Archivo Anual: 2012

LARACHE vista por… SARA FERERES – Semblanza de Larache V – VI y VII

De nuevo traigo las Semblanzas de Sara Fereres de Moryoussef, las últimas, que son tan deliciosas o más que las anteriores. Estas me parecen originales  porque me hablan de una época lejana que no conocí y me descubre historias, personajes y anécdotas que sólo conocíamos de oídas. Es, pues, un pequeño delicatessen más con el que nos lleva de regresao a un Larache tan lejano como cercano.

Sergio Barce, julio 2012

calle Mulay Ismail – foto de Javi Lobo

Semblanza de Larache V

Estoy segura de que muchos de vosotros aún recordareis el Teatro España, ese amplio local “decorado” con hileras de butacas de madera, del tiempo de “Mari Castaña”. Eran tan duras como una piedra aunque suficientemente amplias como para poder acomodar a las personas obesas. El precio de las entradas era asequible para las personas de clase media, pero los muchachos de pocos recursos, los moritos y los soldados rasos preferían ver la película desde “general”, más barato. Aquel espacio se encontraba cerca del techo,  rodeado de los asientos de “platea” situados  a ambos lados de “general”. Por el hecho de ser un teatro, la parte alta dominaba mucho mejor el escenario. Debajo de “platea” se encontraba otra hilera de espacios separados entre sí, con excelentes asientos para los ocupantes. Esta área, tenía un costo ligeramente superior al de las butacas. Cuando se apagaban las luces y comenzaba la proyección de la película de inmediato, desde “general”, llovían toda suerte de cáscaras de pipas, conchas de cacahuete y… peor aún, sendos escupitajos lanzados acertadamente por algunos tipos malintencionados. Las películas que nos ponían a las 11 de la mañana, en Domingo, eran de vaqueros, la mayoría de ellas eran cintas de los años veintitantos. Estaban terriblemente desgastadas, por lo cual se cortaban a cada rato. Tan pronto ocurría esto, el público de “general” demostraba su disgusto atronando la sala con sus ensordecedores pitidos. Batían los bancos de madera, pateaban el suelo e insultaban a los operarios, adjudicándoles la culpa. ¡Pobres! No la tenían.

Para las personas mayores se pasaban  películas apropiadas. Todas eran españolas, argentinas y mejicanas. De flamenco, cómicas, “ché”, “manitos”, etc… Como es natural eran habladas en español. Las pasaban en dos sesiones, la una a las 7 y la otra a las 9 de la noche. Para mí, una cría con apenas 8, 9 y l0 años, durante la Guerra Civil tan solo las vaqueras fueron mis preferidas. Me fascinaban Tom Mix, Ken Maynard y “el chato bandido”. Si las pasaban diez veces, pues otras diez veces las veía.

Me encantaba escuchar a Ken Maynard decir “waryuwan” (what do you want) y “hansup” (hands up). Parece  mentira, pero sigo recordándolo como si fuera hoy. Durante la época invernal, un personaje popular, Totó, era comerciante ambulante. Se acomodaba frente al Teatro y en un fogón inventado por él se dedicaba a asar castañas. ¡Qué delicia! Comprábamos uno o dos cartuchos de papel llenos de tal ricura. Así, bien calientitos, nos los metíamos en los bolsillos. Así era como nos calentábamos  durante la sesión. Por entonces no conocíamos la calefacción central, ni el aire acondicionado. Aún vivíamos en tiempos “de zemán”. Durante la “República” los habitantes de Larache disfrutaban asistiendo a obras de teatro, zarzuelas, operetas y numerosos espectáculos en vivo. Todo esto se presentaba en el Teatro España, antes de que lo convirtieran en Cine. Al comienzo de la Guerra Civil Española ya no fue posible seguir así. Solamente a partir de 1942 ó 1943 Larache comenzó a disfrutar de espectáculos “en vivo”. Para aquella fecha ya se había creado “Los amigos de la música”. Si mal no recuerdo, este salón se encontraba en el colegio “Grupo España”. Ahí nos deleitábamos escuchando a cantantes famosos, hombres y mujeres. Invitaban también a toda suerte de coros y ejecutantes de instrumentos musicales, así como a célebres declamadores. Esto fue para nosotros, los jóvenes, una tabla de salvación. Disfrutamos viendo y escuchando numerosos actos culturales que, hasta entonces, no habíamos conocido. ¡Mi Larache querida de aquellos años inolvidables…!

Caracas 21 Diciembre 2007

 

Sara Fereres con su nieta Sara. hija de Raquel

Semblanza de Larache VI

Es asombroso comprobar que, a pesar del tiempo transcurrido, los recuerdos de una época feliz no han perdido su encanto. Como destellos deslumbrantes regresan, una y otra vez, para transportarnos a ese pasado inolvidable. ¿Qué larachense olvidó la época veraniega? Creo que ninguno porque “nuestra playa”, la  de la otra banda, era única. Las vacaciones estivales siempre fueron fabulosas. Todos los días los pasábamos en la playa menos el Sábado porque, como judíos, los respetábamos. Bien temprano cargábamos los aperos playeros y nos dirigíamos al embarcadero. Tan pronto llegar, el Chato (“nuestro botero”), estaba listo para recibirnos. Al llegar al embarcadero nos poníamos a brincar a lo loco para entrar al bote, el cual, dando bandazos de un lado a otro, nos ponía a pique de caer al mar. Afortunadamente eso nunca pasó. Me gustaba remar y a pesar de que cuando comencé, andaría por los 10 ó 12 años,  el botero me cedía un remo y él con el otro tratábamos de adelantarnos a los otros botes. La competencia era dura pero yo… jamás me arredré, puesto que hasta el día hoy sigo siendo tan terca como una mula. No puedo negar que llegaba a la otra banda, reventada por el cansancio. A pesar de todo era sabroso zambullirte en las “escalerillas” o en los “bloques” del espigón y, así, todo el cuerpo recobraba su vigor. Generalmente toda la familia pasaba casi todo el verano en la playa. Cuando éramos unos críos mis padres nos acompañaban, pero a medida que fuimos creciendo lo hacíamos solos. Mis hermanos Elisa y Memel (Samuel) adoraban la playa, igual que yo.

cogiendo la barca – foto de Itziar Gorostiaga

Las playas venezolanas son de ensueño: las palmeras de diferentes especies crecen por doquier. Ofrecen una sombra muy agradable la cual nos protege de un abrasador sol tropical. Las  arenas son extensas y en algunos lugares recuerdan las de mi pueblo marroquí. El mar en calma es de color indefinido muchas veces. Hay días que aparece azul, otros, verdoso. Ya se imaginan, playas tropicales durante los 365 días del año. ¡Mas nunca son como “la otra banda” de mi infancia y juventud.

la otra banda – foto de Javi Lobo

¿Recuerdan las rocas? Ese lugar tan apreciado por los nadadores. No teníamos trampolines, pero no hacían falta. Una buena zambullida desde el roquedal me satisfacía más que cualquier  plancha. Cangrejos paseándose  entre los adheridos moluscos y enormes rocas decoradas de verde musgo largo, tan suave al tacto como la cabellera de míticas sirenas. Nadar, juguetear en el agua y, a la salida, lanzarte sobre esa arena blanca y esponjosa de la playa de las olas, es hasta hoy un recuerdo imborrable.

El promontorio de Punta Negra era muy agreste. Cerca de él se habían formado unas dunas donde crecían unos cuantos arbustos espinosos, bastante desagradables. Decían que por allá había culebras y otras alimañas. Nunca creí en ese cuento, según parece lo decían para evitar que nos alejásemos demasiado de la playa.

Aún veo la elevada proa del “Pax”, ese barco mercante que encalló a finales del S. XIX (o principios del XX), cerca de la playa de las escalerillas. Cuando la marea bajaba, se formaba una especie de laguna alrededor de sus restos. Fue ahí mismo donde aprendí a nadar. Afortunadamente el recuerdo, no desaparecerá, porque las fotos que conservo seguirán siendo testimonio de aquella era inolvidable.

Caracas 3 Enero 2008

SARA FERERES CON ALGUNOS DE SUS NIETOS

 Semblanza de Larache VII

 Vamos a complacer a los amantes de mi inolvidable terruño narrando otra semblanza. Se hace más difícil a medida que pasa el tiempo, porque creo haber escrito casi todo lo que recuerdo. Creo que no habrán olvidado que, en nuestra ciudad, habitaron hasta su deceso muchos miembros de la familia De Guisa: Mr. le  Duc  François y su consorte Mme. la Duchesse  Isabelle. Supongo que la mayoría de vosotros  saben que esa pareja fue pretendiente al trono de Francia. Como en su país de origen el gobierno era de ideología republicana, solicitaron al rey de España Don Alfonso XIII que les permitieran instalarse en cualquier territorio sujeto a dominio español. Es probable que se instalaran en Larache debido a que dicha ciudad estaba situada en Marruecos.

Isabel de Orleáns

Así fue que se radicaron en ella cuando construyeron el Palacio Ducal que existe hasta el día de hoy, el cual, con el paso del tiempo, fue convertido en Hotel. Precisamente ahí fue donde nos alojamos mi esposo Saadiá (Z´L.), mi hijo Alberto y vuestra servidora, cuando en l985 visitamos Larache por última vez. Ya no queda ningún familiar nuestro porque todos ellos emigraron hacia otras tierras. Los descendientes de los Duques habitaban en Rabat, aunque siempre regresaban a nuestra ciudad para pasar la temporada veraniega con sus padres y abuelos. El Conde de París su hijo no los visitaba con tanta frecuencia, pero las princesas y un hermoso nietito, nacido después del fallecimiento del Duque, nunca dejaron de visitar a la Duquesa. Un recuerdo que no he podido olvidar se relaciona con aquel lindo bebé. Durante el verano, cuando salía de casa para ir de paseo, o algunas veces de compras, por el camino me encontraba con una niñera que conducía el cochecito del nene. La criatura era un encanto: gordita y de cabello rubio como un sol rutilante. Le recuerdo como un bebé gracioso de iluminada sonrisa en su arrebolada carita. Algunas veces se encontraba dormido. ¡Se veía tan dulce! Parecía un angelito.

Duques de Guisa

No deseo cansarles con el “cuento” de la familia ducal porque supongo que no es importante para todos. No quiero omitir algo muy pueril pero que  me llamaba la atención. Todos los Domingos, “nuestra” Duquesa llegaba a la Iglesia para asistir a misa. Aparecía sentada en el “Simca”, un diminuto coche (creo que era de color verde) conducido por su chofer, el mismo señor que, a caballo,  acompañaba a las nietas cuando éstas  se dirigían a la Hípica para practicar la equitación. Tal día, cuando salía de casa,  me detenía cerca de donde estaba la Iglesia para ver como la Duquesa trataba de salir del vehículo sin doblarse en cuatro porque su estatura era muy elevada aunque su contextura enjuta. Me daba la impresión de que  podía quebrarse si no se agachaba suficientemente. Es una tontería, pero el recuerdo no se ha borrado.

El Conde de París y sus hermanas visitaron a su madre viuda muy pocas veces. No obstante conservo una fotografía de cuando mi tío Elías Fereres (Z´L), el Director de la escuela “L´Alliance Israélite Univrerselle” de Larache, fue condecorado con la medalla “Les Palmes Académiques”; no recuerdo por cuantos años ejerció como profesor y más tarde como Director de dicho colegio francés. Fue el mismo Conde la persona que le impuso la condecoración. Eso sería a mediados de los años l960, porque poco después, mi tío y su familia, emigraron a Francia.

No se imaginan cuantos son los recuerdos que aún subsisten, a pesar del transcurso del tiempo. Durante ocho años trabajé en la firma “Solomon S. Fereres”, representante de la Cia. “Saccone & Speed Ltd.”. La oficina se hallaba situada en la “Calle Duquesa de Guisa” enfrente del famoso aserradero de D. Antonio Balaguer. Pegado a nosotros se encontraba el taller de un experto marmolista, cuyo trabajo era tallar lápidas para los difuntos. Muchas veces “me veo” hoy frente a su taller, admirando de cerca su destreza cuando dedicaba su tiempo a labrar con delicadeza el duro mármol. Cerca de aquel taller estaba situada la oficina del Sr. Ferrero, el abogado de la empresa que regentaba mi tío. Encima de estos locales vivía el Sr. Guagnino, Cónsul de Italia en Larache. Más allá  del ala izquierda de nuestra oficina, teníamos un bar (el de Luisa) y un poco más lejos, en la misma acera, el taller de ebanistería del muy apreciado amigo, Don Joaquín De la Vega. Me parece estar reviviendo aquella época… ¡Fue, tan grata…!

Bueno por hoy ¡Sanseacabó! Quizás he repetido algo de lo que ya leísteis antes. Si es así, disculpen por favor, a veces mi dichosa memoria suele enredarse un poco. Por eso muchas veces, olvido lo que ya escribí. No releo las semblanzas previas. Me fastidia hacerlo.

Sara Fereres de Moryoussef. Caracas Enero 2008

Larache – foto de Itziar Gorostiaga

 

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Otros libros, otros autores: VERANO (Summertime. Scenes for provincial life III) de J.M. COETZEE

Otro interesante y estupendo libro de Coetzee, definitivamente uno de los grandes autores de la actualidad, imprescindible.

En el libro, escrito a modo de reportaje periodístico, varios personajes recuerdan la vida de un escritor recientemente fallecido llamado John Coetzee. Como siempre, los temas que le obsesionan pueblan las páginas de la novela: la muerte, el amor, Sudáfrica, el apartheid, la intolerancia, el racismo…

<Fragmento sin fecha:

Es una tarde de sábado en invierno, tiempo ritual para el partido de rugby. Él y su padre toman un tren para presenciar el partido previo a las 2.15. Al partido previo seguirá el partido principal a las cuatro. Cuando finalice, tomarán el tren de regreso a casa.

Va con su padre a Newlands porque los deportes, el rugby en invierno y el críquet en verano, es el vínculo más fuerte que sobrevive entre ellos y porque, el primer sábado tras su regreso al país, cuando vio que su padre se ponía el abrigo y, sin decir palabra, se marchaba a Newlands como un niño solitario, sintió una puñalada en el corazón.

Su padre no tiene amigos. Tampoco los tiene él, aunque por una razón distinta. Cuando era más joven los tenía, pero esos viejos amigos se han dispersado por todo el mundo, y él parece haber perdido la habilidad, o tal vez la voluntad, de trabar nuevas amistades. Así pues, vuelve a tener a su padre por toda compañía y su padre le tiene a él.

A su regreso, le sorprendió descubrir que su padre no conocía a nadie. Siempre había considerado a su padre un hombre sociable, pero o bien se equivocaba o bien su padre ha cambiado. O tal vez se trata simplemente de una de esas cosas que les suceden a los hombres cuando envejecen: se retiran dentro de sí mismos. Los sábados las graderías de Newlands están llenas de ellos, hombre solitarios con impermeables de gabardina grises en el crepúsculo de su vida, reservados, como si su soledad fuese una enfermedad vergonzosa.>

J.M.Coetzee

No es un retrato demasiado halagüeño el que hace Coetzee de su trasunto o de su otro yo. Pero el hecho es que cuantos relatan la historia, como si se le contemplara desde la distancia por varias de las personas que pasaron por su vida, ofrecen una visión caleidoscópica del personaje, pero en general desilusionante por una u otra razón.

 (…)

<Pero seré paciente. Esperaré a ver qué es lo que me envía. Tal vez, ¿quién sabe?, se tomará en serio lo que le he contado. Además, permítame confesarle que siento curiosidad por lo que le han contado las demás mujeres que hubo en la vida de ese hombre, si también a ellas les pareció que aquel amante suyo estaba hecho de madera. Porque, ¿sabe?, creo que ese es el título que debería poner a su libro: El hombre de madera.>

No sé si Coetzee se burla de sí mismo, pero si lo hace, si ese escritor fallecido es un reflejo del propio Coetzee, lo crucifica sin miramientos y con ningún humor. Digamos que hace un exorcismo, y expulsa de su interior posiblemente todo lo que estorba, todo lo que le persigue, quizá todo lo que le avergüenza. Pero si ese escritor protagonista no es su trasunto, si sólo es un invento de su fabulación, lo cierto es que ha construido un retrato tan completo como creíble, tan complejo como humano. 

Sergio Barce, julio 2012

John Maxwell Coetzee, escritor sudafricano, pero nacionalizado australiano. Otras novelas suyas son <Tierras de poniente> (Dusklands) 1974, <Vida y época de Michael K> (The life and times of Michael K) 1983, <La edad de hierro> (Age of iron) 1990 y <Elizabeth Costello>, 2003. J.M.Coetzee es Premio Nobel de Literatura 2003.

Los párrafos transcritos pertenecen a la edición de la novela publicada por Debolsillo en 2011, segunda edición, con traducción de Jordi Fibla.

Karoo – Sudáfrica

 

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En LARACHE – 16, 17 y 18 de Julio: CURSO DE MICROEMPRESAS

LAS ASOCIACIONES CULTURALES LARACHENSES <XENIA> presidida por ANGELES RAMIREZ y <LARACHE EN EL MUNDO> presidida por ABDERRAHMAN EL ANJIRI, han organizado estas jornadas en Larache, con la colaboración de diversas asociaciones y organismos locales. Entre los participantes, como veréis, CARLOS AMSELEM y MOUNIR KASMI. Así que con estos cuatro mosqueteros el éxito está garantizado.

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LARACHE vista por… LEÓN COHEN MESORENO en su relato EL ESPÍRITU DE MI PUEBLO

León Cohen Mesonero también se apunta a este desbordante caudal de cuentos y relatos que los autores larachenses no dejan de crear y de componer, y después de varios cuentos, libros y alguna que otra narración bastante emotiva, ahora me hace llegar esta otra que encierra muchas cosas, especialmente los recuerdos que León guarda de Larache, recuerdos que a buen seguro son compartidos por muchos, recuerdos que tampoco dudo que harán remover alguna que otra memoria adormilada, especialmente de la generación de su autor y de alguna anterior, y también posterior, porque no sólo son imágenes difusas del pasado, son lo que su título describe: el espíritu de un pueblo, y el espíritu se perpetúa generación tras generación.

Sergio Barce, julio 2012

León Cohen, con su nieto Alejandro, junto a la estatua de Darwin

“La infancia y la adolescencia configuran nuestro yo más profundo y nos convierten para siempre en lo que somos y seremos.” 

León Cohen, 2006

 

El espíritu de mi pueblo

El espíritu de mi pueblo es la luz cegadora de sus calles en verano, las hojas muertas en la Avenida de las Palmeras en otoño, en los alrededores de los bares Perico y Canaletas…

El espíritu de mi pueblo es la bravura del mar contra la Barra, las luces de los barcos en el horizonte de nuestro mar infinito en las noches de verano,  los paseos al atardecer por el Balcón del Atlántico o hacia los Viveros…

El espíritu de mi pueblo son los juegos infantiles, el palitroque, me las castro, las guerrillas, los huitis, el vicio y las bolas (sepli nacle, piola)…

BALCON ATLANTICO – foto tomada de la web de Houssam Kelai

El espíritu de mi pueblo son sus gentes y sus fiestas, una determinada alegría de vivir que se revelaba en sus gymkanas, sus verbenas, la noche de San Juan, las bodas musulmanas nocturnas, los gnawas, los bailes en la Unión Española, los guateques, el Purím en el Casino Israelita, los baños en la Otra Banda, los espectáculos en el Teatro España, el fútbol en Santa Bárbara, el  Zoco Chico al caer la noche (benditos sábalos recién pescados)…

El espíritu de mi pueblo son los domingos por la mañana: los limpiabotas del callejón de Rosendo y del Pozo, las lecturas en la Unión Española, la sesión continua en el Cine Ideal…

El espíritu de mi pueblo son  sus bares: El Central, el Selva, el Cocodrilo, el Mauri, el Cuatro Caminos, la Marquesina…

El espíritu de mi pueblo son sus topónimos: El Hotel España, La Zamorana, Claudio Berjón, Panadería Alarios, Garaje Martínez, Garaje Recober, Libreria Damián, las tiendas de Ultramarinos de Antonio Español y de Carmelo Rosendo, Almacenes Pulido, Farmacia Amselem, Zapatería Bata, Imprenta Cremades, Ferretería El Yunque, Pasteleria Ayuso, Mi Sastre, La Bandera Española, Casa Martínez, Farmacia Albarracín, Cine Ideal, Cine Coliseo, Cine Avenida, Casa Ros, el glorioso Chabab  (Facundo, Buchaib, Said, Riahi, Montero, Emilín), Zapatería Companys, El Chivato, Emquíes, Kassem, la Compañía Lukus, la Fábrica de Harina, Las Navas, Cuatro Caminos, La Cuesta del Aguardiente, La Escañuela, la Guagua…

El espíritu de aquel pueblo es mucho más, es aquello que nos habita y nos acompaña a todos los que un día fuimos parte de él. Es aquello que una mañana al despertar o una tarde cualquiera al doblar una esquina, resurge y renace en todos y cada uno de los que al abandonarlo, nos llevamos un trozo pequeño del alma de aquel pueblo.

León Cohen Mesonero

Aprovecho para colgar la portada del libro ZARZAMORA Y OTROS RELATOS  publicado por la Editorial Hebraica, en la que hay varios cuentos de mis dos amigos y escritores larachenses León Cohen y José Edery.

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LA CASA JUVENIL DE MI PADRE, un relato de la escritora larachense MERCEDES DEMBO

Después de regalarnos varios relatos en jaketía, Mercedes Dembo me envía este pequeño pero hermoso y entrañable relato, tan cándido como directo, tan emotivo como elegante. Muchas veces, lo más sencillo resulta casi perfecto. O quizá es que, como me suele decir un amigo, nos hacemos mayores y uno comienza a valorar mucho más cosas como ésta.

Sergio Barce, julio 2012

Mercedes Dembo

LA CASA JUVENIL DE MI PADRE

por Mercedes Dembo

Mi hija Rut me dice: papá voy a hacer un viaje a Madrid con un grupo, les serviré de intérprete.

Sabes papá como me hablaste tanto de la casa de huéspedes donde te alojabas durante tus estudios,

estuve pensado buscarla cuando llegue a Madrid. Trataré de encontrar a alguien que se acuerda de esos tiempos. Anda dame todos los datos, la dirección, el nombre de la gerente; así cuantos más detalles me des me será más fácil ubicar la casa.

-Mijita eso era antes de la guerra civil, ha pasado demasiado tiempo… ya estarán muertos. 

-Tú estás en vida papi quizás haya alguien que recuerde esa época; me dijiste que tenían un hijo y una hija aproximadamente de tu edad. Voy a traer el bolso con las fotos tuyas de estudiante y escoger algunas para llevármelas.

-¡Ay reina! cuando tienes algo en la cabeza no lo sueltas, pero me gusta mucho tu idea. Y sabes pensándolo bien le voy a preguntar a Mair Matitia y a Abraham Benkesus que estábamos juntos en esa pensión, quién sabe recordarán otros detalles. A Abraham le daba por hacer fotos de todo lo que veía.

Raquel trae ansí (así) me quedes tu la bolsa de las fotos, escogeremos algunas.

Rut sacó una foto y me dijo enseguida papá: ¡mira esta foto de mamá! ¡qué guapa era!

¡Quéé ! y por qué crees que me enamoré de ella, aquí tenía quince años y yo veinticinco.

Sabes, tu abuela Ester -en buen olam (mundo) esté- no quería que viniera a enamorarla, decía que era muy joven todavía pero yo era muy terco. Todos los días por la tarde venía y me quedaba recostado en la puerta de entraba hasta que tu abuela me decía entra Samuel no te quedes ansí parado; ven tomate un vaso de té unas tortitas cayentes (calientes).

¡Qué manos tenia tu abuela para la pastelería!, era una maestra así como tu madre.

-Bueno papá tengo que irme al trabajo. Ten todo listo para mi ya sabes que viajo dentro de una semana.

Llegó el momento de viajar volando, Rut tenia todo listo y una carpeta llena de fotos antiguas. Mis primos la esperaban en el aeropuerto de Barajas y la llevaron a su casa.

Al día siguiente Rut empezó con sus investigaciones; al principio  parecía que no iba encontrar nada, durante varios días estuvo recorriendo el barrio de la casa de huéspedes, buscando la dirección que le había dado. ¡Pobrecita como tendría los pies! Ella me decía que era como si la tierra hubiera tragado la casa. Claro que después de tantos años habrán construido otra cosa, pisos o algún tipo de negocios. Por fin encontró a un señor mayor que se acordaba pero no era exactamente la dirección, sino que dicha dirección estaba calle trasera. ¡Uf, que despistado era! -dijo-

Año 1934 – de pie a la derecha Edery, mi papá, enfrente sentado Moselito Altit, sentado con el gorro y la taza en frente creo que es Isaac Amselem, los otros no recuerdo – foto tomada en Peñalber Nº 7 – almuerzo moruno

Aquí está tal como me lo contó mi hija Rut. Me quedé largos momentos mirando la fachada de la casa; era casi como me la habías descrito, no parecía que la habían encalado desde tus tiempos.  Tomé varias fotos. Me emocioné mucho y casi no iba a entrar pero en ese momento salió un muchacho y le pregunté; me dijo que su abuelo es el que sabría y me hizo entrar. El señor Fernando tendría unos noventa años estaba sentado en la mecedora con una manta alrededor de su cuerpo enjuto. Me presenté y le expliqué lo que buscaba. El pobre se emocionó tanto que le saltaron las lágrimas, me cogió la mano y la apretó contra su pecho.

¡Claro que se acordaba! Cómo no se iba acordar de Samuel que los hacia reír tanto y que llenaba a su vieja de besitos; decía que le recordaba a su madre. Me dijo que parecía mucho a mi padre. Se acordó de cada uno de los estudiantes de la pandilla de papá y de todos larachenses, me contó varias anécdotas algunas muy traviesas. Pero era muy estudioso y fue una pena que no llegó a terminar su carrera; los tiempos eran duros y sobre todo si uno tenía simpatías por la República. Enseguida me mostró algunas fotos que no conocía y le pedí permiso de copiarlas. Su nieto nos hizo una foto. Pasamos unas horas memorables; él recordando y yo bebiendo cada una de sus palabras.

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