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NOTAS A PIE DE PÁGINA 8 – DE BERLANGA A HOUELLEBECQ

Llevo una semana hecho un guiñapo. El covid me ha cazado, así me lo ha confirmado el test de antígenos. Pero por suerte los síntomas que vengo padeciendo son como los de una gripe de toda la vida: cuerpo destemplado, cansancio, carraspera, algún estornudo y los músculos doloridos, como si me hubiesen apaleado. Suficiente para no tener ganas de nada. Y todo aderezado con este calor bochornoso y las noticias diarias que leemos en los periódicos o vemos en televisión que, en general, desmoralizan.

Pero no todo ha sido negativo. En estas semanas he visto buen cine, dos excelentes series de televisión y he leído también buenos libros.

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La serie de televisión es Better call Saul, y las cinco temporadas disponibles en Netflix han caído una a una sin respiro. De lo mejor que he visto, con un guion que no deja de dar giros y de sorprender. La otra es la miniserie In my skin, dirigida por Lucy Forbes y Molly Manners. Dura y sin concesiones, no solo retrata a la adolescente protagonista sino a toda la sociedad británica. Una serie que plantea situaciones inquietantes, pero con una sutil carga de humanidad. 

Muy recomendable el libro Berlanga. Vida y cine de un creador irreverente, biografía escrita por Miguel Ángel Villena, editada por Tusquets. Conocer a fondo a García-Berlanga te hace apreciar aún más su trabajo y su persona. Eso me ha llevado a visionar, por enésima vez, su obra maestra El verdugo (1963). No hay mejor alegato contra la pena de muerte que esta historia de humor negro-negrísimo. Una de esas películas en la que ni sobra ni falta nada, con escenas que se quedan grabadas para siempre. 

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Curiosa la película Roman J. Israel, Esq., dirigida por Dan Gilroy, con un excelente Denzel Washington. Me ha atrapado el personaje central, una especie de idealista anclado en el pasado, que, por una serie de circunstancias, se convertirá en lo que siempre detestó. Y otra buena cinta es Historia de un matrimonio (Marriage story) de Noah Baumbach. El matrimonio lo interpretan Scarlett Johansson y Adam Driver, que están impecables. Me gusta el ritmo del film, la aparente simpleza de lo que se nos narra. Cómo sacar partido de una historia sencilla. Hay claras influencias del cine de Woody Allen, sin duda. 

Si he revisado El verdugo, lo mismo he hecho con la relectura de Nada, de Carmen Laforet. Habían transcurrido no sé si cuarenta años desde que leí la novela por vez primera y al volver a hacerlo ahora me ha impresionado aún más. Es de una calidad admirable. Es una obra que no se marchita con el tiempo, al contrario, es moderna y actual. Me alegro de haber decidido volver a abrirla. 

Entre lo mejor que ha ocurrido este verano (lo numero por comodidad): a) recibir un correo del maestro Javier Valenzuela tras leer el borrador de una novela negra que le he enviado, y que escriba, entre otras cosas: “tienes una novela negra mejor que la mayoría de la basura que se publica en España” (Pues no digo nada. Un empujoncito de ánimo.); b) ver acabada la maquetación de mi libro de relatos El mirador de los perezosos, que sale a la calle a primeros de septiembre; c) recibir una llamada inesperada de Mohamed el Morabet para charlar por charlar, y eso hicimos; d) estar con mis hijos más tiempo -el que podemos-; e) nadar en la playa (poco, para lo que me gusta, pero intensamente); f) haber llamado a Luis Salvago para que me hablara de su libro afgano; g) haber tomado unas cervezas con Jose Garriga Vela, una vez más; h) no haber pisado la feria; i) las cenas que hemos disfrutado con los amigos; j) escuchar música de fondo mientras escribo; k) los ratos callados viendo cine; l) comer con Jesús Ortega para hablar de todo lo que nos gusta; m) no pensar en el trabajo cinco horas seguidas (ni me lo puedo creer); n) haber cumplido un año más y haberlo celebrado; ñ) no sé qué poner en la ñ; o) darme cuenta de que me fluyen ideas sin cesar para nuevos libros y relatos; p) que mi padre siga con nosotros, que sea capaz de vivir con autonomía en su casa, que mantenga su lucidez; q) haber escrito mi primer guion para un largometraje que, ayer, envié a mi hijo Pablo para conocer su opinión. Creo que hay buen material. Hay más, pero me lo guardo. 

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Menciono dos libros más, y acabo. El primero, Plataforma (Plateforme) de Michel Houellebecq. Edita Anagrama. Una novela contundente. De narrativa ágil, sus planteamientos son realmente interesantes. Me ha gustado, porque deja un inquietante sabor de boca que te hace pensar durante unos días tras acabar de leerla. El segundo libro, que también recomiendo, es Cuaderno de memorias coloniales (Caderno de Memórias Coloniais) de Isabela Figueiredo. Publicado por Libros del Asteroide. También es un libro impactante en su despiadado y realista retrato de la actitud de los colonos portugueses en Mozambique hacia los negros, la independencia del país, la salida de los colonizadores, todo ello visto desde los ojos de una niña blanca. Como la propia escritora reconoce, es un libro escrito para librarse de la culpa. Muy buena lectura. 

Me tomo otro paracetamol dispuesto a acabar con el covid que me ha trastocado los planes de estos días. Y acabo. No sé si tiene mucho sentido todo lo que he escrito, porque la idea inicial era hablar de Lorenzo Silva, de algo que he encontrado en un cuaderno de viajes. Lo dejaré para la próxima nota a pie de página.

22 de agosto de 2022

 

 

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