IBÍRICO O EL LABERINTO DE LA MEDINA

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Le anuncié al pintor tangerino Ibírico que escribiría un artículo sobre su obra plástica, sin saber muy bien entonces por dónde lo enfocaría. Pero tras estudiar su trabajo con detenimiento, contemplando el fruto de esa labor multidisciplinar a la que se entrega con tanta pasión, llegué a la conclusión de que, desde el comienzo, ha sido un artista en fuga, un creador que huye hacia adelante, construyendo sin parar a la búsqueda de algo inasible pero que está por descubrir. Esa búsqueda tiene sus raíces y tiene su trayectoria.

Su infancia y su juventud se desarrollaron en su ciudad, Tánger, donde aprendió varios idiomas. Me cuenta Ibírico que trabajó durante treinta y tres años en Iberia, efectuando largos viajes transatlánticos durante todo ese tiempo. De manera que crece en las callejuelas de la medina de Tánger, en un laberinto construido por la mano del hombre durante siglos de historia, y los años posteriores son un continuo ir y venir por todos los países. Y, mientras tanto, su pasión artística trenzándose en un mundo interior al que las callejuelas y las rutas transatlánticas iban dejando marcas y seguramente cicatrices.

Observo sus óleos, sus obras en técnicas mixtas, sus dibujos, sus creaciones metálicas, y siempre me topo con algo que es constante: la presencia del laberinto.

La medina de Tánger es un laberinto permanente y las rutas trazadas por los aviones son laberintos efímeros. Es como si Ibírico no lograra desprenderse ni de sus calles de infancia y juventud ni de esos viajes interminables, como si buscara la salida y no quisiera hallarla, enredado en los recuerdos y tal vez en el placer de patear los callejones, los pasajes, los corredores desconocidos.

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Kasbah II

En sus óleos el laberinto es interior y personal, pero lo vierte en las callejas de la medina tangerina pintando esos muros que se abren y se cierran, diseñando senderos que no conducen a ninguna parte, con fachadas sin ventanas y sin puertas, como si los viejos moradores negaran la entrada al intruso. Obras como “Kasbah I” o “Kasbah II” son muestra evidente de ello.

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RELOJ SOLAR

“Reloj solar” o “Sueño atemporal”, por su parte, plasman un laberinto diferente, pareciera visto desde el aire, como si así Ibírico tratara de sorprender a sus constructores y hallar desde el aire, desde la cabina del avión, el trazado ideal que le ayude a salir de su secreto.

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ARQUETOSOMIO

Los que crea con técnica mixta pasan a ser laberintos más inquietantes o sinuosos, de forma concéntrica, como espirales o como caparazones de caracoles antiguos, laberintos que paren de restos de fósiles o de huellas atemporales de viajeros de otros planetas dejadas en la tierra. Parecen a veces mapas sin descifrar, mapas que no llevan a destinos concretos, que se varan en la nada de la pura creatividad artística. Se entrecruzan estas obsesiones en obras tituladas “Constelación”, “Túnel del tiempo” o “Arquetosomio”.

Más explícitos son sus dibujos, a una parte de los cuáles Ibírico titula directamente bajo el lema de “Laberintos”. Estos son más complejos aún, quizá más pensados, con una clara influencia de técnicas orientales.

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LABERINTO ZONA II

Los dibujos bajo el nombre de “Laberinto zona II”, “Interior” o “Musaraña”, muestran un mundo más desestructurado, en el que el laberinto se confunde con imágenes de seres vivos que se camuflan en ellos y escenas oníricas enredadas en líneas que parecen tiradas desde una torre de control. Hay un universo interior en plena ebullición que transita entre rutas de estrellas y rutas terrenales, sugerencias de estructuras deformadas por la fantasía y un aquelarre de trazos rectos como de ciudades espaciales que se hunden en cerebros que también parecen medinas.

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EL PENSADOR II

Incluso en sus retratos es posible hallar al laberinto, como en el titulado “El pensador II”, donde el cuerpo del hombre retratado es en sí mismo un laberinto absoluto, quizá porque la misma confusión que es la vida lleva a Ibírico a imaginar que todo es un eterno laberinto por el que vagamos sin saber a dónde vamos y sin adivinar cuándo acaba. Más aún, sus creaciones para “Etiquetas de Vinos”, son la recreación de laberintos enrojecidos por el líquido que corre por sus pasadizos tras la pisada de la uva. Y tampoco en ellos hay salida, como si todo abocara a la misma conclusión árida y desalentadora. La vida gira y gira y no nos lleva a ninguna parte.

Probablemente sea porque Ibírico reside en un laberinto, en el laberinto de su medina nunca abandonada.

Sergio Barce, febrero 2021

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2 pensamientos en “IBÍRICO O EL LABERINTO DE LA MEDINA

  1. Rufino de Mingo Lopez dice:

    Estupendo escrito , sobre la obra de un gran Artista !

  2. Yolanda Hoyo dice:

    Hay una armonía poética y artística entre la letra y la plástica que es una delicia.
    Tu producción de pintura conmueve Tony. Enhorabuena.

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