Esta mañana llegó un pequeño paquete a mi despacho. La remitente era Sara Mesa. Nos habíamos conocido en la entrega del premio de la Crítica, en Granada. Apenas tuvimos tiempo de hablar como a mí me hubiera gustado hacerlo, pero cuando hay tanta gente alrededor es difícil encontrar el momento oportuno. Ahora lo lamento. Y, sin embargo, al abrir el paquete me encuentro dos novelas de Sara: Cara de pan y Un amor. Publicadas por Anagrama. Ambas dedicadas, junto a una preciosa postal con el retrato de Scott Fitzgerald, en cuyo reverso me escribe unas líneas llenas de calidez. Me quedo observando los libros, el sobre ya vacío y sus palabras escritas a mano. Tiene una letra agradable, entre juvenil y expresionista. Y pienso que es un detalle que dice mucho de la persona. Ahora he de hacerle llegar mi gratitud. Y se me ocurrió hacerlo contando la belleza de su gesto.