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BREVE DIVERTIMENTO DE CINE NEGRO

En aquellos maravillosos carteles de las viejas películas de cine negro, se pueden leer cosas como éstas:

“Ella nació… para ser mala… para ser besada… para crear problemas”

(Deseos humanos)

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“Hielo en sus venas, carámbanos en su corazón”

(Blonde ice)

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“Le dieron un mal nombre y ella estuvo a la altura”

(Pickup)

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“Te lo dije… no sabes nada sobre la maldad” (La dama de Shangai)

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“La trampa más caliente en la que haya caído un tipo”

(Cop hater)

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“¿Tendrías el valor de hacer lo que ella hizo el día de su boda?”

(La luz brilló dos veces)

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Otros ni siquiera necesitan una frase para atraer la atención.

Gilda se bastaba por sí sola…

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Pero, como ya se adivinaba en sus carteles, el común denominador de un buen film-noir era la presencia de la vamp, de la mujer fatal, de la hembra que lleva al protagonista masculino hasta el abismo…

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Y esto me ha hecho escribir un microrrelato, que dice así:

Apreté el gatillo, y el hombre cayó de espaldas. Ella observaba la escena desde el vano de la puerta, con esa mirada turbia con la que me hipnotizara la primera noche. Ver morir a su marido no la había alterado en lo más mínimo.
-Deberíamos marcharnos cuanto antes –balbuceé nervioso.
Ella encendió un cigarrillo con tanta lentitud que me hizo creer que se habían parado los relojes.
-Yo no sé lo que tú harás, pero yo comienzo hoy una nueva vida –dio una profunda calada, y, exhalando lentamente el humo, añadió: Suerte, cariño.
Giró ese cuerpo esculpido por el pecado sobre sus abismales tacones de aguja, y, mientras salía de la casa, yo volvía a perderme estúpidamente en el bamboleo de sus caderas… Cuando la niebla la engulló por completo, miré el cañón de mi revólver, aún humeante, y sólo entonces comprendí que esa noche, de nuevo, al regresar a mi apartamento, me encontraría con la cara desmaquillada de mi mujer esperándome con ese inmaculado rictus de asco que cada día me dedicaban sus labios… 
Sergio Barce, octubre 2014

LAUREN BACALL

LAUREN BACALL

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Diálogos de Películas 7

Sabrina (1954) de Billy Wilder:

Humphrey Bogart:  ¿Cómo se dice en francés… mi hermana tiene un lápiz amarillo?
Audrey Hepburn:  Ma soeur a un crayon jaune.
H.B.:  ¿Cómo se dice… mi hermano tiene una novia encantadora?
A.H.:  Mon frère a una copine charmante.
H.B.:  ¿Y cómo se dice… me gustaría ser mi hermano?


Rebeca (1940) de Alfred Hitchcock:

Quisiera que se inventara algo para embotellar los recuerdos, igual que los perfumes, y que nunca se desvaneciesen. Y que cuando yo quisiera pudiera destapando la botella volver a revivirlos.

Plumas de caballo (Horse feathers, 1932) de N.Z.McLeod:

-Papá, te felicito. Estoy orgulloso de ser tu hijo.
-Hijo mío, me has quitado las palabras de la boca, me avergüenzo de ser tu padre.

Gilda (1946) de Charles Vidor:

Yo nací anoche, cuando le conocí a usted. No tengo pasado, sólo futuro.

Encadenados (1946) de Alfred Hitchcock:

Ingrid Bergman:  Nuestro amor es bastante extraño.
Cary Grant:  ¿Por qué?
I.B.:  Porque a lo mejor tú no me quieres.
C.G.:  Cuando deje de quererte, ya te avisaré.
I.B.:  Pero, ¿me quieres?
C.G.:  Los actos importan más que las palabras.

El hombre tranquilo (The quiet man, 1952) de John Ford :

Victor McLaglen:    Esta mañana se tomó algunas libertades con mi hermana.

John Wayne:    Sólo le deseé buenos días.
V.McL.:     Sí, pero pensaba en buenas noches.

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