecer la figura del monarca, Mohamed V, que, para los marroquíes, era y es sin duda un símbolo y una referencia. Hay que tener en cuenta, además, que el sentimiento nacional era muy fuerte en esos momentos, apenas cinco años después de que Marruecos hubiera logrado su independencia.

Espero que disfrutéis de esta curiosidad.

Sergio Barce

Dris Diuri

 

 

 

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DRIS DIURI, poeta Larachense

DRIS DIURI

Sobre DRIS DIURI iré publicando diversos artículos, míos y de estudiosos de su obra, así como su intensa relación, tanto poética como personal, con la poetisa Trina Mercader. Pero el primero es una sencilla semblanza de este importante escritor larachense.

En febrero de 2006, caminando por la avenida Hassan II, me topé con Toni Triviño y el hijo de Dris Diuri. Nos saludamos con la calidez de la gente de nuestra ciudad y conversamos un rato sobre el olvido en que ha caído nuestro escritor ejemplar. El hijo de Diuri, con un remanso amargo en sus pupilas, ya cansadas, me susurró que la gente se había olvidado que su padre había sido el primer escritor marroquí que había escrito toda su obra en castellano. Y eso es verdad.

Dris Diuri nació en Larache en 1925. Influenciado por sus estudios en español, que desarrolló de manera aventajada durante el Protectorado (fue considerado el mejor alumno del Norte de Marruecos), su vida fue un continuo esfuerzo por acercar las culturas de Marruecos y España.
Sus esfuerzos los encauzó a través de la literatura, colaborando primero en diversas publicaciones españolas y marroquíes, en las que aparecieron artículos con su firma.
Además de sus artículos, Diuri cultivó el teatro, la narrativa y la poesía, donde destacó como poeta del amor y del compromiso social. Sus poemas están preñados de una gran delicadeza pero sin olvidar la cruda y dura realidad que le rodea. Entre sus poemas de amor destaca « RECUERDO », donde se evidencia un sentimiento de amor inolvidable.

 

LARACHE

También fue un autor que amaba profundamente a su pueblo, a Larache, como evidencia el titulado

« A LARACHE »:

 Hermosa joya, bien pulimentada,

Céfiro dorado hecho de encajes,

¡oh, novia amorosa!, bastos ropajes,

no profanan tu mágica cascada.

Hechizo que cautiva, ¡oh, mi hada

esplendorosa!, diré, sin ramajes,

que eres mi bondad, reina de linajes,

hasta el martirio te muestra callada.

Si una voz, como la mía, que clama,

guía de tu bondad, de tu pureza,

inmarcesibles lazos, ley segura;

muestra bien la nobleza de tu fama,

y otorga a tus hijos, sí, la grandeza,

como a otros concedes la ventura.

Defensor de los derechos de la mujer marroquí, Dris Diuri plasmó estas inquietudes en su obra en prosa «Más sobre Zoraida«.
Destacan, entre sus obras, las siguientes:
Miscelánea I y II
Tragedia y realidad
Cartas a una amiga
Rimas
Breve noticia sobre la historia de Larache
Luz y Oscuridad
Más sobre Zoraida

Llegó a ocupar el cargo de Canciller del Consulado de Marruecos en Barcelona.
Dris Diuri falleció en 1978 dejándonos una rica herencia que el profesor y arabista Fernando de Ágreda, de la Universidad Complutense de Madrid, ha tratado de recopilar en diversos trabajos.

 Sergio Barce, Febrero 2006

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