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«LOS OJOS PINTADOS Y DESLUMBRANTES DE LA SERPIENTE», UN LIBRO DE HERMINIA LUQUE

Asistí hace unas semanas a la presentación de Los ojos pintados y relumbrantes de la serpiente, un ensayo de mi querida y admirada Herminia Luque, publicado por Pre-Textos, con el que ha obtenido el Premio Celia Amorós (XXXIX Premios Ciutat de València), en el que intervino nuestra también amiga y compañera de letras Carmen Enciso. Un estudio curioso y llamativo sobre la evolución que se ha ido produciendo respecto al concepto de belleza femenina a través de los textos y de distintos autores. Cuanto comentaban Carmen y Herminia acerca del contenido de este estudio, despertaba aún más mi interés por leerlo, y, al hacerlo, no defrauda en absoluto. Te das cuenta de que aquella idea primera del cristianismo de la belleza de la mujer como origen del pecado se ancló en nuestra cultura y enraizó de una manera profunda. Luego, se produjeron cambios, pero siempre hay un poso extraño tras esos avances, porque, a fin de cuenta, los pensadores siempre la situaron en un plano de inferioridad. Uno de esos cambios respecto del concepto de belleza femenino, se produce a partir de Rousseau. Escribe Herminia Luque lo siguiente:

“Editado en una prestigiosa editorial barcelonesa en 1907, en el libro La mujer moderna en la familia (un manual de comportamiento y educación femeninos escrito por una hipotética <condesa de A.>) se acude a la autoridad de Rousseau para dar solidez a sus argumentaciones: <La primera obligación de la mujer es agradar>, dijo Rousseau. El empeño de la mujer en hermosear su exterior y en hacerse digna de ser amada, no es coquetería sino legítimo deseo de agradar, deseo que el hombre aprecia y al que corresponde a veces con su afecto. La mujer que renuncia deliberadamente a embellecerse se hace antipática a los ojos de las demás mujeres, que la acusan de querer diferenciarse de ellas, y se hace sospechosa a los hombres, que recelan de la influencia de su ejemplo sobre las otras. El párrafo no tiene desperdicio. Si la invocación al filósofo ginebrino es pertinente, también lo es el hecho de señalar que el querer gustar no es coquetería, sino un <derecho legítimo>. La coquetería y el gusto por la indumentaria son las bestias pardas del discurso eclesiástico, como hemos visto en los capítulos precedentes. Pero en el siglo XVIII se abre una brecha en su legitimación al considerárselo como constitutivo de la esencia del sexo femenino…”

Sorprende en este libro lo que escribían algunos de nuestros más influyentes filósofos europeos o de los grandes novelistas y poetas. Herminia Luque, entre otros muchos, cita a Baudelaire:

“Baudeliare abomina del mundo natural, en cuanto imperfecto y antiartístico. Pero también deriva de ello su ambigua posición ante las mujeres, a las que considera más cercanas a la naturaleza que los hombres. Literalmente dice: <Tienen hambre y quieren comer; tienen sed y quieren beber; están en celo y quieren follar. ¡Vaya mérito! Las mujeres son naturales, o sea, abominables. De modo que son siempre vulgares, o sea, lo contrario del dandi.>

Ni que decir tiene que esa concepción también la plasmó en sus versos, de los que Herminia selecciona alguna “perla”. Pero antes de llegar a este punto, el recorrido que la autora hace desde la antigüedad y por los siglos anteriores a Rousseau es aún más demoledor. Solo mencionaré uno de los ejemplos a los que alude la escritora:

“En la Roma republicana, también Plauto (ca. 254-184 a.C.) hará en sus comedias una crítica a las mujeres centrada en aspectos de adorno y cosméticos. El blanco de sus diatribas serán tanto matronas como meretrices. En El cartaginés es precisamente una meretriz, Adelfasio, quien se burle de la manía de las mujeres de bañarse tanto y dedicar tanto tiempo a su aseo personal: <…desde que amaneció hasta ahora no hemos parado las dos de bañarnos, darnos masaje, secarnos, vestirnos, pulirnos y repulirnos, pintarnos y componernos; y al mismo tiempo las dos esclavas que estaban de servicio de cada una de nosotras nos han ayudado a bañarnos y lavarnos, aparte de los dos hombres, que han quedado agotados a fuerza de acarrear agua. Quita, por favor, hay que ver lo que da que hacer una mujer. Pero lo que es dos, tengo por seguro que son capaces de dar más trabajo de lo necesario a un pueblo entero, por grande que sea: de noche y de día, la vida entera nada más que acicalarse, bañarse, secarse, pulirse. En fin, que las mujeres no nos vemos nunca hartas: no sabemos poner fin a los lavatorios y masajes. Y es que, aunque estés aseada, si no se cuida una de todos los detalles en el arreglo, en mi opinión es como si no lo estuvieras.> Ya resulta curioso que se ponga un parlamento así en boca de una mujer. Pero lo que le resta, sin duda, verosimilitud es la comparación que precede a esta crítica: Adelfasio dice que quien quiera complicaciones que se agencie una mujer y una embarcación. Generalización con carácter de máxima que debía funcionar muy bien como chiste en la Roma republicana (y aún en sociedades no muy lejanas a la nuestra), si bien como autoacusación por parte de una mujer extraña bastante. No obstante, la utilización de meretrices como personajes en la comedia permitía crear situaciones donde se visualizaban muy bien las críticas misóginas del autor…”

En fin, que desde tiempos inmemoriales y hasta la actualidad, la mujer siempre ha sido objeto de atención y no siempre para alabarla sino para todo lo contrario. Como colofón, me ha llamado la atención el siguiente párrafo que Herminia Luque ha extraído de la prensa del siglo XIX, en concreto de un artículo del Semanario Pintoresco, en el que uno de sus periodistas escribió lo siguiente:

<Una mujer fea es una negación, un error de la naturaleza, una flor abortada, un hermoso fruto quemado por el hielo, un árbol que se ha encorvado al crecer, es en fin una anomalía>.

No se puede ser más energúmeno, y creo que sobran los comentarios.

Los ojos pintados y relumbrantes de la serpiente es un entretenido y aleccionador ensayo que le hace a uno reflexionar sobre la concepción que el mundo patriarcal y occidental ha ido construyendo sobre la mujer, y que sorprende por tanta barbaridad misógina. Admirable el trabajo de investigación de Herminia. Muy recomendable.

Sergio Barce, junio 2022

 

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