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LARACHE vista por… JAVIER LOBO (3)

Edifcio Lixus

Es la tercera vez que cuelgo fotografías de Javi Lobo, un larachense que guarda las imágenes que más ama en su corazón y en la memoria de su cámara de fotos.

bakalito

Me suele enviar las que hace, y aunque es difícil escoger cuáles poner y cuáles descartar, creo que la opción de ir mostrándolas con cuenta gotas nos sale rentable a todos.

estación de autobuses

A mí, porque voy dando pinceladas a cada tiempo con estas fotos, llenas de cariño, para darle vida a este blog, y a los que las contempláis porque las descubrís poco a poco, lo que les da mayor valor, si cabe.

Como esta imagen del Balcón del Atlántico, todas ellas son fotografías que hablan por sí solas, que a cualquier larachense le hace recordar algo: una vivencia, una experiencia, una escena de su vida, un lugar en el que sucedió ese acontecimiento especial para él o para alguien de su entorno.

Pasaje del Cine Ideal

Son los rincones que hemos transitado una y cien veces, indisolubles a nosotros. Cada una de las calles de Larache guarda una y cien historias. Javi Lobo, a lo largo de los años, las ha ido recopilando, y, ahora, son como un pequeño baúl de recuerdos en el que ir contemplando el cambio de la ciudad…

También las playas están tan unidas a nuestras experiencias que merecerían un capítulo aparte: la playa de Miami, la playa peligrosa, la de la otra banda…

Pero al igual que las calles, las playas, los rincones históricos de Larache, Javi Lobo no deja de observar los pequeños detalles, como los bakalitos, los vendedores de verduras, las barberías… Estas son las imágenes del hombre que no abandona el cálido afecto por su pueblo, por su Larache.

Javi Lobo, y su mujer Angela, son dos personas excepcionales, que siento muy cerca de mí. Áquí la fotografió con Mohamed Sibari:

 Angela y Javi, larachenses, dos fantásticas personas, pero mejores amigos.

Sergio Barce

Javi Lobo y «Pelé»

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Diálogos de Películas 11

Cine Avenida, de Larache. Foto de Javi Lobo

Hay diálogos antológicos, pero pocos como éste de Groucho Marx…

Groucho Marx y Margaret Dumond

Un día en las carreras (A Day at The Races, 1937), dirigida por Sam Wood

Groucho Marx:   ¿Ya has olvidado aquellas noches en la Riviera cuando los dos contemplábamos el cielo? Éramos jóvenes, alegres, inocentes. La noche en que bebí champaña en tu zapato: dos litros. Hubiera cabido más, pero llevabas plantillas. ¡Oh, Hildegarde! No es que me importe, pero, ¿dónde está tu marido?
Margaret Dumont:   ¡Ha muerto!
Groucho:   Seguro que sólo es una excusa.
Margaret Dumont:   Estuve con él hasta el final.
Groucho:   No me extraña que falleciera.
Margaret Dumont.:  Lo estreché entre mis brazos y lo besé.
Groucho:   Entonces, fue un asesinato. ¿Te casarías conmigo? ¿Te dejó mucho dinero? Responde primero a lo segundo.
Margaret Dumont:   ¡Me dejó toda su fortuna!
Groucho:   ¿No comprendes lo que intento decirte? Te amo. Pensarás que soy un sentimental, pero… ¿te importaría darme un mechón de tu cabello?
Margaret Dumont:   ¿Un mechón de mi cabello?
Groucho:   Y no te quejes. Te iba a pedir toda la peluca. Cásate conmigo y tendremos nuestra propia familia.
Margaret Dumont.:   ¡Oh, sería maravilloso! Y dime, cariño, ¿tendríamos una bonita casa?
Groucho:   Pues claro. ¿No estarás pensando en mudarte?
Margaret Dumont:   Temo que después de llevar algún tiempo casados, encuentres una mujer hermosa y te olvides de mí.
Groucho:   No te olvidaré. Te escribiré todas las semanas.

 

Encubridora (Rancho Notorious, 1952) de Fritz Lang

Marlene Dietrich: Me gustaría que te fueses ahora y volvieras hace diez años.

 

Woody Allen, en Zelig

Zelig, 1983, de Woody Allen

Voz en off:  Zelig ha vendido a Hollywood por una buena cantidad de dinero la historia de su vida. Cuando estalla el escándalo, el estudio cinematográfico pide la devolución del dinero. Zelig sólo puede devolver la mitad, ya que se ha gastado el resto. Furioso, el estudio le devuelve sólo la mitad de su vida. Se quedan con lo mejor y sólo le devuelven las horas de sueño y de comida.

 

 

 

 

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Obras en el Balcón del Atlántico

Los dos últimos comentarios que han llegado a este blog sobre la noticia de las obras que han comenzado en el Balcón del Atlántico, me parece importante que sean mostradas con más relieve (no porque los demás sean menos importantes, en absoluto, sino porque clarifican y resumen todas las efectuadas por vosotros). La primera, de Luis Velasco, mi hermano Luisito, que vive en Larache, nos puede tranquilizar algo, aunque no hacer que bajemos la guardia. Dice Luis:

 Después de leer la noticia y constatar las obras, puesto en comunicación con un amigo de nosotros conocedor de gentes, nos comunica que las obras sólo van hasta la zona de acceso a una ampliación realizada en la parte baja, como contención y aprovechando el espacio. Van de la parte este-esquina hasta la primera casa yendo hacia la plaza. Según nos comenta, las Asociaciones tienen acceso a cualquier información que se pida en la Gobernación.  Luis Velasco

FOTO DE ITZIAR GOROSTIAGA

Seria, pues, muy importante que se confirmara cuanto nos dice Luis por quienes forman parte de las asociaciones locales, lo que despejaría las dudas que existen sobre este proyecto.

La segunda es la de Bruno Ulmer, también amigo, y que viene a ratificar lo que muchos habéis comentado en otros mensajes, pero que, además, deja clara la razón por la que es tan necesario que se respete el actual Balcón, su estética, su historia. Dice Bruno:

A Larache, se le está negando la memoria. Y por correr tanto detrás de una modernidad de fachada, la ciudad acabará perdiendo su alma, su encanto, su humanidad… y todo lo que hace su identidad, tan particular y entrañable. Todo está desapareciendo por el espejismo del dinero: los cines, la plaza, el «balcón», y pronto las fachadas de la plaza… ¿De qué más será el turno? ¿Cuando vendrá la próxima demolición? ¿Y luego, la próxima construcción de edificios vacíos, desmesurados, y tan pronto deteriorados, abandonados? Parece que Larache no sabe aprender de las experiencias de otras ciudades, ansiosas de turismo de masas y de dinero… Está bien «vivir con su tiempo», la modernidad y todo eso, pero ninguna vida se puede hacer sin memoria. Nadie puede vivir sin pasado, sin transmisión, sin recuerdos en común… Borrando su memoria, Larache está corriendo el riesgo letal de convertirse en una ciudad anónima, como las demás, sin encanto, impersonal y fría. Todo éste mármol: sobre las paredes, en la plaza… ¡Que frialdad! estos edificios nuevos que intentan parecerse a los de las grandes capitales… ¡Que tristeza! Larache se está equivocando de modernidad. No significa que haya que estar en contra, pero de la misma manera que en una familia hay que preocuparse del futuro de los niños, pues hay que respetar a los ancianos, preservar su memoria y la sabiduría que nos transmiten. Esta es la verdadera modernidad: no se resume al poder inmediato del dinero, sino que mira hacia el futuro con el orgullo de su historia. Ha llegado el tiempo de parar estos proyectos devastadores, de hacer el inventario de los edificios antiguos y protegerlos, de lanzarse en un gran programa de renovación y de mantenimiento (¡y no hablo de un golpe de pintura hasta que el edificio caiga por si solo!) Ha llegado el momento de que las autoridades entiendan que el turismo de las RME y de los europeos no se resume a los beneficios de las terrazas de los bares en los meses de verano. No, los turistas buscan también una cierta autenticidad, carácter, belleza, y no un decorado de aires modernistas, hueco y sin alma. Entonces, ¡movilicémonos!, ya que lo que defendemos es tanto el futuro de esta ciudad que su pasado.   Bruno Ulmer.

Esperemos que la intervención en esta zona emblemática de Larache se redirija de una manera racional, dentro del respeto a su configuración, a la historia y al patrimonio de todos los larachenses.

Sergio Barce

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LARACHE – las obras del Balcón – EL BALCÓN DEL ATLÁNTICO, UN PATRIMONIO COLECTIVO

Hace un rato, me han dicho que las obras que han comenzado hoy en el Balcón del Atlántico han afectado a una parte mínima… Por supuesto, porque hoy ha sido el primer día de estos trabajos. Esperemos que se recapacite, que se sopese las consecuencias, que se dé marcha atrás y se decida recuperar el actual Balcón, mantenerlo, repararlo, no transformarlo en algo que nada tenga que ver con la memoria de los larachenses, de todos los larachenses.

Y creo que hoy es el mejor día para rendirle un pequeño homenaje al hermosísimo Balcón del Atlántico de Larache…

En 1979, las autoridades locales larachenses decidieron embellecer el Balcón. Y la crónica de esa noticia, decía así:

  El Balcón del Atlántico, el actual, se acerca lentamente a su centenario… Un auténtico patrimonio cultural. El Balcón es un monumento de Larache.

Cambil, Mustafa, Rubio y Jurado… larachenses en el Balcón

 ¿Qué familia larachense no guarda alguna fotografía en el Balcón del Atlántico? Generación tras generación…

Los versos de Mustapha Bouhsina dicen:

LOS AMANTES DEL BALCÓN ATLÁNTICO

 Me agrada ver a los amantes, dos en dos,

en los rincones de mi Balcón del Atlántico,

sumergidos en los besos y el clima fresco,

del Océano amante en sus olas como ellos,

 

todos en conjunto dan la forma de un cuadro,

en fondo se ve el firmamento muy celeste,

cuando funde en una faja del horizonte,

con rayos de puesta del sol anaranjado,

 

cerca seguidos con miradas retraídas,

de rojas rosas hincadas en los jardines,

gigantescos grises pájaros bailarines,

transeúntes dando en el aire carcajadas.

 

Ellos con su dulce mundo siguen soñando,

inmenso reino con el querer dominado,

sobre fuertes pilares del amor fundado,

con las concentradas miradas alentado.

 

Mientras yo en ese pasado mi convencieron,

cuando de joven llene este Balcón con besos,

en sus partes oigo el eco de mis caminos,

siento calidez de los besos que me dieron,

 

en esos tiempos de mi vida.. cariñosos,

para mi ya no son más que buenos recuerdos

alumbran lo que ha quedado de mi sendero

repleto de años que siento ya no son de oro.

de MUSTAFA BOUHSINA

 

Escena de la película BALCON ATLANTICO del realizador larachense Mohamed Chrif Tribak

Hay cientos de fotografías que retratan la belleza de este lugar emblemático, como las de Itziar Gorostiaga:

 Da igual que la imagen sea en color, en blanco y negro, del siglo XX o del XXI

Pero lo cierto es que si comenzásemos a colgar las fotografías que los larachenses guardamos de este lugar, los recuerdos se removerían para recobrar vida.

 

También mi familia guarda sus imágenes de este lugar, muchas de ellas. Imágenes de mis abuelos, de mis padres, cuando eran jóvenes, cuando no lo eran ya tanto.

Mi madre (Maria Gallardo), Fina y Maleni

 Este es un pequeño homenaje al Balcón del Atlántico, con imágenes de larachenses que reconozco y a otros que no sé quiénes son, pero ahí están, como detenidos en el tiempo contemplando este lugar, paseando por él, jugando en sus jardines, montando en bici, acompañando a su pareja o a sus amigos, disfrutando de su embrujo.

Una ciudad no es sólo un nombre. Cuando un larachense regresa, está deseando volver al Balcón, porque su pasado y el de los suyos está ahí. Cambiarlo, supone deformar el sentido afectivo, el cariño innato a tu pueblo. No será el mismo. 

El escritor larachense Mohamed Sibari en el Balcón

 El Balcón Atlántico es parte de Larache, y lo es en su configuración actual. Podríamos hacer un viaje en el tiempo, desde que el Balcón se construyó hasta hoy, un viaje de imágenes, y supondría el asombroso espectáculo de un regreso eterno: año tras año, volvemos a un lugar a través de los otros, como si todos los larachenses formaran parte de la misma familia. Sin distinción de raza o de religión.

Sólo el espacio común conforma ya un vínculo invisible que nos hace sentirnos arropados cuando nos encontramos con un paisano. Rápidamente, en la conversación, surge este nombre: Balcón del Atlántico.

VICTORIA DE LA VEGA, CHARI, CARLOS, CONCHA Y LOLA DE COZAR

SIRITA Y LUIS BLANCO

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

  Tuve la fortuna de despertar cada día con el Balcón bajo mi ventana, mientras vivimos en nuestra casa de la calle Mulay Ismail. Digo que la fortuna, porque era un espectáculo permanente. El océano al fondo, los jardines, la balaustrada donde me sentaba con mis amigos al atardecer… También forma parte de mis recuerdos, y no puede separarse de la mamoria de mi familia.  El Balcón. El Balcón del Atlántico. El Balcón de nuestra Larache.

 
 
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