«LA BOLA NEGRA», UNA PELÍCULA DE JAVIER AMBROSSI Y JAVIER CALVO

Apabullante. Así es «La bola negra», de Javier Ambrossi y Javier Calvo. Apabullante, porque te traspasa como si te lanzasen ráfagas de sensaciones de las que sales tocado en lo más hondo. Desde la primera escena, la cinta sorprende por su ruptura con lo convencional. Los guionistas, Ambrossi, Calvo y Alberto Conejero, retuercen el pescuezo a la realidad y la exprimen para sacar de ella una suerte de juego malabárico. Narran en tres planos temporales que se engarzan a la perfección. No es una película sobre la guerra civil española, que lo es, ni un biopic de Lorca, al que homenajea y hace partícipe de una manera poética, onírica y magistral. Si digo que me he emocionado con esta película, tal vez me quede corto. Se te hace un nudo en la garganta y te hace pensar en tantas cosas distintas que la he tenido que ver en dos ocasiones. La segunda proyección me ha servido para descubrir la letra pequeña de este trabajo admirable de Ambrossi y Calvo, que se han convertido en referentes de un cine distinto y atemporal. La serie «La Mesía» ya me confirmó que estamos ante dos artistas arriesgados y audaces.

Sí, «La bola negra» es una cinta apabullante. Te corroe la conciencia, te remueve las entrañas, te zarandea por dentro de manera violenta. Lo que cuenta es vital que sea contado en estos días oscuros que vivimos. Es arrolladora en la forma en la que nos muestra, en carne viva, a pecho descubierto, lo que significa no poder ser quien uno es por imposición de otros. Aviso a navegantes en este resurgir actual de la ultraderecha. Porque también es un canto a la libertad absoluta, al libre pensamiento, al respeto al diferente. Cómo se cuenta todo esto es el gran descubrimiento. Los directores han creado una obra total. Desde el perfecto montaje de Alberto Gutiérrez hasta el resto del equipo técnico, con una dirección artística y de producción que deslumbran. La música es excelente. La banda sonora de Raúl Refree emboza al espectador como si fuese la piel de la película. El tema «La nieve», compuerta por Refree y Guitarricadelafuente, inspirada en versos de Lorca, no solo es parte de esta banda sonora, sino que se convierte en casi un himno, que no me resisto a transcribir. Dice así esta maravillosa canción:

Guardo el deseo en un camafeo
Reliquia, imperio andaluz
Espero el instante de esta tierra gigante
De hacerte un destello de luz
No pestañeo

Mira qué tontería
Arden las turbias palabras que nunca prendí
Y tú

Llegó el primero, donde arden mil fuegos
De carne y lucero, es mi cruz
Mira de frente, como hacía a los veinte
¿Y quién no le teme al Sol?
Llego a la nieve

Mira qué tontería
Arden las turbias palabras que nunca prendí
Y tú

Federico lo traspasa todo en esta bellísima película, esa es la verdad. Pero se hace de manera tan elegante, tan bonita, que deseas volver a sus poemas y releerlos una vez más.

Los otros temas conocidos de la banda sonora, como las versiones de «Soldadito español» o de «Milonga de Juan Simón», forman parte natural de un engranaje difícil de armar, y que, sin embargo, funciona como un reloj de precisión. No es una cinta fácil, al contrario. Habla de tantas cosas importantes de la vida que se pueden perder, que nos las pueden hurtar, que podrían censurarse y prohibirse, como ya ocurrió en el pasado, que va más allá incluso de la simple obra cinematográfica.

Javier Ambrossi y Javier Calvo dirigen de manera maestra a sus actores. Un descubrimiento absoluto el de Guitarricadelafuente como actor, que transmite humanidad y bondad; al igual que los trabajos de Miguel Bernardeau, Carlos González y Milo Quifes. La escena en la taberna que protagoniza Milo Quifes es un alarde de virtuosismo técnico y coreográfico. Excelentes los veteranos que los acompañan: Lola Dueñas, Penélope Cruz, Antonio Dechent, Albert Plá o Glenn Close. Saben sacar a su reparto lo mejor de cada uno de ellos.

Regresan sus imágenes a mi cabeza. Vuelvo a ver a Federico en blanco y negro, sonriendo a Rafael, y a Guitarricadelafuente tocando su trompeta mientras llora aterido por la culpa y el desamparo; veo la nieve cubriendo a Milo, y veo los camiones llenos de cadáveres.

«La bola negra». Una película bella y lúcida, luminosa y terrible, dolorosa y esperanzadora. Lorquiana, libertaria, liberadora.

Sergio Barce, 26 de septiembre de 2026   

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