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áL. El dialecto árabe de LARACHE

Sigo pensando que la ciudad que me vio crecer es única y especial. Tan excepcional que incluso allí se habla un dialecto árabe propio (sin mencionar el haketía que utilizaban en su momento los hebreos que vivían tanto en Larache como en Tánger, o de los giros lingüísticos que se utilizaban por los españoles y que tomaban prestadas palabras tanto hebreas como árabes), todo ello fruto de la mixtura, de la convivencia, de la estrecha relación que se estableció entre todos.

Respecto al dialecto árabe de Larache, denominado dialecto áL. éste ha dado lugar a varios estudios lingüísticos, entre los que se encuentra el libro de Francisco Moscoso García, titulado “Estudio Lingüístico del Dialecto Árabe de Larache (Marruecos)” (Universidad de Cádiz, 2003).

Aunque es un libro destinado a quienes atraen este tipo de materia, no deja de ser curioso y fascinante comprobar el interés que este dialecto ha ido despertando a lo largo de los años.

En la introducción al libro, dice Francisco Moscoso:

“Jean Cantineau decía en 1955 que hasta el momento se habían publicado muchos textos en dialecto y pocos estudios gramaticales y glosarios. Es el caso del libro publicado en 1913 por Maximiliano Alarcón y Santón <Textos árabes en dialecto vulgar de Larache>. Estos textos fueron recogidos por el autor en Larache, entre el 27 de julio y el 13 de octubre de 1910…

(…) El autor antes citado dice que los dialectos beduinos en Marruecos, además de otras zonas, se extienden a lo largo de la llanura atlántica, desde Arcila hasta Mogador. Así pues, el árabe de Larache, ciudad costera situada a unos treinta kilómetros al sur de Arcila, pasaría a formar parte de este grupo. Sin embargo, esta información no es totalmente exacta, Simón Lévy ha puesto de manifiesto que la división de los dialectos magrebíes antes descrita es más <génétique que chronologique> ya que los dialectos <prehilalíes> han continuado extendiéndose incluso después de los siglos XI y XII, especialmente en el Norte de Marruecos. (…) Los españoles ocuparon Larache entre 1610 y 1689. Después de este período, esta ciudad fue repoblada por gentes venidas del Rif y de la región de Yebala, igual que ocurrió con Tánger y Arcila. Además hay que tener en cuenta la influencia que ejerció el dialecto árabe de Fez (musulmán y judío) ya que Larache era un puerto comercial muy importante, y muchos comerciantes de aquella ciudad tenían intereses en ella. El análisis de los textos en áL. nos confirma este dato ya que el dialecto al que pertenecen es de tipo <prehilali> con influencia de los de montaña (Yebala) y con algunos rasgos que pertenecen a los dialectos beduinos.

Volviendo al libro de Alarcón, los textos que aparecen en la obra, un total de once, se refieren a costumbres y a cuentos populares de Larache. Los once relatos se encuentran escritos en grafía árabe y en transcripción. Al final del libro se recoge la traducción de éstos y un pequeño vocabulario bastante escueto…”

El libro de Francisco Moscoso parte pues de este libro de Alarcón para hacer un detallado estudio del dialecto árabe de Larache, el  áL., tanto de los aspectos fonéticos y fonológicos, como de su morfología verbal, nominal, sintaxis y vocabulario, añadiendo notas y conclusiones de su estudio.

Ya digo que es un libro para estudiosos de la lingüística y de los dialectos árabes de Marruecos, aunque despierta la curiosidad por descubrir algo propio y original, algo de la idiosincrasia larachense.

Sergio Barce, marzo 2011

Francisco Moscoso es doctor en Filología árabe por la Universidad de Cádiz. Actualmente es profesor titular en el departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.

Algunos de sus libros son “El dialecto árabe de Chapen. Estudio lingüístico y textos” (2004), “Curso de árabe marroquí” (2006) o “Cuentos en dialecto árabe del Norte de Marruecos” (2007), entre otros.

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LARACHE vista por… ALI BEY (Domingo Badía)

Domingo Badía, disfrazado de Ali Bey

En 1805 llega a Larache el aventurero Domingo Badía, disfrazado de musulmán con el nombre de Ali Bey. Personaje muy curioso, con una vida aventurera y trepidante, fue espía de Godoy, y por esa razón fue finalmente expulsado de Marruecos a través del puerto de Larache. He tomado su “Viajes por Marruecos” en la edición de Salvador Barberá Fraguas, Punto de Lectura, Ediciones B, julio de 2000. Lectura que recomiendo por su curiosidad, y por los detalles de ese viaje y las notas aclaratorias del mismo, y que, creo, utilizaré en algún otro artículo próximamente.

En su mencionado libro “Viajes por Marruecos”, Domingo Badía, o Ali Bey, escribió:

“…después de atravesar un riachuelo, entramos en Larache a la una de la tarde.

Laraisch, que los cristianos llaman Larache, es una ciudad pequeña, que tendrá unas cuatrocientas casas, situada en la cuesta septentrional de una colina escarpada, desde donde se extienden las casas hasta la orilla del río, cuya embocadura es un abra para los buques grandes. Los bastimentos que no pasan de doscientas toneladas pueden entrar en el río, pero tienen que descargar para pasar la barra.

Hay en Larache varias mezquitas; la principal es de buena arquitectura. Vese también un espacioso mercado rodeado de arcos, sostenidos por columnitas de piedra (La alcaicería). Es el más hermoso que he visto en el país. Fue construido por los cristianos, al igual que las principales fortificaciones. Después de haber poseído esta ciudad los españoles, fue reconquistada por Muley Ismail. (Nota: Larache fue cedida por el sultán sa´di Muhammad aî-`Sayj y ocupada por el Marqués de San Germán el 20 de Noviembre de 1610. Muley Ismail la reconquistó en Noviembre de 1689 tras un asedio que duró dos meses. La aventura quedó saldada por parte española sólo lustros después cuando se obtuvo por fin la liberación de los últimos cautivos).

Por el lado de tierra protege la ciudad una buena muralla con su foso, y la puerta y el puente están defendidos por dos medio bastiones. La alcazaba o castillo, que está por parte de tierra al sur de la ciudad, es un pequeño cuadrado de bastiones con orejones, rodeado de fosos, todo bien bastante conservado, a excepción de parapeto, que se haya ya muy deteriorado. Por desgracia, la ciudad carece de agua; la que beben viene de un manantial situado a la orilla del mar, a ciento ochenta toesas de la muralla, en un sitio a cubierto de los fuegos de la plaza (Nota: se trata de la fuente de Sidi Álláh Ibn Ahmad en la vertiente exterior de la barranca rocosa). Se saca también de otro manantial que dista una legua. A un extremo de la ciudad, en la embocadura del río, hay un castillo que me dijeron fue construido por Muley Yezid (Nota: Se trata de una edificación más antigua que el reinado de Muley Yezid /1790-1792/. Este sultán visitó cuatro veces Larache durante su reinado, según relata ad-Du´ayyif, pero que no señala que se dedicara en esas breves etapas de visita a la construcción o reparación de las fortalezas. Este castillo, llamado de San Antonio por los españoles, es más antiguo que el de la parte de tierra o de las Cigüeñas). La fortaleza cuadrada está guarnecida por varias pequeñas culebrinas. Defienden la embocadura del puerto dos baterías colocadas al sur y otra batería o castillo por el mismo lado con cañones y mortero, situada a trescientos cincuenta toesas de distancia (Nota: se trata del Castillo de Nador, llamado de los Genoveses en el siglo XVII). Al norte del río o del puerto no hay especie alguna de fortificación.

A trescientas toesas al sur de la última batería de cañones y morteros, hay sobre la lengua del agua algunas obras, que vistas desde el mar tienen apariencia de  una fortaleza pero que no son sino ruinas de una casa y de un molino de viento.

A sesenta toeses al ESE del Castillo cuadrado, está la capilla o santuario de una santa mujer, patrona de la ciudad, llamada Léla Menána. Allí se venera su sepulcro .(Nota: Lälla Mennana Mishähiyya, la patrona de Larache, protectora de los viajeros, cuyo mausoleo en medio de los jardines se encuentra fuera de las murallas del antiguo Larache ) Jamás he podido desembrollar la complicación de ideas que ha suscitado en mi espíritu la existencia de la canonización de una mujer, con la exclusión del paraíso anunciada tácitamente por la ley a su sexo. Pero Dios sabe más que los hombres.

La costa del sur la forma una roca bastante elevada y la del norte una pequeña franja de arena.

De orden del sultán Sidi Mohamed Salami, que era bajá de la ciudad, se destinó para alojamiento la mejor casa, situada sobre el gran mercado, al lado de la mezquita principal.

A pesar de estas ventajas, no pudiendo subir al terrado para ver el cielo enteramente descubierto, me fue imposible tomar distancias lunares, pero mi longitud quedó bien establecida por los eclipses de los satélites… La temperatura es muy suave e igual a la de Andalucía.


La ciudad está rodeada de arena roja, que considero como un detrito de feldespato, con grandísima disposición a aglutinarse. La roca elevada del mediodía la forman capas perfectamente horizontales, muy delgadas y próximas unas a otras, lo cual forma un tejido apizarrado, cortado perpendicularmente a la orilla del mar. Dichas capas de roca son formadas únicamente por la arena roja ya aglutinada en el delgado tejido apizarrado.

Hay algunos huertos en Larache. Los víveres son buenos y el agua, aunque fuerte, no es malsana.

Consecuencia del viaje de Uschda fue la enfermedad que me aquejó por diez días… Tomé los baños del mar y aproveché la ocasión para enriquecer mis colecciones de productos marítimos.

 Hallábase a la sazón en Larache una corbeta de Trípoli; después de haber pasado muchos meses en el río, dio orden el sultán de fletarla a su costa, destinando la cámara de popa para mi travesía a Levante… El domingo 13 de Octubre de 1805, día de mi partida, fui por la mañana a despedirme del bajá, quien me hizo las mayores demostraciones de aprecio y consideración, añadiendo que si quería embarcarme a las tres de la tarde, asistiría a mi partida. Lisonjeóme demasiado tal propuesta para no consentir en ella. Embalados mis equipajes y cargados a bordo, acudí al puerto a la hora convenida para embarcarme con todas mis gentes. Pregunté por el bajá y me respondieron que iba a llegar. Mientras venía la chalupa, aguardé algunos instantes en la orilla del mar, en un sitio donde la muralla forma un ángulo entrante, y donde se halla un callejón que sale del ángulo. Llegada la chalupa y no apareciendo el bajá, me disponía ir a bordo, cuando por un lado y otro se presentaron dos destacamentos de soldados y otro tercero desembocó por el callejón. Los dos primeros se apoderan de todas mis gentes, el otro me rodea y me ordena embarcarme solo y partir al instante. Pregunto la causa de tan extraño proceder y me responden: Es orden del sultán. Pregunto por el bajá y me dicen imperiosamente: Embarcaos. Entonces vi claramente la mala fe del sultán y del bajá, quienes hasta el último instante habían ordenado se me hiciesen los mayores honores por las tropas y pueblo, mientras meditaban el golpe que debía herirme profundamente, pues miraba yo con tanto interés la suerte de las personas que me eran afectas, como la mía propia.

Embárqueme en la chalupa, despedazado el corazón por los gritos de algunas personas de mi comitiva, desoladas por esta separación. Bajé el río, devorado por la rabia y la desesperación, hasta llegar al paso de la barra, donde los fuertes golpes de las olas me excitaron el mareo, lo cual fue beneficio para mi salud, pues el vómito desembarazó mi cuerpo de una enorme cantidad de bilis, pero extenuado por tan violentas sacudidas morales y físicas, llegué casi sin sentido a la corbeta que estaba anclada a poca distancia fuera de la barra. Habiendo subido a ella, me condujeron a la cámara y me metieron en la cama. De este modo salí del Imperio de Marruecos…”

Domingo Francisco Jordi Badía y Leblich nació en Barcelona en 1767 y murió en Damasco en 1818. Fue militar, espía, arabista y aventurero, conocido también como Alí Bey el-Abbassi. Estudió árabe en Córdoba y estudió la aerostación. Ya en Madrid, el ministro Godoy le envió a varios países musulmanes bajo el disfraz de Ali Beu el-Abbassi, recorriendo Argelia, Libia, Turquía, Grecia, Siria, Egipto, Arabia, y, como queda dicho, Marruecos. El rey José I, hermano de Napoleón, le nombró alcalde de Córdoba (pues se había ofrecido a trabajar para la corte francesa que había invadido España). Su vida azarosa y aventurera tuvo un final digno de ella: cambió su nombre por el de Ĥãŷŷ ‘Ali Abu ‘Uțmãn (Ali Othman) y se marchó a Damasco, donde fue desenmascarado por los servicios secretos británicos que lo envenenaron en la capital siria.

Describió en sus libros sus viajes por Marruecos, Trípoli, Chipre, Arabia, Siria y Turquía, y dejó también descritas sus observaciones sobre Geografía, Botánica, Zoología, Entomología, Geología y Meteorología. Fue el primer español no musulmán en pisar La Meca y en entrar en el santuario de La Kaaba. Su famoso libro “Viajes por Marruecos” fue editado en su momento en varios países europeos.

Sergio Barce, marzo 2011

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ZOCO CHICO DE LARACHE… por RAMÓN TARRÍO

Ramón Tarrío

Ya es hora de que haya un poco de música en el blog… Al hablar de «Larache vista por Paloma Fernández Gomá» hacía referencia a que sus versos habían sido musicalizados por el cantautor Ramón Tarrío. Pues bien, Ramón ha tenido la gentileza de enviarme el enlace del vídeo de su adaptación musical de los versos que Paloma dedicó al «Zoco Chico de Larache«, en el que, además de la excelente música que hace, incluye alguna imagen del día que actuaron en Larache dentro del Festival de Música que en el 2007 organizamos «Larache en el Mundo» y «Almada» en el Castillo de las Cigüeñas, y al verlas me han venido los recuerdos de aquel encuentro que tanta repercusión tuvo en la ciudad. Y sé que a Ramón Tarrío y a los componentes de su grupo, también les resultó una experiencia inolvidable.

Disfrutad de su música:

http://www.youtube.com/watch?v=Cevw7-Ayb20

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LARACHE vista por… ITZIAR GOROSTIAGA (2)

Por segunda vez cuelgo fotografías de Itziar Gorostiaga. Sus imágenes me parecen poseer el encanto de la curisodad, de la mirada ingenua y virgen de quien va descubriendo una ciudad que aún es novedosa y desconocida.

Pasear por el Balcón del Atlántico, detenerse, perder la mirada en el horizonte.

 Pasan las horas, el mar rugiendo contra el acantilado, su ruido y su olor, sólo asistir al espectáculo de su particular lucha contra la costa.  Al fondo, tras el espigón, la playa peligrosa, interminable, salvaje.

 Por todo Larache encuentras los vendedores de palmito, de higos y brevas, de uvas, fresas, naranjas o manzanas, de melones de Tlata de Reixana, de gallinas, pescado o frutos secos,  mujeres de los aduares cargadas de leche y de queso, y los olores invadiendo las callejas, bien junto al Mercado Central, cerca de la antigua calle Barcelona o en la entrada a la calle Real.

Junto a la puerta de la Alcazaba, la fruta tiñe el aire con su sabor jugoso y primitivo, aún como antaño.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Larache, abigarrada, mezcla de religiones ancestrales, de mitos, de campos santos musulmanes, cristianos y hebreos. Larache, ejemplo de tolerancia, un crisol de culturas.

Larache, océano, tierra y cielo. Vuelvo al Balcón, imán inevitable.

El Balcón del Atlántico, mirador y acantilado, como un palco excepcional que ofrece el mejor escenario posible.

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Fin de año y Reyes Magos en LARACHE

mi madre es la segunda por la derecha, fiesta en el Casino de Larache

Aprovechando que estamos en vísperas del día de reyes, unas dosis de nostalgia…

Además de celebrarse el fin de año o los carnavales,

carnaval casa de españa Larache

(ahí van algunas imágenes de tales eventos)…

…cuando llegaban los Reyes Magos, lo hacían «de verdad». La cabalgata cruzaba la ciudad, y luego, durante la noche y la madrugada, los tres Reyes y sus pajes, recorrían las casas para entregarte los regalos en mano.

ahí estaba yo, recibidendo mis regalos de manos del rey Baltasar (esa noche «interpretado» por Jose Luis Gómez)

Para un niño era, sencillamente, alucinante.  Los Reyes despertándote, si es que habías conseguido quedarte dormido, para darte lo que habías pedido en tu carta.

He de aclarar, a quienes puedan pensar que esto sucedía sólo durante la época en que Marruecos estaba sometido al Protectorado, que la costumbre continuó y algunas de estas fotos son de los años sesenta y setenta, es decir,  muchos años después de la declaración de independencia de Marruecos que se produjo en el 56… El respeto y la tolerancia siempre ha sido una seña de identidad de Larache.

Manolo Álvarez encarnando a uno de los Reyes Magos

Fin de año en Larache, en primer plano: Yasmina, Nadia, Marina López Matres

Recuerdos imborrables.

Y aún hay quien me pregunta por qué razón escribo tanto sobre  mis años en Larache. Hay tantas razones para pensar que viví en un lugar excepcional que, a medida que escarbo, más motivos encuentro para seguir haciéndolo.

Sergio Barce, enero de 2011

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