El próximo 22 de marzo, dentro del marco del Festival de Cine de Málaga, se estrena el largometraje documental Ruibal, por libre, un film que profundiza en Javier Ruibal, uno de los cantautores más comprometido e influyente de nuestro país.
Esta cinta tiene un sabor muy especial para mí. Además del personaje central de la película, que me despierta todas las simpatías y una gran admiración por su trabajo (las letras de Javier Ruibal son poesía pura), hay otros factores más personales: la dirige mi amigo César Martínez Herrada, un realizador y productor que se lanza a proyectos arriesgados y diferentes; el guión es suyo y de Pablo Cantos, a quien tanto quise, a quien tanto quisimos, y al que se le rinde un maravilloso tributo con esta película, porque es una gran película documental, y se nota su profunda huella, y, por último, porque el montaje del film es de mi hijo Pablo, Pablo Barce. Así que es como asistir a una reunión de seres muy queridos.
Juro decir la verdad y nada más que la verdad: con independencia de todo lo anterior, os aseguro que la película es francamente buena, porque Javier Ruibal da para mucho juego y porque ha tenido la suerte de caer en buenas manos.
Aquí tenéis, pinchando el siguiente enlace, el tráiler de la película. No os la perdáis.
El cortometraje Cabezas habladoras, dirigida por Juan Vicente Córdoba, ya es oficialmente candidata a los Premios de Cine Goya 2017, en la categoría de Mejor Cortometraje Documental.
La noticia me hace especial ilusión por un motivo muy personal: el montaje de este magnífico cortometraje es obra de mi hijo Pablo.
Con independencia de esta circunstancia, cuando vi la proyección del corto en el Festival de Málaga de este año, ya me pareció una cinta llena de aciertos y de un nivel muy superior a otras de su categoría.
Dirigida de manera impecable, con una fotografía muy cuidada y, no puedo evitarlo, con un montaje eficaz e invisible, aborda un tema que, a primera vista, puede parecer poco llamativo: la cinta nos muestra a personas de diferente edad, profesión y clase social respondiendo dos cuestiones aparentemente simples: quiénes son ellos y qué quieren de la vida.
Juan Vicente Córdoba y María Reyes, productor y realizadora, del corto «Una caja de botones» con el que ganaran el Goya 2011 al Mejor Corto de Ficción
Y así, a medida que la película avanza, los sueños y los problemas de sus protagonistas se van mostrando en un orden cronológico tan inesperado como atractivo, detalle que dota a la cinta de una frescura y de una originalidad muy especiales. Es como descubrir la vida a través de un caleidoscopio.
Si tenéis ocasión de verla, no os la perdáis. Y recordad el nombre de un montador que dará mucho que hablar: Pablo Barce.
Sergio Barce, diciembre 2016
EL TRÁILER DE ESTE CORTO PODÉIS VERLO EN EL SIGUIENTE ENLACE:
El pasado viernes, se presentó mi novela La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal – Málaga, 2015) en Madrid, en Función Lenguaje, un espacio en el que se da cita la lectura, los talleres de literatura y la música. Jorge García se encargó de que el lugar se acondicionara para que todo transcurriera como lo habíamos imaginado.
Yo pretendía que fuera un acto original, y, por lo que me dijeron al acabar la presentación del libro, los asistentes salieron con la sensación de que habían acudido a una cita inusual.
No me voy a extender mucho, pero sí quiero dejar constancia de que cuantos intervinimos, nos involucramos totalmente. El local se cubrió de una luz tenue, que nos incitaba a la confidencia, y a la literatura y a la música. La presentación del libro corrió a cargo de mi amigo José Luis Ibáñez Salas, escritor y editor, que, tal y como transcribo más abajo, fue conciso, pero en su brevedad supo exprimir sabiamente cuando quería decir, y dijo más de lo que yo esperaba. Eternamente agradecido por su generosidad.
JOSE LUIS IBÁÑEZ SALAS
José Luis Ibáñez Salas, dijo lo siguiente:
«Buenas tardes. Quiero, lo primero, daros las gracias a todos por venir. Gracias por acompañar a un escritor-escritor, a mi amigo Sergio Barce, que pertenece a ese reducido grupo de personas que hace que todo sea mejor. Y quiero, lo segundo, darle las gracias a Sergio, por haberme invitado a hacer esta presentación, lo que para mí es un auténtico honor. Cuando Sergio me pidió que presentara su novela, le dije que por qué quería que yo le presentara su novela. Él me dio una respuesta irresistible, de esas que no admiten ni contestación ni dudas. “Porque quiero que TÚ presentes mi novela”. Eso fue lo que dijo. Y claro, así cualquiera. Me dije. Y le dije. Y aquí estoy. Aquí estamos. E igual que no me resistí entonces, hoy tampoco voy a resistirme. De hecho, procuro no hacerlo, RESISTIRME, digo. Por eso, voy a leeros algo que escribí hace unos meses, tras editar otra de las novelas escritas por Sergio, y luego de que ya hubiera leído sus magníficos cuentos del libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente. Ese algo que escribí y que no me resisto a leer hoy aquí es un poema. ¡Qué cosas, un poema!
Este poema hay escritores que te llevan a los sitios literariamente y casi literalmente tienen ese don ese oficio dorado hacen que pienses que respiras en otro lugar que has fumado incluso allí comido dormido amado al norte de África te llevan por ejemplo a mí me ha pasado a la ciudad donde nació ella así, con poco más que palabras palabras y ese ungüento de los escritores buenos esa tenaz ligazón de la que salen las frases los párrafos, los relatos a ese Balcón del Atlántico que es Larache a una encrucijada por donde yo he caminado en la cual he olido un mundo diferente allí me trasladó Sergio Barce es el escritor como no me pareció suficiente darle las gracias sin hablarle se las doy ahora con estos versos le agradezco caballero su viaje la estancia y su compañía le debo una invitación a conocer mi Madriz al Suances de sus olas y su ría a donde usted me diga
Y termino, de nuevo en prosa, recordando también que de su obra La emperatriz de Tánger escribí, NO APRESURADAMENTE, una pequeña reflexión en Facebook que va a ser cuanto diga de esta novela solemne y vital y norteafricana y mundial y tan novela. La soledad es un mundo donde se aniquila el amor y en la que el éxito no sirve para nada. Sergio Barce ha sido capaz de escribir una novela agobiante donde lo hermoso se golpea en medio de ningún sitio con lo inquietante. Ha sido capaz de regalarnos una obra donde la oscuridad es un lugar repleto de una luz efímera y acuciante. Gracias, Sergio, por concederme el privilegio de leer una literatura singular, gracias por escribir para mi alma. Sergio, tienes la palabra. Siempre tienes la palabra.»
Cuando llegó mi turno, después de ambientar con unas pinceladas lo que fue y cómo fue aquel Tánger de los años cuarenta en los que se ambienta mi novela, me convertí por unos minutos en el protagonista de La emperatriz de Tánger y fui Augusto Cobos Koller. Hablé a través de él, e inventé lo que creo que Augusto Cobos, desde la distancia del tiempo, habría pensado de las mujeres que se cruzaron con él durante ese período de su vida durante el que transcurre la trama del libro.. Era un reto fascinante, y, por lo que intuí, parece que resultó atractivo.
Mientras hablaba como si fuera Augusto Cobos Koller, la voz de Pilar Gual y el piano de Arturo Ballesteros, hacían de contrapunto. Yo detenía la lectura en el instante en el que alguna melodía debía flotar en el ambiente, y, la voz metálica pero a la vez electrizante de Pilar Gual, dejaba a nuestro auditorio en un silencio contenido. Los solos de piano de Arturo Ballesteros se deslizaban por la sala suavemente…
Entre mis palabras, que eran las de Augusto Cobos, se colaron siete temas musicales interpretados maravillosamente por Pilar y Arturo: Summertime de George Gershwin, All of me de Gerald Marks y Seymour Simons, Night and day de Cole Porter, Love for sale también de Porter, The very thought of you de Ray Noble, It had to be you de Isham Jones y, cerrando nuestra historia, por supuesto As time goes by de Herman Hupfeld.
Y entre medio de estas canciones y de las disquisiciones de Augusto Cobos, que salían de mis labios, incluso Pilar Gual se atrevió a interpretar conmigo uno de los diálogos más intensos de la novela, como una pequeña pieza teatral en medio de todo este monólogo-concierto. (Digo que se atrevió, porque yo podía fastidiar la escena en cualquier instante). Pilar estuvo sensacional (yo estuve temblando todo esos minutos).
Como siempre, muchos larachenses acompañándome: Miquel Feria vino desde Barcelona, y aunque ya había estado a mi lado en Vilafranca, quiso repetir y llegó junto a su madre, su tía y una nutrida representación familiar, un detallazo el suyo; y también estuvieron Najim Amallal, Angie Gutiérrez (que hubo de ausentarse a los pocos minutos del inicio por problemas de salud, pero que lo intentó, pese a todo, y le agradezco su esfuerzo como ella sabe), Angela García Salazar, Mohamed Abu Karim, y tres incondicionales que tengo que querer porque no dejan de acudir a mis presentaciones: Adela Manso, María Poveda González-Tablas y Gabriela Grech… Y amigos que nada tienen que ver con Larache pero que son también entrañables para mí: Charo Sánchez y César Martínez. Tuve la suerte de conocer a Margarita Zamorano, Pilar Martín, Carlos… Seguro que olvido a alguien… También asistieron tangerinos, como Arabia, que me regaló una simpática sonrisa, y que estaban muy entusiasmados con la novela. Y Lydia y Berry, claro. Y mi hijo Pablo que, como siempre, se ofrece para ayudarme y hacer de fotógrafo…
Pero no quiero acabar esta breve crónica sin dejar por escrito que nuestra presentación-concierto se la dediqué a dos personas: a Pablo Cantos, que hizo que Charo Sánchez, César Martínez, Pilar Gual, mi hijo Pablo, Lidia, Berry y yo nos sintamos unidos por el vínculo de afecto que él tejió entre nosotros, y a Silvia García, la mujer de José Luis Ibáñez, a la que nos unía nuestra ciudad común: Larache.
A la memoria de ellos dos, todo esto, y cuanto imaginamos.
Mi intervención no la voy a reproducir, pero dejaré sólo los dos primeros párrafos, como un aperitivo para que quien lo lea se imagine qué pudo venir después…
Llueve. Llueve como nunca antes ha llovido, y camino por las calles solitarias de una ciudad muerta. Todo está a oscuras, pero yo sé dónde guarecerme. No me intimidan estos callejones estrechos y sinuosos. La medina de Tánger no tiene secretos para mí, la conozco desde mi niñez, y sé qué es lo que se esconde tras esas misteriosas puertas que parecen que no se abrieran jamás…
Mi nombre es Augusto Cobos Koller. Soy de Tánger. Un tanyaui. Un auténtico tanyaui. Pero desaparecí hace muchos años, como lo hizo mi ciudad, que ya no existe, y que ya nunca volverá; porque aquel Tánger fue un sueño, una quimera, que todos sabíamos que un día se esfumaría entre nuestros dedos…
Pilar Gutiérrez-Alonso es una actriz maravillosa, que trabajó con mi añorado amigo Pablo Cantos, y ese vínculo afectivo nos acercó a los dos. Nos conocimos en la Feria del Libro de Madrid, en 2013, y volvimos a vernos este año, celebrando el cumpleaños de César y de Charo. Hablamos de cine, claro, de Pablo, inevitable, cariñosamente, y de esta etapa por la que transcurre la vida profesional de Pilar, llena de compases y de ritmo. Y también de nuevos proyectos. (Para colmo, en el buen sentido de la frase, ahora Pilar, como actriz, ha coincidido con mi hijo Pablo, como montador, en el cortometraje Cuentas y cuentos dirigido por Sergio Prado, producido por César Martínez y Pedro García Ríos, como si se ampliara el círculo que nos une).
Pilar Gutiérrez-Alonso tuvo magníficas críticas como protagonista de la obra teatral El mago de Oz. Y ahora las recibe como cantante de jazz.
Escuché su vídeo «Tea for two», tan lleno de melodías inmortales que, interpretadas por ella, se hacen incluso más cercanas. Me encanta su voz metálica, y la fragancia a calle mojada que deja cuando termina cada canción. Hay también en su voz una especie de timbre sonriente que las hace como más alegres, las transmuta en temas optimistas, sea cual sea la letra. No sé, verla actuar en esta filmación te descubre que una sala se puede llenar de magia cuando alguien regala su actuación con ese entusiasmo tan contagioso. Es un goce oírla. No dejas de mover el pie.
Sergio Barce, junio 2015
Pequeños momentos del concierto ofrecido por el duo de jazz Tea for Two en la sala JazzVille Bar Madrid, 13 de noviembre 2014 Voz: Pilar Gutiérrez-Alonso / Guitarra: Jaime Iglesias INFO: http://www.jazzteafortwo.com
En la Gala de los Goya de este año, hubo un instante en el que se me saltaron las lágrimas, y no lo digo en sentido figurado: fue cuando vi la imagen y el nombre de mi amigo Pablo Cantos en el montaje «in memoriam» dedicado a los artistas vinculados al cine que han fallecido en España en 2013.
Por eso lo traigo hasta aquí, de nuevo, para estar de nuevo con él.
Mi hijo Pablo estaba presente en la gala. Se ha encargado de filmar lo que ocurría durante la ceremonia entre bambalinas. Pero al segundo de aparecer la imagen de Pablo Cantos en la pantalla, me enviaba un whatsapp que solo decía: <¡Qué bonito!>. Estaba tan emocionado como yo.
No hay un solo día que no me acuerde de Pablo Cantos. Sigo guardando su nombre y su número de teléfono en la agenda de mi móvil, como si en cualquier momento pudiera volver a llamarme.