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VALENCIA – 16 DE DICIEMBRE – PRESENTACIÓN DE “MALABATA”, DE SERGIO BARCE

Invitacioìn presentacioìn MALABATA Valencia

El próximo 14 de diciembre, como ya he venido anunciando, se presentará mi novela Malabata en la Libería Sin Tarima, de Madrid. Y el lunes 16 de diciembre, a las 18:00 horas, lo haremos en Valencia, en la Cervecería Cruz del Sur Shambala, de la mano de los escritores y generosos amigos Susi Bonilla y Mauro Guillén, y luego, a las 19:00 horas también se presentará el libro colectivo de relatos Juegos y Juguetes, de la Generación BiblioCafé, en el que participo. Libros, cerveza, blues en directo y buena compañía. No se puede pedir más.

Tarde de letras y muìsica cartel

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MÁLAGA – 8 DE NOVIEMBRE – 50 ANIVERSARIO DE LA LIBRERÍA PROTEO-PROMETEO, LA LIBRERÍA ANTIFRANQUISTA

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El pasado viernes, 8 de noviembre, celebramos en la Librería Proteo-Prometeo su 50 aniversario. 50 años defendiendo la libertad de pensamiento, de opinión y de creación. La Librería Proteo-Prometeo que fue un referente en los últimos años de la dictadura franquista, el lugar a donde acudían todos los que querían encontrar esos libros que la censura prohibía y que allí, en un doble fondo, siempre se encontraban pese a la vigilancia y al oscurantismo del régimen.

Con ocasión de este 50 aniversario, la más célebre y emblemática de las librerías de Málaga ha publicado con el sello de Ediciones del Genal dos  libros conmemorativos, y en ambos he tenido la suerte y el privilegio de participar. El primero de ellos es el titulado Entre libros, escrito por Patrick Tuite, y que es una historia novelada de la librería Proteo desde sus orígenes hasta la actualidad, y en el que he participado aportando el epílogo. Algo que me ha resultado emocionante. Y el segundo de los libros se titula 50 años de Proteo, y en él se recoge un relato por cada año de existencia de la librería, escrito cada uno de esos textos por un autor diferente, entre los que también me encuentro con el relato El renacuajo de Pablo.

Entre libros

De manera que estoy feliz por mi participación en estos dos libros y, sobre todo, porque, con estos relatos, me cuelo de alguna forma en la pequeña historia de la librería que ha sido nuestro referente en Málaga. Y orgulloso de estar junto a ellos en estos tiempos en los que se cierne amenazante una oscura sombra de intolerancia, xenofobia y odio.

Os dejo con el texto completo de mi epílogo para Entre libros, y que ojalá sirva para animaros a comprar la novela de Patrick Tuite.

Me toca poner punto final a este hermoso homenaje a la Librería Proteo y Prometeo escrito por Patrick Tuite Briales. Difícil hacerlo a un texto labrado con cariño y dedicación.

Cincuenta años. Muchos años para estar al pie del cañón, desde aquella primera torre albarrana, oteando el horizonte para protegernos del ataque de los ignorantes y de los intransigentes. Muchos años de luchas, razias y escaramuzas hasta conseguir levantar el castillo más robusto. Muchos años para mantener en alto la bandera de la libertad.

Desde que Proteo y Prometeo decidió defender ese baluarte no ha cedido un milímetro, al contrario, ha rechazado los asaltos sin sufrir bajas y sin abandonar a quienes acudían huérfanos a buscar refugio tras sus muros. Primero frente a la dictadura, obsesionada por cercenar los sueños de quienes deseaban viajar con autores y títulos condenados al ostracismo. Luego frente a los que se empeñaban en dar por muertas a las librerías. Ahora frente al doble reto de frenar a quienes parecen desear volver al pasado y a quienes, amparados en oscuros poderes, tratan de implantar el pensamiento único. Muchos años para que ahora vengan los nuevos soportes a destruir tanta belleza, a eliminar el olor del libro recién llegado, el tacto de las tapas y del lomo y el placer de pasar las páginas. Cincuenta años bregando contra las conjuras.

Al leer la historia de la Librería Proteo y Prometeo y de las anécdotas rescatadas por Patrick, al rememorar este hercúleo esfuerzo por librar de las llamas miles de páginas llenas de creatividad y de ingenio, me he dado cuenta de que, sin saberlo, siempre han estado muy cerca, aquí, en Málaga, a un tiro de piedra, a nuestro lado.  No se trata de ninguna quimera, de ningún reino antiguo y lejano. Desvelemos el secreto: el rey Arturo, junto a sus caballeros y a sus damas, se reúnen cada amanecer ante la mesa redonda y renuevan su juramento de fidelidad. Luego, intuyendo que alguien pueda encontrarse en peligro o que sencillamente busque la historia anhelada en una novela o el sosiego de un poema, Lancelot da orden de bajar el puente levadizo que da acceso a Camelot. Es entonces cuando la gente que se agolpa en Puerta Buenaventura cruza salvando el foso.

Siento ahora, tras la lectura de la narración de Patrick, una suerte de emoción al pensar que, desde adolescente, sin saberlo, yo también acudía a Camelot buscando amparo y que, tras sus muros, siempre encontré el libro que deseaba. Y sigo haciéndolo. Ese simple hecho me ha convertido en parte de su leyenda. Porque qué sería de los caballeros y de las damas del rey Arturo que lo vienen custodiando desde 1969 si no existiésemos también sus vasallos.

Proteo y Prometeo. Nuestro Camelot.

 Sergio Barce, 2019 

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Jesús Otaola y Paco Puche

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Patrick Tuite Briales

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“PIZZICATO” CON MIGUEL ROMERO ESTEO

El pasado 23 de septiembre acudí al Rectorado de la Universidad de Málaga donde comenzaba un ciclo dedicado a la memoria y obra del dramaturgo Miguel Romero Esteo, organizado por la propia Universidad y la Asociación que lleva su nombre, que ese día estaba dedicado a “La música en la obra de Miguel Romero Esteo”.

Fue una suerte ir, porque disfruté enormemente al encontrarme allí con dos amigos, mi profesor de filosofía Juan Gavilán, y el poeta Salvador López Becerra, y los tres recordamos anécdotas de nuestros años con Miguel o de sus frases inolvidables y de su actitud ante la vida y el teatro. Y también disfruté con la interpretación de los temas musicales que ejecutó el Cuarteto de Cuerda de la Orquesta Málaga Camareta, con la soprano Lourdes Martín-Leiva y con los arreglos, adaptación y dirección musical de Luis María Pacetti. La actuación fue divertida, como no podía ser de otra manera tratándose de partituras ideadas por Miguel Romero, pero también de gran calidad. Nos sorprendieron muy agradablemente y cantamos todos como si estuviésemos en una taberna tomando jarras de cerveza. Literal.

Miguel Romero Esteo

Miguel Romero Esteo

Después del acto volvieron los recuerdos, como me ocurrió cuando me llegó la noticia, hace ya un año, de su muerte. Miguel Romero Esteo, una de las personas más generosas que he conocido, que fue Premio Nacional de Literatura Dramática, Premio del Consejo de Europa por su obra magna Tartessos o Premio Andalucía de Teatro, dedicaba parte de su tiempo a enseñarnos a escribir a un grupo de muchachos y muchachas universitarios, como él nos llamaba. Con él aprendí a narrar con cierta decencia, y fue él quien me editó, en sus Papeles del Calafate, un par de mis relatos. También me descubrió a autores que yo no conocía y me abrió a un mundo narrativo distinto e innovador.

Y esa misma noche del pasado lunes busqué en mi biblioteca el ejemplar de su pieza de teatro Pizzicato irrisorio y gran pavana de lechuzos (Cátedra – Madrid, 1978), que compré en la Librería Proteo en 1982 por trescientas pesetas, y releí una vez más su pequeña autobiografía que sirve de presentación del autor antes de su obra teatral. Y no dejé de sonreír mientras leía, sonreía por sus anécdotas y por su peculiar forma de construir las frases, únicas e inimitables. Y he pensado que no estaría mal traer un fragmento para compartirlo con vosotros.

Sergio Barce

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Sergio Barce, Juan Gavilán y Salvador López Becerra

Fragmento de su Introducción al curriculum vitae y al agua de rosas, de su libro Pizzicato irrisorio y gran pavana de lechuzos:

“Los años de la postguerra.

Liamos los bártulos otra vez, y nos volvimos al pueblo. En el pueblo se habían quedado las gentes de orden y las gentes de bien. Y las gentes de orden y las gentes de bien se habían saqueado una por una sistemáticamente todas las casas. Y no unas cuantas casas de ricachos caciques como es lo que los milicianos habían hecho. En el pueblo, muchas gentes de orden y gentes de bien se han pasado los muchos años de la postguerra yéndose a Córdoba a venderles muebles y cosas del botín a los anticuarios, y de eso han venido viviendo tan ricamente. Hasta las monjas y los frailes habían coparticipado caritativamente en esa cosa del saqueo sistemático y el botín. Todo el pueblo estaba minuciosamente saqueado, y las gentes de orden y las gentes de bien decían que ellas no habían sido, que habían sido los moros. De nuestra casa se habían llevado como botín hasta los clavos de las paredes. Así que otra vez a dormir en el suelo, y qué hacer y qué no hacer. De las monjas se trajo mi madre tan sólo el santo cristo, y les dejó no sé qué óleos que valían mucho y que las indinas de las monjas no querían soltar. Visto que entre saqueo y fusilados el pueblo era una tumba, encomendándose piadosamente al santo cristo mi madre lió los bártulos, y nos fuimos a Málaga.

(…)

Al llegar ya con la primavera las primeras calores, nos bañábamos de matute y en pelota los chiquillos en la playa de El Morlaco. Luego, en una hoguera en mitad de la playa, nos asábamos mejillones, lapas y cañaiyas. Y sardinas que nos daban cuando a los pescadores les ayudábamos a tirar del copo. A las lapas había que sacarles una cosa verde -puede que la bilis, o algo así- antes de comérnoslas. En cuanto que me veía llegar bien tostado del sol y con olor a mar, mi madre me investigaba las cejas para ver si tenían salitre. Y si tenían salitre, es que me había bañado en cueros vivos, y me breaba mi madre los cueros con la zapatilla. Así que luego de bañarnos de matute, los chiquillos íbamos a una fuente y allí nos quitábamos de cara y piernas y brazos el salitre a base de agua dulce. Entonces el mar estaba siempre lleno de barcos de vela. De blancos veleros en mitad de las aguas por bajo del sol. De los cartuchos de caza -que había traído mi padre cuando apareció por Navidad- lo que más me gustaba era cogerles a puñados los pistones, y poner luego un rosario de pistones en la vía del tranvía. Y luego, al pasar el tranvía, los pistones explotaban igual que un tiroteo, y se paraba el tranvía, y se bajaban los tranviarios a ver si era la caja de transmisiones que se les había reventado, o era el maquis de las montañas. Otra cosa que mucho me gustaba era fabricar cometas con cañas, engrudo y papel de periódicos. Luego se nos quedó vacío el piso bajo, y allí en la habitación de fondo organizábamos un escenario, y en la habitación de por delante se sentaban las chiquillas hermanas de mis amigos, y hacía de boca del escenario la puerta entre ambas habitaciones. Con colchas y sábanas y espadas hechas a base del tallo de las hojas de palmera, improvisábamos espectáculos para las chiquillas y los niños chicos. Había un hilo argumental que siempre era a base de barco, capitán pirata al abordaje, y luego un fantasma ensabanado. El barco lo hacíamos con sillas, y encima una sábana grande. La verdad es que la cosa terminaba siempre como happening, o terminaba en un combate de esgrima. O terminaba con el fantasmón de la sábana poniéndole un tenedor en el cogote al pirata, y matándoselo a base de tenedor allí en mitad del suelo. Y es que si utilizábamos cuchillo, mi madre luego me organizaba una reprimenda de aúpa, y nos echaba rápido a la calle en cuanto nos veía en plan de teatro en las habitaciones vacías…”

Miguel Romero Esteo

Pizzicato irrisorio... portada

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TRÁILER DEL FILM “PAUL BOWLES: THE CAGE DOOR IS ALWAYS OPEN”

En el siguiente enlace tenéis el tráiler de esta película documental dirigida por Daniel Young en 2012:

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The cage door is always open

 

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