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Cuaderno de cine: 2046 de WONG KAR-WAI

El cine oriental es un cine estético, generalmente muy cuidadoso con la puesta en escena, que ha dado lugar a imágenes tan inconfundibles como maravillosas. Da igual que la película sea romántica o intimista, bélica o bucólica, el hecho es que, tanto en Ran, de 1985, del mítico maestro japonés Akira Kurosawa como en Ni uno menos <Yi ge dou bu meng shao, 1999> del realizador chino Zhang Yimou, por citar dos películas diametralmente opuestas, las imágenes se nos graban en el subconsciente, tienen una fuerza persuasiva y emotiva tan intensa que son difíciles de olvidar.

WONG KAR-WAI

Wong Kar-Wai, director chino nacido en Shangai en 1956, es, posiblemente, un genuino, magnífico y maravilloso artista del celuloide. Sus films poseen una brillantez con marca propia, digamos que con denominación de origen. Combina sabiamente la belleza de las imágenes que rueda con sólidos guiones y, generalmente, con una banda sonora tan hechizante como esas escenas que rueda como si compusiera un vals.

Entre su filmografía, con títulos tan interesantes como Ángeles caídos <Duo luo tian shi, 1995>  o Happy together <Chun qwong cha sit, 1996>, hay dos películas antológicas. La primera es Deseando amar <Fa yeung nin wa, 2000> y, casi como prolongación de ésta, la que creo absolutamente magistral, 2046, del año 2004.

Estas dos películas nos hablan de amor, de desamor, de amor pasional, del inicio y del fin del amor, del querer amar con ansiedad, de la pérdida irreparable del amor o de la búsqueda imposible del amor.

2046 en concreto comienza como una historia futurista, pero en realidad es una novela que está escribiendo el protagonista del film, que interpreta Tony Leung, actor fetiche de Wong Kar-Wai, para luego llevarnos al presente, a su presente, en el espectacular y fascinante Hong-Kong de 1966. Allí se aloja en una pensión, en la habitación 2047, desde la que, anhelante, vigila incansable la habitación contigua, la 2046, en la que dejó el verdadero amor y que, inútilmente, trata de recuperar. El personaje vive de sus artículos periodísticos, lo que no le permite demasiados lujos, pero sí el acudir al ambiente de los locales nocturnos de la ciudad, los night clubs en los que se mueve entre prostitutas y jugadores, donde el humo de los cigarrillos y la música de la época crean un ambiente atractivo, magnético para el espectador.

Ese hombre, desde esa habitación, irá conociendo a otras mujeres, interpretadas por bellísimas, sugerentes y excelentes actrices: Li Gong, Maggie Cheung, Ziyi Zhang… Hay magia en la cámara de Wong Kar-Wai, ésta se desliza cadenciosa, mecida por la suave y magnética música compuesta por Shigero Umebayashi, algo minimalista quizá, sugerente en cualquier caso. Usa a veces la cámara lenta, y ralentiza el movimiento de los actores, especialmente de las actrices, cuando caminan, cuando suben o bajan una escalera, cuando se cruzan con el protagonista en esa metáfora permanente de que todo pasa y nada queda; mujeres que visten modelos entallados que esculpen sus cuerpos delgados y fibrosos, eróticos, mujeres realmente elegantes a las que seguimos con la música apoderándose del aire, y ellas, ellas por supuesto se apoderan de nosotros.

Su director de fotografía en 2046 es Christopher Doyle, autor de varios trabajos imborrables; ahí están las cintas que hizo con Jim Jarmusch, Neil Jordan, James Ivory o Gus Van Sant, y, sobre todo, películas como Héroe <Ying xiong> de Zhang Yimou y la ya mencionada Deseando amar del propio Kar-Wai, y esta 2046.

TONY LEUNG

Y a estas imágenes tan sugerentes y plásticas, y a la música delicada y preciosista de Umebayashi, Wong Kar-Wai añade el contrapunto de los boleros, la voz de Connie Francis, Nat King Cole o la orquesta de Xavier Cugat. Así dicho puede parecer algo extraño, pero esta mezcla de lo oriental, de los boleros en español, de la sensualidad de las mujeres chinas, de la fotografía creada por un técnico australiano que trabajó en Taipei, en Israel, en Nueva York, y que aprendió el chino mandarín y que trabaja tanto en China como en USA, de la ciudad de Hong-Kong de 1966… En fin, que la interculturalidad vuelve a demostrar que da buenos frutos.

2046, una película arrolladora, por su belleza, por su ritmo, por su magia. 2046, la habitación de al lado, por la que pasan varias mujeres sin que ninguna termine por enamorarse del protagonista, y las que lo hacen son desdeñadas por él, porque sólo una mujer ocupó realmente tanto su corazón como esa habitación de motel con el número 2046…

Y hay algo en ese Hong-Kong de los sesenta filmado por Wong Kar-Wai que me hace mirar a aquel mítico Tánger internacional, y creo ver algo de esa ciudad cosmopolita en sus escenas envolventes y adictivas.

Sergio Barce, octubre 2011

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