El pasado 4 de junio, fallecía el artista plástico Claudio Bravo a causa de un ataque de epilepsia. Vinculado íntimamente con Marruecos, sus pinturas, internacionalmente conocidas, hablan por sí solas. Sirva esta pequeña muestra de su obra pictórica de pequeño homenaje y recuerdo.
Claudio Bravo nació en Valparaíso (Chile) en 1936, y ha fallecido en Taroudant (Marruecos). Desde 1972 residía y pintaba en Tánger. De estilo hiperrealista, su primera exposición la realiza con sólo diecisiete años.
Retratista, se dice de él que recuerda enormemente a Velázquez. Sea como fuere, sus pinturas asombran.
Tras pasar por Madrid, se instaló definitivamente en Tánger en 1972, donde adquirió una gran mansión, cuyo interior transformó por completo derribando todas las paredes para que la luz entrara a raudales, la luz mediterránea tan presente en sus cuadros.
Expuso en los mejores museos, como el Metropolitan o el de Arte Moderno, ambos de Nueva York, y en los museos de Mexico o Santiago de Chile. El Museo del Prado también posee algunas de sus obras, entre ellas esculturas que fueron donadas por el propio artista. Sus imágenes de Marruecos, de los marroquíes, de la luz del país, arrancadas de la realidad igual que fotografías captadas por su retina, el instante, el momento, todo queda en el aire suspendido por una técnica perfecta.
Sergio Barce, junio 2011













