FRAGMENTO DE «SOMBRAS EN SEPIA», UNA NOVELA DE SERGIO BARCE
Este es el comienzo de mi novela “Sombras en sepia” (Editorial Pre-Textos), que se publicó en 2006 y que obtuvo el Premio de Novela Tres Culturas de Murcia.
“Se había jurado mil veces dejar el pasado atrás, olvidarlo y, no obstante, en los últimos meses no había podido evitar verse desbordado por la nostalgia. Abel Egea llevaba sentado en el interior de su coche casi toda la tarde y le sorprendió el anochecer. Había estado llorando, pero no se había dado cuenta hasta que se pasó una mano por le mejilla, cuando los dedos se le empaparon con las lágrimas mudas que habían escapado sin pedirle permiso. Se las secó con un pañuelo que llevaba en el bolsillo del pantalón y, mientras lo hacía, no pudo evitar el pensar que tal vez sólo eran fruto de su imaginación. Hacía un tiempo que Abel vivía acompañado por la presencia inquietante de las ausencias y por la inesperada intromisión de un horizonte imposible. A veces, llegaba a detestarse, aunque no solía tomarse demasiado en serio y acababa por saciarse con unas copas de vino navarro o con un aquelarre de bebidas mezcladas.
Decidió marcharse de ese lugar que lo atrapaba entre invisibles redes de tristeza. Giró la llave de contacto. El motor bostezó, sin ganas. Lo intentó una segunda y una tercera vez, sin éxito en ambas ocasiones. Trató de arrancar de nuevo, pero el motor, obtuso y pertinaz, ni siquiera hizo un mínimo amago por ponerse en funcionamiento. No tenía batería. Abel se quedó quieto, con las manos apoyadas en el volante, como guantes inertes que colgaran de ahí. No tenía fuerzas para salir del vehículo. Ni siquiera guardaba ánimos para bajar la ventanilla y dejar que entrase aire fresco. No tenía ganas de nada. Absolutamente de nada.”