“EL VIAJANTE”, UNA NOVELA DE EMILIA LUNA

Que existe en estos últimos tiempos una eclosión de literatura ambientada en Tánger, y más aún en el Tánger internacional y en los años posteriores, es evidente. Eclosión que se da en todos los géneros: narrativa, poesía, ensayo, historiografía… Pero centrándonos en la novela, la razón puedo suponerla: una ciudad cosmopolita, fascinante y misteriosa a la vez, una ciudad mitificada y por muchos añorada, una ciudad que tal vez ya no exista, una ciudad fácil de recrear si se la conoce o de imaginar e incluso de reinventar, una ciudad de literatura. Y es un tema recurrente que lleva años amasándose.

De autores tanyauis que la conocen hasta el tuétano y son capaces de transmitirnos el latido real de la ciudad que ellos conocieron y amaron en obras ya emblemáticas como La vida perra de Juanita Narboni, de Ángel Vázquez,  El año que viene en Tánger, de Ramón Buenaventura, El pan a secas, de Mohamed Chukri; Tánger, Tánger, de Leopoldo Ceballos, o Un largo sueño en Tánger, de Antonio Lozano; de escritores vinculados con Tánger de una u otra manera y que la recrearon o la recrean en sus novelas, como es el caso de Antonio Parra, José Luis Barranco o el muy interesante Javier Valenzuela, con Tangerina y Limones negros, certeros retratos del Tánger actual; y otros novelistas consagrados que utilizan la ciudad como escenario físico y decorativo aunque sin profundizar en las entrañas del Tánger real, como es el caso de las últimas obras de Pérez Reverte o de López Barrios. Mis novelas ambientadas en Tánger, como ya saben quienes me siguen, se mueven entre el Tánger internacional que yo construyo e imagino y el Tánger que conocí en los años de mi niñez, e intento siempre, aunque se trate en novelas de género negro como La emperatriz de Tánger o Malabata, de serle fiel, de no quedarme en la superficie de sus calles sino de convertir a Tánger en un personaje más en mis tramas, como si tuviese vida propia, como si respirara por sí sola.

Y, a veces, encuentras novelas que navegan entre la realidad, la ficción y la libertad creativa, en una especie de arriesgado funambulismo, como es el caso de El viajante (Editorial Onuba – Huelva, 2018), de Emilia Luna. Un libro que ha caído en mis manos tras perseguirla durante días y que me ha descubierto a una excelente narradora. El libro obtuvo el Primer Premio Onuba de Novela 2018.

El viajante portada

Y decía que se mueve entre la realidad, la ficción y la libertad creativa, porque Emy Luna vertebra su novela tangerina jugando con la realidad de una ciudad, bien documentado y bien descrito ese Tánger que va de 1975 hasta nuestros días, y de unos personajes reales, como Paul Bowles o Mohamed Mrabet, ya visitados por otros autores; con la ficción, creando dos protagonistas muy interesantes (el narrador, un viajante vendedor de alfombras portugués, y Javier) que son el motor de la trama, y Suzanne, la amante quizá improbable pero por qué no imaginada y hasta deseada por la autora para Paul Bowles, poseedora de una atracción devastadora tanto para el propio escritor americano como para Javier y para el viajante (he de confesar que Suzanne es de esos personajes que a cualquier hombre nos despierta la curiosidad y todos los instintos), y, por último, con su libertad creativa para hacernos viajar desde Canfranc hasta Tánger pasando por Granada y por Arraiolos (Portugal), y en todos estos lugares Emy Luna nos envuelve con el ambiente de cada ciudad logrando que veamos esos lugares como a través de una cámara, lo que enriquece enormemente la historia.

En la página 91 leemos:

“…Después de comer, nos sentamos en el Café de París tras peregrinar bajo un sol acuciante por las callejuelas que subían hasta la Plaza de Francia. Tomamos café y continuamos con licor. Tras varias copas de mahía, Javier empezó a contarme su vida en es “ciudad de mal”, como decía entre risas parodiando a las tías. Al poco tiempo de llegar tuvo un encuentro inesperado en el Café Central, en el Zoco. No te imaginas cómo viví los días que siguieron el encuentro. Estaba con Marwani cuando entró un grupo de hombres vestidos a la manera europea. Iban borrachos, aunque guardando la compostura que da la experiencia. A mi pregunta de quiénes eran, mi amigo me explicó que ellos eran el reducto que quedaba de la élite intelectual extranjera en Marruecos. El día menos pensado desaparecerán, y con ellos, el sueño de la ciudad internacional de Tánger. Ya apenas queda nadie de los que dieron fama a esta ciudad en los años previos a la independencia. Estos son los que se engancharon y piensan acabar sus días aquí. Según Javier, Marwani se puso muy serio mientras le daba esta respuesta. ¿Se engancharon? Mi pregunta resultó infantil; no pude evitarlo, necesitaba más información, más detalles que alargaran la charla. Llevaba varias horas con el dibujante y aún no conseguía que entrara en profundidades. Sí, se engancharon a una forma de vida que irrumpió en esta ciudad bajo los dictámenes de los extranjeros que vinieron huyendo de sus países por diversas razones. Marwani odiaba que hubieran dado a luz a una filosofía a costa de Tánger, su ciudad. Que hubieran suplantado la verdadera identidad de Tánger por otra inventada por unos cuantos. Escritores, artistas, exiliados, refugiados, políticos, traidores a los lugares donde nacieron o de donde proceden…”

La novela cuenta la relación que se establece entre un viajante vendedor de alfombras portugués y Javier desde su primer encuentro en la estación de Canfranc hasta el laberinto que se va tejiendo entre lo que ocurre en Granada y lo que acontece en Tánger, hechos que marcan la vida de Javier y que arrastran al viajante de manera vertiginosa. Emy Luna convierte hábilmente la relación de estos dos hombres en una suerte de dependencia casi vampírica, donde uno de ellos tratará de apoderarse de la vida del otro para salvar la suya propia, un arriesgado juego del que Luna sale más que airosa.

Pero el centro de la trama se desarrolla en Tánger y es aquí donde la novela alcanza sus mejores momentos. Hay en las escenas entre Paul, Suzanne, Javier y el viajante un extraño y oscuro vínculo, a veces contradictorio, a veces enigmático, con un toque morboso, pero siempre lleno de sensualidad y de dobles lecturas. A veces es cierto que deja al lector ante la duda, como colgados en el vacío, pero eso es también parte del juego al que nos invita la autora a participar. Los saltos en el tiempo están bien marcados y el desarrollo de la trama va cerrando pequeños círculos que se abren en cada capítulo hasta ir zurciéndose al descubrir los motivos que mueven a los personajes. Y no siempre esos impulsos son nobles, en toda la novela hay un extraño halo de maldad flotando en el ambiente que carcome las vidas de estos personajes desesperados y malheridos.

He conversado con Emy Luna de algunos aspectos de la novela, y he descubierto a una escritora ansiosa por absorber cuanto la rodea para luego usar ese material en sus historias, una mujer entusiasmada con el ambiente tangerino y deseosa por seguir alimentando su alma de novelista. Sin duda, El viajante es una obra bien construida, con un vocabulario rico y trenzado, con personajes perfectamente dibujados y con una atmósfera que sabe mezclar de manera minuciosa los aspectos más íntimos, familiares y personales, con los más inquietantes, impulsivos y pasionales de los protagonistas. Sin olvidar, como ya he apuntado antes, que la autora ha realizado un arduo trabajo para documentarse sobre Tánger, pero también sobre Granada, Canfranc y Arraiolos, y con ello asienta su novela sobre una base creíble y realista. Aunque en sus páginas no todo es tan real como parece…

Cerraré esta reseña, reproduciendo lo que podemos leer en la contraportada del libro, resumen perfecto de lo que es El viajante:

“La novela, en primera persona, narra la vida de un viajante de alfombras portugués. Una vida plana, sin sombras ni esquinas. Más que vivir la vida, parece que el viajante la observa y se desliza sobre ella. Hasta que tropieza en una estación con Javier, estudiante de la Universidad de Granada. Este encuentro fortuito marcará su vida para siempre. A partir de aquel día en la Estación de trenes de Canfranc, el portugués solo vivirá para las citas con el joven. Gracias a encuentros en apariencia casuales, pero meridianamente planificados, el representante de alfombras descubrirá cosas de su propia vida a través de los ojos de Javier. Le perseguirá hasta la Tánger de los años 70 donde entrarán en contacto con Paul Bowles y otros autores de la generación beat que aún quedaban en la ciudad <maldita>. Se verán atrapados en un mundo de drogas y ambiciones personales. El influjo del escritor norteamericano, no siempre beneficioso, calará en ambos. El viajante recuperará el pasado, su pasado, bebiendo la vida de su joven amigo. Y no solo recuperará lo que fue, sino que construirá su futuro a expensas de Javier. Recuerda en algunos pasajes a Un invierno en Lisboa, de Muñoz Molina, y la admiración del viajante por Javier nos trae a la memoria algunas imágenes de Muerte en Venecia. Inevitable el influjo de Magris y de Sebald en lo que respecta al concepto del tiempo.”

Una buena novela para regresar una vez más a las calles de Tánger…

Sergio Barce, noviembre 2019

EMY LUNA

EMILIA LUNA

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3 pensamientos en ““EL VIAJANTE”, UNA NOVELA DE EMILIA LUNA

  1. Emy Luna Martín dice:

    Muchísimas gracias por tu reseña sobre mi novela, Sergio. Tus comentarios, más que generosos, me animan a seguir en el empeño de escribir., Te mando un abrazo profundo y agradecido. Emy Luna

  2. Alberto Mrteh dice:

    Me ha resultado atractivo. Espero que caiga pronto en mis manos.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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