Archivo de la categoría: RELATOS

«LARACHENSEMENTE», UN RELATO DE SERGIO BARCE

LARACHENSEMENTE

Es el mes de julio. Hace calor. El atardecer se vislumbra sobre las palmeras de la plaza de España. Ahmed baja por la avenida Hassan II, saluda a un par de conocidos que levantan la mano a modo de respuesta en la puerta del Valencia y continúa caminando. Los pasos de Ahmed son lentos, no tiene prisa, y cuando hace este calor prefiere tomarse las cosas con tranquilidad.

LARACHE vista aerea

Se sienta en la esquina de la terraza del Café Central. Pepe Osuna lo saluda con un movimiento de cabeza, desde otra mesa. La rotonda de la plaza empieza a desperezarse de la tórrida tarde y ya se ven algunos grupos de amigos pasear de un lado a otro.

Pasan diez minutos antes de que Hamid salga del local, con su eterna sonrisa, y le pregunta a Ahmed qué va a tomar. Qué va a ser, responde encogiéndose de hombros. Hamid suelta una risotada y regresa sobre sus pasos. Ahmed lleva treinta años sentándose en el mismo lugar, y siempre pide café solo. Pero a Hamid le gusta preguntarle para que siempre le responda enfurruñado qué va a ser.

Apoya el codo en la mesa y posa la frente en la palma de la mano, como si reflexionara profundamente. En realidad da una leve cabezada, y cuando abre los ojos se encuentra su vaso de café humeante junto a un vaso de agua Sidi Harazem que Hamid, sin perturbarlo, ha dejado en la mesa hace unos minutos. Le gusta el olor del café. Lo aspira. Da un sorbo ruidoso. Mira de reojo a la izquierda, y descubre a Dris Capone discutiendo con Mustapha, el secretario del Consejo Municipal. Luego, los ve besarse en la mejilla y separarse.

Bebe otro poco. Sigue leyendo

Etiquetado , ,

«CARTA A MI AMIGO PABLO CANTOS», POR SERGIO BARCE

  Querido Pablo:

Acabo de llegar a mi casa después de despedirnos, y he sentido de pronto la imperiosa necesidad de escribirte esta carta. Tal vez te llegue antes de que cruces ese océano.

Hace mucho tiempo que quería darte las gracias por algunas cosas, y nunca había encontrado el momento. Pero de hoy no pasa, porque mañana sería ya demasiado tarde.

Quiero agradecerte que durante estos años hayas tenido la infinita paciencia de leer mis novelas, de destriparlas para luego darme una señorial clase de buen gusto y de sentido estético y narrativo. Ya sabes que nos hemos sentado en muchos cafés, aunque casi siempre pides una Coca-Cola o un Nestea, o bien nos hemos ido a cenar, siempre para regalarme tu valioso tiempo y tus conocimientos. Muchas veces me has orientado cuando mis libros se perdían en oscuros callejones y no encontraba ninguna salida. En ocasiones, poco después de habernos visto, me has llamado con urgencia porque habías pensado algo que podría sacarme del atolladero. Así eres, Pablo, alguien que no descansa cuando ha de echar un cable a un amigo.

PABLO CANTOS, Director de Cine

PABLO CANTOS, Director de Cine

Quiero agradecerte las veces que nos hemos ido a ver alguna película juntos. Y también las veces que nos hemos salido de la sala avergonzados por lo que veíamos, porque solo con mirarnos sabemos si estamos ante algo excepcional o ante una auténtica birria. Y como sueles decirme en estas ocasiones: en vez de perder el tiempo con algo que no merece la pena, aprovechémoslo charlando que seguro que lo pasamos mejor. ¿Recuerdas la de John Ford que vimos hace unos meses? Fue como si la proyectaran por primera vez. Entusiasmado, me hablabas en voz baja para que me fijara en algún matiz del diálogo o en alguna escena. ¿Y el día de <Con faldas y a lo loco>? ¡En pantalla grande en el Albéniz! Ibas con Lola y con los niños, y me dijiste que los críos disfrutaban cada vez más con el buen cine clásico. Tienen el mejor guía.

Cuando fuimos a ver <Amador> eso sí que nos dio para hablar largo y tendido, y hasta para escribir ese artículo sobre la película de Fernando León que hicimos mano a mano.

Quiero agradecerte esos pequeños detalles que tienes conmigo cuando vas a encontrarte con alguien relacionado con tu mundo. Como sabes que el cine me fascina tanto, si hay ocasión, me llevas contigo para que conozca a algunos actores o a tu productor. Me contento con estar cerca y escuchar lo que dices. Siempre aprendo de ti.

Quiero darte las gracias por tus sugerencias cuando deambulamos por el <Fnac> o por la <Librería Luces> y me descubres un autor, un libro, una película.

Quiero agradecerte que me animes a seguir escribiendo y que siempre me digas que te admira mi tesón y que siga haciéndolo contra viento y marea, porque estás convencido de que la constancia dará sus frutos.

Quiero agradecerte los consejos que le das a mi hijo Pablo, que además de llamarse igual que tú ha elegido también el cine; ya sabes que sigue en Madrid, como le dijiste un día, a punto de acabar en la ECAM.

Quiero agradecerte que confíes tanto en mí, y que me cuentes tus penas y tus ilusiones y tus problemas, igual que he hecho yo desde que nos conocemos, y también quiero agradecerte que escuches mis penas y mis ilusiones y mis problemas. Me haces sentir tan bien cuando me dices que te has desahogado conmigo…

Pablo, eres excepcional. Excepcional e irrepetible.

PABLO

PABLO

Te diré lo que me gusta de ti.

Me gusta verte aparecer caminando con el cuerpo echado adelante, ajustándote la correa de la cartera que llevas colgada en bandolera, mientras sonríes desde lejos. Si no lo hicieras así, no serías tú. 

Me gusta la manera que tienes de saludar, abrazando con entusiasmo y besando en la mejilla, sin bajar la guardia de tu sonrisa. Nadie transmite el afecto como tú lo haces.

Me gusta que siempre digas que me encuentras bien, aunque a veces sea mentira. Eres adulador por naturaleza. Y esto te lo agradecemos todos.

Me gusta que me hables de los amigos: Sigue leyendo

Etiquetado ,

«ABDELAZZIZ», un relato de SERGIO BARCE

Uno de los relatos de mi segundo libro, <Últimas noticias de Larache (y otros cuentos)> (Aljaima – Málaga, 2004) se titula <Abdelazziz>. Está dedicado a un hombre bueno. Fue compañero de mi padre en Uniban, y sus ojos azules intensos se quedaron grabados en mi memoria. Recuerdo que fue un texto difícil de escribir, en 2003, porque me obsesionaba ser capaz de transmitir el afecto y ese cariño sincero que siempre me ha profesado. Ahora, al releerlo, creo que casi lo logré.

Abdelazziz vive ahora en Tetuán. Tengo que ir a verlo. El tiempo se escapa, y no me perdonaría no hacerlo.

portada ULTIMAS NOTICIAS DE LARACHE -

ABDELAZZIZ

A Abdelazziz Hakhdar,

el amigo sentimental.

En el carrito de madera, pintado de azul intenso, Mohammed ofrecía el mayor y más exquisito de los surtidos: caramelos, pipas de girasol, pipas saladas, garrapiñada, garbanzos fritos, almendras, chicles, avellanas… Abdelazziz me había comprado un cucurucho lleno de garrapiñada y unos caramelos con sabor a cocacola antes de entrar en el Ideal. Proyectaban una de Louis de Funés, que a él le encantaba.

A Abdelazziz Hakhdar le gustaba llevarme al cine. Sigue leyendo

Etiquetado , , ,

KASMÍA

Sigue la pequeña historia de Mohammed, el niño de Alhucemas. Después de que Juan Manuel me enviara esta fotografía de Kasmía, la chica de la que se enamoró Mohammed (foto que colgué en el post anterior), que además es la única imagen que guarda de ella y que, sin embargo, no la muestra del todo porque queda oculta tras Juan Manuel siendo niño…

Kasmia

…después de eso, como digo, mi madre se ha puesto a escarbar en las dos cajas en las que guarda decenas y decenas de viejas fotografías. Y, de pronto, Kasmía está frente a ella, y mi madre la reconoce, y me habla de aquellos días de Alcazarquivir, de nuestra familia, la rama Gallardo, y los recuerdos se le agolpan…

No sé qué pensará Juan Manuel de todo esto, pero daría algo por ver su cara cuando descubra el rostro de aquella muchacha de la que él también se enamoró platónicamente.

Sergio Barce, enero 2013

KASMÍA, y Juan Manuel a izquierda

KASMÍA, y Juan Manuel a izquierda

Etiquetado , , , , ,

«EL CALLEJÓN SIN SALIDA», un relato de SERGIO BARCE

Hago girar la ruleta, y gano un barquillo. Me gusta la bombona metálica del barquillero, la panza roja, los dibujos del frontal, la corona plateada donde gira la ruleta. Me dice que lo intente de nuevo, y vuelvo a ganar cuando la hoja se detiene. Le doy el barquillo a Emilio. Me giro, veo el carrito que hay en la esquina del Conservatorio, compro un cartucho de garrapiñadas, están calientes. El hombre, que para atender su modesto carro viste sin embargo pulcramente un babi azul de susi, me lo entrega con cuidado para que no se caigan, me fijo en sus dientes, siempre le asuman las paletas por entre los labios, me sonríe, es un buen hombre y creo que disfruta vendiendo sus golosinas y sus garrapiñadas, garbanzos, pipas y caramelos a los niños. Cuando pasen unos años y regrese a Larache, él seguirá ahí como si formara parte del paisaje de la avenida Hassan II.

CINE IDEAL.

De pronto la puerta del Conservatorio se abre, y don Aurelio, orondo, serio, sale echando una ojeada a su reloj de bolsillo. Al levantar la vista, Sigue leyendo

Etiquetado , , , , , ,