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«TODO ACABA EN MARCELA», DE SERGIO BARCE, EN PALABRAS DEL ESCRITOR ANTONIO ABAD

Hace unos días, recibí un correo eletrónico del escritor melillense Antonio Abad autor de novelas tan emblemáticas como Qedbani, La mudanza o El renegado. Antonio acababa de leer mi novela Todo acaba en Marcela. Y, aunque desvela parte de la trama, sin embargo sus palabras me parecen tan exquisitas y tan bien trenzadas que no me resisto a transcribirlas:

«Querido Sergio, en ti Todo acaba en Marruecos. Marcela lo sabía, lo supo en el momento justo en el que Teo el Bizco levantó su martillo para matarla. Lo había mirado a sus ojos, mejor dicho a ese ojo estrábico que se había clavado en los suyos, y además de adivinar la tormenta criminal que se abalanzaba sobre ella, vio otra tormenta en el poblado de Khemis Sahel, muy cerca de Larache, con las torrenteras enfangando caminos y pertrechos junto a la casa de los Sbiti donde la infeliz Qodsya templaba su venganza. Era la suya y al mismo tiempo también la de Marcela. Y es que todo se podía presentir en ese ojo asesino. Es cierto que la sangre la cegaba, pero otra sangre quizás más abundante, la de los corderos sacrificados en la fiesta de Aid el Kebir, y sobre todo la del hijo de puta y muy cabronazo que le estaba quitando la vida, igualmente corría apestada y fangosa bajo las gumías de Dris y Abdelmahid, los hermanos de Qodsya, para desagraviarla a ella y de paso a ti, Marcela, antes, mucho antes de que el inspector Ivan Sotogrande le pegara un tiro de gracia al muy miserable Teodoro Aguilar Castro.

Yo que no soy lector del género negro (he leído bien poco, algunas por obligación de mi amigo Juan Madrid) tu libro, sin embargo, tengo que decirte que me ha hecho perder mis reticencias a este tipo de literatura. Un gran acierto ese guiño a Marruecos para ultimar el desenlace.

Mis felicitaciones y un gran abrazo.

Antonio Abad»

 

 

 

    

LOS ESCRITORES MOHAMED LACHKAR, MIGUE A. MORETA-LARA, SERGIO BARCE Y ANTONIO ABAD
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«TODO ACABA EN MARCELA», DE SERGIO BARCE, SEGÚN TINA SUAU

Me llega otro comentario o reseña sobre mi novela Todo acaba en Marcela (Ediciones Traspiés). En esta ocasión, de la catedrática de Filología Tina Suau, que, además, es una tanyaui de pura cepa. Así que sus palabras tienen doble valor para mí. No me resisto, con el previo permiso de ella por supuesto, a compartir las sensaciones que ha experimentado con mi libro. 

Sergio Barce, 16 de mayo de 2024

«Hola, Sergio, aquí van mis comentarios sobre “Todo acaba en Marcela”.

Te felicito por una buenísima novela, Sergio, eso para empezar.

He leído tu Marcela con mucho interés, por ser tuya y por las reseñas que te han hecho. Aparte de lo que ya se ha dicho, yo detectaba algo más en tu narrativa, y creo que ya sé lo que es. Se trata de tu estilo, claro, es parte de lo que me hace amar o no amar una novela.

Estoy de acuerdo con lo que dijo Susi Bonilla y otros, respecto a la visión cinematográfica que transmites, respecto a la crudeza que describes, respecto a la narración febril tan típica de novela negra, respecto a las “parejas” de personales: Marcela/Qodsya, Teo el bizco/Los hermanos de Qodsya, Ivan Sotogrande/Sadik Oubali, y los lugares dobles: Málaga/Tánger, barrios de Málaga/Khemis Sahel. No sé si es parte de tu diseño de la novela, o si te salió así de natural. La cuestión es que están ahí.

También tocas temas éticos muy interesantes, sobre cómo deben actuar los policías, y por supuesto, la violencia de género. Pero no solo va de violencia de género, es solo uno de los temas. La novela es para mí como un mosaico de todo lo que te estoy diciendo, a nivel temático, pero también a nivel formal, de escritura. Quizá por mi deformación profesional –soy filóloga y llevo años analizando el discurso-, he creído observar, además de lo anterior, otras características, que para mí son la esencia de tu narración y de tu estilo.

Por una parte, vas describiendo HECHOS, narrados cronológicamente y con algún flashback, hechos que son los puntales de la historia, desde el brutal asesinato de Marcela, hasta la también despiadada reacción de Dris y Abdelhamid, con la guinda del pastel que aporta Iván. Por otra parte, la narración va alternando estos hechos objetivos con descripciones emocionales subjetivas, que son para mí la salsa de tu estilo narrativo. Antes y después de cada hecho, de cada acto, hay una profundización emocional tanto de lo que sienten los personajes, como de lo que al lector le quieres transmitir, describiendo las situaciones con muchas, pero muchas metáforas e imágenes destinadas a causar sensaciones. Aquí es donde está uno de los secretos para mí.

Me he fijado en la cantidad de veces que utilizas la palabra “como”, muchísimas. Los “como” te sirven para hacer comparaciones plagadas de sensaciones e iniciar esas imágenes conectadas con sentimientos –de asco, de rabia, de dolor, de amor- que tú quieres transmitir, y lo consigues. Todo esto lo vas encauzando con completo dominio y te metes al lector en el bolsillo, causando una tensión enorme que tiene su punto álgido en Khemis Sahel, donde explota, y luego viene la liberación…es, perdóname la expresión y la confianza, como un orgasmo (espero que no te moleste esto). ¡¡Chapó!!

Me ha emocionado especialmente cómo describes el encuentro de Iván con su amigo Sadik y su familia. Se trasluce ahí con infinita dulzura tu amor por Marruecos, por Tánger y por sus gentes.

¡Enhorabuena y un abrazo!

Tina Suau» 

Tina Suau y Sergio Barce
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LO QUE J.M. Y C.C. DICEN DE LA NOVELA «TODO ACABA EN MARCELA»

Recibo sendos correos de dos lectoras, muy críticas pero muy fieles a mis libros, con sus impresiones acerca de mi última novela Todo acaba en Marcela (Ediciones Traspiés). Y, la verdad, estos comentarios son de los que merecen ser releídos con atención porque han escarbado muy profundamente en esta obra y han llegado a las entrañas. De manera que comparto con vosotros los correos de J.M. y C.C.   

«…El domingo abrí la novela y comencé a leerla. Me quedé asida a Marcela sin poder darle una tregua hasta la página 110. Ya por la tarde seguí leyendo hasta terminarla. La brevedad es de agradecer siempre. Pienso en el tiempo que habrás dedicado a componerla y yo, con apetito voraz, me la zampé en unas horas. Las imágenes siguen flotando en mi cabeza. Así, de tirón, como en un bufé que todo entra por la vista y luego pasas a digerir ‘la calidad’ de cada ingrediente. Todo exquisito. ¡De diez! 

Los efectos de anzuelo son tan afilados que me mantuve presa de una serie de sensaciones encadenadas que todavía están en mi órbita. Encuentro un dominio absoluto de la trama y muchísima documentación. La prosa es la que te caracteriza desde la primera página, así que te hallé sin tener que desplazarme a Tánger.

Los personajes son perfectos, geniales, tanto los secundarios como los protagonistas. Me recuerda a la preparación de un guion de John Ford que mandaba a sus asesores escribir una biografía de cada personaje. Cada secuencia está afilada como dardos que hacen diana sin descanso. La lluvia la escucho, la veo y se desliza de forma continua como si marcara un compás oculto. El agua, en sus diversas apariencias, va calando como un fluido que empapa y penetra por cada poro de la piel. Los nombres, los apodos, los alias son logros de un gran ingenio; no es fácil dotar a toda una comunidad con una fonética que comparta tan buen cartel.

Ha sido un rapto en el que he seguido el rastro de los olores, aromas, colores, incluidos los celestes de Matisse, texturas, matices… todos muy logrados.

El narrador ha bajado a los infiernos de la condición humana para contarnos de primera mano lo que ahí acontece para luego elevarse y con una dicción perfecta, como los tipos que frecuentan el Olimpo.

El final es un portento de imágenes diluvianas. Se nutre de numerosas escenas dantescas tan plenas de tipismos que hasta las casas se quedan en los huesos. La trama está perfectamente hilada con la ausencia de diálogos con guión. Es impresionante como cambias de un tiempo a otro sin apenas darnos cuenta. 

Es la mejor novela que has escrito en cuanto a la forma: ¡estilazo Barce! 

C.C.»

«…No sé si me gustó o no la portada, a tres tintas. El negro, el blanco, el rojo. El negro de una historia muy oscura, el blanco del título y de la piel de Marcela, el rojo de sus labios, de la sangre y de tu nombre Sergio Barce. No sé qué sensación exacta me produjo, pero recuerdo que me descolocó un poco. 

Comencé la lectura que tanto me intrigaba y me empezaron a cargar las palabras malsonantes. Términos que tanto se utilizan en la calle, en cualquier lugar, en muchas casas, en muchas películas o… en alguna novela. Pero ésta, ya me habías avisado, era diferente. Aunque me cargara por momentos, el vocabulario era real, sacado de la vida misma; por eso que seguí leyendo, leyendo, leyendo…  A decir verdad, me costaron las primeras páginas (…). Nunca elijo una novela negra, pero venía de ti.

La violencia de Teo el Bizco me daba náuseas y me hacía sentir realmente mal como mujer. Empecé a querer a Qodsya desde el primer instante que la vi soportar en su cuerpo el maltrato de una bestia como Teodoro, de ese ser tan vil por el que ella hacía cualquier cosa que él le pidiera. A Marcela no tuve tiempo de quererla, se fue demasiado pronto, con un número tatuado para siempre en el recuerdo: el 59. Me hice cómplice de María en su amor aún vivo por Iván a pesar de su nuevo colega, amante, amigo Pancho. 

Pero es que todo lo he visto, lo he presenciado, es más, he podido escuchar a todos y cada uno de los personajes. Los sucesos en esta historia se palpan con las manos, me llega el olor del zulo del taller con huellas de las barbaridades que Teo allí cometía. Y lo más hermoso es de qué manera vas hilvanando, Sergio, los diferentes pasajes con palabras dulces, con pensamientos maravillosos y con momentos y personajes entrañables como son, en nuestro Tánger, el comisario Sadik Oubali y su mujer Laila. Ese instante en el que se abrazan y lloran, el momento en el que Iván se culpa una y otra vez y nos llegan las palabras de consuelo, en dariya, de la hermosa mujer de su amigo.

Qué bonito es que nos vayas nombrando lugares inolvidables de Tánger; nos refrescas la memoria y volvemos a revivir de tu mano nuestro pasado, nuestra infancia. Qué entrañable que cites a Mustapha Akalay -amigo también mío y de mi familia- entre los amigos de Sadik. Y qué sensación tan única leer un WhatsApp de un hijo con las palabras Te quiero.  Hay también amor. No, por supuesto, todo no es NEGRO. 

Llegué a un punto que no podía dejar de leer, tenía el corazón en un puño. Fue algo casi adictivo. ¿Qué te digo Sergio? ¡Qué bien lo transmites, qué bien te metes en cada papel! Y todo me lo creo, me convences. Y cómo se nota que la mano se te va sola al escribir, las palabras van fluyendo sin esfuerzo ninguno. Lo intuyo, me llega así. Una GRAN pequeña novela. 

En estos tiempos de violencia contra la mujer, días en que un día sí y otro también nos llegan noticias escalofriantes de actos salvajes cometidos contra mujeres, es una lectura que también debe hacer reflexionar. Realmente parece un caso absolutamente verídico.

Sergio, vas a tener otro éxito enorme con “Marcela” sabes que te lo deseo de todo corazón. Es el tema acertado en el momento preciso.

J.M.» 

 

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JOSÉ LUIS RAYA – RESEÑA DE «TODO ACABA EN MARCELA», PARA «MÁLAGA HOY»

El pasado 26 de abril, el escritor y articulista José Luis Raya, en la página de Opinión, del diario «Málaga Hoy», en su artículo titulado «Narradores malagueños», dedicó palabras elogiosas a mi última novela Todo acaba en Marcela (Ediciones Traspiés). Y lo que dice de mi libro me hace albergar esperanzas de que pueda ir más allá de lo que pensaba.

Aquí tenéis la reseña:

  

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BLUE IN THE FACE – PAUL AUSTER

En mi blog, Paul Auster aparece en varias ocasiones. Hoy, por desgracia, vuelve a hacerlo porque nos llega la noticia de su fallecimiento.

Cada día, uno de mis referentes se marcha y es como si el mundo se fuera apagando muy despacio, dejando sólo pavesas y silencios atrás. Me cuesta imaginar el futuro sin Paul Auster, porque él era una de mis citas obligadas. Cada vez que aparecía una de sus obras, me hacía con ella. Igual que ha ocurrido con las novelas, la música o las películas de Woody Allen, de Clint Eastwood, de Richard Ford, de Coetzee, y de Ennio Morricone, de Cormac McCarthy, de Philip Roth, de Saramago o de Sampedro, o de los eternos Rolling. Algunos ya no están con nosotros. Otros, por su edad, es imposible que sobrevivan muchos años más. El túnel se estrecha a cada tramo y la luz del final se achica.

He titulado este post «Blue in the face» porque, haciendo un juego con el título de este libro y de la película de Auster, me lo imagino bajo un letrero de neón, en cualquier calle neoyorquina, iluminado su rostro por una luz parpadeante azul. Como si se hubiera transformado en Quinn, ese personaje que se disfraza del detective Paul Auster para deambular por el laberinto de la ciudad de cristal.

«…Quinn habia imaginado a menudo esta situación: el repentino e inesperado placer de encontrar a uno de sus lectores.» 

Habría sido genial que Paul Auster me hubiera encontrado. Seguramente le habría dedicado una reverencia. Yo, sin duda, volveré a encontrarlo releyendo cualquiera de sus novelas y saborearé sus historias con más intensidad. 

Sergio Barce, 1 de mayo de 2024

     

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