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LA FOTO DE KASMÍA, por JUAN MANUEL FERNÁNDEZ GALLARDO

Por supuesto, era inveitable que Juan Manuel escribiera algo de la fotografía. Y al llegarme su texto hace unos minutos, lo correcto es colgarlo de inmediato, a continuación de «Kasmía». Así cerramos este capítulo, por ahora.

Sergio Barce, enero 2013

KASMÍA, y Juan Manuel a izquierda

KASMÍA, y Juan Manuel a izquierda

¡Virgen del amor hermoso…! Como decían las abuelas: ¡Vaya foto! Nunca la había visto o, al menos, no la tenía presente y eso que algunas de mis neuronas aún almacenan datos correctos: Sarahuel y blusa… Kasmía vestía sarahuel y blusa (“Recuerdo cada detalle. Los alemanes vestían de gris y tú de azul”).

El bebé que Kasmía lleva en brazos es Sigue leyendo

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KASMÍA

Sigue la pequeña historia de Mohammed, el niño de Alhucemas. Después de que Juan Manuel me enviara esta fotografía de Kasmía, la chica de la que se enamoró Mohammed (foto que colgué en el post anterior), que además es la única imagen que guarda de ella y que, sin embargo, no la muestra del todo porque queda oculta tras Juan Manuel siendo niño…

Kasmia

…después de eso, como digo, mi madre se ha puesto a escarbar en las dos cajas en las que guarda decenas y decenas de viejas fotografías. Y, de pronto, Kasmía está frente a ella, y mi madre la reconoce, y me habla de aquellos días de Alcazarquivir, de nuestra familia, la rama Gallardo, y los recuerdos se le agolpan…

No sé qué pensará Juan Manuel de todo esto, pero daría algo por ver su cara cuando descubra el rostro de aquella muchacha de la que él también se enamoró platónicamente.

Sergio Barce, enero 2013

KASMÍA, y Juan Manuel a izquierda

KASMÍA, y Juan Manuel a izquierda

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LA VIEJA POSTAL – un relato de JUAN MANUEL FERNÁNDEZ GALLARDO

    Me dice que la encontró por casualidad, cuando buscaba otra cosa <i>, y me comenta que al observarla con atención se dio cuenta de la peculiaridad de los elementos que contenía. Entonces, descubrió que aquella antigua tarjeta era, salvando las distancias, un poco como él… que es de Larache, pero que lleva incorporada a su ser más íntimo una marca indeleble alcazareña que lo singulariza. La postal es una foto que muestra un paisaje de Larache, y tiene adherido en su esquina superior derecha un sello de Alcázar que está obliterado <ii> por un matasellos redondo entintado.

Opina que si intentásemos despegar la estampilla de la foto, lo más seguro es que estropearíamos el timbre y dejaríamos malparada la postal. Por tanto, para que ambos objetos permanezcan indemnes, deben continuar juntos para siempre más, en una especie de pacto de parasitismo compartido <iii> que garantice la pervivencia de uno y otro ente, aunque de la coexistencia mutua salga más beneficiado el efecto postal, condenado al olvido o, como máximo, a engrosar en compañía de otros congéneres suyos el oscuro álbum de algún coleccionista filatélico.  

En la unión entre ambos, que podemos ver certificada −como cualquier enlace permanente que se precie− con una alianza circular que los abraza, se puede observar como las veteranas palmeras de Sidi Jacob aproximan su frondosidad al escuálido, joven y solitario eucalipto larachense, mientras que el religioso alminar de la alcazareña mezquita indica a la torre almenada de la Jefatura la dirección que debe seguir y que no es otra más que el camino del cielo en derechura a las estrellas.

La esbelta atalaya laica que sirve de faro indicador de la existencia de la sede donde reside el poder civil “protector foráneo” −instalado tras ventanas árabes de medio punto y observando desde un balcón <iv> estilo “mucharabieh”, el transcurrir de la historia−, ve pasar abúlico las horas marcadas por su reloj, a la espera de que la voz del almuédano se expanda desde lo alto del minarete del templo musulmán a toda la medina para recordar a los fieles mahometanos las obligaciones que tienen contraídas −y que deben cumplir− respecto al poder religioso nativo.

Para que el pueblo no olvide la dependencia que tiene de ambos estamentos, cuando vaya a saciar su sed a la fuente que se adivina a la derecha del cuadro, habrá de pasar entre las horcas caudinas de los dos leones sedentes <v>, representantes de las jerarquías que imponen las leyes espirituales y terrenales.

Pero volvamos al busilis de la cuestión… Me decía al inicio de estas rayas que la añeja postal le recordaba, con las lógicas diferencias que existen entre una persona y una cartulina, a si mismo. Desde siempre, y para no dejarse atrapar por su natural personalidad irresoluta y dubitativa, ha procurado ser permanentemente taxativo en sus decisiones y nada complaciente con las incógnitas existenciales que le han abrumado: ha tenido necesidad de definirse continuamente para saber en todo momento cual era su norte y ha intentado que su comportamiento fuese, en cualquier circunstancia, coherente con el objetivo marcado.

Larache

Reconoce que ha sido muy estricto con su comportamiento “público” (¡Permítase la “boutade”!) y que también ha intentado serlo con las cosas y los temas referidos a su esencia vital, en el ámbito de su privacidad. Cuando ha tenido una duda, ha buscado los mecanismos necesarios para intentar despejar la incógnita y seguir avanzando, a sabiendas de que es un sino humano tropezarse de continuo en el camino que nos conduce hacia el destino con incertidumbres que habrán de superarse a medida que vayan surgiendo.   

Una de las cosas que lleva toda la vida intentando explicarse es la interrogación sobre de donde es él. ¿Es de Larache o es de Alcázar? Nació en Larache, es verdad, pero se crió en Alcazarquivir y, aparte de las explicaciones que le han ido dando algunos componentes de su familia sobre su existencia en Larache, sus recuerdos personales de infancia, los que son verdaderamente propios y no herencia oral transmitida por sus mayores son todos ellos de Alcazarquivir. 

¿Es de Alcázar o de Larache? Esta pregunta siempre ha rondado por su cabeza y nunca ha sabido a que carta quedarse. Muchas veces ha pensado que había llegado la ocasión en la debía decidir tajantemente por una de las dos opciones posibles: o era de Larache o era de Alcázar. Así, taxativamente, sin dudas ni vacilaciones. Las cosas debían ser siempre claras… ¡O carne o pescado! 

Alcazarquivir

Pero era una decisión complicada. Si renunciaba a lo que Larache significa para él a fin de declararse inequívocamente alcazareño, estaba abjurando no sólo de los tres primeros años de su existencia, sino de las vivencias de aquellos meses que sus padres habían intentado sembrar en él y a los “días de vino y rosas, de sonrisas y lágrimas <vi>” que su familia vivió allí.

Si renunciaba a su ser alcazareño para declararse unívocamente larachense estaba contradiciendo no solo sus diez años de residencia alcazareña sino a los principios morales, culturales y éticos sobre los que ha construido su personalidad y que le fueron aportados en esa década en la que se formó como ser racional. Después de su alejamiento de Alcázar ha seguido aprendiendo muchas cosas, ha perseguido con ahínco el conocimiento y la sabiduría y  ha ido intentando descubrir (sin conseguirlo, claro está) las bases certeras sobre las que se sustenta la existencia humana y las normas sobre las que se desarrolla la convivencia entre las personas.

No quiere juzgarse… No sabe si ha aprovechado bien las oportunidades que la vida le ha ofrecido o si ha respondido positivamente a las expectativas que otros esperaban de él. Pero siempre ha sabido que su paso por “el mundo” lo ha desarrollado con el bagaje que adquirió en sus años de formación básica en aquella pequeña ciudad del Protectorado español de Marruecos que colindaba con la frontera de “la Zona francesa”. Después se ha sofisticado, se ha moldeado, se ha pulido; ha ido adquiriendo destreza y disimulo, cinismo y esgrima, tolerancia y educación, pero en su fuero interno siempre ha sabido que él solo era “un chavea de Alcázar”. Sabe que, aún hoy, comete las mismas faltas ortográficas que el día en que se examinó de ingreso de bachiller y sabe que sigue utilizando el mismo baremo (Por cierto… Casi nunca le falla) para “calificar” a las personas que conoce de nuevo que el que utilizaba cuando había de decidir en un segundo si debía confiar su amistad al niño con el que le hacían compartir pupitre o no.

Ha aprendido muchas cosas… aunque ignora infinidad de otras más. Y entre las que desconoce, se encuentra el arcano de entender cabalmente su identidad nativa. A veces, en plan de broma, dice que él nació en Alcazarquivir a los tres años y medio de edad <vii>. ¡No está mal! Disimula irónicamente su vacilación sobre su lar primigenia… Pero aleja la posibilidad de dar solución a su pregunta trascendente: ¿De donde es? Quizá esa sea una pregunta sin réplica, un problema sin solución, una duda sin razón, una incógnita que no se pueda despejar. ¿Y si no hubiese respuesta? ¿Y si no necesitase refutación?

Vuelve a mirar la vieja postal que encontró sin buscarla, por chiripa, un cierto día de un cierto mes de un cierto año. ¿No sería lo más sensato, admitir que su biografía puede quedar resumida en la imagen que refleja la tarjeta? Al fin y al cabo, si así lo hiciera no estaría sino reconociendo el viejo aforismo chino de que “una imagen vale más que mis palabras”. Cada uno de nosotros somos producto de las cosas que nos suceden, de las circunstancias que vivimos, de los sentimientos que experimentamos, de los afectos que recibimos y de las ternuras que devolvemos. ¿Y entonces…? Si somos fruto de multitud de aportaciones diversas… ¿Por qué no podemos definirnos como pertenecientes a los diversos lugares donde hemos vivido? ¿Por qué no podemos sentirnos enraizados en los sitios en los que hemos amado y en los que hubiésemos querido ser amados?      

En él conviven sin contraponerse, el sentimiento de haber nacido en Larache y el de haberse criado en Alcazarquivir. Quizás deba admitir por siempre más que es (sabe que no existe esa palabra y que su procesador de textos la subrayará en cuanto haya finalizado de escribirla) un larachensealcazareño.

Al final, me dice que lo ha decidido… Es como la vieja postal que encontró por azar en una ocasión en la que buscaba otra cosa. Por casualidad… ¡Como él mismo!

5 de Abril de 2008

De mi libreta “Garabateando”, por Juan Manuel Fernández Gallardo

JUAN MANUEL FERNÁNDEZ GALLARDO


[i] ¡Ah, la serendipia…! ¡Y tanto tiempo transcurrido sin saber de ella!

[ii] Sello obliterado.- Sello al que le han aplicado una marca o signo postal para anularlo, inutilizarlo e impedir que pueda emplearse nuevamente a efectos de franqueo.

[iii] Parasitismo.- Es una interacción biológica entre dos organismos, en la que uno de los organismos (el parásito) consigue la mayor parte del beneficio de una relación estrecha con otro, el huésped u hospedador.

[iv] De clara influencia mudéjar, con celosías.

[v] ¿Los que hoy hacen guardia a la puerta del “Jardín de las Hespérides?

[vi] Cedo por enésima vez a transcribir sus “aportaciones” cinematográficas, quizá por que se de cierto que sus padres siempre han sido profundamente abstemios.

[vii] Esta paráfrasis es un guiño a una frase atribuida a Carlos Gardel, cuando el famoso actor y cantante de tangos dijo: “Nací en Buenos Aires, Argentina, a los 2 años y medio de edad». Con esta ingeniosa locución, el cantante desoía las constantes conjeturas sobre su procedencia.

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LARACHE Y EL SUBMARINO ALEMÁN U-617, un relato del larachense JUAN MANUEL FERNÁNDEZ GALLARDO

Juan Manuel Fernández Gallardo nació en Larache, en 1945. Estudió en Alcazarquivir, luego en Ausias March en Barcelona y finalmente en la Escola d´Arquitectura de Barcelona. Es el ahijado de mi abuelo materno, Manuel Gallardo Gallardo, y ha creado una web donde todos los Gallardos se pueden reencontrar… Como él mismo dice, lo que le interesa es la política y la historia, sobre todo la de sus pueblos natales (Larache/Alcazarquivir), la de su empresa de toda la vida (Pegaso), la de su ciudad (Hospitalet) y la de su barrio, Santa Eulàlia Provençana.

Juan Manuel con su íntimo amigo Steven Spielberg -el del museo de cera-

Hace ya un tiempo, bastante, me envió un relato que forma parte de su obra “Recuerdos inciertos”. Habla de un submarino embarrancado, de una leyenda, de una ciudad mágica: Larache. Y de verdad que es una delicia leerlo por el cariño que desborda por su amada tierra y por la increíble aventura que, como él mismo cuenta, todos los niños de Larache o de Arcila, fuésemos de la generación que fuésemos, escuchamos alguna vez… Una aventura que sucedió hace muchos, muchos años, con un submarino alemán durante la Segunda Guerra Mundial, tal vez frente a las costas de Larache…

Sergio Barce, junio 2012

EL SUBMARINO EMBARRANCADO

Durante años he tenido en mi memoria la imagen de un submarino varado en la barra de Larache, allá entre el promontorio sobre el que descansa la ciudad –dominando el océano– y la playa de “La otra banda”, en la desembocadura del Lukus, en el lugar donde el río entrega al Atlántico todos sus dones, después de haber remoloneado entre los meandros del valle, pesaroso de tener que acabar su camino entre aquellas tierras del país de las Hespérides.

Creía, porque así me lo habrían explicado mis mayores, que aquel submarino (o lo que de él quedaba) era un sumergible de la armada alemana que había ido a parar con sus hierros en ese lugar después de una escaramuza bélica llevada a cabo durante la Segunda Guerra Mundial, en la que, a ojos vistas, había corrido con la peor parte.

Desde que me conecto con internet, en multitud de ocasiones he buscado alguna referencia respecto a aquel submarino embarrancado frente a las playas en que bañábamos nuestra niñez y en ninguna de ellas he tenido éxito. Ya de mayor, en conversaciones con personas que han vivido en Marruecos, familiares, paisanos y amigos míos, cuando yo sacaba el tema del sumergible todos me decían que no recordaban ese submarino varado en la barra del Lukus.

Hace casi dos años, en un encuentro que hicimos algunos alcazareños en Barcelona con motivo de la visita que giraban a la Ciudad Condal nuestro ínclito amigo Diego “Valdés” García Carrasco y su encantadora esposa, Maria Luisa, hubo ocasión, en dos sesiones, de comentar infinidad de cosas sobre Alcazarquivir y Marruecos. Entre los muchos temas de los que se habló durante la sobremesa surgió una conversación sobre Arcila. En un momento determinado, uno de los comensales, hablando del puerto y de las playas de la bella ciudad atlántica, para indicar un sitio preciso dijo: “Allá, en el lugar en que se encontraban los restos del submarino alemán”. ¿Cómo? ¿Los restos de un sumergible alemán?… ¡Si, si! Dos personas más recordaban el pecio y sus dos ubicaciones, ya que los restos de la nave fueron trasladados algún tiempo más tarde desde el sitio donde quedó varado en su inicio a un nuevo lugar. Parecía que había sostenido una batalla con algunos buques británicos y había quedado malparado, refugiándose en el puerto de Arcila donde fue bombardeado por unos aviones ingleses que iban a su caza.  

Al llegar a casa, intenté de nuevo buscar en la red datos sobre el submarino de mi infancia –ahora con nuevos parámetros–, aunque tampoco encontré nada. Pero al presente estaba seguro que el derrelicto que vi no era un buque fantasma… ¡Había existido, aunque recordaba mal el sitio donde lo había visto! A pesar de que existía algún detalle erróneo, podía confirmar que el hecho no era fruto de mi invención, sino que la existencia del bajel medio hundido había sido una circunstancia real y verídica. Mi memoria me había dicho durante mucho tiempo que había visto un submarino varado en la playa de Larache[1], pero mi memoria me jugaba una mala pasada. Mi familia también disfrutaba de los baños de mar en la playa de Arcila y seguramente fue allí donde había visto “mi submarino”. Se recuerda un hecho, pero se confunde un dato… ¡Normal, son los años!

Así quedó el tema: en una satisfacción intermedia sobre la calidad de mis recuerdos infantiles. Pero hace unos días, navegando por la Red, leí un mensaje de una persona que pedía datos sobre una posible base secreta de submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial cerca del Cabo de Tres Forcas, concretamente en Mina Rosita.

Sentí curiosidad. ¿Seria posible la existencia de esa base secreta? ¿Dónde está el Cabo de las Tres Forcas? ¿Qué es Mina Rosita? Solución: mirar en la red (la Red crea la necesidad y la Red ha de satisfacerla… Por cierto… ¿Qué hacíamos cuando no había Internet?) El Cabo de Tres Forcas está cerca de Melilla y Mina Rosita es una playa de ese litoral mediterráneo próximo a la española ciudad del Norte de África, en la región de Kelaya.

Sobre la base secreta de submarinos, nada de nada, pero… ¡encontré una noticia curiosa!: En una ensenada que hay al oeste del cabo de Tres Forcas, a la altura de Melilla  pero en la costa opuesta del extremo del cabo, fue hundido en 1943 el submarino “U-Boote 617” de la Armada alemana (Kriegsmarine). El primer titular que encontré fue éste: “Un episodio de la guerra submarina en el Mediterráneo en 1943: U 617, el único submarino alemán “hundido” por la Armada Española” ¡Mande! ¿Un sumergible alemán hundido por España? Busqué más entradas en la red y la historia final, que os adjunto resumida, es la siguiente:

El Submarino alemán U-617

El 12 de septiembre de 1943 el sumergible germano U-617 fue severamente dañado en el Mediterráneo por el ataque de aviones ingleses. El U-617 era un submarino del tipo VIIC y estaba comandado, desde el 9 de abril de 1942, por el Kapitänleutnant Albrecht Brandi, portador de la cruz de caballero –RK– con hojas de robles, espadas y brillantes, que había hundido 11 barcos entre las dos fechas mencionadas.

El día anterior, tras hundir al destructor inglés “Puckeridge” que se dirigía a toda máquina en dirección a Gibraltar, el capitán Brandi, consciente de que sería perseguido, decidió esperar a la noche para emerger y navegar en superficie –con los motores diesel, de modo que se recargaran las baterías de los motores eléctricos que se usaban en inmersión– hacia el este, bordeando la costa marroquí en aguas de soberanía española, es decir, dentro de la zona de tres millas, donde no les buscaría nadie. Su objetivo era situarse al sur de la isla de Alborán, por donde pasaban los convoyes cargados en dirección al este.

Capitán ALBRECHT BRANDI

Poco después de la medianoche del 11 de septiembre, el submarino fue descubierto mediante el radar por un avión “Wellington” de la RAF, que bombardeo al U-617 alcanzándolo, al menos, con tres cargas de profundidad. En el submarino, además de la artillería, quedaron inutilizados los dos motores eléctricos (y las baterías, por lo que la inmersión era imposible) y uno de los diesel. El segundo, aunque también desencajado, pudo ser puesto en marcha por los técnicos, dando una velocidad de unos 5 nudos. El agua que entraba por las grietas, en contacto con las baterías, producía gas tóxico (cloro): en el interior sólo podían quedar tres personas con máscaras antigás.

El avión inglés observó que la nave tenía problemas de gobierno, e informó de sus movimientos. A las 03.15 llegaba un segundo “Wellington”. Como el barco parecía dirigirse a aguas neutrales, el piloto no tardó en atacar: también lanzó sus seis cargas de profundidad.

El navío llegó a un punto rocoso de la costa –Afrau, entre cabo Tres Forcas y cabo Quilates– y cuando se encontraba cerca de tierra firme, embarrancó, quedando el U-Boot escorado unos 25 grados a babor. La mayoría de la tripulación saltó al agua por propia iniciativa para nadar hacia la costa. Los que quedaban destruyeron los cilindros y la máquina Enigma y los códigos de descifrado.

El U-617 quedó varado a una distancia de la playa que difícilmente puede pasar del centenar de metros y al día siguiente sería bombardeado por los escuadrones de “Hudson” y “Swordfish” de Gibraltar con bombas y cohetes. Después, los cañones del mercante armado “Haarlem, de la corbeta “Hyacinth (británicos) y del minador australiano “Woollongong” bombardearon al U-617 “hasta romperlo en pedazos”, pero sin hundirlo. También los propios alemanes pretendieron echar a pique su nave haciendo explotar un torpedo en el interior del submarino, pero tampoco eso hizo naufragar al barco.

Poco después, una columna automóvil del Ejercito Español llegó al encuentro de los tripulantes del U-617. Ese mismo día 12 de septiembre, los alemanes fueron enviados en autobuses al cuartel de la Legión en Nador, donde pasaron “dos o tres semanas”. La tripulación, entre la que no se produjeron bajas, quedó internada en España (en Sevilla o Cartagena) hasta el final de la guerra. El capitán Brandi –con el consentimiento de los españoles– pudo escapar y el 19 de mayo de 1944 fue condecorado con las espadas para la RK y el 24 de noviembre siguiente con los diamantes, siendo así el segundo y último submarinista que recibió esta máxima condecoración.

Kapitän-Leutnant Albrecht Brandi, a la derecha

Para el Leutnant zur See Graf von Arco, que era experto en explosivos, llegó una carta del Alto Mando Naval Alemán (Oberkommando der Kriegsmarine-OKM) desde Berlín: “quedarse en Marruecos. Volar el U-Boot. Más información por el agregado militar”. El cónsul alemán en Tetuán, Krämer, proporcionó explosivos a Arco y éste contrató un bote de pesca “con un timonel hábil y discreto”. En una noche sin luna, salieron de Melilla y, tras no pocos esfuerzos, localizaron el U-617. Arco colocó la carga en un tubo de torpedos y la accionó a distancia con un cable. La carga explotó, pero el U-Boot no se movió. Arco realizó un segundo intento, con una carga más potente, igualmente fallido. Por fin, el cónsul le comunicó que el OKM había conseguido, por mediación del ministerio de Exteriores alemán, la colaboración de la Armada Española para hundir el U-Boot.

A fines de octubre de 1943, un dragaminas español que salió desde Melilla (El ex “Poilu” francés, de 370 toneladas, botado en 1917 y adquirido en 1922) navegó hasta el lugar donde se encontraba el U-617. Un buceador del barco español se internó en el agua y colocó una carga explosiva bajo el casco del submarino. Al poco tiempo, se produjo una  tremenda explosión y el sumergible alemán se hundió definitivamente.

El dragaminas de la Armada Española había sido rebautizado, al ser comprado a Francia, con el nombre de ¡¡¡“Larache”!!!

El Guardacostas LARACHE en el Puerto de Ceuta

¿No es curioso? El barco cuya tripulación consiguió finalmente mandar al U-617 al fondo del mar se llamaba “Larache” ¿Se cierra el círculo de mi historia? Submarino alemán… Embarrancado… Arcila… Larache…

No será que este singular hecho de armas sucedido en plena guerra mundial caló hondo en la sensibilidad de la población española del Protectorado de Marruecos y fue explicado y trasmitido a los niños de nuestras generaciones como una leyenda, como una aventura que las mentes infantiles adaptaron a su medida en función de cómo recibieron la explicación de la odisea última del U-617.

A lo peor, no hubo submarino embarrancado en Larache, ni adosado al muelle del puerto de Arcila, o a lo mejor, el espectro del U-617 (errante y sin descanso por el final indigno que había padecido) aparecía en aquellas playas donde mentes infantiles imaginativas querían ver materializado al sumergible alemán de la epopeya que les habían explicado sus padres o sus abuelos. ¿Quién sabe?    

 De mi libreta “Recuerdos inciertos”

Juan Manuel Fernández Gallardo

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[1] Algunos larachenses me han confirmado, en conversaciones sostenidas en este año 2007, que en la barra de Larache habían los restos de un barco, no de un submarino. La foto mostrada es de 1910.

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Y AÑADO POR MI PARTE OTRA CURIOSIDAD

ABAJO TENEIS LA IMAGEN DE UN BUQUE MERCANTE QUE TAMBIÉN SE LLAMÓ

  <LARACHE>

El navío LARACHE

Uno de los barcos alemanes internados en España fue el Larache, construido en 1923 y perteneciente a OPDR. Fué renombrado como Ria de Camariñas, pasando con este nombre a COFRUNA en 1945. Fue adquirido en 1961 por Naviera Lagos, que le renombró LAGO MAR.  Esta le vendió también a Castañer y Ortiz en 1963 y fue desguazado en 1965.
    Fue construido en Hamburgo para OPDR. Esta foto le muestra ya como Lago Mar.

Sergio Barce

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