Os adelanto un pequeñísimo fragmento de la novela que estoy terminando de escribir, y que aún no tiene título (ni editor, como señalo en el encabezamiento):
«También adquirí una edición muy deteriorada de La tregua de Benedetti, en este caso probablemente porque las heridas evidentes de su encuadernación y de sus hojas amarillentas movieron a mi compasión. Toqué muchos libros, y escudriñé las palabras escritas a mano en sus interiores, los nombres de gentes desconocidas que habían sido sus dueños o de quienes habían sido mencionados en las dedicatorias, que es probablemente uno de los encantos de comprar libros de segunda mano. Sigue leyendo









