Ayer presentamos el libro de Mónica López en la Librería Isla Negra. Lleno hasta la bandera. El ambiente, cargado de electricidad, de buen humor, de día de fiesta. Fue un encuentro tanyaui en Málaga. Hablé del libro de Mónica y luego mantuvimos un diálogo que nació de nuestros viajes y encuentros en la misma ciudad de Tánger, así que fue muy fácil transmitir el entusiasmo que ambos sentimos por esa tierra.
Aquí os dejo el pequeño texto introductorio que preparé para la ocasión y que leí antes de nuestra charla.
Si nos atenemos al título literal del libro que presentamos, ir a Tánger es un viaje de ida sin regreso. Eso puede dar lugar a que un lector timorato, ignorante y con prejuicios pueda creer que, si hace el viaje, allí acabará su vida. Aclarémoslo. A lo que se refiere Mónica es a otra cosa, es al hecho de que, una vez que cruzas el estrecho (preferiblemente en barco), llegas al puerto de Tánger y cruzas Dar Baroud, algo te atrapa para siempre y ya no vuelves de allí como la misma persona que habías sido hasta entonces. Quizá esto sea una hipérbole, pero es una hermosa hipérbole que encierra un algo de verdad.
Escribí en mi blog que «Tánger. Un viaje de ida» es una de las mejoras obras dedicadas a Tánger en los últimos años. Es una guía de viaje, que, como toda buena guía, te orienta por calles, te descubre algunos rincones y te describe monumentos. Mónica López hace algo más: te orienta por calles muy conocidas y por calles especialmente desconocidas para que las huelas y además conozcas a sus moradores, te descubre rincones curiosos y hasta “prohibidos” para los “enseranis”, y te describe los monumentos con tal meticulosidad y tan documentadamente que hace que, si has vivido en Marruecos y conoces Tánger, te preguntes una y otra vez: ¿realmente conozco algo de la ciudad? Hshuma.
Mónica escribe este libro con una desafiante pasión, pasión por Tánger que se nota en cada párrafo. Sus páginas avanzan al ritmo de un paseo sin prisas, sin reloj, sin rumbo. Te arrastra tras ella por las calles de Tánger oyendo las aleyas del Corán que flotan desde los altavoces de viejas radios y de modernos “ipods”, escuchando los ritmos clásicos de Umm Kulthum y los “raps” de nuevos artistas marroquíes o bien te llega el eco de la llamada del almuédano a la oración. Mientras tanto, te va contando lo que sucede a su alrededor, ya sea acompañada de la mano de Mariano Bertuchi Nieto o del fantasma de Don Julián. Porque además hay muchas maneras de recorrer la medina y el ensanche, y Mónica López usa unas y otras según le conviene.
He de confesar que he descubierto mi ignorancia acerca de Tánger. Ahora sé que conozco un tanto de su superficie, mientras que Mónica ha sido más astuta y más audaz que yo a la hora de sumergirse bajo ella.
Leí el primer borrador de este libro y me pareció magnífico. Mónica no me creyó y se puso a revisarlo, a rectificarlo e incluso a reescribirlo hasta convertirlo no en ese libro magnífico que ya era sino en este otro libro maravilloso que es ahora. Porque “Tánger. Un viaje de ida” es una guía mágica. La abres y te pierdes, pero te pierdes deseando estar en los lugares que se describen en él, te pierdes anhelando realizar ese mismo paseo sin brújula que hace Mónica, te pierdes esperando encontrarte con alguno de esos personajes reales que habitan Tánger y que ella nos va presentando con tanto afecto y tanta delicadeza.
Yo no sé a vosotros, pero a mí me han entrado unas ganas enormes por regresar a Tánger. En mi caso, de regresar a casa. Y la culpa es de Mónica López y de su guía, que, como digo, no es una guía, sino que es ese libro que una vez abierto deja escapar a un genio que te lleva en volandas hasta el puerto de Tánger, el mismo genio que allí te da la bienvenida con un sosegado “marhaba” antes de soltar tu mano para que, entregado, sigas las huellas que ha dejado marcadas Mónica López por cada calle que decidas tomar. Y no hay escapatoria. Porque ha trazado un viaje sólo de ida. Y lo más curioso, cuando acabas de leer el libro y lo cierras, en el fondo, ya no deseas hallar el camino de regreso.
Sergio Barce, 15 de mayo de 2026
